México ante la nueva normalidad

La nueva normalidad impulsada por el gobierno actual nos indica que se está en la estrategia de continuar en la post-pandemia el ciclo político, económico y social iniciado en 2019. Un cambio que se va a convertir en normal, es una expresión que tiene sentido político a pesar de que pueda tener un significado opuesto, un oxímoron pues, pero la nueva normalidad tiene una intención estratégica que nos anuncia hacia dónde vamos lo próximos años. Este nuevo ciclo ya se venía prefigurando desde la toma de posesión del actual presidente. No obstante, las fuerzas que salieron perdedoras del proceso electoral del 2018 habían podido retrasar esa promesa de campaña, pues a pesar del gran apoyo electoral popular, esas fuerzas antagónicas mantenían un gran poder y lograron que parte del discurso político del nuevo gobierno considerara no violentar sus intereses. Ese discurso político que el presidente asegura es su convicción, se mantiene bajo el esquema de que es un gobierno de todos los mexicanos.

La crisis de la Covid-19 y lo que se espera de la post-Covid-19, facilitaron que el país caminara más rápidamente hacia una reestructuración del orden económico, con lo que ahora se ha dado llamar nueva normalidad. Cayó pues como anillo al dedo. Sin embargo, la crisis pandémica ha tenido costos muy altos que han servido para mantener la confrontación política, basados en que la estrategia seguida para enfrentar la crisis de salud, debió haber sido diferente. Hay que decir que estas diferencias no son exclusivas de nuestro país. En todos lados las discrepancias en la modelación matemática y en el cómo atacar la pandemia desde el punto de vista de salud publica se utilizó políticamente. Una enfermedad emergente así lo condiciona. Simplemente para dar un ejemplo, Suecia dio muchas libertades para el confinamiento, pero terminó convirtiéndose el país —con diez millones de habitantes— con más muertes por habitante.

México un fue la excepción. Estas diferencias se utilizan como estrategia política de oposición conservadora y es difundida con amplitud en los diferentes medios de comunicación. Además, los grupos de poder económico y político siguiendo los mismos esquemas del capital depredador neoliberal de los países desarrollados, pidieron al gobierno mexicano más deuda e inyectar liquidez a las grandes empresas y a los bancos. Con la crisis pándemica los desarrollados realizaron inyecciones masivas de capital y bajaron las tasas de interés al cero, intentando estabilizar la situación de los mercados de valores para mitigar el déficit de liquidez, cuando no era un problema de liquidez. Más aún, los gobiernos compraron bonos del Estado y corporativos y otorgaron con dinero público crédito y préstamos garantizados para las empresas y trabajadores, etcétera.

Miméticamente, aquí se pidió que el gobierno contratara deuda y utilizara recursos públicos para financiar las consecuencias de la crisis de salud, como si fuera una crisis de liquidez, convertir después las deudas privadas en deudas publicas, que se pagaran salarios universales, etcétera. Encontraron apoyo el Banxico y en el BID, pero sin el aval del gobierno lo cual hacía inviables los préstamos. Finalmente, optaron por utilizar todos lo medios masivos de difusión nacionales y extranjeros para desprestigiar. En realidad, no tienen otra forma de ver el mundo, pero se toparon con pared, la respuesta incluyó el que si las empresas quebraban pues no se podía hacer algo para que el gobierno las rescatara.

Entonces cambió la estrategia, que tampoco es diferente a lo que sucedió en otros países pues obedece a el gran impacto derivado de una enfermedad emergente. Acusan que se ocultan las muertes por Covid-19 y que, por tanto, hay más decesos de los que se anuncian oficialmente y que la pandemia desbordó las expectativas del gobierno. Los columnistas, los economistas, los intelectuales orgánicos y los empresarios, desesperadamente por el número de calificativos que agregan, insisten en que se deben hacer muchas pruebas, para rastrear. Por ejemplo, Julio Frenk un respetado médico orgánico dice que es irresponsable y desastroso reabrir sin pruebas y que para que haya una nueva normalidad y evitar un rebote hacer es necesario multiplicar las pruebas. El sacrificio social, la pérdida de empleos y vidas se pudo haber evitado con pruebas oportunas. Pero cierra su comentario con la idea de que están apostando a la pérdida de mayoría en el próximo legislativo.

La oposición mexicana al modelo matemático seguido por el gobierno y a la falta de pruebas, olvidan o pretenden olvidar tapando ese olvido con una estrategia política, que los países desarrollados a pesar de las pruebas alcanzaron cifras altas de morbilidad y que en los países asiáticos, ciertamente se hicieron pruebas masivas, pero ellos ya tenían ese equipo fabricado en Asia, gracias a la expansión del capitalismo y a la búsqueda de salarios bajos y condiciones laborales laxas. Además, y estos es muy importante, no fueron sólo esas pruebas lo que les dieron éxito, sino por la combinación con la tecnología de vigilancia masiva, facilitada por sus creencias en Confucio. Contrariamente en occidente se habló profusamente de evitar el shock digital apoyando la defensa de la privacidad. Así que es poco útil la estrategia de los conservadores mexicano si realmente quieren minar el proyecto del gobierno actual y los denuncia débiles y desesperados, lo que es muy crítico.

Lo que realmente está en el fondo, es que la estrategia de clase política mexicana ganadora con el modelo neoliberal se puso en crisis en 2018 y la Covid-19 agudizó esa situación; ante ello, una parte de la clase política, una parte de los empresarios, los partidos políticos que quedaron en la oposición y los intelectuales orgánicos, se niegan a aceptar su crisis, buscan reivindicarse negando apoyo el nuevo modelo político impulsado por el actual gobierno. Por ello, Lorenzo Meyer habla claramente de una rebelión de las élites, a pesar que desde un principio se dejó claro que se respetarían derechos políticos y privados, pero que deberían entender que también se considerarían los rezagos sociales de manera importante y se pondría especial énfasis en reducir las desigualdades y sobre todo la corrupción como una de las causas de aquellas. Incluso desde la izquierda radical se acusó al gobierno de hablar de un golpe de estado como estrategia de fortalecimiento y la derecha si propuso abiertamente planear uno.

Esa resistencia abierta de los conservadores neoliberales agudizó su crisis ente la Covid-19, aceleró las contradicciones y clarificó las diferentes estrategias. Sí, ese término marxista que tanto molesta a los neoliberales y que repetidamente se burlan de él. Los más curioso es que piensan los opositores al gobierno que con la estrategia de enfrentar la pobreza, corrupción, desigualdad y la falta de crecimiento acelerado, lo que se busca es precipitar las contradicciones para concentrar el poder en todos los frentes, como si eso fuese suficiente para alcanzarlos. Cierto, una de las debilidades del progresismo ha sido eso, esto es, no tener el poder suficiente para hacer cambios progresistas, pero que no vengan a decir que ellos están ajenos a concentrar el poder porque el proyecto neoliberal ha sido eso efectivamente. Lo real es que no pueden resolver sus miedos a que el pueblo pueda decidir. No estaban preparados para ello. Lo absurdo del modelo neoliberal se vio sin máscaras.

Tenemos que recordar con el neoliberalismo el equilibrio del poder se desplazó hacia arriba y la confianza de los inversores era más importante que los votantes. En pocas palabras el poder económico se convirtió en poder político; para ello, se crearon nuevos órganos autónomos de gobierno, se modificó la constitución y las leyes para crear todo un entramado jurídico que estabilizara la nueva función del Estado. Ese esquema privatizador en extremo y el de mantener en el Estado un apoyo sin reservas a ese proyecto, cambió con el actual gobierno y se le regresó al Estado el poder de controlar al mercado. Ese es un giro muy importante que rompe varios años de neoliberalismo. No los desaparece porque cuarenta años de concentración de poder económico y político son difíciles de cambiar en un año. Eso es lo que no quieren aceptar los grupos de poder, no quieren entender que la democracia y el capital entraron en contradicción en 2018, dado que el pueblo se puso encima de los mercados con un voto masivo. Ese es el verdadero cambio y al que tanto teme el capital y el verdadero conflicto en el 2020 con la Covid-19 en medio.

Gestionar un nuevo capitalismo democrático es lo que está en la mesa y la pandemia inclinó aún más la balanza en favor del gobierno. Ojo, no estamos hablando de socialismo o de anticapitalismo. Alguna parte de la izquierda mexicana critica esta posición porque ellos quisieran a un gobierno más radical, pero a nadie se está engañando. El progresismo latinoamericano siempre estuvo bien claro sobre el momento y habló de que lo que se estaba impulsando era un capitalismo puro y duro. Con la entrada del nuevo gobierno el campo de batalla donde se dirimen las contradicciones del capitalismo democrático cambió. Los mercados dictaban lo que el Estado debería hacer o no por los ciudadanos y las calificadoras, los organismos internacionales y los nuevos órganos de gobierno, cuidan que eso se cumpliera. Corregir la influencia del mercado mediante la acción política colectiva en términos económicos, significa un conflicto distributivo que termina por ser más costoso para el capital, costos que no quieren asumir y lo vemos con claridad ante la crisis pandémica.

En el mundo capitalista desarrollado y dependiente en vías de desarrollo también se habla de recuperar la normalidad, pero lo hacen desde la perspectiva de priorizar los intereses del capital. Cierto es que no dejan de considerar la salud general de la población y de los trabajadores, porque los rebotes pandémicos pueden volver a mandarlos a resguardo, lo que significa nuevamente parar la economía. En nuestro país la estrategia es pasar a una nueva normalidad que va en el sentido contrario, esto es priorizar la salud y la recuperación económica están en el mismo nivel. En el momento post-Covid-19 en México se habla de una alternativa progresista donde la economía está al servicio de la sociedad y del bien común y con una activa actividad del Estado para garantizarlo.

Con la crisis Covid-19 los mejores momentos de la globalización quedaron en el pasado de manera definitiva. Esto es más serio que la crisis de salud. Gran parte de nuestra forma de vida anterior al virus ya es irrecuperable, nos dice John Gray en el periódico El País. Vienen momentos diferentes en todo el mundo, aunque las medidas de restricción se mantendrán, la incertidumbre permanecerá mientras no exista vacuna. Seguramente, afirma el catedrático ingles, se desarrollará una vacuna y tratamientos que reducirán la letalidad del virus. Pero lo más probable es que se tarden años, y, mientras tanto, nuestras vidas habrán cambiado hasta ser irreconocibles. Las actitudes de la gente, más que las medidas impuestas por los Gobiernos, impedirán que volvamos a las costumbres anteriores a la covid-19.

Finalmente, no podemos olvidar que esta crisis tiene raíces más profundas que las podemos situar en 2008 cuando se puso fin a la época dorada de las finanzas. Los beneficios de las empresas fueron escasos, el incremento de la productividad fue limitado a pesar de los grandes avances tecnológicos y por estas razones las inversiones no mostraron ningún dinamismo. Las finanzas se encontraron, a su vez, en serios problemas, mostrando una baja rentabilidad. Asi que, como atinadamente lo dice Atilio Boron, la posibilidad de una etapa post-capitalista no la podemos subestimar. La pandemia no fue quien originó la crisis, pues ésta venía gestándose desde antes. Lo que sí hizo fue correr, con mortífero impulso, el telón que ocultaba sus enormes contradicciones y debilidades, que ahora son percibidas por (casi) todos, aunque, todavía es pronto para saber el camino que va a seguir la recuperación económica.

Eduardo Torres Arroyo

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