La revolución digital en tiempos de covid

La revolución digital aceleró su debate con la pandemia. El proyecto libertario de la contracultura norteamericana asentada en california al amparo de la innovación de un grupo de visionarios, perdió su impulso frente a los grandes monopolios de la economía digital que se formaron. Muchos de sus fundadores ahora son sus críticos. El triunfo impresionante del Valle de Silicio poco a poco se fue transformado en un proyecto de tecnopoder que busca administrar todos los sectores de la sociedad, desarrollar una “industria de la vida” que se beneficie de los recursos públicos y el apoyo de políticos. Este proyecto esta brincando del oeste al este de EUA no de manera tersa, pues hay un choque de poderes y de visiones entre estas dos áreas. Este modelo del Valle del Silicio, lo que se ha llamado la siliconización, se está buscando desarrollarlo en del mundo. Todo ello, en medio de un conflicto entre China y EUA.

Los norteamericanos consideran que los chinos están compitiendo para convertirse en los principales innovadores del mundo y afirman que Estados Unidos no está jugando a ganar, por lo que quieren que el gobierno, no sólo la iniciativa privada como se piensa del lado oeste, debería comenzar por definir las prioridades nacionales respecto de las tecnologías emergentes. Parten de la idea de que la ventaja de Estados Unidos en la rama de la inteligencia artificial es precaria si se considera que ésta abrirá nuevas fronteras en todo. La UE, con Alemania y Francia a la cabeza, están impulsando proyectos propios, en tanto que no quieren seguir dependiendo de la infraestructura digital norteamericana y, por tanto, no seguir fortaleciendo su poder económico y digital. China sigue en su proyecto de convertirse en los principales innovadores del mundo y llegar a ser la más grande economía en 2030.

Con la pandemia de la Covid-19 y el uso intensivo de las nuevas tecnologías que se hizo para ayudar a enfrentarla mejor, este conflicto mundial regresó a las mesas de análisis de los pensadores mundiales. Sin embargo, lo hacen desde una visión superficial, pues la mayoría de los ensayos y trabajos periodísticos presentados en los diferentes medios mundiales se centraron en el punto de la privacidad de la información, de los derechos humanos y alertando sobre la transformación de los estados en tecno-totalitarios. Empero, sólo los menos se centraron el punto nodal: que los grandes beneficiados de la pandemia del Covid-19, son los monopolios digitales asentados en EUA y que hay una disputa interna en EUA y de este contra el mundo, por quien hegemonizará la economía digital los próximos años, ya que la digitalización de todo otorga a las empresas tecnológicas un inmenso poder social. La relación, durante años idílica, entre la red social y Trump parece haberse roto. El conflicto entre Trump y Twitter rebela una de las batallas de nuestro tiempo, que no es sólo la libertad de expresión o la desinformación.

Mientras se discutía sobre la Covid-19 en el mundo sobre las medidas de restricción social para evitar la rapidez de los contagios, su duración, el tiempo que permanencia la inmunidad y las posibles vacunas, en paralelo, en los países democráticos se debatía sobre la experiencia de los usos de la Inteligencia Artificial en los países asiáticos, sus repercusiones en la democracia occidental y la utilidad para ayudar en la solución. Recordemos que fueron los asiáticos los primeros en empezar con la pandemia y los que, entre otras cosas, utilizaron la inteligencia artificial como el reconocimiento facial y los teléfonos inteligentes para geolocalización y monitorear los movimientos de las personas que estuvieron en contacto con enfermos y alertar de zonas de contagio, entre otras varias ayudas tecnológicas.

La Civid-19 vino a darle un impulso muy importante al uso de la inteligencia artificial pues todos los países terminaron por utilizarla como ayuda, pero también despertó los demonios y traumas que la democracia occidental siempre ha tenido con los países orientales a los que no bajan de autoritarios y terroristas y con sus propias creencias de derechos y libertades individuales asentados desde el inicio de la modernidad. Por esa razón, la argumentación no respondió a un análisis integral del problema, como lo muestra el hecho que hayan utilizado de manera superficial el discurso de los críticos fundadores del Valle del Silicio, quienes defienden los objetivos iniciales de la digitalización como un servicio para mejorar el bienestar social y al internet como un espacio de libertad, pero también afirman que a lo que estamos llegando es a un capitalismo de vigilancia, como una nueva forma de totalitarismo. Es claro que son dos cosas diferentes. Maurizio Lazzarato habla de una servidumbre maquínica donde la tecnología se ha convertido en un nuevo instrumento de dominación, que es muy diferente cuando se defiende la privacidad y los derechos humanos.

El virus mostró la insolvencia del neoliberalismo para resolver los problemas que él mismo había causado y ahora, para usar una expresión de Evgeny Morozov quieren utilizar el solucionismo tecnológico para mantenerse sin que cambien las cosas, ampliar el nuevo poder que trae la acumulación de datos que la gente voluntariamente les dio y ocultar los verdaderos objetivos de las grandes plataformas de la economía digital. Atacar por el lado de la privacidad significa perder la perspectiva sobre el verdadero fin de la economía digital. Pero Morozov va más allá y afirma que esta estrategia de solucionismo tecnológico es una manera de evitar la política. Afirma que la con la Inteligencia Artificial y el Big Data se pretende hacer más fácil el mundo post-neoliberal, pues desactiva y descarta soluciones políticas y hacer que la gente expuesta a datos mediante aplicaciones, pueda actuar por el bien público.

Naomi Klein, la prestigiada economista canadiense, asegura que el rastreo de datos, el comercio sin efectivo, la telesalud, la escuela virtual, el teletrabajo y hasta los gimnasios y las cárceles, parte de una propuesta altamente rentable y sin contacto humano. Ahora, nos dice, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia. Y agrega algo fundamental y poco tratado, como es que es un futuro que afirma estar basado en la inteligencia artificial, en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, esto es, la hiperexplotación.  Dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose, esos son lostrabajadores del clic.

En realidad, pues la tecnología no es ni buena ni mala; empero, pasan por alto otros elementos secundarios importantes que debemos analizar.  Todos los analistas coinciden en lo dicho por Robert Solow, premio novel de economía 1987, en que en la cuarta revolución industrial se veían las computadoras por todos lados menos en las estadísticas de productividad. A eso que se le llamó la paradoja de la productividad, para la que se buscaron diferentes estrategias de cómo enfrentarla. Los más optimistas aseguran que sólo hay que darles tiempo a las nuevas tecnologías para que cuajen en el mercado y puedan desarrollar todo su potencial en la economía y que, además, se estaba midiendo mal aspectos de esta tecnología que no están visibles. Hasta la fecha no se ha podido resolver esa paradoja y los empresarios prefieren mejor hacer recompras de acciones o de bonos gubernamentales, esto es mantenerse en la especulación, que invertir en las nuevas tecnologías.

Aun así, todo indica que vamos a vivir cambios profundos. Nos espera un futuro dominado por el mundo de las nuevas tecnologías. Pero antes tenemos que ver lo que hace más de cincuenta años se dijo y que ahora podemos aplicar a la inteligencia artificial. La gestión de la crisis sanitaria ha revelado las fuerzas y flaquezas de la IA. Esta no puede prever lo que no se ha producido y, por lo tanto, no hay datos con los que se pueda alimentar. Por más volumen de información que puedan procesar, ante un hecho emergente como el SARS-Covid2 nada puede hacer. Ya lo decía muy bien Gilbert Simondon en “El modo de existencia de los objetos Técnicos” lo que reside en las máquinas es la realidad humana, es una extensión del humano, por lo que no pueden funcionar sin su participación. La IA esta llena de fallos los que deben ser constantemente arreglados mediante el uso intensivo del trabajo humano, quien es el que les suministra datos fiables y utilizables. Ahora, con los datos derivados de los diferentes análisis que se han realizado en el mundo sobre la pandemia y con apoyo de experiencias anteriores es que la AI será de utilidad indispensable.

Como se puede observar, pues, a los miedos, los traumas y los demonios que ha despertado el uso de las tecnologías en épocas de Covid-19, se agrega el que el uso que se le dio se pueda quedar permanentemente en nuestras vidas. Es claro el tema sobre la relación de los humanos y la tecnología no se solucionará con más democracia o apelando a la responsabilidad de usuarios de redes y de internet, como lo pregona grupos de defensa que hablan de la necesidad de luchar contra el mundo virtual y, en ese sentido, se preguntan hasta dónde estaremos dispuestos a ceder nuestro derechos y libertades. Es terrorífico, nos dicen, pensar la gente se acostumbre al actual estado de cosas. La realidad es que el actual estado de cosas es que vivimos demasiado rápido, demasiado acelerados; todo va tan rápido que perdemos, el contacto con la vida, lo que genera un vacío, una frustración, un deseo del objeto, que es llenado por el consumismo, que es una de las esencias del capitalismo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vinculación ni más cercanía, por ello, tenemos que inventar nuevas formas de acción.

Eduardo Torres Arroyo

CEN STRM

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