Pase lo que pase el ganador será AMLO

El regreso a la nueva normalidad clarificó el conflicto político en nuestro país. La oposición con la pandemia se plantea continuar su estrategia debilitar al gobierno o crear la sensación de que así es, para recuperarlo a favor de sus intereses. El presidente le dio la bienvenida a esa posición, pero les dijo que se está por la transformación o en contra de la ella, no hay medias tintas y, agregó, que es bueno que abran sus posiciones y que expresen sus puntos de vista. Los comentaristas calificaron a esas declaraciones como un acto de polarización política del país, aunque eso haya sido más de su interés. El efecto del neoliberalismo en política fue el separar a las diferentes sociedades nacionales y evitó sistemáticamente la participación política de la gente; así que, no es de extrañarnos que en momentos donde se busca un cambio, se hable, por un lado, de que es momento de definiciones y, por el otro, de polarización. Todo ello con la novedad de que La Covid-19 nos anuncia un nuevo mundo.

Los que hablan de polarización olvidan que, ante el triunfo de la democracia en 2018, ellos son sus principales impulsores, pues tienen miedo de perder todas las ventajas que habían logrado en 40 años para lo que optaron por una política abiertamente en contra. Ahora en este año, distintos grupos de poder se aglutinaron alrededor del gobernador de Jalisco y varios gobernadores más para buscar, entre otras cosas, reventar el programa de la 4T y con ello convencer al electorado de votar por un legislativo que equilibre al ejecutivo o la revocación del mandato en 2022. Por otro lado, otros grupos promovieron movilizaciones de sus seguidores con consignas anti gobierno, con calificativos agresivos y con la promoción no explícita de un golpe de estado. Para ambos proyectos, los medios de información, prensa escrita, radio y TV y diferentes medios digitales, copados por los intelectuales orgánicos, académicos principalmente y escritores de todo tipo hicieron su trabajo para redondear el objetivo.

Estos grupos, a pesar de los diferentes métodos por recuperar el gobierno, se centran en el punto de que el actual nos va a llevar a una hecatombe económica y social y que el principal responsable es el presidente y en él descargan todas sus baterías. Empero, hay algo que debemos resaltar. Del análisis de sus propuestas y métodos se infiere que a pesar de que ya lleva este gobierno casi dos años, todavía muestran desconcierto, pues se nota que no se recuperan de la apabullante de su derrota. Perdieron el gobierno a pesar de haber usado todos los recursos posibles y probados durante muchos años, pero siguen sin considerar que el problema es más amplio y ahora atacan y personalizan con más adjetivos que con razón. Esta reducción al mínimo del problema les ha impedido aglutinarse en un proyecto común.

Este desconcierto no es privativo de México. Con la crisis del neoliberalismo iniciada en 2008, las poblaciones del mundo están poniendo a los diferentes gobiernos y partidos ante una disyuntiva, pues sus votos se están dirigiendo más hacia movimientos sociales y realizado grandes movilizaciones. Desde dentro del mismo sistema neoliberal han salido voces autorizadas para alertar de los límites del capitalismo neoliberal y de las negativas repercusiones sociales que ha tenido. En diferentes libros y ensayos se resaltó la concentración del ingreso en el 1% de la población mundial y la búsqueda de nuevos modelos para solucionar ese punto sin cambiar el modelo. No se ve todavía un modelo alternativo, y, por esa razón, en el intermedio nos encontramos con un conflicto intercapilasta e intracapitalista y aquí en México con una 4T anti-neoliberal. Gran problema para los neoliberales que deben de entender.

Pero veamos las cosas más de cerca. Todos estos grupos no han podido concretar un proyecto común, ni han logrado hilvanar una línea de continuidad, porque tienen diferentes motivaciones y sus métodos no han tenido buenos resultados. Algunos gobernadores, junto con comentaristas y escritores, habían logrado encontrar un líder; pero un acontecimiento desafortunado en Jalisco, pero, sobre todo, el cómo se buscó explicarlo, las justificaciones de algunos pensadores expresaron, el levantamiento de varios jóvenes en protesta y la posterior represión que fue negada en un principio, dejó ver un pobre manejo del gobernador de Jalisco. Todo esto puso en crisis dicho proyecto y abrió la lucha llenar el espacio por otros gobernadores y continuar con la estrategia de involucrar a la SCJN para que cuanto antes declare inconstitucionales las reforma emprendidas por el gobierno y regresar al anterior estado constitucional de reforma estructurales neoliberales

Otros piensan que la vía constitucional y electoral no es la mejor vía y están proponiendo ya con claridad un golpe de estado, para lo que empezaron con sacar a su gente a la calle montada en autos de lujo, lo que de ninguna manera fue un argumento a favor lo que querían mostrar. Planean más acciones similares, pero si vemos por dentro los grupos sociales que conforman estas protestas, además de ser la mayoría con un poder económico alto, debemos insistir, sus motivaciones son diferentes. Cierto como hemos venido diciendo, el punto de atracción es el presidente, pero lo que los incita a la protesta en su contra no es la misma de todos. Hubo quien gastó un poco de su tiempo, como Jorge Zepeda Patterson, para explicar lo que el llamó “un jardín en el que florecen toda suerte de especies y subespecies” y enumeró algo así como once diferentes motivaciones sociales para estar en contra de AMLO.

Estos grupos olvidan o no quieren entender que para que haya política verdadera, el marco donde suceden las cosas sea a la vez legible y compartido. Hasta ahora no encontramos eso en la oposición y si una atomización con diferentes proyectos emitidos sin consenso. Puede que sí entiendan esa situación en la que se encuentran, pero es muy probable que por sus diferencias les sea difícil alcanzar un proyecto unificador. No obstante, estos tropiezos están haciendo todo lo posible para que la economía se desbarranque por la Civid-19, lo cual es poco ético y están convocando a la sociedad a que con su voto “tome el lugar que le corresponde para construir un sólido desarrollo futuro”. Se nota nuevamente el engaño neoliberal.

No consideran que la gente ya votó por un cambio en 2018 y que sus motivaciones fueron muy diferentes, de hecho, contrarias a las que buscan como oposición. De manera superficial ven en este hecho como un accidente pues consideran a ese punto superable quitando al presidente. Mientras se mantengan así, se toparán con pared o tendrán ellos mismos que cambiar, lo cual será interesante, dado que el regreso hacia etapas anteriores o el recuperar sus posiciones de privilegio, no es un camino fácil más aún ante la crisis de neoliberalismo que se ha hecho compleja con la pandemia pues se anuncian cambios importantes. Y sí, aquí no hay mas que dos sopas o cambian o cambian.

Todos aquellos que quieren que AMLO se vaya y que esto suceda rápido o en los tiempos que marca la ley como máximo el año 2022, si lo logran, tendrán que, obligadamente, escuchar con mayor atención a la población y después del Civid-19 más. Aunque quieran y puedan el regreso a un capitalismo de mercado, no será igual pues el despertar de la gente es real. La lucha contra la desigualdad, esto es, una mejor distribución del ingreso; de otro sistema educativo, protección a los empleos, etcétera, tendrán que ser diferentes o aceptar los cambios ya realizados; aun así, quizás no puedan convencer a la gente que su proyecto es mejor. Es posible echar atrás el proyecto del gobierno, pero la democracia mexicana cambió de manera irreversible y el mundo lo está haciendo.

En el mundo, no sólo en nuestro país, ha reaparecido la sensación de que hay una crisis entre la democracia y el capitalismo neoliberal. Estos se han considerado adversarios por mucho tiempo. Cierto es que ha habido momentos históricos donde este conflicto se ha resuelto por medio de un pacto social, donde se nos convenció de que la libertad democrática dependía de la libertad de los mercados y de que la búsqueda del beneficio al final se distribuiría entre todos. Sin embargo, este acuerdo social no quitó a los capitalistas el miedo de que las mayorías democráticas no abolieran la propiedad privada y ese miedo los radicalizó a tal grado que las sociedades de diferentes países se dieron cuenta que ese pacto y la política y la economía que se derivaron de él ya no podía cambiar sus vidas. El resultado ha sido la baja recaudación de votos, la fragmentación de los partidos y de los grupos políticos y la generación de respuestas diferentes, como el trumpismo en EUA o el Bexit en gran Bretaña y, desde luego, el obradorismo en México.

A la hora de definir un proyecto unitario, si es que lo logran, la oposición al gobierno tendrá que considerar lo anterior y eso los pondrá ante una realidad diferente a la que había previo el 2018 y la Civid-19. Ahora es más grande el descontento con las políticas gubernamentales anteriores y más claro se tiene quienes son los causantes. Tendrán que reaprender lo que significan las necesidades sociales. Tendrán que, como lo están buscando en diferentes partes del mundo, buscar una mejor distribución del ingreso y mejores empleos sin dumping salarial y más protegidos. Las diferentes oposiciones siguen pensando en que la gente no ha aprendido y que los pueden manipular a su antojo con los órganos de difusión ideológica otras veces utilizados con éxito. Lo hicieron en el 2018 y no les resultó porque la gente es ahora un agente fundamental del cambio.

Tenemos pues, frente a nosotros, un escenario donde los causantes de que la gente votara por AMLO sin proponérselo, quieren decirle ahora que cometieron un error y que por ello ya no deben votar por él. Ahí se esconde el verdadero interés del capitalismo neoliberal de mercado y de sus voceros. Luchar contra la representación presidencial significa la desaparición o el empobrecimiento del Estado democrático. Eso es exactamente lo que buscan. Cuando el capitalismo funcionó administrado por el Estado la democracia era un factor en el progreso económico y social. Cuando la democracia dejó de ser funcional para el mercado creció y propició una gran concentración del ingreso en beneficio de pocos. Más claro no puede ser. Es cierto que la superestructura del poder que se anuncia como el círculo rojo podrá regresar al poder, no lo negamos, pero lo tendrá que hacer en otras condiciones. Si lo logran, para mantenerse en el gobierno, encontrarán que tendrán que retomar la línea que se está siguiendo ahora y en ese momento también habrá ganado AMLO.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

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