López Obrador restablece el presidencialismo mexicano, dice defensora de DDHH

Ciudad de México, 26 jun (Sputnik).- El desmantelamiento de decenas de organismos autónomos e instituciones independientes del Estado, que impulsa el jefe del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, busca restablecer el antiguo régimen del presidencialismo mexicano todopoderoso, dijo a Sputnik la presidenta de la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación, (Conapred), Mariclaire Acosta Urquidi.

“Es un plan preestablecido del presidente para restablecer el antiguo presidencialismo, donde él sea otra vez, como en el viejo régimen, el que decida básicamente todo, y para ese proyecto los organismo autónomos le estorban muchísimo”, dijo la responsable de esta instancia independiente, que asesora al organismo descentralizado del Poder Ejecutivo, creado hace 17 años.

El líder de la izquierda nacionalista plantea que fue un exceso crear en el pasado tantos organismos autónomos, “sin beneficio para la gente”, que cuestan decenas de miles de dólares al erario.

El presidente sostiene que el combate al racismo puede ser encomendado a la secretaría de Gobernación, encargada de la política interior de su administración.

“Desde que lo conozco, a él nunca le han gustado las organizaciones de la sociedad civil, siempre les tuvo una enorme desconfianza”, prosiguió la fundadora la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos, creada en 1989.

El objetivo es establecer una especie de reforma del Estado, donde desparezca todo lo que no pueda controlar la presidencia, por la vida formal o informal, explica la experimentada defensora de víctimas de abusos del Estado.

“Conapred le estorba porque tiene una asamblea consultiva muy independiente”, creada por Gilberto Rincón Gallardo (1939-2008), militante y líder comunista con quien el presidente tenía diferencias, prosigue.

Desde la óptica de López Obrador, los organismos autónomos no tienen una función importante.

“Su narrativa es que son el resultado de componendas y negociaciones de la clase política, para cooptar y darle presupuesto a una serie de simuladores y vividores”, indica Acosta.

ENSAYO GENERAL

Según la autora de decenas de libros, exdiplomática, y primera representante de la Sección México de Amnistía Internacional (1977-1984), “desgraciadamente, el presidente utiliza a Conapred como ensayo general para desmantelar otras instituciones”.

Por otra parte, el jefe de Estado está “obsesionado con la austeridad en el tema presupuestal, con simplificar las instituciones del Estado para concentrar el gasto público en sus programas sociales”.

El papel Conapred, si desapareciera, la desempeñarían las fiscalías y las secretarías de Estado.

“Ese plan va en sentido contrario de lo que ha sido la construcción de la democracia mexicana, que permitió tres veces la alternancia en el Poder Ejecutivo en dos décadas, resultado de luchas de demandas de la ciudadanía”, dice la veterana luchadora social.

Sostiene que no es el papel de las fiscalías procurar la justicia.

“Es como un sueño guajiro, porque son responsables de la impunidad en más de 90 por ciento, es una ficción”, sentencia con un largo recuento.

El Conapred es un órgano que atiende unas 6.000 quejas al año, de particulares y grupos vulnerables, y Acosta sostiene que ha logrado contribuir a generar una cultura de combate a la discriminación.

“Curiosamente, el presidente se refiere a ese trabajo en términos muy despectivos, a pesar de que han formado parte de la Asamblea Consultiva miembros de su equipo cercano”, señala la entrevistada.

Menciona los ejemplos del publicista gubernamental Epigmenio Ibarra y del actual secretario federal de Educación, Esteban Moctezuma.

Las reservas del jefe de Estado sobre el papel de la organizaciones no gubernamentales tienen hondas raíces.

“La gran desconfianza del presidente sobre la sociedad civil tiene que ver con su formación política, en el PRI”, el Partido Revolucionario Institucional, que gobernó 71 años hasta el año 2000.

López Obrador militó 14 años en el PRI, hasta 1988, partido que volvió a la presidencia entre 2012 y 2018, con Enrique Peña Nieto.

Su concepción de la política “tiene una impronta fundamental de la cultura política del PRI, en particular del expresidente Luis Echeverría (1970-1976) de raigambre populista, donde el Jefe de Estado y de Gobierno decidía todo, dictaba órdenes y ponía sus piezas, allí se quedó”, sentencia Acosta.

CLAVES DEL ANTIGUO PRESIDENCIALISMO

Una noción subyace en el proyecto de López Obrador: el presidencialismo es bueno si el presidente es bueno y honesto.

“Esa vieja y larga tradición mexicana sugiere que si la persona que detenta el poder es buena y no es corrupta todo se va a resolver, es una visión bastante anacrónica, que no tiene nada que ver con el siglo XXI, ni con el complejo desarrollo democrático de la sociedad mexicana”, replica la defensora de víctimas.

El mandatario tiene en sus manos una bandera muy importante: el combate a la pobreza, la desigualdad y la corrupción, que le genera un gran apoyo

“Pero con sus métodos para conseguirlo no se puede lograr el objetivo”, señala.

Los organismos autónomos lograron arraigo en las últimas dos décadas: “le dan cauce a problemáticas y si funcionaran bien con presupuesto adecuado y autonomía real sería un aporte a las luchas”, puntualiza.

En el presupuesto de 2020, el oficialismo recortó los fondos a los entes autónomos en unos 180 millones de dólares. (Sputnik)

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