Crisis del capital, del trabajo y el T-MEC

El capitalismo reacomoda sus piezas. Al T-MEC tenemos que verlo como parte de ese reacomodo. Esto obligó a reducir la explotación del trabajo, no a desaparecerla, pero si a vigilar que no exceda lo acordado y vuelva a desequilibrar el mercado; a regionalizar la expansión del capital y priorizar el consumo interno al establecer reglas comerciales que benefician al contenido regional y a darle al mundo del trabajo un juego diferente, mas benéfico, para la defensa de sus intereses. Independiente de todas las medidas para inhibir las malas prácticas laborales e impedir la expansión del capital sin tantas ventajas fiscales, legales y mano de obra barata, para el sindicalismo sería muy importante ver que esto sucede en medio de una crisis del capital y de que ésta abre espacios que no tenía con el neoliberalismo, lo cual debe aprovecharse para recuperar su posición de elemento de equilibrio social, político y económico y no sólo concentrarse en comprender al nuevo tratado.

La crisis del capital iniciada en los años setenta se buscó resolverla a la manera explicada por Rosa Luxemburgo, esto es, ocupando todos los espacios mundiales posibles y quitarle al capital todas las ataduras. La globalización, es pues, el capital sin ataduras, el capital funcionado estrictamente en función del capital. La desregulación de todos los sectores de la economía se produjo sin encontrar resistencias sindicales y públicas. El resultado fue el empobrecimiento del trabajo, la desigualdad acelerada, la concentración del ingreso en pocas manos, la hegemonía del capital financiero y la inestabilidad recurrente. Ante la ausencia de vigilancia y de control estricto por parte del Estado y los sindicatos, la propia competencia capitalista se convirtió en un factor destructivo y no, como se ha sostenido, en benéficos para la sociedad. Se dijo insistentemente, que la competencia convertiría la anarquía del mercado en un armonioso óptimo. Sucedió lo contrario.

La globalización erosionó los regímenes sociales que habían limitado más o menos eficazmente la mercantilización de trabajo. La “auto regulación de mercado” buscó la mercantilización total del trabajo. Pero sucede que la mercantilización sólo puede hacerse dentro de ciertos límites si se quiere que mantenga su valor de uso; por tanto, una mercantilización completa los destruiría obstaculizando más que facilitando la acumulación del capital. Así que, el capitalismo sólo puede sobrevivir mientras acepte voluntariamente o no una regulación social y pública que le impida someter a su lógica la plena mercantilización del trabajo.

Hay que agregar que la productividad del trabajo y la competencia entre capitales, elementos básicos para la recuperación de la tasa de ganancia, ya no están dando los resultados esperados por el capital, prácticamente todos los progresos de la civilización vienen determinados por el aumento de la productividad en el trabajo. El neoliberalismo nació acusando a la lucha sindical como la causa de esas bajas, por lo que atacó y dividió al sindicalismo. Después del 2008 el problema no ha desaparecido y, más aún, se ha incrementado, por lo que ya no era posible culpar nuevamente al sindicalismo de ello. Así que el mal no era ese, sino el propio capitalismo. El estancamiento económico crónico se debe a la caída de la plusvalía relativa en el sostenimiento o aumento de la explotación del trabajo y, por lo tanto, en la rentabilidad del capital.

Una pieza clave de la “globalización” acelerada en la década de los noventa fueron los tratados comercio y en nuestra región fue el TLCAN, que llevó al saqueo, la desarticulación y devastación de la economía mexicana. Privatizaciones de las riquezas públicas, desindustrialización, desnacionalización de la banca, extranjerización del petróleo y del sector energético vinieron de la mano del acuerdo. En los años de los tratados comerciales y el TLCAN, la pobreza creció y la desaceleración económica aumentó. Después de 2008 esta situación era insostenible para los trabajadores y para el capital, por lo que éstos últimos se vieron obligados a buscar ajustes y con ellos, la relación entre capital y trabajo cambió. Sin embargo, es claro que no hubo un consenso general de cómo hacer los ajustes.

Sin embargo, la expansión del capital en el mundo, la globalización pues, sucedió con una superexplotación de la mano de obra de los países poco desarrollados y una pérdida de empleos en los países desarrollados, por lo que con el trabajo en esas circunstancias no tiene posibilidades para aumentar la productividad. La flexibilidad total es incompatible con el desarrollo de capacidades para el trabajo productivo. Sectores de derecha e izquierda entendieron ese dilema primero que nadie. Así que, podrá decirse todo lo que se quiera, pero de ese desequilibrio que estamos narrado surge Trump y el Brexit y una serie de gobiernos desheredados del socialismo realmente existente y, por supuesto, AMLO. Una especie de nacionalismo contra globalización, dos visiones de mundo enfrentadas.

Esta crisis generó, pues, un conflicto inter e intracapitalista por las diferentes maneras en que se intenta recuperar los altos grados de utilidades, de productividad y competitividad alcanzados durante la época de oro posterior a la segunda gran guerra. La globalización propició el crecimiento de otros países y, por supuesto, el reacomodo de la economía mundial y una nueva competencia por el control de los mercados mundiales, esto es, una lucha por la hegemonía mundial. Con el crecimiento de China, el mundo dejó de ser unipolar y la globalización tomo caminos nuevos, donde lo primordial es fortalecer regiones, esto es las áreas de influencia más cercanas par poder competir frente a otros mercados como euroasiático y viceversa.

Lo novedoso en el 2020, es que en EUA esas dos visiones encontradas parecen inclinarse hacia el nacionalismo económico. Republicanos y demócratas se lo disputan. El America First trumpiano de primero, voltear la cara hacia adentro de su país para limitar la salida de capitales y propiciar el regreso de otros, para fortalecer su economía con la creación de empleos. Con motivo de las próximas elecciones presidenciales en EUA, hay una disputa entre demócratas y republicanos por el nacionalismo económico. Frente al America First aparece el Build Back Better que podríamos traducir como reconstruyámoslo mejor para lo que Joe Biden, virtual candidato demócrata para las elecciones de noviembre, planteó un plan económico destinado a impulsar la manufactura estadounidense mediante la idea de comprar americano.

Así pues, el fortalecer el mercado americano para promover la competitividad de toda la región de América del Norte, obliga a modificar las condiciones asimétricas laborales y económicas creadas en nuestro país por el TLCAN. Se tiene que cambiar las leyes para disminuir la desigualdad, empleos precarios y perdidas de los beneficios de la seguridad social, para reducir las tentaciones de las empresas de emigrar y aumentar la capacidad de compra de los trabajadores. En concreto, si se quiere competir con la región de Asia, con China a la cabeza, se tienen que disminuir las asimetrías existentes. Por ello, se modifico la ley y se aceptaron lo establecido por la OIT. A los empresarios mexicanos les costó trabajo entenderlo porque encareció la explotación y a los sindicatos no los dejó satisfechos.

El sindicalismo mexicano se encuentra frente a una realidad compleja por los retos que le presenta el nuevo tratado de libre comercio T-MEC, ya que obliga a una democratización plena, a clarificar sus contratos colectivos, aceptar la libre sindicalización y sobre todo aceptar que tanto EUA como Canadá puedan denunciar violaciones a estos acuerdos. Los que ya viven dentro de la democracia sindical, ven el fantasma del corporativismo a pesar de que, por ejemplo, los sindicatos democráticos como la UNT, hicieron un intenso trabajo para la aprobación de una ley y el reconocimiento por lo establecido por la OIT. Los que no tienen una vida democrática como la CTM se ampararon. Ha presentado hasta el momento 168 y ya les rechazaron otros 332 promovidos desde mediados del año pasado, por lo que gremios que promovieron dichos recursos no modificarán sus estatutos internos hasta que no haya un fallo final de la Corte.

La razón puede estar en que no están acostumbrados a una relación capital-trabajo como el que se acordó en las cúpulas de los tres países. Esto se debe a que prevalece la ideología de la revolución mexicana, ya que dentro de ella jugaron un papel importante, donde se les consideraba a cambio de aceptar un pacto social a cambio de una paz laboral que se transformó en corporativismo. Con el neoliberalismo éste se mantuvo y se acopló rápidamente a las nuevas reglas. Empero, con el cambio de gobierno y los ajustes del capital, se modificó la ley laboral para fortalecer al sindicalismo y que vuelva a ser factor de equilibrio con una vida interna democrática donde los trabajadores fueran los actores. Paralelamente, el gobierno permitió el surgimiento de otras centrales sindicales, lo cual fue interpretado, por un lado, como un nuevo corporativismo.

Para la OIT Las medidas propuestas en el T-MEC deben ser vistas como una oportunidad para mejorar las relaciones obrero patronales. Reconoció que la negociación del acuerdo ha sido compleja ante la asimetría entre México, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, confió en que la implementación no solo represente beneficios para el sector empresarial con oportunidades de negocio, sino que genere mejores condiciones de trabajo en los tres países.  Sorprende que haya en el sindicalismo quienes no entienden eso y quieran mantenerse en esquemas que ya no se acoplan con este cambio y no quieran utilizar la crisis del capital para impulsar un cambio

El problema más complejo es el cómo se busca asegurar que nuestro país cumpla los compromisos laborales acordados, incluso en algún momento fue motivo del estancamiento de las negociaciones. El T-MEC prevé un trato más duro para México en materia laboral; contra nuestro país se puede levantar un panel solo con un reclamo por una presunta violación legal; contra EU, el panel solo se activa si la autoridad local acreditó previamente que se incumplió la ley. Con los paneles laborales la negociación colectiva y la libertad sindical será un problema para los sindicatos. El mecanismo de respuesta rápida del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) aplicará un trato desigual para levantar casos de resolución de controversias.

Independiente de todas esas medidas para inhibir las malas prácticas laborales e impedir la expansión del capital en condiciones altamente beneficiosas para las empresas, el tema central para el sindicalismo debe ser la crisis del capital, que ante la crisis sistémica y del trabajo hay un reacomodo de las piezas y que esta crisis abre espacios para el trabajo. La OIT sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto del 2020 y los años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopte el sindicalismo hoy.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

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