El tele-neoliberalismo

La muerte no es democrática, advierte el filosofo norcoreano Byung-Chull Han, en una entrevista otorgada a la agencia EFE en mayo de 2020. La meta de la globalización es la de atraer una mayor cantidad de ganancias y en este contexto, el capital se convierte en el más peligroso enemigo del ser humano.

Derivado de la pandemia de la Covid-19, el mundo ha intensificado y recrudecido la desigualdad social. El incremento de la pobreza, la precarización laboral o, en definitiva, la escases de empleo que la crisis económica que acompaña a la pandemia ha dejado a su paso, son resultados que también han beneficiado a los grandes capitales, en especial a aquellas grandes corporaciones tecnológicas, que se muestran como la respuesta ineludible y única para enfrentar el fracaso del neoliberalismo ante la crisis sanitaria.

Indudablemente el desarrollo tecnológico puede convertirse en una respuesta para afrontar la crisis económica que la Covid-19 ha provocado; sin embargo, también ha generado que el desarrollo de las nuevas tecnologías apunte hacia una gran tentación que los gobiernos siempre han tenido y esto, es el control de las masas y que hoy se facilita a partir del confinamiento sanitario que en buena parte del mundo se ha dado.

La convulsión del sistema de salud y la falta de una vacuna contra el nuevo coronavirus, ha generado que la especulación económica arrase con la estabilidad de los mercados financieros, así como, el cambio radical que se ha venido dando en los procesos laborales de todos los que aún conservan su empleo. El establecimiento del trabajo a distancia, ha modificado las costumbres sociales y con ello, ha venido una transformación de la movilidad y un mayor tiempo del uso del internet, manteniendo en línea a los trabajadores y generando en diversos casos, mayor explotación laboral.

Es probable que en naciones más desarrolladas el fenómeno del trabajo a distancia pueda ser más adaptable, pero en países como el nuestro, ha falta de una reglamentación del mismo, las condiciones son totalmente adversas. El capital ha encontrado la forma más adecuada de control y explotación por medio del trabajo a distancia, ya que, mantiene una constante vigilancia sobre las actividades que desarrolla cada trabajador durante el tiempo empleado en su trabajo, así como, sobreexplotar al mismo por medio de la conectividad, pues mientras el trabajador se mantenga conectado estará siempre al alcance de su trabajo.

Es posible que el constante mantenimiento en línea de los individuos, colabore con un nuevo orden laboral y beneficie a la consolidación de un neoliberalismo digital que sepa adaptarse más allá del e-comerce y del intercambio financiero en la red. La prolongación de la jornada laboral en casa, también implica el abuso e intromisión a la intimidad personal de los trabajadores, ya que al desempeñar sus labores en casa y, por ejemplo, con el uso de las distintas aplicaciones para videoconferencias, por medio de la web cam con la que se ejecutan las reuniones de trabajo, en todo momento el trabajador se encontrará bajo una supervisión y vigilancia constante, así como, en la observación continua de su entorno más intimo.

Si bien es cierto que, la conectividad nos da la facilidad de mantener un circulo virtuoso de nuevos alcances como la educación a distancia, la telemedicina, la comunicación, la información, entre otros tantos beneficios, el trabajo a distancia se convierte en un arma de doble filo, esto derivado de la falta de una reglamentación que adecue a la nueva normalidad emanada de la Covid-19 y con ello, permita la pronta recuperación de la economía y nuevos empleos, la cuestión es que, quien más sacrificios va a tomar es el trabajador común, ya que el verdadero beneficio es para las grandes empresas que continúan produciendo y acumulando capital.

Es necesario que la edificación de una nueva normalidad postcovid-19 se construya a partir de generar reglamentaciones laborales claras en este sentido, que el beneficio de la digitalización sirva directamente a la sociedad y no solamente a los grandes capitales ya consolidados. El repunte del desempleo puede ser mitigado a partir de concentrar nuestros esfuerzos en una sociedad con mayor igualdad y la conectividad universal de los ciudadanos puede ser un gran inicio en pro de una utopía de bienestar digital.

La generación y establecimiento de políticas públicas digitales, debe mantener un enfoque social y de desarrollo sustentable, esto significa que no solo se luche por mantener a los mercados y a los grandes operadores transnacionales de telecomunicaciones o a las Big Tech, sino que, se pugne por generar mejores condiciones de igualdad por medio de la cobertura y conectividad, así como, la inserción e inclusión de toda la sociedad a la nueva economía digital y del conocimiento por medio de la educación, que a su vez se ve solucionada con la misma digitalización.

Se debe comenzar por regular de forma adecuada el trabajo a distancia, beneficiando a los trabajadores y dejar el modelo neoliberal de regular al mercado, que en este caso solo beneficia al capital, sin tomar en cuenta a la base social que de verdad necesita una reglamentación y una regulación laboral a su favor.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

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