El capital busca un mercado laboral menos inseguro

Poco a poco el capital ensaya su restructuración. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Ya veíamos ese ensayo en caso del T-MEC. Ahora lo vemos en las pensiones. Este ensayo se hace porque, como dice la OIT, la privatización de los sistemas de pensiones para el retiro ha dejado en América Latina y Europa resultados insatisfactorios, ya que no se cumplieron las metas de ofrecer una mayor cobertura. No solo se estancaron, sino que empeoraron. Para la OIT la tendencia mundial es revertir ese esquema que en México se ha considerado una bomba de tiempo.  

Para sobrevivir el neoliberalismo está reconociendo la necesidad de un mercado laboral menos inseguro, que la redistribución de la riqueza esté nuevamente en la agenda del país aumentando salarios, que políticas excéntricas como la renta básica universal o ingreso vital se incluyan en un nuevo contrato social. En síntesis, reconoce el bienestar de la mayoría. La causa de este cambio es que nadie quiere regresar al mundo pre-pandemia y repetir los errores que se cometieron después del 2008. Sin embargo, más que lo anterior, lo que nos interesa resaltar, es la cuestión de porqué el capital pone a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. La respuesta es muy sencilla, el crecimiento de la productividad del trabajo casi se ha paralizado y las tasas de beneficio están disminuyendo. Esa es la verdadera crisis por la que pasa el capital. El desarrollo capitalista se encuentra en un punto clave de inflexión.

Cuando iniciaron las reformas pensionarias de capitalización individual se le planteó al trabajador convertirse en capitalista. Ha habido otros intentos similares en el mundo como las propuestas de participación accionaria de los trabajadores. Sí existen casos de trabajadores que piensan como un capitalista, pero en el fondo es una aberración que afecta al propio capital. Ya hemos dicho que el capital sin el control laboral y social se desbocaría y, que, gracias a ello, terminará destruyéndose asimismo o auto devorándose. El capitalismo sólo puede sobrevivir mientras acepte voluntariamente o no, que la sociedad le impida ir demasiado lejos de sus límites y con ello socave sus cimientos. Así que, este planteamiento de convertir al trabajador en capitalista era falso hasta para el propio capital. Recuerdo que promocionó el cambio pensionario utilizando un ejemplo chileno donde un taxista jugaba a corredor de bolsa y que, por esa razón, permanentemente vigilaba los cambios en la bolsa para mover su capital pensionario para incrementarlo. Así el neoliberalismo logró convencernos de que era mejor, que ganaríamos más con el sistema de pensiones individualizada.

Muchos quisiéramos el final de la era neoliberal; empero, es el mismo neoliberalismo quien nos lo anuncia. Durante muchos años nos dijeron que no había dinero para asuntos sociales y de salud, para pensiones solidarias y para salarios dignos por ser demasiado caros y que era mejor que el mercado los controlara; pero de la noche a la mañana si hay dinero para mejorar salarios y pensiones. La causa es la propia crisis de neoliberalismo, ya que después de las últimas crisis, la de 2008 y la de la pandemia de 2019, ésta entro en una situación de irreversibilidad. Eso no significa que ya haya muerto, pero contrariamente a su ideología ha aceptado un papel más activo del Estado en la economía. La pandemia es una consecuencia de la crisis capitalista y al mismo tiempo el anuncio de un cambio de sociedad.

En razón de lo anterior, el viejo problema del sistema individualizado de pensiones por fin es tocado. Cierto, no como se quisiera, pero es un paso que es posible dada la crisis económica del país o, dicho de otra manera, lo que permite la correlación de fuerzas; pero, más que nada, abre la posibilidad real de establecer junto con el gobierno una estrategia u onda de cambio que nos permita continuar en ese camino de cambio. Las posibilidades futuras viables surgen de los estados de relaciones existentes entre los diversos momentos. Creo que el gobierno de AMLO ha entendido esta situación y ha contribuido mucho para ese cambio se percibiera. Particularmente para este caso, los especialistas critican el paso dado, porque, para ellos, no resuelve de fondo el problema pensionario y van en contra del espíritu antineoliberal de la 4T, empero no nos dicen que se avanza para hacer más justo el sistema de pensiones y controlar los excesos del capital, los cuales terminarían dañando más al trabajador jubilado sino se cambia.

Más de alguno ya sabíamos que, desde que se tomó la decisión de jubilar al sistema solidario e implementar un sistema individual, terminaría como lo vemos hoy, esto es, pagando una jubilación precaria y que las altas ganancias del sector financiero terminarían siendo mucho mayores de lo que entregarían al final de la vida laboral activa. El sistema estaba diseñado de esa manera, por lo cual no era posible esperar otro resultado. Los neoliberales sabían que el sistema sería rentable sí los trabajadores contribuían con ahorro extra para su jubilación, por eso centraron su publicidad en inculcar el espíritu del ahorro, pero no consideraron u ocultaron que alguien sujeto a un salario fijo y precario era poco posible que ahorrara; así que, tarde o temprano había que dar respuesta a esa ausencia de ahorro, aumentándolo a cargo de cualquiera de los tres aportantes y reducir las ganancias del sector financiero, ajustándolos a niveles internacionales para poder mantenerlos con ganancias y con capital para invertir, tal y como está sucediendo ahora.

Aparentemente esto significa cambiar para que todo siga igual, esto es, para que el neoliberalismo continúe reinando. Los empresarios mexicanos en acuerdo con el gobierno y un sector minoritario del sector obrero impulsaron una iniciativa de reforma al sistema de pensiones mexicano. Reforma que los patrones ya venían promoviendo desde antes de la pandemia. Buscan elevar los montos de las pensiones con un incremento de la proporción contributiva de los patrones para los salarios superiores a cuatro UMA´s y del gobierno para los salarios menores a cuatro UMA´s y disminuir los años de cotización y los costos de la gestión del sistema de pensiones. Nuevamente como en el caso del T-MEC es el capital quien acepta alternativas que le encarecen la explotación de los trabajadores.

La apuesta del gobierno y empresarios es probar con una reforma gradual que se encause en aproximadamente 10 años, un sistema de cuentas individuales que pueda pagar pensiones dignas sin comprometer al erario publico y darles a las empresas el tiempo que les permita recuperarse de la crisis pandémica y post-pandémica. Al mismo tiempo, se espera se acumule ahorro suficiente que permita un aumento en la inversión productiva que ayude a la alicaída economía mexicana. Se habla básicamente de inversión en infraestructura no en bonos gubernamentales. Los recursos pensionarios representan el 16 % del PIB, ahora representarán el 25%. Aunque en nuestro país todavía no llegamos a la situación de los países desarrollados donde hay más adultos mayores que jóvenes en edad laboral, la reforma se realiza pensando en ese cambio en la estructura poblacional del mundo.

Cierto es que se mantiene dentro de los esquemas del SAR y, por tanto, se conserva neoliberal. Por ello se dijo que no había en la propuesta de ley con un cambio estructural y que, por lo tanto, se creó una ilusión de una mayor pensión. Nuevamente estamos frente a lo deseable y lo posible, dicho por el presidente y los empresarios. Pero hay que entender que los propios patronos están preocupados por la continua destrucción del trabajo, cuestión que se ha aprovechado por el gobierno actual para ponerles barreras, encarecerles la explotación del trabajo y detener, por el momento, ese robo pensionario. Lo importante ahora es tomar urgentemente todas las medidas necesarias que nos impone la coyuntura con el objeto de evitar que los ricos sigan enriqueciéndose al grado que lo están haciendo ahora.

Con el nuevo gobierno hay una especie de despertar contra la pura y simple repetición de lo peor. Los dueños del capital sufren en secreto, refuerzan sus armamentos y aceptan encarecer la explotación. Resulta urgente reconstituir o inventar las nuestras. Para que este momento no se estanque en el oportunismo de las organizaciones representativas de los sindicatos y empresarios corporativos, es necesario consolidar el Estado social para poner fin a la terrible miseria de millones de personas y el surgir de una verdad política nueva donde la igualdad se deberá convertir en regla. Ya hemos dicho que la política actúa en colectividades existentes y por eso es mejor hablar de una lucha permanente contra esas representaciones que desaparecerlas, porque, además, empobrecería al Estado. Tenemos que apoyar para reconducir a la débil economía hacia un crecimiento fuerte y sostenible.

Faltan cosas que hacer ciertamente, no se puede resolver todo después de casi 40 años de dominio neoliberal y del cual estamos viendo su caída. El problema no es saber si el neoliberalismo está llegando a su fin, sino que no vemos en escena ningún aspirante a sucederle; hay una desintegración a la vista, pero no bajo el impacto de una oposición organizada y unida de los sindicatos que luchen por un orden social mejor. Antes que las estructuras sociales se hagan más inestables de lo que ya son, necesitamos improvisación, de lo contrario habrá una transición larga e indecisa. Una época de crisis como nueva normalidad.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

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