El progreso no sólo privilegio de pocos

Para la ONU el impacto del COVID-19 en la educación, la paz social, el desarrollo sustentable, la nutrición y la salud podría desperdiciar un gran potencial humano y revertir décadas de progreso. Advierte que las brechas socioeconómicas crecientes ponen en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Resulta interesante que en momentos de una pandemia que afecta a ricos y a pobres se hable de progreso cuando es la causa misma de la pandemia. Al mismmo tiempo nos permite hacer una reflexión sobre la idea de progreso fundamental en la modernidad occidental.

Quizás el tiempo sea cíclico, o tal vez se parezca al trazado de una flecha, con un principio y un fin, pero se ha dado en pensar en la historia como un camino hacia la mejora de las condiciones de vida. Se le llamó progreso a la confianza en la capacidad del hombre para satisfacer las necesidades, reducir el dolor y alcanzar la felicidad o, al menos, acercarse a ella. Sin embargo, el éxito que ha tenido el capitalismo en el logro de esos beneficios son la causa de la crisis ambiental que a su vez ha traido la pandemia de la Covid-19, de las anteriorres epidemisas y de las que vendrán sino cambiamos.

Ha habido una discusión en mundo a lo largo de la modernidad occidental, sobre si el progreso existe o no. Para unos el progreso es la historia de multiples innovaciones de la humanidad, lo que explica el enorme progreso de los últimos tres siglos. El pasado nos dicen son etapas de acumulación que nos permiten hoy continuar el desarrollo y la prosperidad. El periodista cintífico ingles, Matt Ridley concluye, que, gracias a la ilimitada capacidad de innovación del ser humano, el siglo XXI supondrá progresos desde el punto de vista material, pero también respecto de la biodiversidad. Da una respuesta universal y sorprendente a los agoreros: el progreso no solo es posible sino probable.

Para otros, el progreso es un mito cada vez más difícil de sostener dada la existencia de caos y barbarie y tratar de mantenerlo es una ficción. El progreso es producto sólo de la modernidad, pues los pueblos anteriores a esa época creían de que había una repetición sin cesar. El eterno retorno de Nietzsche y no la idea lineal del principio y del fin del cristianismo. Agregan que las fuerzas productivas que desencadena el capitalismo industrial y ahora digital son también fuerzas destructivas. Para estos, la temporalidad lineal y abstracta que acompaña al progreso occidental no existe.

Creo que la preocupación de la ONU al afirmar que el covid puede revertir décadas de progreso no alcanza a integrar esa dualidad de la idea de progreso y si sólo de que la dominación del mundo occidenteal se ha puesto en entredicho. Desde el sigo XIX existía la esperanza en algo o en alguien, en un centro alrededor del cual se reunen u ordenan los acontecimeintos. Esta idea de unidad y certidumbre, de vínculo, se desplomó con Nietzsche. A pesar de ello, tuvimos que esperar hasta el siglo XXI para que una pandemia de carácter global nos lo reafirmara, esto es, que no hay certidumbre, que hay un desencato con el crecimiento económico y social y que parece que la fe en el progreso se marchita aunque no desaparezca.

La humanidad, escribió Robert Nisbet, ha avanzado en el pasado, avanza actualmente y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro. Es una idea hegemónica en Occidente que ha prevalecido durante miles de años y que se asemeja en importancia a la libertad, la justicia, la igualdad, etc., Es una idea que fluye de modo lineal que consiste en avanzar, mejorar y perfeccionarse. Sin embargo, agrega Nisbert no hay una prueba empirica de la realidad del progreso y, a falta de ésta, sólo tenemos un dogma. A pesar de ello los mas grandes pensadores de la historia occidental son partidarios de este dogma del progreso.

Este dogma no tuvo siempre un efecto saludable para la humanidad. La historia del progreso es la historia de la barbarie, es la historia de los vencidos, afirma Walter Benjamin. El progreso en sus diferentes nombres: avance, desarrollo, innovación, evolución, primer mundo, civilización, guarda dentro de sí la otra cara: retroceso, subdesarrollo, involución, tercer mundo, pobreza. En nombre del progreso se justifica la barbarie, y es esa justificación la que necesita de la crítica. Un cuestionamiento básico a la tesis del progreso social viene dado desde la pregunta sobre quiénes son los que pueden acceder a tales beneficios y quiénes no.

Con este cuestionamieto que realizó Benjamin en el siglo pasado, se busca darle cuerpo a la otra cara del progreso que consiste en la inclusión de los excluidos y resaltar el hecho de que el progreso no sólo sea privilegio de unos pocos, condenando al anonimato y al silencio a los muchos. La idea de “progreso” nos dice Benjamin, ha servido y sirve como discurso ideológico que usualmente se usa para justificar y legitimar los destrozos que ocasiona. El progreso para las clases dirigentes es el resultado inevitable de unir libertad y ciencia, pero la fe en que la humanidad camina por una senda siempre ascendente, nos ha hecho esclavos de un fetiche. Antes de ser ninguna otra cosa, el progreso fue una doctrina ligada a la supremacía. Por ello, Marx en los Grundrisse, alertaba sobre la necesidad de no tomar el concepto de progreso en su forma habitual.

El entusiasmo progresista se ha mantenido por mucho teimpo. El marxismo concibió la historia como una líneas de avances, pero nos hemos encontrado a lo largo de esta última línea de historia, la de la revolución burguesa, muchas crisis, la del petrolóleo, la de la deuda, la bomba atómica, el fracaso del socialismo real, las dudas sobre si la naturaleza podía satisfacfacer la nesidades humanas, dudas sobre si la técnica es o no destructiva, si es o no la que nos ayudará a salvar el momento crítico de la covid-19. Sin embargo, los parámetros de acumulación y reproducción ampliada del capital, anuncia ya la emergencia de una crisis ecológica sin precedentes. En síntesis, estamos frente a una crisis civilizatoria que cuestiona totalmente la idea de progreso del mundo occidental producido por la modernidad.

Como vimos en un inicio, frente a esta visión pesimista, existen versiones optimistas. Matt Rydley, es uno de ellos, quien documenta con muchos datos empíricos el progreso y dice que nunca como ahora tantos han vivido en mejores condiciones materiales, vidas tan largas, y mayor número de posibilidades vitales; que la gran mayoría de los seres humanos come mejor a pesar de que sigue habiendo miles de millones de personas que diariamente se mueren de hambre; finalmente, argumenta que dentro de menos de 100 años viviremos en un mundo mejor. Como todos lo optimistas asegura con gobiernos eficaces y el desarrollo de la tecnología, la agricultura, la salud, el comercio, entre otros habrá progreso, dado que éste se basa innovar para aumentar la prosperidad. Empero, la pandemia está claramente negando ese optimismo. Aún así, se sigue pensado, siguiendo esta línea de ideas, que si queremos salir rápido de la pandemia tenemos que innovar en la libertad para disminuir el dogmatismo y evitar la planeación centralizada.

El punto mas débil de esta posición es la cuestión de la felicidad, las maneras de alcanzarla y su capacidad para liberarse de los conflictos sociales, políticos, económicos y ahora claramente de salud publica y de la naturaleza. Esto reafirma la idea de Benjamin de que el progreso es una doctrina ligada a la supremacía. Otra debilidad y quizas una de las premisas básicas de la idea del progreso, es que mantiene la fe en los adelantos tecnologicos, pero la aceptación del valor del crecimiento económico por la falta de impacto en la productividad del trabajo los pone en duda. No hay pues, siguiendo a Benjamin, un progreso automático, continuo, infinito, fundado en la acumulación cuantitativa, en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Rechazar el hecho de estar cegado por las falsas promesas del progreso no significa que toda esperanza esté perdida. Tenemos que buscar certezas. ¿qué nos pasaría si desapareciera esta idea de progreso? Que frente a las realidades que tenemos como la Civid-19 y la crisis ambiental que todavía es más crìtica, nos quitáramos ese dogma. Tendríamos que fomentar la creatividad en los más diversos campos; así como, alimentar la espernaza y la creatividad en la humanidad y en los individuos en la posibilidad de mejorar y cambiar el mundo para una vida más equitativa y universal. Esto lo tenemos que hacer de manera individual y colectiva sin la necesidad de un dogma.

Sabemos la importancia que tienen los dogmas en la vida personal de los individuos. Se puede decir incluso que es indispensable. El problema es que las premisas intelectuales en las que se basa este dogma del progreso están debilitándose y más aún con la reciente crisis de la Covid-19 y la crisis del medio ambiente, las le que han aportado más de un grano de arena. Ante ello, resulta crucial la voluntad de cambiar y mejorar. Sin ello, no hay remedio nos dice Nietzsche, pues seguir adelante sin cambiar y mejorar, estaremos bajando escalón por escalón hacia la decadencia.

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