La trama del viejo y nuevo modelo mediático

En medio de una situación que ha venido a modificar la manera en que la sociedad solía sobrellevar su diario acontecer, la comunicación entre los seres humanos ha tomado un papel fundamental y trascendental en el desarrollo de las comunidades, ciudades y Estados. Lo que se ha replanteado en medio de la pandemia, ha sido la manera en que ejecutamos los procesos de comunicación, la falta de cercanía con los demás, la forma en la que interactuamos por medio de los medios electrónicos y digitales.

El nuevo coronavirus nos ha mostrado la fragilidad de las estructuras económicas, sociales, así como, la ineficiencia de los sistemas políticos y gubernamentales de distintos países para afrontar crisis no previstas, es decir, el sistema neoliberal tiene previstas crisis económicas, para lo cual organismos nacionales y mundiales están atentos para reaccionar dependiendo los intereses que estén involucrados y mantienen una visión metodológica para reactivar el sistema. En este caso, la ineficiencia del sistema ha sido claramente expuesta y los medios de comunicación han sido una herramienta para intentar ocultar dicha falta de respuesta.

El posicionamiento ideológico en los medios se ha mantenido gracias a que la defensa de los intereses económicos ha sido la prioridad para el capital y los mismos medios son parte de ese capitalismo neoliberal. Los medios tradicionales han sido el andamiaje por excelencia para impulsar sistemáticamente la aprobación de propuestas políticas y económicas muchas veces impopulares, al mismo tiempo que, explican los temas desde una perspectiva amañada y a favor de los dueños del capital.

Durante lo que va del brote pandémico de la Covid-19 en México, los medios se han comportado de manera errática, usando la cantidad de contagios y fallecimientos como un arma, que sistemáticamente van explotando para generar controversias donde no deben de existir estas. Los medios se han encargado de polarizar el panorama y el ambiente, con una clara intención y por supuesto, en defensa de intereses creados.

Por otro lado, el Gobierno de México también ha hecho uso de los medios tradicionales, ya sea por medio del Sistema Público de Radiodifusión (SPR) y sus canales de televisión y estaciones de radio, pero ha realizado un especial uso de las redes sociales. También ha generado contenidos para los medios privados, todo relacionado con el tema informativo y revelando datos de la corrupción con la que los gobiernos anteriores se habían despachado de forma desproporcionada y el caso “Lozoya” es la muestra de la efectividad del mensaje de denuncia.

La batalla mediática ha generado discordancia inmediata con la opinión pública, que se puede ver expuesta por parte de la sociedad en las redes sociales. Sin embargo, a pesar de estos ejercicios de exposición pública y de comunicación horizontal por medio de las redes sociales digitales, la imposición mediática tradicional sigue vigente, esto derivado del modelo que se diseño dentro de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTyR), ya que esta ley da preferencia a los medios radiodifundidos, tales como la televisión digital terrestre (TDT) y la radio, dejando de lado el desarrollo de las telecomunicaciones y con ello, dejaron de lado para la gran mayoría de la población, de su acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), puesto que con el argumento de un concepto neoliberal que es el de la competencia, se diseño una regulación (concepto neoliberal también) intrusiva y que da preferencia a operadores extranjeros que no invierten, pero usan la infraestructura de la industria nacional, sin invertir en el desarrollo nacional. Para ejemplo, tenemos lo que hizo AT&T en México: sus ganancias fueron totalmente invertidas en la compra de Time Warner en Estados Unidos, es decir, saco dinero de México para llevárselo a invertir en el vecino del norte.

Otro caso es la desregulación de los concesionarios de radiodifusión. Televisa, aún siendo el preponderante del sector, quedo fuera de toda regla asimétrica planteada en la regulación. En lugar de compartir infraestructura o de generar condiciones de competencia efectiva con la llegada de nuevas cadenas de televisión, su penetración creció, derivado del cambio de televisión analógica a la televisión digital, aspecto en el que tampoco se respetaron los tiempos de implementación para beneficio de la empresa que llevo a un “Telepresidente” al poder, de tal manera, que el gobierno de Peña Nieto regaló televisores a la población para que siguieran viendo la programación de esta empresa.

Los medios han tomado su papel de difusores, el problema real, ha radicado en los contenidos que se encargan de difundir y que muchas veces olvidan su papel de concesionarios del Estado.

Por otro lado, los medios nativos digitales se encuentran en condiciones totalmente distintas. Algunos medios digitales confían en el proyecto periodístico y otros, al igual que los medios tradicionales que también han migrado parte de su plataforma a la red, se mueven hacia donde el dinero y los intereses les llamen.

La falta de veracidad en los medios y redes sociales digitales, ha provocado que siga existiendo cierta credibilidad y soporte de auditorios dispuestos a continuar consumiendo contenidos de medios que en varias y distintas ocasiones han sido señalados por sus preferencias políticas y económicas, aspecto que las redes no esconden en su mayoría, sino que, el debate y la postura se radicaliza.

El comportamiento de los medios durante la pandemia ha sido timorato y se ha caído en conceptos “politiqueros”. La realidad es que muchos periodistas, conductores o intelectuales orgánicos han resguardado sus posturas por sobre todo concepto de información objetiva y veráz.

Nos encontramos ante una decadencia sistemática de los medios de comunicación, a pesar de depender más que nunca de sus servicios. La comunicación ha mantenido una evolución constante, derivado de la evolución tecnológica; sin embargo, la brecha de desigualdad digital ha provocado que el mantenimiento del viejo modelo permanezca y se niegue a cambiar, es como decía Gramsci: “lo nuevo no acaba de nacer, lo viejo no acaba de morir”.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s