Los reguladores contra Google

Google se ha convertido en el villano favorito de los reguladores de competencia en el mundo. Es fácil iniciar una investigación contra el gigante global de Internet porque no hay usuario de la red que no haya utilizado alguno de sus servicios y aplicaciones digitales “gratuitos”. Sin embargo, lo que está detrás del éxito y crecimiento de esa empresa es la innovación.

La Comisión Europea ya le ha impuesto a Google tres sanciones en el mismo número de años que suman 8,250 millones de euros (mde). Primero fueron porque abusó de su dominio como motor de búsqueda al destacar y dar ventajas a Shooping, su servicio de comparación de precios, y degradar a los rivales en sus resultados de búsqueda.

Un año después (julio de 2018) impuso la más cuantiosa multa aplicada por la CE a una compañía por por utilizar Android para consolidar su dominio en las búsquedas en Internet ante el incremento del tráfico móvil. Google obligaba a los fabricantes de smartphones a preinstalar la app Google Search y el navegador Chrome como condición para conceder la licencia de su tienda de aplicaciones Play Store.

El tercer castigo ocurrió en mde por restringir artificialmente la posibilidad de que otras páginas web puedan desplegar publicidad de competidores de Google. Mediante la plataforma AdSense, proporciona anuncios de búsqueda a los propietarios de sitios web editores. Google es un intermediario o agente publicitario entre anunciantes y propietarios de portales que desean rentabilizar sus espacios.

La verdugo europea de Google, la comisionada Margrethe Vestager, ha reconocido que “Google ha creado muchos productos y servicios innovadores que han marcado una diferencia en nuestras vidas. Eso es algo bueno.” Pero la estrategia de Google lo ha hecho abusar de su dominio como motor de búsqueda. Esa conducta negó a otras empresas locales la oportunidad de competir por méritos propios e innovar, e impidió a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios.

Detrás de esas sanciones a Google se esconde el resentimiento europeo de no ser un líder de Internet. Spotify es el único campeón digital del viejo continente. Los competidores de Google en los mercados de comparación de precios son muy locales y sus contrincantes en sistemas operativos móviles, buscadores, navegadores y aplicaciones son otros gigantes tecnológicos de Estados Unidos como Apple.

Google hizo algo revolucionario que no había ocurrido ni hecho nadie a escala global. La empresa obtiene la mayoría de sus ganancias no de las grandes empresas anunciantes (como ocurre con la televisión comercial), sino de las pequeñas. Eliminó los costos de comprar y vender publicidad. Todos los negocios tienen la posibilidad de anunciarse en Internet, lo cual no ocurre con los medios tradicionales. Su modelo no se sustenta en anuncios sino en palabras clave. Google hizo rentable encontrar todo en Internet. Buscamos hasta con faltas de ortografía y lo encontramos.

El algoritmo y la Inteligencia Artificial de Google permiten explotar los conocimientos de los usuarios y consumidores y lo traduce en resultados de búsqueda y recomendaciones. La ventaja son las millones de personas que hacen búsquedas en Google y navegan por Internet en Chrome. Cada 60 segundos Google conduce 4.5 millones de búsquedas.

Si bien las sanciones contra Google son muy cuantiosas y sí han hecho mella en los también abultados ingresos de la compañía (162.8 mil mdd en 2019), en realidad no han afectado su dominio porque la economía del siglo XXI está apoyada sobre la base de datos de empresas como Google. Los terabytes de información sobre el comportamiento de billones de usuarios pasan por los servicios de las empresas de Internet y eso mueve la economía mundial.

El ADN de Google consiste en ordenar el caos de la web, predecir lo que va a ocurrir con la conducta de los usuarios y estar allí cuando eso ocurra. Las capacidades de establecer conexiones y medir el conocimiento colectivo no las puede frenar ninguna sanción de competencia económica.

En junio de 2019, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos inició una investigación bipartidista sobre el estado de la competencia en línea para examinar el dominio y las prácticas comerciales de Google, Amazon, Facebook y Apple y determinar cómo su poder afecta la economía y la democracia.

Durante la comparecencia en julio de 2020 ante el Subcomité de Derecho Antimonopolio, el CEO de Google, Sundar Pichai, se defendió diciendo que su compañía enfrenta competencia en la búsqueda de información en Internet y de publicidad digital.

Pichai aseguró que las inversiones de Google permitirán a Estados Unidos mantener su liderazgo global. “Estamos entre los mayores inversores mundiales en investigación y desarrollo. Hemos invertido más de 90 mil mdd en los últimos 5 años. Con estas inversiones estamos ayudando a EE. UU. a consolidar su posición como líder mundial en tecnologías como Inteligencia Artificial, automóviles autónomos y computación cuántica”.

La investigación del Comité Judicial incluye los mercados de búsquedas en línea, tiendas de aplicaciones y sistemas operativos móviles, publicidad digital, navegadores web, asistentes de voz, computación en la nube y mapas digitales que tocan directamente los negocios de Google. El Comité asegura que “Google es omnipresente en la economía digital y actúa como infraestructura para los productos y servicios principales en línea. Ha crecido y mantenido su dominio de los motores de búsqueda, de modo que ‘googlear’ es sinónimo de búsqueda en línea”.

El 20 de octubre, el Departamento de Justicia y 11 estados de la Unión Americana demandaron a Google por prácticas anticompetitivas y exclusión en los mercados de búsqueda y publicidad “en un caso monumental”.

Finalmente, la Autoridad Investigadora del Instituto Federal de Telecomunicaciones también inició de oficio (es importante recalcar) un procedimiento contra una empresa a la cual no menciona pero que tiene el perfil de Google. El regulador busca “determinar la posible existencia de barreras a la competencia y libre concurrencia o insumos esenciales que puedan generar efectos anticompetitivos en los mercados de servicios de búsqueda en línea, redes sociales, sistemas operativos móviles, servicios de cómputo en la nube y relacionados”.

El Subcomité en EU también realizó una revisión de las leyes antimonopolio, las políticas de competencia y los niveles de aplicación para evaluar si son adecuadas para abordar los mercados digitales. En México no está ocurriendo eso. Casos como Google tienen mucha notoriedad pública y enormes componentes políticos. Es evidente que el IFT quiere un caso digital grande y notorio, obsesionado como lo está por el tamaño de las empresas. También es evidente que la regulación de preponderancia está dejando de ser atractiva. Es muy tentador dejar a un lado al grandote de las telecomunicaciones para enfocarse en el gigante de Internet. Veremos si la regulación de competencia en México soporta un análisis de lo que más ha cambiado las reglas de todo: la Internet.

Opinión de Jorge Bravo vía El Economista

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