PERSPECTIVAS: Efecto de la pandemia en la educación

De los tres principales efectos negativos de la pandemia actual, el más agudo es el que sufre la educación, ante su perspectiva a largo plazo.

Diversas empresas se han visto precisadas a restringir drásticamente su actividad y, en el peor de los casos, cesar su función.

El primer efecto negativo en lo social ha sido el deceso de miles de personas, más del doble de la perspectiva oficial antes del final del año que termina este mes, adicionando los contagios.

Otro es la situación económica, la pérdida del empleo con nulas posibilidades de recuperarlo a mediano plazo y, por consiguiente, la disminución de los ingresos. A estas alturas del problema, poco se ha especulado sobre los efectos en la educación a largo plazo, especialmente entre las familias de pocos recursos que están llegando al mínimo o de plano, a la pobreza extrema.

Los estudiantes de este último sector y aun de la clase media están disminuyendo su aprendizaje acotados por las limitaciones tecnológicas y la falta de socialización escolar.

Así como la autoridad ha referenciado las luces del semáforo para medir el avance de la pandemia en cada región, también el campo de la educación debe tener su propio semáforo que, sin la atención que merece el problema, puede llegar en el primer semestre de 2021 al rojo, ahora no advertido por la autoridad educativa afectada por el cambio del titular, en un momento totalmente inoportuno. En la Secretaría de Educación no deben prevalecer decisiones políticas, oportunistas y mucho menos improvisaciones.

Mientras no se atiende con esmero el evitar una catástrofe educativa con reforzamientos en infraestructura y presupuesto, el foco rojo no tardará en aparecer.

Otros países conscientes del problema están aplicando sólidas campañas de reajuste en los planes educativos, como Japón, el cual en principio impuso regulaciones más exigentes en el plano sanitario, superando a las de países europeos y, paralelamente, inyectado alrededor de 100 millones de dólares adicionales para mejorar la enseñanza y el estímulo a sus profesores. Además, se concedió un apoyo financiero para apoyar a sus más de 400 mil estudiantes.

El éxito de Japón se debe a que, en primer lugar, reconoció a tiempo la amenaza a la salud del total del país y sus repercusiones en la empresa y en la educación.

Si la crisis económica en México se está midiendo día con día, ¿por qué no la de la educación? En este sector no debe operar ni la austeridad ni el ahorro. El compromiso es apoyar la labor docente, la infraestructura escolar y a los estudiantes.

Con información vía Milenio

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