A un año de la llegada de la Covid-19

A un año de la aparición de la Covid-19 en la lejana y hasta entonces, desconocida ciudad de Whuhan en China, no hemos podido descifrar en su totalidad lo que ha significado la aparición de este virus y las repercusiones que ha largo plazo impondrá en los ejes sociales, económicos y políticos a nivel mundial.

El mercado que presumía de poder regular casi cualquier cosa o transacción con eficacia ha demostrado con creces su incapacidad de enfrentar con solvencia los efectos causados por el confinamiento, por ello es natural que el neoliberalismo se note desgastado y confundido, ya que su voracidad y locura por la privatización de servicios básicos que el Estado debiera de otorgar a sus ciudadanos, tales como la salud, han generado una catástrofe humanitaria y económica. Al no contar con un servicio de salud eficiente, los estados que privatizaron estos tuvieron que gastar el doble para poder atender de manera tardía a los contagiados por el nuevo coronavirus.

Lo anterior es solamente una parte del dramatismo que se vivió durante el pasado 2020, ahora con vacunas en puerta, la sociedad deberá aprender a tener paciencia con los programas de vacunación que se han generado por los gobiernos y la Organización Mundial de la Salud (OMS) y planificar una nueva normalidad que se debe de comenzar a vivir, debemos aprender a mantener medidas sanitarias, sin caer en el pánico que puede generar un repunte de contagios, ya que esto es causado básicamente por dos razones: el descuido social y la ignorancia o negación de los ciudadanos hacia con la Covid-19.

La Covid-19 no solamente fue la enfermedad en sí misma, sino que, se tradujo en una serie de situaciones que ahora tendremos que enfrentar de forma conjunta. Desde el incremento de la desigualdad social, las condiciones laborales que resultan ser más excluyentes y la reincorporación económica de sectores desvencijados, serán retos que deberemos afrontar con una estrategia distinta, queda claro que las políticas neoliberales y privatizadoras en las que el mercado permite el gobierno del dinero y demerita a la política como gobierno, se debe dejar atrás, esto con el fin de recomponer un mundo post-covid.

Es innegable la incapacidad del mercado ante la crisis que arrasó con el sistema de forma imparable por medio de un virus y que por ello, atestiguamos y vivimos en carne propia el “efecto mariposa”: alguien del otro lado del planeta se come un animal extraño y tres meses después la mitad de los habitantes del mundo nos encontramos en cuarentena, una palabra tan ajena al siglo XXI, un concepto tan ajeno a la era de la globalización, que por cierto, fue una clara causante de la mayor efectividad en la propagación de los contagios, así como la falta clara de protocolos eficientes por parte de los estados para prevenir una pandemia.

Ante tal decisión política de confinar a los ciudadanos para reducir los contagios, algunos afirmaron que el contar con la infraestructura más robusta en telecomunicaciones y digitalización, la humanidad pudo enfrentar los estragos de la Covid, sin embargo, la digitalización también ha sido un factor de desigualdad, ya que aquellos que no cuenten con conectividad, ya sea por falta de infraestructura en el sitio en el que habita o falta de recursos para contratar servicios de telecomunicaciones han sido completamente excluidos de actividades educativas, culturales, sociales y hasta de servicios de salud a distancia, así como de información necesaria para enfrentar con efectividad la pandemia.

Ciertamente, las telecomunicaciones han sido un factor determinante para mantener cierto dinamismo económico, social y político; sin embargo, no se ha determinado una política pública efectiva que genere condiciones de conectividad universal. Para llegar a las peculiaridades importantes en nuestro país, la falta de una estrategia digital congruente con la urgencia que ha significado todo este proceso pandémico, no hay una respuesta clara de parte del gobierno hacia la digitalización y conectividad universal, siguen imperando los intereses de las transnacionales y magnates privados en el sector, esto va más allá del discurso presidencial, ya que el sector es regulado por un órgano constitucional autónomo emanado del neoliberalismo más salvaje y reformista de la pasada administración federal.

Como en lo anterior, nuestro país cuenta con una larga lista de disyuntivas y paradojas políticas, sociales y económicas que son resultado de políticas neoliberales abusivas y en detrimento de la población, políticas y reformas constitucionales que en ningún momento velaron por los intereses del país y sus habitantes, solamente vieron por el beneficio de una minoría rapaz, que terminó siendo exhibida como una elite acostumbrada a vivir de recursos públicos, ya sean parte del ramo empresarial, como de la clase política, herederos de una dictadura de partido que dejó de lado el nacionalismo revolucionario, por el neoliberalismo reaccionario más voraz.

Las repercusiones de la pandemia en México han sido muy profundas, tal y como ha sido en el resto del planeta, empero aquí ha existido una particularidad y es que, la politización de los acontecimientos derivados de la Covid ha sido brutales. La utilización de la pandemia con fines electorales ha generado una polarización, además de un proceso de infodemia importante en los medios tradicionales (televisión, radio y periódicos), así como en medios digitales.

Los medios han tomado un papel central en lo que refiere a la pandemia, han mantenido posturas de acumulación, a final de cuentas los concesionarios de medios tradicionales se mantienen por medio de un modelo empresarial de capitalismo neoliberal, que pretende vender contenidos para una mayor generación de utilidades, por lo que, la labor informativa se convierte en un producto, que al mismo tiempo mantiene la defensa ideológica y política que más le conviene a los dueños de dichas empresas.

Ante las condiciones que la Covid ha dejado a su paso, es necesario plantearnos una reconfiguración del sistema político, económico y social, de manera en que un sistema de valores y ética pueda ser un eje fundamental para replantear la posibilidad de cambiar a fondo el modelo de país que hasta el momento hemos tenido. En este contexto, la propuesta de cambio que viene desde el gobierno federal es una alternativa, la cuestión de esta propuesta que fue nombrada como la “4T”, necesita ser impulsada desde la sociedad en su conjunto y no, solamente desde la base gubernamental, es un momento importante para lograr aprovechar la coyuntura política e impulsar una transformación de fondo con los movimientos sociales, sindicatos, pueblos originarios y sociedad en general. 

Sin duda, la mal llamada “nueva normalidad” será un proceso complejo, pero en definitiva será definitorio, no sólo para nuestro país, sino para el orbe en toda su complejidad y en todas las instancias geopolíticas y económicas. El reacomodo puede ser un lapso tardado, sin embargo, terminará siendo una realidad que debe ser impulsada desde los pueblos.

México tiene una oportunidad importante para comenzar a consolidar un cambio profundo que realmente consolide luchas que se han venido realizando y construyendo desde el siglo pasado, por lo que, la llegada de la vacuna nos pone sobre la mesa una serie de situaciones que pueden recomponer un modelo de igualdad y el refrendo del Estado hacia con la sociedad, aunque la derecha más reaccionaria considere seguir la pelea por sus privilegios, tal y como los vinieron imponiendo en los regímenes anteriores.

En nuestro país el llamado periodo neoliberal, sin duda alguna dejo como estela una serie de corruptelas y deficiencias sistemáticas de la política, así como una debacle pronunciada de manera intencional en la economía popular, de esta manera el poder del dinero de las corporaciones junto a las privatizaciones de las empresas productivas del estado fueron el caldo de cultivo perfecto para que la clase política estableciera una perversa red de complicidades por medio de los dineros emanados del robo del erario, la corrupción se resume en eso: en un robo directo de las arcas del estado.

Por lo anterior, la transformación del sistema es necesaria, pero se trata de un proceso de reconstrucción lento para que sea efectivo. Derivado de esto, el sistema educativo, de salud y demás servicios que están a cargo del estado tienen el atraso que ahora resulta, la oposición que otrora fuera la clase en el poder reclama, por ello, es necesario señalar esa postura hipócrita de la clase política tradicional y que de sus rezagos al interior del sistema, vemos que hay directivos del sistema de salud que saltan la fila y vacunan a sus familiares antes de que les toque según lo planteado por el gobierno federal en un programa de vacunación contra la Covid-19, restos de corrupción que deben de ser erradicados o no servirá de nada un proceso de transformación tan complejo y doloroso como el que se está planteando.

El neoliberalismo y la Covid fueron la muestra perfecta de la necesidad de cambio global y obviamente, nuestro país no puede ser excepción. La erradicación de la corrupción es una tarea social, no solo gubernamental y el titular del ejecutivo debe entender esta parte, de otra manera, seguiremos en una constante confrontación política infructuosa.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

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