PERSPECTIVAS_Comuna de París: qué significó la toma de la capital de Francia hace 150 años y cómo cambió la historia del movimiento obrero de América Latina

Las noticias llegaban con más de un mes de retraso a América Latina y contenían distorsiones tan grandes que sugerían que lo que pasaba en la capital de Francia era una especie de orgía siniestra.

Pese a ello, hace 150 años, la Comuna de París terminaría convirtiéndose en uno de los hitos casi fundacionales del movimiento obrero en la región.

Y, como señalan los investigadores, fue la inspiración de numerosos intentos comunistas y proletarios que a lo largo del siglo XX intentaron “tomar el cielo por asalto” como lo hicieron los comuneros parisinos entre marzo y mayo de 1871.

Además de una de las principales cartas de presentación de las ideas de un alemán obstinado, vilipendiado y venerado como Karl Marx.

Solo para mencionar algunos de los efectos que tuvo la toma del ayuntamiento parisino que constituyó el primer gobierno obrero en la historia.

El comunismo despegó en París

La Comuna surge como efecto de la crisis social y económica posterior a la guerra entre el Imperio francés y el Reino Prusiano que precipita el fin del gobierno de Napoleón III.

Como colofón de aquel choque bélico, Prusia llegó a ocupar París durante cuatro meses, exaltando los ánimos de los rebeldes locales que tomarían el ayuntamiento de la ciudad pocos meses después.

Mientras fue controlada por los sublevados, se emitieron decretos de autogestión en fábricas y diferentes políticas sociales consideradas muy avanzadas para su tiempo.

Sin embargo, la aventura revolucionaria no resistió más de 61 días y concluyó con la famosa “semana sangrienta” a manos del gobierno francés.

Pese a su breve duración, captó atención a nivel mundial e impulsó a las ideas comunistas en diferentes regiones.

Así lo explica Horacio Tarcus, historiador y director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas, con sede en Buenos Aires.

“Si bien el término ‘comunismo’ aparece a fines del siglo XVIII, su uso no se expande rápidamente. El Manifiesto del Partido Comunista (de Karl Marx y Friedrich Engels en 1848) refuerza su manejo, pero recién se convierte en una referencia medio siglo después. Cuando se produce la Comuna ya hay corrientes que siguen estas ideas, como también existían otras que se declaraban socialistas, pero fue sin lugar a dudas lo que sucede en París lo que pone en circulación global al término ‘comunismo'”, señala.

El investigador indica que esto tiene que ver con que la prensa que surgía desde la capital francesa hizo énfasis en el “carácter comunista” de aquel intento de gobierno obrero.

“Existía una vinculación fuerte en los términos y por ello se asociaba a los comuneros parisinos con el comunismo”, explica.

Entre los líderes del movimiento que toma París no se encontraban solo proletarios, también hubo periodistas, profesores y artesanos venidos de las grandes revueltas francesas a lo largo del siglo XIX.

Sin embargo, al contrario de lo que muchos creen, las corrientes de izquierda no eran predominantes en la Comuna.

“Existía una conciencia de tradición revolucionaria y una identidad de luchas, aunque los comunistas y socialistas no eran la mayoría de los movilizados. Estamos hablando más de un proletariado autogestionado como un ejército popular con pluralidad de sentimientos, muchos de ellos patrióticos o nacionalistas”, relata Tarcus.

Los 61 días

La “semana sangrienta” no fue de siete días. En realidad fueron al menos dos o tres semanas de muertes en la represión y las posteriores ejecuciones.

Las estimaciones sostienen que entre 20.000 y 50.000 comuneros murieron por ser parte de la toma de París.

Uno de los libros emblemáticos de aquella época fue “La historia de la Comuna de París”, publicado por el periodista Prosper-Olivier Lissagaray.

En él relata la magnitud de la gesta de hace siglo y medio.

Fuente de la imagen, Getty ImagesPie de foto,

La bandera roja fue un símbolo de la Comuna.

“El que ha respirado tu vida, que es fiebre para los otros, el que ha palpitado en tus bulevares y llorado en tus suburbios, el que ha cantado en las auroras de tus revoluciones y algunas semanas después ha lavado de pólvora sus manos detrás de las barricadas; el que puede oír bajo tus piedras la voz de los mártires de la idea y saludar tus calles con una fecha humana; aquel para quien cada una de tus arterias es un nervio, aún no te hace justicia, gran París de la rebelión”, escribió Lissagaray.

Y añade: “La atracción del París rebelde fue tan poderosa que hubo quien vino desde América para contemplar este espectáculo desconocido en la historia: la mayor ciudad del continente europeo en manos de los proletarios”.

“Vísperas de la muerte”, fue como títuló el autor al capítulo final de la historia de la Comuna, cuya derrota sería decretada el 28 de mayo de 1871.

La herencia para América Latina

En París se amalgaman sentimientos “patrióticos y nacionalistas” con el internacionalismo proletario y se refleja en la participación de “militantes revolucionarios” griegos, italianos o polacos que van a luchar y morir por la Comuna, explica Tarcus.

Un fenómeno similar, indica el historiador, sucede a la distancia en Latinoamérica, con algo de retraso por la lentitud de las comunicaciones de la época.

“En América Latina, se hace posible el conocimiento de la existencia de una internacional obrera y de un señor llamado Karl Marx a través de la Comuna“.

El historiador señala que revisando la “gran prensa” de Buenos aires, Bogotá, Montevideo o Ciudad de México se puede constatar que las primeras informaciones que llegaban de Europa en 1871 se centraban en “una plebe librada a sus bajos instintos que incendiaba París”.

Pero añade que tras las noticias truculentas comenzaron a llegar reportes sobre la asociación de trabajadores conocida como La Internacional que tiene los fines de “derrocar el orden establecido” y, también, los primeros documentos de la pluma de Marx sobre la Comuna.

“Aparece un perfil de Marx, a quien llamaban con desdén ‘el prusiano’, con la imagen barbada de él. Y los latinoamericanos, al menos sus élites letradas, conocieron de este pensador y sus ideas”

La Comuna empezó con la toma del ayuntamiento de París.

Esa es, según sostiene el investigador, la primera etapa de expansión de las ideas obreristas reforzada con la llegada a América Latina de los exiliados de la Comuna y otros revolucionarios que intentaron emular a París en otras ciudades.

Así Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, Lima, Montevideo y Santiago de Chile se vuelven centros de producción de las primeras ideas comunistas y socialistas previas a la Revolución Soviética.

“Fue un acontecimiento global. Además de ser el primero en ser fotografiado”, apunta.

Tarcus destaca que el legado de los comuneros parisinos no solo se extiende entre los últimos años del siglo XIX y a lo largo del XX, también alcanza a la actualidad.

Pone como ejemplo el grupo de pensamiento boliviano que adoptó el nombre de Comuna y llegó, en su momento, a ser uno de los núcleos intelectuales que apuntaló a Evo Morales al gobierno y aportó a las tesis políticas indigenistas en ese país.

Para muchos expertos, el pensamiento y la obra de Karl Marx sigue siendo muy relevante en pleno siglo XXI.

También resalta la influencia notoria en los pensadores de izquierda argentinos durante y después de las experiencias de insurrección armada que se desarrollaron en ese país desde la década del 60 y que tienen vigencia en la actualidad.

“Hay permanentes referencias al mundo de la Comuna y el término aparece en periódicos, revistas y sitios web. Ya con una visión distinta a la que tenía Lenin, que la leía como una dictadura del proletariado, sino como la experiencia de una ciudad que se organiza y en la que el poder circula de manera horizontal con diversas tendencias”, afirma.

Por ello, Tarcus indica que al menos existen dos modos de leer aquella experiencia parisina que dejó una huella profunda en el mundo, a partir los comunismos del siglo XX y desde de los movimientos contemporáneos.

Y, desde luego, América Latina no fue ni es indiferente a ese legado.

Con información vía BBC Mundo

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