Tras el covid, AL necesita una generación de mejores líderes

América Latina es la región más afectada por la devastación humana y económica combinada con el coronavirus, según el Banco Mundial. Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, es uno de los negacionistas de la pandemia más prominentes del mundo. Pero si bien el pésimo manejo de la pandemia por parte de Bolsonaro explica gran parte del sufrimiento del país, no cuenta toda la historia. A otras naciones latinoamericanas les ha ido aún peor.

PerúEcuadorNicaraguaBolivia y México ocupan los primeros lugares en una tabla global de exceso de muertes desde el inicio de la pandemia, compilada por Financial Times. La respuesta de sus presidentes no siempre ha sido la ideal, en especial en Nicaragua, pero los problemas van mucho más allá del liderazgo.

Lo que la pandemia dejó al descubierto en América Latina es una aflicción de larga data: la falta de capacidad estatal efectiva. Con demasiada frecuencia, cuando los gobiernos tiran de las palancas que deberían operar los sistemas de salud, orden público o bienestar social, no sucede mucho.

Perú y Argentina ordenaron confinamientos prolongados el año pasado y ofrecieron generosos pagos de asistencia social a quienes no podían trabajar. La aplicación fue irregular: las economías se paralizaron pero las infecciones se dispararon. Incluso en Chile, durante mucho tiempo un modelo regional, el gobierno está luchando contra una segunda oleada de infecciones a pesar de contar con uno de los programas de vacunación más rápidos del mundo; se culpa a una relajación prematura de las restricciones, así como a las vacunas chinas menos efectivas.

Servicios públicos de mejor calidad y más asequibles son parte de la solución, pero también hay preguntas sobre la eficiencia del gasto estatal. Durante la “marea rosa” de los gobiernos socialistas en la región a principios de este siglo, el gasto social aumentó drásticamente, pero sin un aumento proporcional en la calidad de los servicios públicos. Gran parte del dinero generado por el auge de las materias primas se gastó en pagos que sacaron a millones de personas de la pobreza, pero resultó difícil de sostener cuando las deudas se dispararon y los precios de las materias primas cayeron.

Se invirtió poco en infraestructura. El gasto anual promedio de América Latina en esta área fue solo de 2.8 por ciento del ingreso nacional entre 2008 y 2017, según el Banco Interamericano de Desarrollo, apenas la mitad de lo que manejaba Asia oriental. A pesar de los 14 años de gobierno del Partido de los Trabajadores en este siglo, casi la mitad de los brasileños carecen de servicios de drenaje adecuados. Argentina gasta casi la misma proporción del ingreso nacional en educación que Francia, pero con resultados diferentes.

En medio de la devastación causada por el covid, las instituciones internacionales ofrecen una receta clara: América Latina debe reconstruirse mejor. La región debe realizar una fuerte inversión en infraestructura, mejorar la calidad de la educación y la atención de salud, llevar a cabo reformas fiscales para reducir la desigualdad y buscar un desarrollo más ecológico.

Gran parte de este consejo se ha ofrecido durante décadas. La clase política parece no estar escuchando. En las primeras etapas de un importante ciclo electoral regional, abundan los candidatos populistas que venden recetas fallidas; Pedro Castillo, el activista de extrema izquierda que ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Perú el fin de semana pasado, quiere una nacionalización radical.

Como resultado, América Latina corre el riesgo de recaer en los hábitos políticos conocidos que ya le han costado caro: populismo desenfrenado de izquierda y derecha, teñido de autoritarismo y manchado de corrupción.

Para que la región no quede siempre rezagada debe comenzar por renovar la clase política, presentando una nueva generación de líderes que entiendan cómo construir un consenso nacional en torno al crecimiento sostenible e inclusivo en sociedades más justas impulsadas por economías competitivas a escala mundial. En la actualidad, eso parece una posibilidad lejana.

CON INFORMACIÓN VÍA MILENIO

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