Un sindicato de maestros alerta de la precariedad de las escuelas frente al regreso a clases presenciales

Cuando México se prepara para vacunar a cientos de miles de maestros de cara a reabrir las escuelas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), un sindicato que reúne a 600.000 personas del sector, ha alertado que las escuelas del país no cuentan con las condiciones básicas para el regreso seguro a clases presenciales. La CNTE ha publicado los resultados de una consulta hecha a más de 18.000 trabajadores de la educación —entre maestros, conserjes, limpiadores, personal administrativo, etc.—, a quienes preguntó sobre las condiciones en las que están los planteles donde trabajan. Los resultados muestran un panorama complejo que representa un gran reto para las autoridades mexicanas: cuatro de cada 10 escuelas no tienen agua potable; solo dos de cada 10 cuentan con aulas amplias que permitan guardar la distancia entre alumnos; el 56% tiene un sistema eléctrico “regular”, es decir, viejo, y tres de cada 10 escuelas no tienen drenaje. “Hemos insistido que no nos oponemos al regreso a clases, pero es necesario que haya recursos para mejorar la infraestructura de las escuelas”, afirma Pedro Hernández Morales, de la CNTE.

La consulta se realizó del 8 al 10 de abril en los 32 Estados de México. El objetivo, explican desde el sindicato, fue conocer las condiciones reales de las escuelas, que han estado cerradas un año por la pandemia de covid-19 que se ha cobrado la vida de más de 200.000 mexicanos, según las cifras oficiales. La medida se tomó después que las autoridades educativas y sanitarias admitieran el verano pasado que el país no contaba con las condiciones para que los alumnos regresaran a las aulas, por lo que el ciclo escolar se realizó con más 30 millones de estudiantes siguiendo los cursos por televisión y a través de educación a distancia. De los encuestados, el 48,3% dijo trabajar en escuelas primarias, que son las que abrirán sus puertas una vez se vacune a los maestros, como ha prometido el presidente Andrés Manuel López Obrador. El 58% de quienes respondieron la consulta labora en el sector urbano, donde la pandemia ha sido más cruenta, y el 74% se desempeña como maestro.

Los resultados son una radiografía de planteles escolares deficientes: solo el 21% de estos cuenta con aulas amplias que permitan a los estudiantes mantener la distancia recomendada para evitar contagios; el 52% no cuenta con agua potable, básica para garantizar la limpieza de los centros y el lavado constante de manos de alumnos y maestros; solo el 26% tiene internet, 37% teléfono y 12% computadoras. El 54% de los centros tiene un sistema de tuberías viejo, insuficiente para garantizar que el agua sea realmente potable o la limpieza de los sanitarios.

La consulta también evaluó las condiciones de salud de los trabajadores. Y los resultados también son negativos: siete de cada 10 trabajadores están en la población de mayor riesgo al contagio de covid-19, debido a que sufren diabetes, hipertensión o sobrepeso. “No es suficiente la vacuna, que prevé que no te contagies, porque si no se atienden los problemas de salud de los docentes, de los trabajadores de la educación, habrá muchos fallecimientos por falta de atención médica”, explica Hernández. Debido a su situación de salud, el 69,4% de los trabajadores consultados afirma tener miedo a contagiarse de covid-19 durante el traslado a sus centro de trabajo. Los integrantes del CNTE reclaman la vacunación a toda la población y no solo a los maestros, “porque si solo se vacuna a los docentes, la escuela puede significar un espacio de mucho riesgo”, acota Hernández.

Para los integrantes de este sindicato la reapertura de las escuelas debe hacerse en aquellas entidades donde el el semáforo epidemiológico diseñado por la Secretaría de Salud esté en verde, pero además exigen que se entreguen los recursos necesarios para mejorar la infraestructura de los centros y dotarlos de los materiales necesarios para garantizar su limpieza. “Estamos de acuerdo que se pueda trabajar, si es necesario, en los patios, canchas, pero necesitamos condiciones mínimas como techos y mobiliario para que eso funcione”, dice Hernández.

Campeche, al sur de México, fue el primer Estado en abrir las escuelas después de un año cerradas. Lo hizo en centros localizados en zonas rurales, con menos de 500 habitantes y con altos niveles de pobreza y marginación. Los habitantes intentan adaptarse a la llamada nueva normalidad dentro de los planteles, donde solo son permitidos cuatro estudiantes por aula, las madres tienen que estar pendientes de medir la temperatura y el lavado de manos de los estudiantes, además de la limpieza de las escuelas. Aunque la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha dotado a esas colegios de materiales de limpieza como alcohol en gel para manos, padres y maestros se quejan de que una vez que se acabe esa dotación serán ellos quienes deban comprarlos, un golpe a su bolsillo ya de por sí diezmado. Los consultados por EL PAÍS en el Estado, sin embargo, coincidieron en que un nuevo cierre de las escuelas por nuevos brotes de covid-19 sería “una tragedia”.

CON INFORMACIÓN VÍA EL PAÍS

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