PERSPECTIVAS_ Más empleos formales, menos ingreso reales

Mientras continúa la tendencia optimista en torno al crecimiento de la economía mexicana en 2021 luego de la caída profunda de 2020, en el mes de mayo se dieron dos datos que representan una metáfora de lo que pasa con el trabajo. Por un lado, en mayo se recuperaron 38 mil 961 empleos formales, lo que representa la cifra más importante para dicho mes en los últimos siete años, según los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En el mismo mes, se dio un retroceso real de 1.45 por ciento en el salario de los trabajadores, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En 2020 se perdieron -debido a la pandemia- cerca de 2 millones de empleos, entre formales e informales. Esto profundizó la crisis de un segmento de la población acostumbrado a vivir en las penurias desde la pobreza, la misma que alcanza a más de la mitad de la población mexicana, en distintos grados que van desde la carencia moderada hasta la imposibilidad de alimentarse mínimamente bien. Cuando se inicia la recuperación económica, que tiene como principal viento a favor el impulso de Estados Unidos y su creciente demanda de productos, los números grandes se muestran muy alentadores en cuanto a producción de riqueza pero no dan muchas certezas en cuanto a la distribución.

Si pensamos el empleo en el contexto del repunte, los datos de la recuperación de puestos de trabajo que se dan al mismo tiempo que el retroceso real del salario nos pintan un problema conocido: la generación de puestos en cantidad permite que muchas personas vuelvan al trabajo pero la falta de calidad de los empleos hace que los ingresos sean insuficientes para atender las necesidades de las personas. Y aunque se trata de números del mes de mayo que sólo representan a los indicadores de dicho mes, en un sentido más amplio parecen una pintura de un mercado laboral que crece en ocupaciones pero no mejora en la misma medida en cuanto a los salarios, el poder adquisitivo y la posibilidad real de que los trabajadores mejoren sus condiciones de vida a partir de lo que perciben.

Mientras que entre noviembre de 2018 y marzo de 2021 hubo una mejora continua del poder adquisitivo de los trabajadores -porque los salarios se incrementaron más que los precios-, durante la pandemia no sólo se perdieron e inactivaron millones de empleos, sino que la precariedad se profundizó, lo que significa que las ocupaciones se volvieron más inestables, más inciertas, con ingresos menos previsibles y todavía lejos de las prestaciones. Y como prueba de esta lucha entre mejorías y retrocesos en el empleo, ahí está la pobreza que alcanza a millones de trabajadores que por más que se esfuercen siguen viviendo con limitaciones.

El reto de fondo en el mercado de trabajo es mejorar la calidad del empleo a un punto tal que los ingresos de los trabajadores les permitan bienestar, seguridad y certeza. Y esto se notará cuando disminuyan la pobreza y la desigualdad. Y cuando el trabajo y los buenos salarios dejen de estar divorciados.

CON INFORMACIÓN VÍA MILENIO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s