PERSPECTIVAS_ La revelación del feudalismo digital: ¡Trabajen la tierra que les doy!

La pandemia ha dado pie a una serie de procesos que, o se habían retrasado o, en su defecto, no se tenían contemplados para el año pasado, dejándonos vacunas contra un virus desconocido. Dichos procesos han traído consigo cambios en sectores como el laboral y el de las telecomunicaciones, el aprovechamiento de herramientas antes exclusivas (como las videoconferencias) y el crecimiento de medios digitales mediante la conectividad; de forma que la libre expresión en los medios digitales ha sido una materia fundamental para mantenernos informados más allá de lo dicho por los medios tradicionales.

 

Lo remarcado anteriormente nos indica que la digitalización ha tenido un papel protagónico durante estos meses. Las herramientas digitales y la conectividad han permitido la continuidad del trabajo de millones de personas. Gracias al sector de las telecomunicaciones,hemos podido mantener en movimiento a ciertas industrias y si bien es cierto que no todos los empleos se pudieron salvar por este medio, la realidad nos dice que este momento se iba a dar con o sin pandemia; además, el capitalismo buscaría tarde o temprano la manera de reducir las nóminas empresariales con procesos automatizados para aligerar la renta de inmuebles con el trabajo a distancia.

 

La innovación de productos digitales como aplicaciones que, por ejemplo, permiten medir de mejor forma la productividad de los trabajadores o que se mantenga la conexión constante entre los equipos de trabajo, ha impulsado el incremento de utilidades de las grandes tecnológicas que, de por sí, no sufrían de bajas en sus ingresos, sino todo lo contrario. Sin embargo, este proceso se ha sometido a una discusión sobre el poder que las llamadas “Big Tech” han adquirido en distintos sectores sociales, políticos y laborales.

 

El poderío que han absorbido las grandes tecnológicas ha sido un tema que ha puesto a girar al mundo, literalmente. Desde que en enero de 2020 el entonces Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, emitió un mensaje desde su cuenta haciendo un llamado a sus seguidores a realizar actos contra la toma del poder del hoy Presidente Biden y las redes socio-digitales, como Twitter o Facebook,decidieron suspender sus cuentas (que habían sido el pilar de su discurso y por ende, de sus campañas políticas), líderes políticos de todas las latitudes emitieron su opinión acerca de la decisión tomada por los dueños de las plataformas digitales, pues se dieron cuenta del poder que estas tenían en términos de comunicación, ya que si el mensaje no comulgaba con sus políticas empresariales, cualquiera podría ser silenciado sin importar su posición política.

 

Más allá de preguntarnos, ¿Por qué Twitter o Facebook no habían censurado a Trump anteriormente, si el mensaje era el mismo? ¿Por qué estas compañías definen cuál mensaje o cuál no es dañino para la sociedad? ¿Se debe o no regular a las redes y plataformas digitales? Es necesario comprender que las grandes compañías tecnológicas han comenzado a jugar un papel importantísimo en el ámbito social y político, y no es que realmente les interese que los procesos democráticos mundiales tengan un verdadero y profundo efecto sobre las sociedades, sino que el fin real es la acumulación de capital ante cualquier circunstancia.

 

El capitalismo salvaje ha sabido migrar al mundo digital de forma eficiente. Los intereses creados por medio de la digitalización han adquirido una relevancia primordial; por ello, las grandes tecnológicas han sabido apoderarse del mercado digital en sectores que habrían sido impensables de no ser por la conectividad que las empresas de telecomunicaciones han impulsado, ya sea por necesidad de modernizar sus propias redes o por el impulso del consumo de los usuarios. Sin embargo, la falta de participación de los gobiernos ha sido factor para el crecimiento desmesurado de las grandes empresas de internet.

 

La idea de regulación de los mercados ha sido un modelo fracasado, sobre todo en nuestro país. Derivado de la intrusión de distintos actores económicos, la regulación se ha convertido en un activo que ha expulsado al Estado de su participación en los mercados y, tal vez sería necesario que los reguladores regresaran a leer a Adam Smith, quien hablaba de un libre mercado de rentas, no libre de Estado.

 

La regulación mexicana sólo se ha dedicado a verificar el comportamiento del mercado de los proveedores de servicios de internet y la radiodifusión mientras el mercado digital ha quedado fuera de toda observación en competencia económica, aunque en este caso hay que reconocer que México no ha sido el único en pecar de esta distracción. Regresando a estas latitudes, debemos recordar que el Presidente López Obrador propuso en algún momento que los Organismos Constitucionales Autónomos (OCA) desaparecieran de la estructura del Estado mexicano, ya que no estaban dando resultados convenientes, sobre todo en lo referente a la regulación, y esta propuesta podría mantenerse coherente si tomáramos en cuenta que las grandes tecnológicas, así como las empresas de telecomunicaciones y radiodifusión, dependen de insumos que son mantenidos o fueron creados gracias al dinero de los contribuyentes; es decir, que fue proporcionado por el Estado, y esto daría pie a que en lugar de mantener un Estado regulador, se debería tomar un modelo de “cocreación”, ya que los gobiernos deben y pueden dar forma a los mercados para garantizar el valor creado conjuntamente y que este sirva para el bienestar colectivo de la sociedad, no solamente a los intereses empresariales particulares.

 

Del mismo modo, las políticas regulatorias no pueden guiarse solamente por el tamaño de las empresas. No se puede estar dividiendo empresas, ya que esto no resuelve el problema. Es tonto pensar que muchos Google o Facebook más pequeños dejarán de crear o usar algoritmos intrusivos y que estos funcionarían de manera distinta; lo mismo en el sector de las telecomunicaciones sipensáramos que si divides Telmex este le dejará de dar posibilidades de modelos de negocios a América Móvil, solo les estarías dando mayor posibilidad de modelos de negocios que dejan fuera de la jugada a la fuerza laboral, tal y como ocurre hoy en día.Dicho de otra manera, el neoliberalismo no se frena ante una política regulatoria obsoleta que se acoge a una autonomía del Estado, pero que al mismo tiempo se refugia en un libre mercado privatizado que vive de recursos públicos, una paradoja regulatoria infame.

 

Un reto de los modelos económicos y de las políticas públicas de nueva generación es crear un ambiente que genere valor y no solamente lo extraiga, de manera que el resultado de la innovación tecnológica y la conectividad produzca realmente un bienestar social colectivo, ya quede otra manera continuaremos inmersos en un círculo vicioso en donde aparezcan mayor número de actores que no generan inversión ni empleo, pero sí generan productos que se consumen. Tal es el caso en la web, donde entregamos de forma voluntaria nuestra información, misma que hoy representa un valor fundamental para las Big Tech. De hecho, los datos de cada usuario son su materia prima y estos datos entregados de manera voluntaria se retribuyen con aplicaciones gratuitas, pero solo para los que tienen capacidad de tener conectividad.

 

La innovación debiera tener como objetivo el bienestar social, ya que los algoritmos y la Big Data pudieran ser utilizados para mejorar los servicios públicos o las condiciones de trabajo, pero hoy solo se usan para el mejoramiento del rendimiento de la utilidad de las grandes tecnológicas privadas.

 

Un modelo de cocreación daría un rendimiento distinto a la innovación tecnológica, además de incentivarla de forma pública, reactivando el motor económico y social, dándole un giro de 180 grados a la economía digital en la que no sólo se podría participar como consumidor, sino como un activo, como promotores del proceso progresivo del crecimiento económico colectivo debido a que el esquema neoliberal que promueve la proliferación del libre mercado únicamente busca incentivos selectivos y utilidades privadas. Sin embargo, los proveedores de materia prima, tal y como es el caso de los que somos usuarios de la web y las redes, no somos incluidos en los beneficios totales como usos de teleducación, teletrabajo, telemedicina y demás condiciones que hoy en día son fáciles de brindar; pero como ya existe un mercado fructífero, estos servicios se cobran aparte.

 

El feudalismo digital es una realidad: convive día a día con los usuarios, con los Estados y con incipientes compañías que quisieran entrar al mercado, pero que son conquistadas a punta del algoritmo que las elimina de los grandes buscadores; las grandes tecnológicas no creen en la competencia, creen en la conquista, creen en que son el señor feudal que nos brinda la tierra y nos dice: “¡Ahora siembren y produzcan!”. Así son benefactores de los frutos que se dan en esa tierra digital que los demás trabajamos; a cambio, tenemos acceso a Facebook y Twitter para expresarnos, siempre y cuando no violemos sus divinas y digitalizadas leyes de comportamiento.

 

La digitalización puede ser una herramienta preciosa para el desarrollo de la democracia, el trabajo y la innovación; no obstante, si no buscamos una participación más activa del Estado en su conjunto, las Big Tech seguirán fortaleciendo el monopolio digital y nadie podrá hacerles frente después.

Autor: ISRAEL QUIÑONES.. Comisionado en STRMnoticias

Un comentario sobre “PERSPECTIVAS_ La revelación del feudalismo digital: ¡Trabajen la tierra que les doy!

  1. EXCELENTE COMENTARIO COMPAÑERO DE LUCHA. PREGUNTA: ANTE EL TAMAÑO DE LA REALIDAD NOS RENDIMOS O QUÉ SIGUE… ¿CUANDO PUEDO PASAR  A SALUDARTE?

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