TENDENCIAS_ El modelo de escuela híbrida y el home-office,¿incompatibles?

El regreso a las aulas de 33.2 millones de alumnos en México en agosto tiene impacto en millones de mexicanos, de manera directa o indirecta. Para las madres y padres de familia, requiere un esfuerzo monumental de adaptación a una realidad hasta ahora desconocida. No es lo mismo regresar a un esquema 100% presencial pre-pandemia, que a un programa de aprendizaje en casa (que fue el que prevaleció durante el confinamiento por más de 300 días); o que a la escuela híbrida. 

Si bien el modelo de escuela híbrida permite atender las indicaciones desde el punto de vista sanitario para asegurar que se tenga sana distancia en las aulas, puede repercutir en las tasas de rotación. Especialmente de mujeres con hijos en nuestro país y en la deserción escolar por la dificultad para acudir a las escuelas.

Atender los horarios escalonados y cambiantes que ahora requieren que niños y jóvenes acudan a sus instituciones educativas algunos días —que se pueden modificar de forma impredecible o por periodos de tiempo cortos— podría implicar que un mayor número de mujeres con empleo remunerado, desistan de su actividad económica. O que se refugien en el empleo informal ya que ofrece mayor flexibilidad por medio del autoempleo o por el trabajo a distancia. 

Un factor como los tiempos de traslado en las grandes ciudades o en comunidades alejadas, la casi nula predictibilidad de los horarios escolares y la alta demanda de los empleadores por trabajar jornadas extendidas y presenciales, pueden generar una situación complicada. 

Las mujeres son quienes se ven mayormente afectadas

En nuestro país las mujeres son cuidadoras primarias y su rol dentro de la familia, también considera el apoyo en las actividades educativas de los hijos; en muchos casos incluso en los traslados hacia y desde la escuela.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reportó que en 2020, 5.1% de mujeres en México salieron de la fuerza laboral durante la pandemia por diversos factores. Esto afecta el acceso a la seguridad social y al empleo digno para ellas y sus dependientes económicos. Desafortunadamente, el panorama actual —que carece de flexibilidad por parte de los empleadores— no deja muchas alternativas para hacer frente a una cuestión prioritaria para muchas familias: la educación de los hijos y su asistencia a la escuela. 

Se tenía la esperanza de que las condiciones de trabajo en casa quedarían como un legado —apreciado para muchos— después de la pandemia; como lo determinó el estudio regional en la materia donde participó el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD 2020) de IPADE Business School. Pero la realidad es distinta.

El trabajo desde casa en México en el pico del confinamiento en abril de 2020 llegó hasta 23.5% según la encuesta ECOVID del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Para julio de 2020 llegó a 15.2%. Un año después, la encuesta ECOVID reporta que solamente 5.7% de las empresas lo ven como una opción permanente. Los datos dejan ver que las empresas grandes tienen mayor inclinación por implementarlo, llegando hasta 30.4%; pero en las micro y pequeñas empresas (mayoría en México), apenas pasa del 5%.

El potencial para el trabajo remoto ya se vislumbraba aún antes de la pandemia. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social y Avast reportaban que 70% de las empresas podían implementar esquemas remotos pero solamente 20% estaban preparadas. Las condiciones de falta de conectividad sumadas con la brecha digital, especialmente en estratos medios y bajos que no tienen dispositivos aptos o acceso a WiFi, lo dificulta. 

Por otra parte, las cuestiones culturales y la premisa de que el trabajo presencial es la mejor opción para las empresas por considerar que hay mayor control y posiblemente mayor productividad (lo cual habría que comprobar con indicadores claros), podrían terminar por alejar al talento o facilitar su migración a esquemas remotos o híbridos. Incluso a aquellos ofertados por empresas del extranjero que tienen mayor madurez en cuanto a la implementación de los mismos.

¿Qué se podría hacer para que la escuela híbrida y el home-office funcionen juntos?

Las empresas necesitan establecer políticas adecuadas para acompañar a su personal a enfrentar las condiciones aún cambiantes e impredecibles que presenta la pandemia; y que continuarán por tiempo indefinido. Esto implica incrementar la apertura al trabajo flexible y estar al pendiente de las necesidades de sus equipos de trabajo. No solamente por cuestión de maternidad o paternidad, sino por otras condiciones de vida que así lo requieren. Necesitan re-evaluar la vigencia de los beneficios que otorgan como empleadores para atraer y comprometer al talento. 

En paralelo, las políticas públicas podrían analizar esquemas que ya se implementaron con éxito en otros países donde empatan los horarios de las oficinas con los de las escuelas. Si los hijos realizan sus tareas antes de salir de la institución educativa, facilitarían el tiempo dedicado a la familia o a las actividades extraescolares; promoviendo así la calidad de vida.

Un esquema de esta naturaleza podría mejorar la convivencia familiar, reduciendo el desgaste que genera llegar a casa después de una larga jornada de trabajo y el tiempo de traslado. Y evitaría tener que dedicarse a la elaboración o revisión de tareas cuando la energía de todos es casi nula. 

Finalmente, también las escuelas tendrían que re-enfocar los requerimientos y ser sensibles a esta realidad. Ya que requiere un esfuerzo considerable para apoyar a las familias en el proceso de adaptación, así como en ajustar las expectativas del trabajo en casa con el apoyo de la familia. En resumen, se necesita de esa solidaridad que caracteriza a la sociedad mexicana para lograr con éxito el objetivo. Preparar lo mejor posible a las generaciones futuras, apoyando también a quienes las tienen bajo su cuidado.

CON INFORMACIÓN VÍA BUSINESS INSIDER MÉXICO

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