Ucrania y el nuevo orden geopolítico multipolar

En toda guerra la primera víctima es la verdad. Es interesante como a partir de propaganda política se puede dividir al mundo entre “buenos y malos”. Bien dijo Mcluhan que el sucesor de la política era la propaganda. En esta antítesis se conjugan las relaciones entre las clases, donde los “buenos” pueden hacer con los “malos” lo que quieran y pueden hacer olvidar sus propias acciones. Los “buenos” EE.UU.-OTAN invaden Yugoslavia la bombardean con lo que se considera crímenes de guerra, la dividen en 7 países y permiten ahí una posterior guerra entre hermanos con armas que ellos mismos surtieron; después invaden Irán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Afganistán con el pretexto de democratizarlos y desarrollarlos y los abandonan cuando ya no les son útiles sin cumplir su promesa. No hablemos del criminal bloqueo económico a Cuba, Venezuela, Nicaragua. En una continuación de la “guerra fría” promueven que varios países europeos eslavos más Hungría y Rumanía pasen a la OTAN y la UE y finalmente en 2014 promueven un “golpe blando” en Ucrania para continuar la ampliación de la OTAN y cerrar el cerco de presión contra Rusia. Ahora inundan de armas a Ucrania, impulsan una política de opresión contra los separatistas con acciones de genocidio que se pudieron haber evitado con los acuerdos de Minsk y protestan cuando estas dos repúblicas deciden separarse.

En fin, pues, esos son los “buenos” que pueden bloquear el deporte ruso y pedirle a la Corte Internacional investigue la invasión de Rusia a Ucrania por crímenes de guerra. El mundo al revés. Gracias a la propaganda mediática masiva mundial, no dejan de autocalificarse como los “buenos”. Bush los llamó en un momento a varios países contrarios a EE.UU. como “eje del mal”. Sin embargo, cuando el “malo” decide no permitir más estar cercado, busca por la vía diplomática impedir el crecimiento de la OTAN cerca de sus fronteras alegando que defiende su seguridad, es ignorado y obligado a hacer la política por otras vías, esto es, la guerra. Rusia la había podido impedir con golpes certeros como recuperar Crimea antigua península rusa cedida a Ucrania por Nikita Kuschev y después aceptar la separación de dos repúblicas de Ucrania, pero los acosos se mantuvieron por el bloque hegemónico con el envío masivo de armas a los países vecinos de Rusia y a la misma ucraniana para armar a la población, con el asesoramiento de grupos nazistas y supremacistas blancos. Incluso están tratando de reclutar niños para defenderse. El negocio de la guerra pues.

Ante la actitud de defensa rusa la propaganda hegemónica no dejó de calificar como “los malos” a todos aquellos que defienden a Rusia. Incluso ahora están censurando a medios rusos y en tuiter a todos los que apoyan a Rusia. Los medios masivos se hicieron cargo no de informar sino de difundir propaganda de manera masiva por todo el mundo, sobre quien está del lado equivocado de la política y calificar al presidente Putin como un dictador igual a Hitler, inclusive han hecho héroe al ultraderechista presidente de Ucrania. Los pueblos del mundo responden al llamado propagandístico que hacen los medios y salen a las calles a protestar contra la guerra, cierto no con grandes manifestaciones, pero los medios se encargan de hacerlas grandes con imágenes, con las que demuestran al mundo la gran oposición a la guerra, el número de bajas humanas, la huida de los ciudadanos e imágenes con escenas dramáticas que al final resultaron falsas.

Claro que debemos oponernos a la guerra, pero no así y con esa desinformación que crea una supuesta legitimidad. Los grupos anarquistas que se llaman activistas antiautoritarios en el mundo que se dedican a informar sobre las movilizaciones sociales, presentan como legítimas las manifestaciones que gritan no a la guerra, pero niegan que los EE.UU. esté interviniendo y no consideran las razones rusas. Se preocupan por las graves consecuencias de la guerra en el sistema-mundo, pero no consideran que son las propias circunstancias del sistema-mundo las que impulsaron la guerra. Hay que resaltar que estos colectivos encontraron que, en estas manifestaciones, más allá de la negativa a la guerra, la gente busca paralelamente respuestas a múltiples intereses y necesidades, por lo que inducimos que no tienen una dirección política propia que los organice en base a una plataforma o proyecto político, por lo que podríamos decir que estas inquietudes responden más bien a desinformación, desorientación y, desde luego, a manipulación.

Las cosas y las acciones no son buenas y malas en si mismas, como diría Spinoza, sino que reciben una valoración relativa al creer que existe algo superior como lo podríamos encontrarlo en el modo de vida occidental. Para Nietzsche, las nociones de bueno y malo son diferentes entre pueblos y el tiempo y según provengan de los señores o de los esclavos. Para los señores, esto es EE.UU. y sus aliados, es bueno todo aquel que siga sus políticas y, no lo es, quien no las siga; por tanto, nos dice, hay aquí una valoración de poder donde se niega la acción que se hace en defensa, la de una natural reacción o de una iniciativa propia.

Más allá de los buenos y malos, la unilateralidad capitalista liderada por EE.UU. emergió con el “fin de la historia” de F. Fukuyama, con la caída de la URSS y el muro de Berlín, pero, por las propias necesidades del capitalismo, mutó a un conflicto por el poder hegemónico mundial, categoría construida por Gramsci para explicar cuando un pueblo es sometido por otro. Así pues, la guerra entre Rusia y Ucrania con el apoyo de EE.UU. y la OTAN obedece no a la maldad de un engendro de Hitler, sino que es una expresión del desorden mundial creado por la crisis capitalista generada por el agotamiento del ciclo sistémico de acumulación, la consecuente caída de la hegemonía unipolar norteamericana y la defensa que realiza ante el crecimiento de una opción multipolar. En ese sentido, podemos decir que la decisión de Putin implica un nuevo paso a la consolidación del nuevo orden geopolítico multipolar.

Lo cierto es que cada vez nos acercamos más a una situación de multipolaridad que el mismo capitalismo propició. La expansión del capitalismo para aumentar sus ganancias con salarios bajos, mano de obra barata, leyes laxas y materias primas en abundancia sin respetar la ecología, crearon las condiciones para el fortalecimiento de esos países y su articulación internacional. Cosa que no estaba escrito en el guion expansionista, así que, para controlarlo y contrarrestarlo, el capitalismo optó por utilizar diversas medidas como sanciones económicas, la imposición de medidas por el FMI y BM con empobrecimiento de la población, impulsar las llamadas revoluciones tipo la primavera árabe o de colores, además de guerras localizadas para desestabilizar países o regiones. China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, México, en fin, todo el llamado tercer mundo han sido amenazados de una manera delirante para que se mantengan subyugados. Pero, todo principio tiene un final.

Para tener una mayor comprensión del momento que vivimos, sería bueno revisar la posición de una parte de la izquierda mundial, es decir, aquella que no apoya a Putin. Aseveran que el equilibrio multipolar es una utopía y además una actitud reaccionaria. Defender el imperialismo subordinado no es realismo político. Dicen estar en contra de la invasión, pero no del lado de la OTAN. Su lucha, aseguran, debe estar en la defensa de un alto el fuego inmediato, parar la guerra con la salida de la OTAN de Europa y de Rusia de Ucrania. Toman esta posición porque consideran que la acción rusa en realidad es una disputa contra otra potencia imperialistas por el control de recursos, los mercados y el dominio de la zonas de influencia, una disputa interimperialista, además, muestra un abierto desprecio de Putin por la independencia ucraniana, ya que expresa una política civilizatoria reaccionaria. Si,  ciertamente, recapacitan sobre que Rusia tiene todo el derecho de defenderse y dejar claro que el despliege de misisles en Ucrania es inaceptable, pero no tiene derecho a invadir. Finalmente, aceptan el peligro para el mundo que significan los norteamericanos para la paz mundial, pero que haya otro imperio que quiera reducir ese peligro pues el verdadero enemigo es el capitalismo.

Se podrá decir lo que se quiera de Putin y Xi, pero han estabilizado a Rusia el país más grande de la tierra que aportó el mayor número de muertos en la segunda gran guerra y que salió perdiendo de la “guerra fría”, pero reconstruyó de nuevo las estructuras estatales e instituciones de la Federación Rusa y a China el país más poblado que ha sido invadido muchas veces a lo largo de su historia, incluyendo la guerra del opio y ahora es una economía tan fuerte como la norteamericana. Estos dos países y sus aliados, más el progresismo en América Latina están desestabilizando el hegemonismo unilateral, donde poco a poco EE.UU. va perdiendo su poder. Esto asusta a los gringos. Giovanni Arrighi ya había previsto una dinámica de caos sistémico en un interregno entre hegemones, porque el ciclo sistémico de acumulación, en este caso el norteamericano, tiene consecuencias decisivas para el comportamiento del sistema-mundo en su conjunto.

Una última cuestion. Para los norteamericanos era necesaria la guerra porque ahora pueden acusar con pruebas a Rusia de invasor y de romper los acuerdos internacionales. Con ello podían alinear nuevamente a Europa bajo sus dictados a aislarla de la relación China-Rusia, como de hecho está sucediendo y así fortalecerse para detener el avance del bloque euroasiático en la disputa por la hegemonía. Por ello, las sanciones que dicen aplicarán los países occidentales contra Rusia, serán muy limitadas, de hecho son más bien para el espectáculo y Biden al anuncirlas es más bien un actor que un político. Saben que si verdaderaemente aplican sanciones más duras, acelerarán el desorden mundial y terminarán afectando a las poblaciones europeas. Además, Rusia dice estar preparada para las sanciones y tiene el resplado la Organización de Cooperación de Shanghái, la Unión Económica Euroasiática, y las asociaciones estratégicas con China e Irán, lo que le ofrece una vía sólida de resistencia frente la ofensiva de «sanciones» punitivas. Un punto clave es la energía y particularmente el gas natural abundante en Rusia ya que es el energético fundamental para el abastecimiento y el proyecto verde europeo, pues éste les permitirá la transición energética para acabar con la era del carbono. Los norteamericanos quieren  ofrecerse como proveedores pero no son competitivos, por lo que aumentará sustancialmente los precios que pagará la población lo cual es poco conveniente.

La crisis de Ucrania la han construído los norteamericanos para detener el desarrollo de multipolarismo hacia Europa pues gracias al poder energético Ruso y a la Ruta de la seda  pueden ser atraídos. A persar de ello, China y Rusia han firmado varios acuerdos para la venta de gas y petróleo y en el marco de los juegos olímpicos de invierno el presidente Xi ha dicho que China y Rusia son un pilar fiable para defender la igualdad que requiere el auténtico multilateralismo. Sobre el sitema SWIFT hay una combinación de cuatro países, China, Rusia, Irán e India con los cuales podrán ir más allá de ese sistema bancario. Así pues, la batalla por el despliegue de multilateralismo esta en el escenario de este momento y los norteamericanos parecen estár perdiendo. Es el signo de la época. Estamos ante un nuevo capítulo de la era multipolar, que no parece estar a favor de los nortemericanos.

Por: Eduardo Torres – @etarroyo

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