TENDENCIAS_ México pierde oportunidades digitales como “agua entre los dedos”.

Pese a los grandes beneficios que otorga la asociación comercial con Estados Unidos y Canadá, y trabajos de integración regional mediante mecanismos como la Alianza del Pacífico y la APEC, la ausencia de una estrategia nacional que dirija las políticas públicas y la coordinación institucional hacia un mismo objetivo, se está convirtiendo en el ancla del desarrollo del sector digital de México.

“Hay un amplio abanico de oportunidades que literalmente se nos están escapando como agua entre los dedos y eso es muy preocupante porque podríamos tener todo para salir de esta pandemia ofreciendo oportunidades laborales y de mejora a los habitantes a través de la tecnología”, opina Sissi de la Peña, directora para México y Centroamérica, y gerente regional de Comercio Digital de la ALAI.

De acuerdo con el Índice de Competitividad Digital 2020, que mide la capacidad de 63 economías para adoptar y explorar tecnologías digitales como un motor clave para la transformación económica de sus empresas, gobierno y sociedad en general, México cayó cinco lugares de 2019 a 2020, lo que en términos generales lo ubica en la posición 54 de 63 países.

Además, en el ranking que cuenta con tres índices: Conocimiento, Tecnología y Preparación para el Futuro, y Tecnología, México es el peor calificado al encontrarse en la posición 56, ya que desde 2018 bajó 10 posiciones.

“México tiene un tratado de libre comercio con dos socios del norte que son de los más avanzados en materia digital, este tratado incluye un capítulo de comercio digital que establece principios y bases para detonar esa economía digital y es además una de las regiones más exitosas económicamente hablando a nivel global”.

Además, el país está sumamente involucrado en mecanismos de integración regional como la Alianza del Pacífico y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que cuentan con interesantes componentes de comercio digital.

Sin embargo, para que realmente esté en condiciones de aprovechar los beneficios que ofrece la asociación con países de la región, México está obligado a tener una hoja de ruta nacional que permita unificar esfuerzos, materializar objetivos y trasladar beneficios.

“Si bien hay una Estrategia Digital Nacional, está enfocada al despliegue de infraestructura, que claramente no es de menor relevancia, pero tiene que ir de manera paralela. No se debe esperar a que la infraestructura esté colocada al 100 por ciento para después pensar para qué se va a usar, y cómo la ciudadanía va a aprovechar esa digitalización”.

Desde la perspectiva de la ejecutiva de la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI), es imposible observar de manera separada al sector digital, “en realidad es la sombrilla que alberga a todos los sectores que ya tienen un componente digital y que están interrelacionados”.

La falta de coordinación institucional en materia de digital, se está viendo reflejada en la competitividad del país y en su desempeño en materia de comercio internacional, pues lejos de aprovechar los beneficios de las relaciones con sus socios, realiza esfuerzos separados que no se replican en resultados.

“Las normativas o leyes que se siguen de manera independiente en cada uno de los sectores van en contra de aquellos objetivos internacionales de integración digital regional que ha tenido México tanto con sus socios del norte como con el resto de los países mediante diversos mecanismos”.

El hecho de que a nivel interno, las dependencias “no se hablen entre sí” como resultado de la falta de coordinación institucional, permite identificar con claridad el cúmulo de oportunidades que México está perdiendo a nivel económico, pero también en lo referente a garantizar a la población las competencias laborales, académicas y sociales que exige un mundo cada vez más digital.

“El componente del analfabetismo digital es significativo en un momento en el que la tecnología está influyendo significativamente en nuestra sociedad, en cómo interactuamos, en los procesos democráticos, cómo tomamos decisiones electorales y qué discursos estamos manejando en un ambiente de polarización donde nos estamos atacando unos a otros y después de eso viene la violencia social trasladando el enojo digital a un entorno físico”.

CON INFORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

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