La huelga como herramienta para mantener la dignidad

Por Israel Quiñones

Las huelgas son una herramienta que usan los trabajadores como último recurso ante los abusos patronales. Las grandes movilizaciones de la segunda mitad del siglo pasado que dieron forma a un sindicalismo más fuerte y digno, están envueltas con un halo de misticismo, son adornadas con las anécdotas de camaradería, de solidaridad y también del señalamiento del esquirolaje.

El Sindicato de Telefonistas cuenta con un amplio anecdotario de huelgas. Hace poco más de 35 años que está organización no enfrenta una situación de características tales que le empujara a tomar la decisión de estallar una. El pasado 19 de junio, la Asamblea Nacional de Representantes tomó la decisión de retomar la vieja tradición de lucha por medio de este instrumento jurídico y político que representa un sacrificio, pero también es la mejor oportunidad de conquistar derechos laborales que, de otra forma los dueños del capital le niegan a la clase trabajadora.

Las condiciones de los nuevos procesos de trabajo en la actualidad, independientemente de la empresa o sector productivo o de servicios, depende en gran medida de la digitalización y de la evolución tecnológica, pero estos beneficios que la creatividad y la innovación ponen al servicio de la humanidad son tomados por el capital y lo usan para abaratar y precarizar al empleo.

El sindicalismo ha sido estigmatizado por los grandes consorcios de la comunicación, mismos que dependen de los grandes capitales para subsistir, por ello, todo lo que represente una amenaza para las estrategias económicas y de acumulación son crucificadas en los altares del capital neoliberal; sin embargo, el sindicalismo real y democrático continua siendo la herramienta más efectiva para que la clase trabajadora pueda defender, mantener y conquistar derechos laborales que beneficien el diario quehacer de las y los trabajadores, esto es una amenaza para el capital.

Paul Mason en su libro “Postcapitalismo” relata como un CEO de Samsung en el marco del Foro de Davos en el año 2015, señala enérgicamente que de seguir permitiendo que los trabajadores se organicen en sindicatos o, se continué con la seguridad social tal y como se mantiene, el capital no logrará crecer y desarrollarse como debe. Este pequeño atestiguamiento del pensamiento neoliberal nos deja claro que la estrategia del capital se basa en el sometimiento y explotación de la clase trabajadora, por ello, la automatización es una opción de desaparecer a los gremios y trabajadores.

Con los telefonistas algo similar ocurrió, pues, en síntesis, la empresa quiere desaparecer la jubilación del Contrato Colectivo que ostenta este Sindicato y a pesar de que Grupo CARSO se comprometió a respetar este Contrato Colectivo desde que adquirió Telmex, hoy dice que el costo de dicho Contrato afecta sus finanzas. Solamente que omite una realidad muy oscura y desvergonzada, ya que las decisiones tomadas por la administración de Telmex han ido por el camino del desmembramiento, puesto que antes de la separación funcional impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la tenedora de Telmex, el gran gigante de las telecomunicaciones América Móvil, emprendió una serie de escisiones que partieron a la empresa privatizada en 1990, esto con el único fin de quitar a los trabajadores acceso a utilidades, contrataciones por medio del Contrato Colectivo y por ende, precarizar el empleo por medio de la subcontratación de filiales pertenecientes a empresas terceras del mismo Grupo de interés económico o en su defecto, pertenecientes a amigos del dueño.

La decisión de estallar una huelga no es sencilla, es un estresante proceso de análisis y consensos que no tiene otro fin que el bien común de los trabajadores organizados, pero que, para mantener sus conquistas sindicales vigentes tienen que luchar y sacrificarse por medio de esta herramienta.

La retención de pagos, la falta de prestaciones, vacaciones, incapacidades y demás aspectos que vienen con el trabajo son truncados durante la huelga. Lo complicado de una huelga no es estallarla, es levantarla.

La conciencia de clase no se adquiere por generación espontánea y por ende, la decisión de prescindir de salario y prestaciones durante el movimiento de huelga no es cosa fácil, pero este dolor se aminora con la solidaridad y la unidad, por ello, el sindicalismo fortalece al trabajador y lo engrandece.

La mitología que envuelve a los liderazgos sindicales del siglo XX no se construyó de la nada, se produjo a partir de las huelgas, se difundió por el tesón y la resiliencia de los trabajadores, hoy los Telefonistas vuelven a tomar su destino en sus manos, deciden estallar una huelga para defender lo más básico de la dignidad humana, para crear un futuro para los que vienen, para defender una vejez digna de los que fueron y para defender la estabilidad y bienestar de sus familias.

¡Que Viva la huelga!

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