Tasa de ganancia mundial y trabajadores

Por: Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La tesis de que hasta ahora la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases respomde a una etapa inicial del capitalismo, cuando éste todavía no conquistaba a toda la sociedad. La lucha de clases que se desarrolló en base al trabajo no pagado y la expotación, pertenece a la teoría del marxismo obrero de cuando el capitalismo no estaba bien establecido. Esa etapa transformó a los trabajadores en sujetos dinerarios y jurídicos con pleno derecho, pero sin incorporar como parte de esa lucha a las categorías básicas de la modernización capitalista y no solamente una crítica a su distribución y aplicación. Para Marx la mercancía es la célula germinal de toda sociedad moderna y en base a ella cimenta la crítica a la sociedad capitalista. Dicha crítica fue descuidada por el marxismo obrero, lo que lo convirtió más que en los enterradores del capitalismo, en impulsores de su desarrollo, un marxismo sin revolución.

La lucha salarial por una justa distribución y mejores condiciones de trabajo, la lucha distributiva bajo forma monetaria, en realidad fue una lucha por integrarse plenamente  a la sociedad capitalista. La lucha de clases, podríamos decir la democracia en el capitalismo, ciertamente ayudó a controlarlo con un más equilibrado reparto de la riqueza, pero con el neoliberalismo, ésta alcanzó su límite histórico. La globalización es el capital sin ataduras, el régimen de capital en interés del capital. En base a ello, nos preguntábamos ¿si la lucha de clases ya no forma parte de las certezas obreras? ¿en base a qué podría terminar el capitalismo? ¿podemos reivindicar a Marx en la tercera década del siglo XXI?

Marx nos dejó consideraciones de una naturaleza diferente, como es la crítica a los fundamentos mismos de la modernidad capitalista. Así, llegó a la conclusión de que al ir sustituyendo trabajo humano como puro gasto de energía, lo que el llamó trabajo vivo o trabajo abstracto, por máquinas y tecnologías, trabajo muerto, la fuente de ganancia, el plusvalor, decae necesariamente. Por ello, podemos decir que el capitalismo posee una tendencia inherente a hacer innecesario y obsoleto el trabajo vivo, que es la sustancia fundamental para su existencia, por lo que tiende a destruírse así mismo. La escuela alemana del Grupo Krisis, sostiene que el capitalismo colapsará por su propia imposibilidad de seguir producuendo valor.

Marx como parte de la teoría del valor-trabajo, a esta autocontradicción le dio el carácter de ley y la llamó ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (LTDTG). Marx siempre consideró el modo de producción capitalista como un sistema mundial. A pesar de que todo análisis de medición debe basarse en las economías nacionales, es posible calcular la tasa de ganancia a través de los años y confirmar la ley. El modo de producción capitalista se ha extendido por la globalización lo que hace que el concepto a medir una tasa de ganancia mundial sea más realista. En base a varios análisis, es clara ahora una tendencia decreciente en la tasa mundial de ganancia. Durante el periodo neoliberal tuvo un aumento con la destrucción de los sindicatos, recortes del estado de bienestar y de los impuestos a las empresas, la caída de la URSS, la globalización y sobre todo la innovación en alta tecnología, pero se detuvo en los inicios del siglo XXI con una depresión que se conserva hasta la fecha alentada por la pandemia y la crisis del 2008.

La tasa de ganancia es el mejor indicador del estado de salud de la economía capitalista, incluso puede predecir con precisión y servir para los inversionistas a futuro ante la probabilidad de recesión o crisis. Según Marx la composición orgánica del capital —la relación entre el capital constante y el capital variable, la relación entre la masa de capital invertida en medios de producción y la invertida en fuerza de trabajo— es el factor determinante de la caída tendencial de la tasa de ganancia y la tasa de explotación es el factor principal que la contrarresta, dado que cuando hay más trabajadores explotados hay más ganancia. Algunos estudiosos de la economía dicen que esta ley está justificada empíricamente, pero, aún asi, se puede confirmar su validez; otros, afirman que se exagera su importancia para explicar la crisis del capitalismo, dado que hay muchas razones que lo pueden hacer; hay, dicen, muchas crisis que interactuan, por tanto, la caída de la tasa de ganancia puede ser sólo una de tantas.

Lo cierto es que para Marx los capitalistas compiten para aumentar las ganancias reduciendo los costos, particularmente los laborales, sustituyendo a cada vez más trabajadores. A través de la competencia, el capitalista se ve obligado a invertir para producir mercancías a un precio más bajo que sus rivales. Asi que, si se invierte más en maquinaria e infraestructura y menos en fuerza de trabjo, existe una tendencia a que la plusvalía o explotación del trabajo caiga y viceversa, esto es, cuando la composición orgánica del capital aumenta más que la tasa de explotación, la tasa de ganancia cae. Las materias primas y la energía consumida en la producción no crean valor, lo que hacen es transferir su valor a las mercancias. Las máquinas sólo aumentan la productividad del trabajo humano y permiten que la fuerza de trabajo se consuma con más intensidad, esto es, sin la fuerza de trabajo no se crea valor. Así pues, el sujeto moderno solo existe por y para la competencia capitalista.

Ahora bien, como Marx calificó la caída como una tendencia podemos entender esta es realtiva y, por tanto, hablar de que existe un límite absoluto al modo de producción capitalista no es tan definitivo.  Ante esa realidad, el capitalismo de manera ideológica busca no tener que admitirlo y también contarrestarla con diferentes mecanismos, que previó también Marx. Para compensar la reducción del valor de las mercancias tiene que expandirse rápidamente en todo el mundo, para vender más y más mercancias y condicionar a los humanos de acuerdo a ello. También es manejable siempre que la masa de ganancia esté aumentando, lo que requiere una mayor explotación o una disminución intencional de la cuota de ganancia. El capital realiza mayores inversiones con lo que la masa absoluta de beneficio aumenta o abarata el capital constante, lo que se logra con el aumento de la productividad en los medios de producción por encima de la productividad en su conjunto, es decir los bienes de capital físico se abaratan más de lo que se reduce la parte de la fuerza de trabajo. Si la tendencia es constantemente contrarestada, no significa que sea anulada.

Cuando el capitalismo entra en crisis, lo cual es muy recurrente, se detienen esos mecanismos compensatorios. En los Grundisse de Marx encontramos la consideración de que existe la posibilidad de que la compensación pudiera ya no ponerse en marcha nuevamente. En la teoría del valor-trabajo y como parte de ésta la LTDTG, existe la posibilidad de una caida total del beneficio y llegar a la absurda situación de que la sociedad entre en miseria. Situación que puede esquivar sólo con más que con más máquinas en lugar de más fuerza de trabajo. Los estudiosos modernos de Marx en el siglo XXI, particularmente los del Grupo Krisis, afirman que la revolución industrial de la microelectrónica nos está llevando a pasos agigantados a esa absurdidad, misma que se ha venido incubando desde mediados del siglo XX y que se ha expresado en desempleo masivo, bajos salarios, nula seguridad social, sobrepoblación o mucha demanda de trabajo, mayor deuda social y otras formas de miseria. Esto revela que la estrategia compensadora del capital está llegando a punto sin movimiento.

Ahora bien, hagamos una recapitulación. Como vemos durante largo tiempo la disminución del valor y por consecuencia de la plusvalia debido a menos aportación trabajo vivo, fue compensada y en algunos casos sobrecompensada por la expanción de la producción que llenó al mundo de mercancias y rebajó los salarios cuando se empezó a trasladar la producción a países de salarios bajos. Con el fin del fordismo se extinguió el modelo de acumulación basado en el trabajo vivo. Desde ese momento las tecnologías que no crean valor se han convertido en la escencia de la producción. Por consecuencia, como hemos venido afirmando, la cantidad absoluta de valor y por extención de pluvalía esta cayendo, lo que coloca en crisis a la sociedad basada en valor incluyendo a los trabajadores. Asi pues, ya no es la explotación el problema central al que hay que enfrentar, sino que el capitalismo está creando población superflua, no necesaria para la producción y, por ende, incapaces de consumir y, al mismo tiempo, personas, regiones y comunidades que tienen capacidad de consumir se están convirtiendo en islas en un mar de superfluos que ya no sirven para ser explotados.

El movimiento obrero en su lucha de clases obtuvo victorias importantes que lo llevaron a creer que el capitalismo podía ser domesticado. Las victorias seguiran sucediendo, más aún, cuando se ha generado una inflación que afecta el poder adquistivo del salario y que los paises quieren cargar el costo a los trabajadores. Los logros alcanzados con toda justicia por el movimiento obrero han mostrado que no van más allá de ser parte del capìtalismo contra el que luchan. Mientras planteamos estas ideas, el capital sigue obligándonos a permanecer en el conflicto salarial, de seguridad social y pensionario, para su beneficio ahora que está metido en un conflicto para mantener la hegemonía global de una manera unipolar.

La sociedad en la que domina la mercancia esta en plena decacencia, porque no tiene la posibilidad de distribuir la riqueza. Los progresos tecnológicos y en especial las aplicaciones de las microelectrónica y microinformática en la producción están reduccinedo de forma continua el trabajo vivo o abstracto. Por tanto, no es posible el retorno al pleno empleo, al keynesianismo y al estado de bienestar. No podrá haber nuevamente una prosperidad capitalista tal y como se anuncia en la cuarta revolución industrial, porque las tecnologías que reemplazan al trabajo vivo no pueden ser eliminadas de la producción capitalista. La tasa de ganancia cae en forma tendencial, o sea, no es permanente, pero al final se impone, a pesar de que despues del hundimiento de los socialismos de estado, el capitalismo le haya dado la vuelta a la sentancia marxista de los sepultureros y lo haya integrado en su repertorio.

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