TENDENCIAS_ Desigualdad, estereotipos e indiferencia alimentan violencia digital

La violencia observada en contra de las mujeres es resultado de la desigualdad, de los procesos de socialización donde se designan estereotipos para el género femenino, distintos de los que funcionan para el género masculino, y de un entorno digital cada vez más violento y permisivo con prácticas que al realizarse de forma virtual se perciben como «inofensivas».

“En los procesos de socialización se fijan para las mujeres generalmente roles de subordinación y los hombres en su mayoría se les enseña una posición de poder, por ello la violencia en contra de las mujeres es resultado de esta forma en que se ha construido la relación entre el hombre y la mujer, donde el primero ejerce un posición de poder sobre la otra persona”, explicó Anabel López Sánchez, directora General para la Promoción de una Vida Libre de Violencia.

Por ello, dijo, fue necesario crear en México leyes que definen y detallan las distintas formas de violencia, lo que parece sorprendente cómo esta clasificación aumenta en el tiempo, lo que supone que este delito tiene una dinámica creciente.

En su exposición resaltó la importancia de reconocer que no sólo las personas físicas ejercen violencia en contra de las mujeres, sino también la que generan las personas morales, que lo hacen de forma mediática y con el uso de las tecnologías.

“Las empresas televisivas que producen una gran cantidad de contenidos que vistas a la luz de las definiciones que se tienen, incurren en algunas de las formas de violencia en contra de las mujeres, por lo que es importante reconocer la responsabilidad que tienen según lo establece la legislación vigente”.

En el país hay un marco normativo que sanciona la violencia digital y mediática, como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia, que en su capítulo cuarto establece los casos en los cuales se incurre en este tipo de delitos; en el Código Penal Federal, en su artículo 2, denominado violación a la intimidad sexual, artículo 199, con penas de tres a seis años de prisión y una multa de mil Unidades de Salario Mínimo.

“No basta legislar ni tener un marco normativo robusto para atender esta realidad de violencia que afecta a las mujeres, sino también es importantísimo prevenir y regular el uso de los medios digitales y de comunicación para que no incurran en esta modalidad de ilícitos” concluyó.

Por su parte María José Morales García, Directora de Igualdad de Género, Diversidad e Inclusión del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), detalló que una de cada cinco personas ha sufrido alguna acción de ciberacoso en México, es decir, 20 por ciento, de las personas mayores de 12 años y más, de acuerdo con los datos más recientes recogidos por la ENDUTIH, elaborada por el IFT y el INEGI.

En el panel “Panorama de la Violencia Digital” en México, la directiva detalló que 20 por ciento de las mujeres y el 22 por ciento de los hombres que utilizan internet han sufrido ciberacoso, siendo Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Nuevo León, CDMX y Quinta Roo las cinco entidades del país donde más se registran este tipo de delitos.

En tanto que las plataformas digitales a través de las cuales se realizan el mayor número de estos delitos son Facebook, WhatsApp y Twitter sitios vinculados a una smartphone, los vehículos más utilizados por los delincuentes.

Otro dato relevante es que en el caso de las víctimas que pudieron identificar a su agresor, 53 por ciento de las mujeres señalaron a un hombre y 62.1 por ciento de los hombres también apuntaron hacia una persona del sexo masculino, en contraste esto sólo sucedió 18 por ciento de ellas y 15 por ciento de ellos, dijo que fue una mujer la agresora.

En el ciclo de #ConferenciasCiber, organizado por el IFT y la Guardia Nacional, detalló que las mujeres entre 12 y 29 años de edad son las que más sufren ataques de ciberacoso, aunque las mujeres adultas mayores, también suelen ser víctimas de este tipo de violencia con la intención de ser manipuladas o de ser extorsionadas.

Enumeró las distintas formas de ciberacoso: se trata de cuando una persona se expone de manera repetida y prolongada, por parte de una o varias personas, que buscan causarle daño o molestia, a través de llamadas ofensivas, críticas por apariencia, burlas, falsear la identidad para agredir, ser vigilada en sitios o cuentas de internet, publicación de imágenes sexuales sin consentimiento, publicación de información personal, o amenazas o incluso extorsión.

Este tipo de violencia tiene un sesgo de género importante, pues mientras el 30 por ciento de niñas y jóvenes de 12 a 29 años de edad, usuarias de internet y celular fueron víctimas del ciberacoso, en el caso del género masculino, la incidencia sólo afectó al 24 por ciento.

Casos específicos de acoso sexual se registró entre el 33 por ciento de las niñas y jóvenes de 12 a 19 años de edad, y 42 por ciento de las mujeres con edad de entre 20 a 29 años, que recibieron insinuaciones o propuestas sexuales, mientras que el 35 y el 38 por ciento de ellas recibieron contenidos sexuales no deseados.

Una tercera parte de las niñas y jóvenes de 12 a 19 años recibieron críticas por su apariencia física o clase social contra sólo una quinta parte de los casos registrados entre el género masculino.

Talina González Candiani, directora de Educación, A Favor de la Mejor, destacó que retuitear o dar un like a un posteo relacionado con la violencia contra la mujer o de violencia digital en cualquiera de sus modalidades, es contribuir a seguir contaminando el ecosistema digital donde las personas sostienen una convivencia.

La falta de empatía y de inteligencia emocional ya sea de niños, niñas, jóvenes o adultos al ejecutar o simplemente al permitir un ilícito de este tipo, aunque crean que son simples espectadores, en realidad se vuelven cómplices de estos actos.

“Al mantenerse indiferentes y actuando con falta de solidaridad, se permite que la violencia digital continúe y vaya en aumento con varias consecuencias graves… lo fundamental es saber que en esos espacios hay una derecho a manifestarse con plena libertad, qué hay derecho a la privacidad y a la seguridad, dentro como fuera del mundo digital”, precisó.

Una de las consecuencias de este tipo de ilícitos, explicó, es generar autocensura en las personas, es decir, privarlas de usar el acceso a la información, de beneficiarse de su uso para su desarrollo personal y profesional, por ello, A Favor de lo Mejor, busca construir desde la parte de la prevención, un uso seguro, libre, responsable y ético del ecosistema digital.

«Se busca generar una formación de ciudadanía digital integral, no limitarse al uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación para reducir los números de casos de violencia digital que ya son alarmantes”.

Por su parte Nazli Borrero Vázquez, ingeniera en informática, aseguró que es urgente generar campañas que combatan la creciente violencia digital contra grupos vulnerables

Es “urgente” que la población usuaria de internet, tenga claridad de los riesgos que implica realizar algunas prácticas consideradas “inofensivas” por realizarse en forma virtual, pero que conllevan una fuerte carga de agresión psicológica, lo cual debe combatirse desde los hogares, las escuelas e incluso desde el sector salud.

Importante considerar que ya representa un delito toda agresión psicológica que realiza una persona a través de las nuevas tecnologías como correo electrónico, sistemas de mensajería, humillando, maltratando psicológicamente, bajando la autoestima, dañando el buen nombre de una persona, o crear un conflicto en el ámbito laboral, familiar o personal.

Para la especialista en protección de datos personales y ciberdelitos, es relevante diferenciar lo que es una red social, donde se puede obtener el perfil de un usuario y lo que son las plataformas de mensajería instantánea, lo que es importante a la hora de presentar una denuncia o se está recepcionando.

Aunque el ciberbulling, grooming, la Explotación Sexual Comercial de Niñas, Niños y Adolescentes (ESCNNA), la difusión de ,Material de Abuso Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes, el Sexting o Sextorsión, están entre los delitos más conocidos, existen otras prácticas que son sumamente nocivas y contrarias a las buenas prácticas de convivencia entre las personas, como el Happy Slaping, Griefing, Sharenting, y los Juegos de reto.

CON INFORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

PERSPECTIVAS_ Desigualdad laboral de género en México, una deuda a pagar en 100 años

Las empresas y sus líderes tienen mayor conocimiento de la brecha de género en México, de hecho, la mayoría dice que es prioritario cerrarla. Pero en la práctica, siguen sin dejar pasar a las mujeres a los puestos más altos. Al ritmo en el que implementan sus políticas de equidad, tomará un siglo para que ellas accedan a los cargos gerenciales, donde están los mejores salarios.

Una investigación de la consultoría McKinsey señala que en 2018 el 13.4% de los puestos directivos en el país eran ocupados por mujeres. Una pandemia después, cientos de discursos sobre la importancia de la diversidad en las empresas y acerca de la feminización del trabajo de cuidados no remunerado, la presencia de trabajadoras en los más altos niveles de una compañía creció sólo a 13.9 por ciento. Sería hasta 2050 cuando lleguemos a 20 por ciento.

“Si continúan estas tendencias en la representación en la alta gerencia y los salarios, se necesitarán 100 años para alcanzar la paridad de género en México. A este ritmo, ni la fuerza laboral actual ni las próximas dos o tres generaciones serán testigos de la paridad de género”, advierte el reporte Women Matter 2022.

Desde la primera publicación de ese estudio en 2018, “el avance ha sido marginal”, dice en entrevista Valentina Ibarra, socia en McKinsey & Company México. “En general, las mujeres representaban el 35% de la fuerza laboral y para esta edición el crecimiento fue sólo a 38 por ciento. Y cuando desglosamos ese porcentaje por jerarquía de posiciones, vemos que menos del 14% han logrado puestos senior”.

El tiempo que le tomará a las mujeres en México llegar a posiciones de alto mando en las empresas “es inaceptable”, dice la abogada, especialista en desarrollo de estrategia comercial y una de las pocas mujeres con conocimiento y experiencia en servicios de perforación y yacimientos petrolíferos en América Latina.

CON INFORMACIÓN VÍA EL ECONOMISTA

Desempleo aqueja más a las mujeres; cae entre hombres

Las personas con educación media superior y superior son las que más padecen el desempleo en México, pero si son mujeres lo sufren más, revelan datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) más reciente que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

A nivel nacional, la población desocupada –dentro de la cual se considera a quienes se encuentran sin trabajar, pero que están buscando un empleo– se situó en 2.15 millones de personas en noviembre del presente año; de las cuales 53 por ciento tienen estudios de niveles medio superior y superior (1.14 millones). Asimismo, tres de cada cuatro desocupados están entre los 15 y 44 años de edad.

Sin embargo, son las mujeres con educación media superior y superior quienes más sufren el desempleo en México, al sumar 526 mil 922 al cierre de noviembre, lo que no sólo representa un aumento de 17 por ciento con respecto al mismo mes de 2020; también exhibe un incremento de 4.6 por ciento en relación a octubre del presente año.

En cambio, los hombres con la misma preparación sumaron 612 mil 601 en noviembre, 18.1 por ciento menos que en el mismo mes 2020 y frente a octubre del presente año también se observa una caída de 14.5 por ciento.

Édgar Vielma, director general de Estadísticas Sociodemográficas del Inegi, consideró que la desocupación entre personas con estudios superiores se debe, en parte, a que las principales plazas que pueden ocupar se encuentran en sectores perjudicados por la pandemia, toda vez que a nivel urbano se ha visto una mayor afectación del empleo.

La ENOE detalla que el siguiente segmento que padece la desocupación son los que comprueban tener una educación de secundaria completa, con 733 mil 450 personas (34.1 por ciento de los desocupados).

Y también en este grupo con secundaria completa, la desocupación afecta más a las mujeres, pues en los pasados 12 meses entre ellas registra un aumento de 8.4 por ciento y con respecto a octubre subió 10.1 por ciento; mientras que la desocupación de los hombres con el mismo nivel de estudios reportó una caída anual de 16.9 por ciento en noviembre y un descenso mensual de 10.5 por ciento.

Se dispara desocupación entre adultos mayores

La más reciente ENOE destaca que el desempleo entre mujeres de 65 años y más se disparó de 2 mil 399 en noviembre de 2020 a 10 mil 916 en el mismo mes de este 2021.

Los adultos mayores que se mantenían activos laboralmente hablando han padecido con la pandemia y según cifras del Inegi, han sido las mujeres quienes más padecen el desempleo por edad y nivel de estudios.

Mientras que para los hombres para esa edad, el desempleo pasó de 34 mil 302 de noviembre del año pasado a 28 mil 960 en el mismo mes de este año.

La brecha laboral –que contempla no sólo a los desempleados sino a los trabajadores subocupados y a quienes podrían formar parte de la fuerza laboral pero no están motivados para buscar hacerlo– muestra un panorama más completo de la insuficiencia del empleo.

Un análisis de la Fundación Forge adjudica el fenómeno de desocupación, principalmente en jóvenes, a factores como su falta de experiencia, de habilidades tecnológicas y el no contar con un perfil atractivo para las compañías.

En octubre la brecha laboral fue casi 10 puntos porcentuales más profunda entre las mujeres que para los hombres. Cerca de 31.2 por ciento de las trabajadoras potenciales se enfrentó a la insuficiencia de empleo; en marzo de 2020 la proporción era de 24.1 por ciento.

CON INFORMACIÓN VÍA LA JORNADA

Guterres apoya la postura de México contra la desigualdad

Al responder a la convocatoria de México para debatir sobre desigualdad y pobreza en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el secretario general António Guterres coincidió con el presidente Andrés Manuel López Obrador en la visión del fracaso del sistema económico, promotor de la riqueza que se desgrana de arriba hacia abajo.

“Al hablar de desigualdades económicas el año pasado, usted nos recordó las políticas ficticias basadas en la noción de que si ‘a las personas que están en la cumbre les va bien, a las que están por debajo también les irá bien’. Como bien dijo en aquella ocasión, la riqueza no es contagiosa: la exclusión y las desigualdades de todo tipo tienen un costo devastador en materia de seguridad. Especialmente en áreas donde se carece de servicios básicos como es la salud, la educación, la seguridad y la justicia”, le dijo al mandatario mexicano.

Durante la sesión del Consejo de Seguridad –en Nueva York–, cuya presidencia pro tempore corresponde a México en el mes de noviembre y transcurrió conducida por el presidente López Obrador, Guterres adujo que la pandemia ha venido a aumentar las dificultades para las personas más pobres y vulnerables.

“Y donde las injusticias históricas (prevalecen), las desigualdades y la opresión sistemática han venido a crear brechas de condiciones desfavorables a generaciones completas. Impera una peligrosa sensación de impunidad que puede verse en las recientes tomas del poder por la fuerza, los golpes militares, donde los derechos humanos están siendo atacados. Desde Afganistán, donde se niega a las mujeres su legítimo derecho, a Myanmar, donde las minorías son blanco de ataques y deben huir, o en Etiopía, donde se teje una crisis humanitaria”.

Guterres propuso una hoja de ruta para la inclusión: invertir en el desarrollo de todas las personas para que vivan en igualdad, desarrollo humano e igualdad. Que se dé un nuevo contrato social, que se invierta en salud, protección social, red de seguridad social accesible para todas y para todos.

Por su parte, la abogada ecuatoriana Lourdes Tibán, representante de etnia por su país en el Foro Permanente de la ONU para Cuestiones Indígenas, invitada por el gobierno de México, abundó sobre la desigualdad social y puso sobre la mesa la exclusión entre culturas y personas en situación de cárcel, discapacidades, diferencias de género, enfermedades mentales, jóvenes y drogas, prostitución, comunidad gitana y emigraciones. A esto se suma la exclusión de género. Una que tiene consecuencias devastadoras, como lo es la ampliación de las diferencias entre mujeres y hombres.

La iniciativa del gobierno mexicano acarreó posturas a favor en torno a las diferencias de género, la marginación, la pobreza, pues son fenómenos por atender y así enfrentar la descomposición que genera la violencia. Fue respaldada por los representantes de Estonia, India, China, Kenia, Francia, San Vicente, Vietnam, Irlanda y Nigeria. En tanto la de Estados Unidos ponderó los lineamientos que su país sigue en materia de derechos humanos y combate a la desigualdad, pasando por el cambio climático y la migración.

Vassily Nebenzia, representante de Rusia, reprochó el papel de Antonio Guterres al frente de la ONU, porque subyace “de los conceptos que se plantean en la nueva agenda común del secretario general, donde vemos que hay una tendencia de combinar mandatos o de crear estructuras que duplican la labor de los órganos creados en virtud de la carta y esto no necesariamente aporta” en el terreno del derecho de los migrantes.

“Lamentamos la propuesta de adoptar decisiones en la Asamblea General, pasado mañana, sin celebrar las consultas del caso. Se intenta imponer la voluntad de un grupo de países y generar más división o parece ser esta la intención. Nos parece fundamental que la asistencia internacional se preste exclusivamente en coordinación con los países y a su solicitud teniendo en cuenta los contextos y prioridades de los países”.

CON INFORMACIÓN VÍA LA JORNADA

Participación laboral femenina retrocedió a niveles del 2005

Las mujeres han sido las más afectadas por el impacto de la pandemia en el mundo del trabajo; la Covid-19 borró todos los avances logrados en los últimos 15 años en México. La tasa de participación femenina en el mercado laboral se redujo en 2020 a 40.71%, por debajo del 42.63% reportado en la crisis financiera global de 2009 y similar a la observada en el 2005 (40.8 por ciento).

Al menos desde ese año, cuando comenzó a reportarse la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la participación laboral de las mujeres no había tenido una caída tan drástica. Entre 2019 y 2020 este indicador se redujo cuatro puntos porcentuales, superando cualquier otra baja observada.

Previo a la pandemia, México registró sus mejores números en participación laboral de mujeres, en noviembre del 2019 se reportó el mejor mes para la intervención de la fuerza laboral femenina en la economía, con una tasa 45.50 por ciento. Ese mismo año, el promedio de los cuatro trimestres fue de 44.72%, el más alto en la historia.

Sin embargo, llegó la crisis sanitaria y ésta puso un freno al avance que de por sí era lento. “Entre 2005 y 2019 vemos que la tasa de participación económica de mujeres creció en cuatro puntos porcentuales, que ha sido una variación relativamente lenta, pero la pandemia prácticamente borró esos avances. La pandemia ha sido un golpe muy duro para la mayoría de las mujeres”, afirmó Fátima Masse, directora de Sociedad Incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Al presentar los resultados del estudio ”#MujerEnLaEconomía: Los beneficios económicos de sumar a más trabajadoras”, la especialista detalló que la pandemia y su impacto en la economía revirtieron los avances de inclusión laboral femenina por tres razones: los empleos de las mujeres se concentran en actividades no esenciales, como el sector servicios; el confinamiento desató una crisis de cuidados, actividades que recaen mayormente en ellas, y el alza de los trabajos en el hogar.

“Es importante reconocer que la pandemia borró este escaso avance de los últimos 15 años, que representa toda una generación laboral perdida y esto, es un desafío enorme para a el país”, puntualizó.

En el IMCO estiman que si no se implementan políticas públicas focalizadas, a México le tomará 60 años retornar a los niveles prepandemia en cuanto a incorporación de mujeres en la economía. En tanto, si de manera intencional en la próxima década se buscara llegar al promedio de 56% de participación laboral femenina de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), esto implicaría sumar a 8.2 millones de mujeres al trabajo formal y equivaldría a un crecimiento económico acumulado de 15% y el ingreso adicional de 3.5 billones de pesos al Producto Interno Bruto (PIB).

“El mayor rezago de México está en las barreras para entrar y ascender en el mercado laboral. Las mujeres de la OCDE destinan una buena parte de su tiempo para ejecutar tareas no remuneradas; sin embargo, en México esta diferencia entre hombres y mujeres es mayor, las mujeres mexicanas destinamos 2.5 veces más horas al trabajo del hogar y de cuidado que los hombres. En contraste, esta proporción en los países de la OCDE es de 1.93”, acotó la directora de Sociedad Incluyente del IMCO.

Para mejorar el acceso de mujeres a la economía y su permanencia, el IMCO recomienda implementar un sistema universal de cuidados y desarrollo infantil, incrementar las licencias de paternidad, fomentar la certificación de la norma 025 sobre igualdad laboral, entre otros. La tasa de participación de México (40.71%) abre más la brecha de nuestro país respecto de otros países de la región como Argentina (51%), Colombia (57%), Brasil (64%) y Perú (71 por ciento).

Con información vía EL ECONOMISTA

PERSPECTIVA. Las mujeres en el mercado laboral padecían obstáculos… y llegó la pandemia a empeorarlo todo

La participación femenina en el mercado laboral se mantuvo en crecimiento durante 15 años. Las remuneraciones de las mujeres y su acceso a prestaciones y puestos de liderazgo, también. Pero el tiempo fue insuficiente para igualar la situación respecto a los hombres. Y entonces vino la pandemia de coronavirus. Su persistencia ha implicado obstáculos importantes para esta positiva tendencia en términos de igualdad. 

Las problemáticas laborales como el desempleo, la subocupación, la informalidad y la precariedad del trabajo se han intensificado de forma importante para las mujeres. Adicionalmente, la desproporción con la que las mujeres realizan tareas domésticas no remuneradas respecto de sus pares hombres se intensificó con los confinamientos pandémicos. 

En términos laborales los meses más difíciles fueron abril y mayo: la tasa de participación laboral femenina se contrajo cerca de 10 puntos porcentuales pasando de 45 a 35%, de acuerdo con cifras desestacionalizadas del Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

El proyecto ECOVID-ML levantado por el Inegi durante abril, mayo, junio y julio para medir el impacto de la pandemia reveló que sólo en abril cerca de 13.6 millones de mujeres fueron expulsadas del mercado laboral, pero declaraban disposición para trabajar si tuvieran una oferta.

Al corte de diciembre del 2020, el año terminó con una recuperación laboral importante, con una tasa de 41% de participación laboral femenina. La tasa de desempleo femenina cerró el año en 4.3%, después de haber tocado niveles de 5.7% en los peores meses. Esta situación muestra que, paulatinamente, las mujeres fueron reintegrándose al mercado laboral, pero en diferentes puestos, con distintas remuneraciones y bajo nuevas dinámicas. 

Más mujeres en la informalidad y con sobrecarga laboral 

La recuperación de los empleos se ha dado principalmente bajo dos líneas: el trabajo informal y el sector del comercio. Y, a diferencia de sus pares hombres, la situación laboral de las mujeres no sólo fue impactada por la crisis económica; el nuevo esquema de educación a distancia ha sido determinante en los cambios de sus dinámicas de trabajo. 

En medio del colapso de muchas empresas y negocio en el país, el empleo formal (los afiliados a instituciones de seguridad social como el IMSS y el ISSSTE) ha eliminado miles de plazas. La alternativa de los hogares para generar ingresos ha sido el comercio de mercancías y servicios al por menor, especialmente para las mujeres. 

Al cierre del 2020 cerca de la mitad de las mujeres que trabajan son informales, de acuerdo con datos desestacionalizados del Inegi. Esto implica que 5 de cada 10 trabaja bajo esquemas que limitan su acceso a derechos laborales como prestaciones sociales, remuneraciones establecidas, contrato de trabajo o incluso acceso a instituciones de salud. Por su parte, cerca del 25% de las mujeres que trabajan lo hacen en el comercio minorista.

Adicionalmente, la pandemia se llevó miles de negocios o empresas de mujeres que daban empleo a otras personas; al corte de diciembre eran 82,361 empleadoras las que salieron de ese grupo. Sólo medio millón de mujeres entre una población de 65 millones tienen la posibilidad de dar trabajo a terceros, para los hombres esta cifra es casi tres veces mayor. 

El primer año con Covid-19 cerró también con una cifra importante de precariedad laboral femenina: 31% de las mujeres ocupadas perciben como máximo un salario mínimo, alrededor de 3,700 pesos cada mes. Esta cifra se reduce a 18% para la población masculina.

La ECOVID-ML del Inegi también mostró que la pandemia golpeó con más fuerza los negocios de las mujeres, por dos razones principales: la mayoría de las trabajadoras por cuenta propia tiene un negocio que no cuenta ni siquiera con un local, y la mayoría tiene negocios que son exclusivamente para la subsistencia familiar. 

Los datos reflejan una exacerbación de las problemáticas laborales de género que ya existían antes de la pandemia y una complicación mayor para resolverlas: las mujeres ya eran un grupo laboralmente vulnerable; la crisis las alejó de los empleos formales, de las ocupaciones mejor pagadas y de los sectores con mayor nivel de profesionalización. 

Esta situación también puede entenderse en gran medida porque a la par de la crisis económica y laboral, todo el sistema educativo paró las actividades presenciales, y las mujeres se han tenido que convertir en las principales guías escolares de los niños y adolescentes. 

De acuerdo con las cifras de la ECOVID-ML casi el 60% de las mujeres encuestadas había mudado sus actividades laborales a su casa y de ellas el 34% declaró que su jornada de actividades de limpieza y cuidados había aumentado con la pandemia. Esta situación refleja que, aunque muchas mujeres se integraron a la informalidad o al sector del comercio por necesidad de ingresos, algunas otras pudieron haberlo hecho voluntariamente como respuesta a la necesidad de tener más tiempo disponible para los quehaceres domésticos, cuidado de menores o adultos mayores, monitoreo de familiares enfermos o incluso guía escolar ante la ausencia de clases presenciales. 

El 2020 cierra con una recuperación casi total de la participación laboral femenina que se registraba antes de la pandemia, pero aunque muchas mujeres han vuelto a trabajar, las condiciones en las que lo hacen se han modificado de manera importante: menos mujeres cotizan en el IMSS e ISSSTE, más mujeres tienen puestos informales en las calles con riesgos laborales y hasta sanitarios, más mujeres conservan sus empleos pero tienen una jornada extra en casa sin pago, más mujeres emprendedoras cerraron sus negocios y más mujeres perciben ingresos bajos. 

A la espera de la vacunación y posteriormente de una reactivación económica, el mercado laboral mexicano, todavía resiente el impacto de la pandemia.

Con información vía El Economista

Diferente población obliga a replantear la enseñanza

A pesar que durante el sexenio pasado la población en edad escolar disminuyó tanto en términos absolutos como relativos, tendencia que se mantendrá en la actual administración, con una reducción anual estimada en 0.4 por ciento de la población escolar, aún se enfrentan múltiples desafíos para garantizar el acceso al derecho a la educación, principalmente en poblaciones vulnerables, como alumnos con discapacidad, migrantes e indígenas.

El informe Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación en México 2020. Principales hallazgos, elaborado por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), destaca que uno de los grandes desafíos del sistema educativo nacional es reducir las brechas entre distintos segmentos de población, principalmente quienes viven en localidades apartadas y dispersas o enfrentan situaciones de vulnerabilidad por diversas circunstancias.

Diferencias por entidades

Detalla que en cada estado la población objetivo no es homogénea ni tampoco las condiciones socioeconómicas que la rodean, por lo que propone estrategias diferenciadas que prioricen a los sectores de mayor vulnerabilidad, pero de acuerdo con sus condiciones, características y necesidades.

El documento, que aborda temas desde la organización y dimensión del sistema educativo, estudiantes, directivos y docentes, así como la formación inicial de docentes, las escuelas y su infraestructura, entre otros, subraya la realidad mexicana que obliga al Estado a considerar como factor sustantivo en los planes y programas de estudio, la situación desigual de niños, familias y comunidades, a fin de desarrollar modelos educativos incluyentes y pertinentes.

Con información vía La Jornada