Participación laboral femenina retrocedió a niveles del 2005

Las mujeres han sido las más afectadas por el impacto de la pandemia en el mundo del trabajo; la Covid-19 borró todos los avances logrados en los últimos 15 años en México. La tasa de participación femenina en el mercado laboral se redujo en 2020 a 40.71%, por debajo del 42.63% reportado en la crisis financiera global de 2009 y similar a la observada en el 2005 (40.8 por ciento).

Al menos desde ese año, cuando comenzó a reportarse la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la participación laboral de las mujeres no había tenido una caída tan drástica. Entre 2019 y 2020 este indicador se redujo cuatro puntos porcentuales, superando cualquier otra baja observada.

Previo a la pandemia, México registró sus mejores números en participación laboral de mujeres, en noviembre del 2019 se reportó el mejor mes para la intervención de la fuerza laboral femenina en la economía, con una tasa 45.50 por ciento. Ese mismo año, el promedio de los cuatro trimestres fue de 44.72%, el más alto en la historia.

Sin embargo, llegó la crisis sanitaria y ésta puso un freno al avance que de por sí era lento. “Entre 2005 y 2019 vemos que la tasa de participación económica de mujeres creció en cuatro puntos porcentuales, que ha sido una variación relativamente lenta, pero la pandemia prácticamente borró esos avances. La pandemia ha sido un golpe muy duro para la mayoría de las mujeres”, afirmó Fátima Masse, directora de Sociedad Incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Al presentar los resultados del estudio ”#MujerEnLaEconomía: Los beneficios económicos de sumar a más trabajadoras”, la especialista detalló que la pandemia y su impacto en la economía revirtieron los avances de inclusión laboral femenina por tres razones: los empleos de las mujeres se concentran en actividades no esenciales, como el sector servicios; el confinamiento desató una crisis de cuidados, actividades que recaen mayormente en ellas, y el alza de los trabajos en el hogar.

“Es importante reconocer que la pandemia borró este escaso avance de los últimos 15 años, que representa toda una generación laboral perdida y esto, es un desafío enorme para a el país”, puntualizó.

En el IMCO estiman que si no se implementan políticas públicas focalizadas, a México le tomará 60 años retornar a los niveles prepandemia en cuanto a incorporación de mujeres en la economía. En tanto, si de manera intencional en la próxima década se buscara llegar al promedio de 56% de participación laboral femenina de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), esto implicaría sumar a 8.2 millones de mujeres al trabajo formal y equivaldría a un crecimiento económico acumulado de 15% y el ingreso adicional de 3.5 billones de pesos al Producto Interno Bruto (PIB).

“El mayor rezago de México está en las barreras para entrar y ascender en el mercado laboral. Las mujeres de la OCDE destinan una buena parte de su tiempo para ejecutar tareas no remuneradas; sin embargo, en México esta diferencia entre hombres y mujeres es mayor, las mujeres mexicanas destinamos 2.5 veces más horas al trabajo del hogar y de cuidado que los hombres. En contraste, esta proporción en los países de la OCDE es de 1.93”, acotó la directora de Sociedad Incluyente del IMCO.

Para mejorar el acceso de mujeres a la economía y su permanencia, el IMCO recomienda implementar un sistema universal de cuidados y desarrollo infantil, incrementar las licencias de paternidad, fomentar la certificación de la norma 025 sobre igualdad laboral, entre otros. La tasa de participación de México (40.71%) abre más la brecha de nuestro país respecto de otros países de la región como Argentina (51%), Colombia (57%), Brasil (64%) y Perú (71 por ciento).

Con información vía EL ECONOMISTA

PERSPECTIVA. Las mujeres en el mercado laboral padecían obstáculos… y llegó la pandemia a empeorarlo todo

La participación femenina en el mercado laboral se mantuvo en crecimiento durante 15 años. Las remuneraciones de las mujeres y su acceso a prestaciones y puestos de liderazgo, también. Pero el tiempo fue insuficiente para igualar la situación respecto a los hombres. Y entonces vino la pandemia de coronavirus. Su persistencia ha implicado obstáculos importantes para esta positiva tendencia en términos de igualdad. 

Las problemáticas laborales como el desempleo, la subocupación, la informalidad y la precariedad del trabajo se han intensificado de forma importante para las mujeres. Adicionalmente, la desproporción con la que las mujeres realizan tareas domésticas no remuneradas respecto de sus pares hombres se intensificó con los confinamientos pandémicos. 

En términos laborales los meses más difíciles fueron abril y mayo: la tasa de participación laboral femenina se contrajo cerca de 10 puntos porcentuales pasando de 45 a 35%, de acuerdo con cifras desestacionalizadas del Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

El proyecto ECOVID-ML levantado por el Inegi durante abril, mayo, junio y julio para medir el impacto de la pandemia reveló que sólo en abril cerca de 13.6 millones de mujeres fueron expulsadas del mercado laboral, pero declaraban disposición para trabajar si tuvieran una oferta.

Al corte de diciembre del 2020, el año terminó con una recuperación laboral importante, con una tasa de 41% de participación laboral femenina. La tasa de desempleo femenina cerró el año en 4.3%, después de haber tocado niveles de 5.7% en los peores meses. Esta situación muestra que, paulatinamente, las mujeres fueron reintegrándose al mercado laboral, pero en diferentes puestos, con distintas remuneraciones y bajo nuevas dinámicas. 

Más mujeres en la informalidad y con sobrecarga laboral 

La recuperación de los empleos se ha dado principalmente bajo dos líneas: el trabajo informal y el sector del comercio. Y, a diferencia de sus pares hombres, la situación laboral de las mujeres no sólo fue impactada por la crisis económica; el nuevo esquema de educación a distancia ha sido determinante en los cambios de sus dinámicas de trabajo. 

En medio del colapso de muchas empresas y negocio en el país, el empleo formal (los afiliados a instituciones de seguridad social como el IMSS y el ISSSTE) ha eliminado miles de plazas. La alternativa de los hogares para generar ingresos ha sido el comercio de mercancías y servicios al por menor, especialmente para las mujeres. 

Al cierre del 2020 cerca de la mitad de las mujeres que trabajan son informales, de acuerdo con datos desestacionalizados del Inegi. Esto implica que 5 de cada 10 trabaja bajo esquemas que limitan su acceso a derechos laborales como prestaciones sociales, remuneraciones establecidas, contrato de trabajo o incluso acceso a instituciones de salud. Por su parte, cerca del 25% de las mujeres que trabajan lo hacen en el comercio minorista.

Adicionalmente, la pandemia se llevó miles de negocios o empresas de mujeres que daban empleo a otras personas; al corte de diciembre eran 82,361 empleadoras las que salieron de ese grupo. Sólo medio millón de mujeres entre una población de 65 millones tienen la posibilidad de dar trabajo a terceros, para los hombres esta cifra es casi tres veces mayor. 

El primer año con Covid-19 cerró también con una cifra importante de precariedad laboral femenina: 31% de las mujeres ocupadas perciben como máximo un salario mínimo, alrededor de 3,700 pesos cada mes. Esta cifra se reduce a 18% para la población masculina.

La ECOVID-ML del Inegi también mostró que la pandemia golpeó con más fuerza los negocios de las mujeres, por dos razones principales: la mayoría de las trabajadoras por cuenta propia tiene un negocio que no cuenta ni siquiera con un local, y la mayoría tiene negocios que son exclusivamente para la subsistencia familiar. 

Los datos reflejan una exacerbación de las problemáticas laborales de género que ya existían antes de la pandemia y una complicación mayor para resolverlas: las mujeres ya eran un grupo laboralmente vulnerable; la crisis las alejó de los empleos formales, de las ocupaciones mejor pagadas y de los sectores con mayor nivel de profesionalización. 

Esta situación también puede entenderse en gran medida porque a la par de la crisis económica y laboral, todo el sistema educativo paró las actividades presenciales, y las mujeres se han tenido que convertir en las principales guías escolares de los niños y adolescentes. 

De acuerdo con las cifras de la ECOVID-ML casi el 60% de las mujeres encuestadas había mudado sus actividades laborales a su casa y de ellas el 34% declaró que su jornada de actividades de limpieza y cuidados había aumentado con la pandemia. Esta situación refleja que, aunque muchas mujeres se integraron a la informalidad o al sector del comercio por necesidad de ingresos, algunas otras pudieron haberlo hecho voluntariamente como respuesta a la necesidad de tener más tiempo disponible para los quehaceres domésticos, cuidado de menores o adultos mayores, monitoreo de familiares enfermos o incluso guía escolar ante la ausencia de clases presenciales. 

El 2020 cierra con una recuperación casi total de la participación laboral femenina que se registraba antes de la pandemia, pero aunque muchas mujeres han vuelto a trabajar, las condiciones en las que lo hacen se han modificado de manera importante: menos mujeres cotizan en el IMSS e ISSSTE, más mujeres tienen puestos informales en las calles con riesgos laborales y hasta sanitarios, más mujeres conservan sus empleos pero tienen una jornada extra en casa sin pago, más mujeres emprendedoras cerraron sus negocios y más mujeres perciben ingresos bajos. 

A la espera de la vacunación y posteriormente de una reactivación económica, el mercado laboral mexicano, todavía resiente el impacto de la pandemia.

Con información vía El Economista

Diferente población obliga a replantear la enseñanza

A pesar que durante el sexenio pasado la población en edad escolar disminuyó tanto en términos absolutos como relativos, tendencia que se mantendrá en la actual administración, con una reducción anual estimada en 0.4 por ciento de la población escolar, aún se enfrentan múltiples desafíos para garantizar el acceso al derecho a la educación, principalmente en poblaciones vulnerables, como alumnos con discapacidad, migrantes e indígenas.

El informe Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación en México 2020. Principales hallazgos, elaborado por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), destaca que uno de los grandes desafíos del sistema educativo nacional es reducir las brechas entre distintos segmentos de población, principalmente quienes viven en localidades apartadas y dispersas o enfrentan situaciones de vulnerabilidad por diversas circunstancias.

Diferencias por entidades

Detalla que en cada estado la población objetivo no es homogénea ni tampoco las condiciones socioeconómicas que la rodean, por lo que propone estrategias diferenciadas que prioricen a los sectores de mayor vulnerabilidad, pero de acuerdo con sus condiciones, características y necesidades.

El documento, que aborda temas desde la organización y dimensión del sistema educativo, estudiantes, directivos y docentes, así como la formación inicial de docentes, las escuelas y su infraestructura, entre otros, subraya la realidad mexicana que obliga al Estado a considerar como factor sustantivo en los planes y programas de estudio, la situación desigual de niños, familias y comunidades, a fin de desarrollar modelos educativos incluyentes y pertinentes.

Con información vía La Jornada