El progreso no sólo privilegio de pocos

Para la ONU el impacto del COVID-19 en la educación, la paz social, el desarrollo sustentable, la nutrición y la salud podría desperdiciar un gran potencial humano y revertir décadas de progreso. Advierte que las brechas socioeconómicas crecientes ponen en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Resulta interesante que en momentos de una pandemia que afecta a ricos y a pobres se hable de progreso cuando es la causa misma de la pandemia. Al mismmo tiempo nos permite hacer una reflexión sobre la idea de progreso fundamental en la modernidad occidental.

Quizás el tiempo sea cíclico, o tal vez se parezca al trazado de una flecha, con un principio y un fin, pero se ha dado en pensar en la historia como un camino hacia la mejora de las condiciones de vida. Se le llamó progreso a la confianza en la capacidad del hombre para satisfacer las necesidades, reducir el dolor y alcanzar la felicidad o, al menos, acercarse a ella. Sin embargo, el éxito que ha tenido el capitalismo en el logro de esos beneficios son la causa de la crisis ambiental que a su vez ha traido la pandemia de la Covid-19, de las anteriorres epidemisas y de las que vendrán sino cambiamos.

Ha habido una discusión en mundo a lo largo de la modernidad occidental, sobre si el progreso existe o no. Para unos el progreso es la historia de multiples innovaciones de la humanidad, lo que explica el enorme progreso de los últimos tres siglos. El pasado nos dicen son etapas de acumulación que nos permiten hoy continuar el desarrollo y la prosperidad. El periodista cintífico ingles, Matt Ridley concluye, que, gracias a la ilimitada capacidad de innovación del ser humano, el siglo XXI supondrá progresos desde el punto de vista material, pero también respecto de la biodiversidad. Da una respuesta universal y sorprendente a los agoreros: el progreso no solo es posible sino probable.

Para otros, el progreso es un mito cada vez más difícil de sostener dada la existencia de caos y barbarie y tratar de mantenerlo es una ficción. El progreso es producto sólo de la modernidad, pues los pueblos anteriores a esa época creían de que había una repetición sin cesar. El eterno retorno de Nietzsche y no la idea lineal del principio y del fin del cristianismo. Agregan que las fuerzas productivas que desencadena el capitalismo industrial y ahora digital son también fuerzas destructivas. Para estos, la temporalidad lineal y abstracta que acompaña al progreso occidental no existe.

Creo que la preocupación de la ONU al afirmar que el covid puede revertir décadas de progreso no alcanza a integrar esa dualidad de la idea de progreso y si sólo de que la dominación del mundo occidenteal se ha puesto en entredicho. Desde el sigo XIX existía la esperanza en algo o en alguien, en un centro alrededor del cual se reunen u ordenan los acontecimeintos. Esta idea de unidad y certidumbre, de vínculo, se desplomó con Nietzsche. A pesar de ello, tuvimos que esperar hasta el siglo XXI para que una pandemia de carácter global nos lo reafirmara, esto es, que no hay certidumbre, que hay un desencato con el crecimiento económico y social y que parece que la fe en el progreso se marchita aunque no desaparezca.

La humanidad, escribió Robert Nisbet, ha avanzado en el pasado, avanza actualmente y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro. Es una idea hegemónica en Occidente que ha prevalecido durante miles de años y que se asemeja en importancia a la libertad, la justicia, la igualdad, etc., Es una idea que fluye de modo lineal que consiste en avanzar, mejorar y perfeccionarse. Sin embargo, agrega Nisbert no hay una prueba empirica de la realidad del progreso y, a falta de ésta, sólo tenemos un dogma. A pesar de ello los mas grandes pensadores de la historia occidental son partidarios de este dogma del progreso.

Este dogma no tuvo siempre un efecto saludable para la humanidad. La historia del progreso es la historia de la barbarie, es la historia de los vencidos, afirma Walter Benjamin. El progreso en sus diferentes nombres: avance, desarrollo, innovación, evolución, primer mundo, civilización, guarda dentro de sí la otra cara: retroceso, subdesarrollo, involución, tercer mundo, pobreza. En nombre del progreso se justifica la barbarie, y es esa justificación la que necesita de la crítica. Un cuestionamiento básico a la tesis del progreso social viene dado desde la pregunta sobre quiénes son los que pueden acceder a tales beneficios y quiénes no.

Con este cuestionamieto que realizó Benjamin en el siglo pasado, se busca darle cuerpo a la otra cara del progreso que consiste en la inclusión de los excluidos y resaltar el hecho de que el progreso no sólo sea privilegio de unos pocos, condenando al anonimato y al silencio a los muchos. La idea de “progreso” nos dice Benjamin, ha servido y sirve como discurso ideológico que usualmente se usa para justificar y legitimar los destrozos que ocasiona. El progreso para las clases dirigentes es el resultado inevitable de unir libertad y ciencia, pero la fe en que la humanidad camina por una senda siempre ascendente, nos ha hecho esclavos de un fetiche. Antes de ser ninguna otra cosa, el progreso fue una doctrina ligada a la supremacía. Por ello, Marx en los Grundrisse, alertaba sobre la necesidad de no tomar el concepto de progreso en su forma habitual.

El entusiasmo progresista se ha mantenido por mucho teimpo. El marxismo concibió la historia como una líneas de avances, pero nos hemos encontrado a lo largo de esta última línea de historia, la de la revolución burguesa, muchas crisis, la del petrolóleo, la de la deuda, la bomba atómica, el fracaso del socialismo real, las dudas sobre si la naturaleza podía satisfacfacer la nesidades humanas, dudas sobre si la técnica es o no destructiva, si es o no la que nos ayudará a salvar el momento crítico de la covid-19. Sin embargo, los parámetros de acumulación y reproducción ampliada del capital, anuncia ya la emergencia de una crisis ecológica sin precedentes. En síntesis, estamos frente a una crisis civilizatoria que cuestiona totalmente la idea de progreso del mundo occidental producido por la modernidad.

Como vimos en un inicio, frente a esta visión pesimista, existen versiones optimistas. Matt Rydley, es uno de ellos, quien documenta con muchos datos empíricos el progreso y dice que nunca como ahora tantos han vivido en mejores condiciones materiales, vidas tan largas, y mayor número de posibilidades vitales; que la gran mayoría de los seres humanos come mejor a pesar de que sigue habiendo miles de millones de personas que diariamente se mueren de hambre; finalmente, argumenta que dentro de menos de 100 años viviremos en un mundo mejor. Como todos lo optimistas asegura con gobiernos eficaces y el desarrollo de la tecnología, la agricultura, la salud, el comercio, entre otros habrá progreso, dado que éste se basa innovar para aumentar la prosperidad. Empero, la pandemia está claramente negando ese optimismo. Aún así, se sigue pensado, siguiendo esta línea de ideas, que si queremos salir rápido de la pandemia tenemos que innovar en la libertad para disminuir el dogmatismo y evitar la planeación centralizada.

El punto mas débil de esta posición es la cuestión de la felicidad, las maneras de alcanzarla y su capacidad para liberarse de los conflictos sociales, políticos, económicos y ahora claramente de salud publica y de la naturaleza. Esto reafirma la idea de Benjamin de que el progreso es una doctrina ligada a la supremacía. Otra debilidad y quizas una de las premisas básicas de la idea del progreso, es que mantiene la fe en los adelantos tecnologicos, pero la aceptación del valor del crecimiento económico por la falta de impacto en la productividad del trabajo los pone en duda. No hay pues, siguiendo a Benjamin, un progreso automático, continuo, infinito, fundado en la acumulación cuantitativa, en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Rechazar el hecho de estar cegado por las falsas promesas del progreso no significa que toda esperanza esté perdida. Tenemos que buscar certezas. ¿qué nos pasaría si desapareciera esta idea de progreso? Que frente a las realidades que tenemos como la Civid-19 y la crisis ambiental que todavía es más crìtica, nos quitáramos ese dogma. Tendríamos que fomentar la creatividad en los más diversos campos; así como, alimentar la espernaza y la creatividad en la humanidad y en los individuos en la posibilidad de mejorar y cambiar el mundo para una vida más equitativa y universal. Esto lo tenemos que hacer de manera individual y colectiva sin la necesidad de un dogma.

Sabemos la importancia que tienen los dogmas en la vida personal de los individuos. Se puede decir incluso que es indispensable. El problema es que las premisas intelectuales en las que se basa este dogma del progreso están debilitándose y más aún con la reciente crisis de la Covid-19 y la crisis del medio ambiente, las le que han aportado más de un grano de arena. Ante ello, resulta crucial la voluntad de cambiar y mejorar. Sin ello, no hay remedio nos dice Nietzsche, pues seguir adelante sin cambiar y mejorar, estaremos bajando escalón por escalón hacia la decadencia.

El capital busca un mercado laboral menos inseguro

Poco a poco el capital ensaya su restructuración. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Ya veíamos ese ensayo en caso del T-MEC. Ahora lo vemos en las pensiones. Este ensayo se hace porque, como dice la OIT, la privatización de los sistemas de pensiones para el retiro ha dejado en América Latina y Europa resultados insatisfactorios, ya que no se cumplieron las metas de ofrecer una mayor cobertura. No solo se estancaron, sino que empeoraron. Para la OIT la tendencia mundial es revertir ese esquema que en México se ha considerado una bomba de tiempo.  

Para sobrevivir el neoliberalismo está reconociendo la necesidad de un mercado laboral menos inseguro, que la redistribución de la riqueza esté nuevamente en la agenda del país aumentando salarios, que políticas excéntricas como la renta básica universal o ingreso vital se incluyan en un nuevo contrato social. En síntesis, reconoce el bienestar de la mayoría. La causa de este cambio es que nadie quiere regresar al mundo pre-pandemia y repetir los errores que se cometieron después del 2008. Sin embargo, más que lo anterior, lo que nos interesa resaltar, es la cuestión de porqué el capital pone a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. La respuesta es muy sencilla, el crecimiento de la productividad del trabajo casi se ha paralizado y las tasas de beneficio están disminuyendo. Esa es la verdadera crisis por la que pasa el capital. El desarrollo capitalista se encuentra en un punto clave de inflexión.

Cuando iniciaron las reformas pensionarias de capitalización individual se le planteó al trabajador convertirse en capitalista. Ha habido otros intentos similares en el mundo como las propuestas de participación accionaria de los trabajadores. Sí existen casos de trabajadores que piensan como un capitalista, pero en el fondo es una aberración que afecta al propio capital. Ya hemos dicho que el capital sin el control laboral y social se desbocaría y, que, gracias a ello, terminará destruyéndose asimismo o auto devorándose. El capitalismo sólo puede sobrevivir mientras acepte voluntariamente o no, que la sociedad le impida ir demasiado lejos de sus límites y con ello socave sus cimientos. Así que, este planteamiento de convertir al trabajador en capitalista era falso hasta para el propio capital. Recuerdo que promocionó el cambio pensionario utilizando un ejemplo chileno donde un taxista jugaba a corredor de bolsa y que, por esa razón, permanentemente vigilaba los cambios en la bolsa para mover su capital pensionario para incrementarlo. Así el neoliberalismo logró convencernos de que era mejor, que ganaríamos más con el sistema de pensiones individualizada.

Muchos quisiéramos el final de la era neoliberal; empero, es el mismo neoliberalismo quien nos lo anuncia. Durante muchos años nos dijeron que no había dinero para asuntos sociales y de salud, para pensiones solidarias y para salarios dignos por ser demasiado caros y que era mejor que el mercado los controlara; pero de la noche a la mañana si hay dinero para mejorar salarios y pensiones. La causa es la propia crisis de neoliberalismo, ya que después de las últimas crisis, la de 2008 y la de la pandemia de 2019, ésta entro en una situación de irreversibilidad. Eso no significa que ya haya muerto, pero contrariamente a su ideología ha aceptado un papel más activo del Estado en la economía. La pandemia es una consecuencia de la crisis capitalista y al mismo tiempo el anuncio de un cambio de sociedad.

En razón de lo anterior, el viejo problema del sistema individualizado de pensiones por fin es tocado. Cierto, no como se quisiera, pero es un paso que es posible dada la crisis económica del país o, dicho de otra manera, lo que permite la correlación de fuerzas; pero, más que nada, abre la posibilidad real de establecer junto con el gobierno una estrategia u onda de cambio que nos permita continuar en ese camino de cambio. Las posibilidades futuras viables surgen de los estados de relaciones existentes entre los diversos momentos. Creo que el gobierno de AMLO ha entendido esta situación y ha contribuido mucho para ese cambio se percibiera. Particularmente para este caso, los especialistas critican el paso dado, porque, para ellos, no resuelve de fondo el problema pensionario y van en contra del espíritu antineoliberal de la 4T, empero no nos dicen que se avanza para hacer más justo el sistema de pensiones y controlar los excesos del capital, los cuales terminarían dañando más al trabajador jubilado sino se cambia.

Más de alguno ya sabíamos que, desde que se tomó la decisión de jubilar al sistema solidario e implementar un sistema individual, terminaría como lo vemos hoy, esto es, pagando una jubilación precaria y que las altas ganancias del sector financiero terminarían siendo mucho mayores de lo que entregarían al final de la vida laboral activa. El sistema estaba diseñado de esa manera, por lo cual no era posible esperar otro resultado. Los neoliberales sabían que el sistema sería rentable sí los trabajadores contribuían con ahorro extra para su jubilación, por eso centraron su publicidad en inculcar el espíritu del ahorro, pero no consideraron u ocultaron que alguien sujeto a un salario fijo y precario era poco posible que ahorrara; así que, tarde o temprano había que dar respuesta a esa ausencia de ahorro, aumentándolo a cargo de cualquiera de los tres aportantes y reducir las ganancias del sector financiero, ajustándolos a niveles internacionales para poder mantenerlos con ganancias y con capital para invertir, tal y como está sucediendo ahora.

Aparentemente esto significa cambiar para que todo siga igual, esto es, para que el neoliberalismo continúe reinando. Los empresarios mexicanos en acuerdo con el gobierno y un sector minoritario del sector obrero impulsaron una iniciativa de reforma al sistema de pensiones mexicano. Reforma que los patrones ya venían promoviendo desde antes de la pandemia. Buscan elevar los montos de las pensiones con un incremento de la proporción contributiva de los patrones para los salarios superiores a cuatro UMA´s y del gobierno para los salarios menores a cuatro UMA´s y disminuir los años de cotización y los costos de la gestión del sistema de pensiones. Nuevamente como en el caso del T-MEC es el capital quien acepta alternativas que le encarecen la explotación de los trabajadores.

La apuesta del gobierno y empresarios es probar con una reforma gradual que se encause en aproximadamente 10 años, un sistema de cuentas individuales que pueda pagar pensiones dignas sin comprometer al erario publico y darles a las empresas el tiempo que les permita recuperarse de la crisis pandémica y post-pandémica. Al mismo tiempo, se espera se acumule ahorro suficiente que permita un aumento en la inversión productiva que ayude a la alicaída economía mexicana. Se habla básicamente de inversión en infraestructura no en bonos gubernamentales. Los recursos pensionarios representan el 16 % del PIB, ahora representarán el 25%. Aunque en nuestro país todavía no llegamos a la situación de los países desarrollados donde hay más adultos mayores que jóvenes en edad laboral, la reforma se realiza pensando en ese cambio en la estructura poblacional del mundo.

Cierto es que se mantiene dentro de los esquemas del SAR y, por tanto, se conserva neoliberal. Por ello se dijo que no había en la propuesta de ley con un cambio estructural y que, por lo tanto, se creó una ilusión de una mayor pensión. Nuevamente estamos frente a lo deseable y lo posible, dicho por el presidente y los empresarios. Pero hay que entender que los propios patronos están preocupados por la continua destrucción del trabajo, cuestión que se ha aprovechado por el gobierno actual para ponerles barreras, encarecerles la explotación del trabajo y detener, por el momento, ese robo pensionario. Lo importante ahora es tomar urgentemente todas las medidas necesarias que nos impone la coyuntura con el objeto de evitar que los ricos sigan enriqueciéndose al grado que lo están haciendo ahora.

Con el nuevo gobierno hay una especie de despertar contra la pura y simple repetición de lo peor. Los dueños del capital sufren en secreto, refuerzan sus armamentos y aceptan encarecer la explotación. Resulta urgente reconstituir o inventar las nuestras. Para que este momento no se estanque en el oportunismo de las organizaciones representativas de los sindicatos y empresarios corporativos, es necesario consolidar el Estado social para poner fin a la terrible miseria de millones de personas y el surgir de una verdad política nueva donde la igualdad se deberá convertir en regla. Ya hemos dicho que la política actúa en colectividades existentes y por eso es mejor hablar de una lucha permanente contra esas representaciones que desaparecerlas, porque, además, empobrecería al Estado. Tenemos que apoyar para reconducir a la débil economía hacia un crecimiento fuerte y sostenible.

Faltan cosas que hacer ciertamente, no se puede resolver todo después de casi 40 años de dominio neoliberal y del cual estamos viendo su caída. El problema no es saber si el neoliberalismo está llegando a su fin, sino que no vemos en escena ningún aspirante a sucederle; hay una desintegración a la vista, pero no bajo el impacto de una oposición organizada y unida de los sindicatos que luchen por un orden social mejor. Antes que las estructuras sociales se hagan más inestables de lo que ya son, necesitamos improvisación, de lo contrario habrá una transición larga e indecisa. Una época de crisis como nueva normalidad.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La revolución digital en tiempos de covid

La revolución digital aceleró su debate con la pandemia. El proyecto libertario de la contracultura norteamericana asentada en california al amparo de la innovación de un grupo de visionarios, perdió su impulso frente a los grandes monopolios de la economía digital que se formaron. Muchos de sus fundadores ahora son sus críticos. El triunfo impresionante del Valle de Silicio poco a poco se fue transformado en un proyecto de tecnopoder que busca administrar todos los sectores de la sociedad, desarrollar una “industria de la vida” que se beneficie de los recursos públicos y el apoyo de políticos. Este proyecto esta brincando del oeste al este de EUA no de manera tersa, pues hay un choque de poderes y de visiones entre estas dos áreas. Este modelo del Valle del Silicio, lo que se ha llamado la siliconización, se está buscando desarrollarlo en del mundo. Todo ello, en medio de un conflicto entre China y EUA.

Los norteamericanos consideran que los chinos están compitiendo para convertirse en los principales innovadores del mundo y afirman que Estados Unidos no está jugando a ganar, por lo que quieren que el gobierno, no sólo la iniciativa privada como se piensa del lado oeste, debería comenzar por definir las prioridades nacionales respecto de las tecnologías emergentes. Parten de la idea de que la ventaja de Estados Unidos en la rama de la inteligencia artificial es precaria si se considera que ésta abrirá nuevas fronteras en todo. La UE, con Alemania y Francia a la cabeza, están impulsando proyectos propios, en tanto que no quieren seguir dependiendo de la infraestructura digital norteamericana y, por tanto, no seguir fortaleciendo su poder económico y digital. China sigue en su proyecto de convertirse en los principales innovadores del mundo y llegar a ser la más grande economía en 2030.

Con la pandemia de la Covid-19 y el uso intensivo de las nuevas tecnologías que se hizo para ayudar a enfrentarla mejor, este conflicto mundial regresó a las mesas de análisis de los pensadores mundiales. Sin embargo, lo hacen desde una visión superficial, pues la mayoría de los ensayos y trabajos periodísticos presentados en los diferentes medios mundiales se centraron en el punto de la privacidad de la información, de los derechos humanos y alertando sobre la transformación de los estados en tecno-totalitarios. Empero, sólo los menos se centraron el punto nodal: que los grandes beneficiados de la pandemia del Covid-19, son los monopolios digitales asentados en EUA y que hay una disputa interna en EUA y de este contra el mundo, por quien hegemonizará la economía digital los próximos años, ya que la digitalización de todo otorga a las empresas tecnológicas un inmenso poder social. La relación, durante años idílica, entre la red social y Trump parece haberse roto. El conflicto entre Trump y Twitter rebela una de las batallas de nuestro tiempo, que no es sólo la libertad de expresión o la desinformación.

Mientras se discutía sobre la Covid-19 en el mundo sobre las medidas de restricción social para evitar la rapidez de los contagios, su duración, el tiempo que permanencia la inmunidad y las posibles vacunas, en paralelo, en los países democráticos se debatía sobre la experiencia de los usos de la Inteligencia Artificial en los países asiáticos, sus repercusiones en la democracia occidental y la utilidad para ayudar en la solución. Recordemos que fueron los asiáticos los primeros en empezar con la pandemia y los que, entre otras cosas, utilizaron la inteligencia artificial como el reconocimiento facial y los teléfonos inteligentes para geolocalización y monitorear los movimientos de las personas que estuvieron en contacto con enfermos y alertar de zonas de contagio, entre otras varias ayudas tecnológicas.

La Civid-19 vino a darle un impulso muy importante al uso de la inteligencia artificial pues todos los países terminaron por utilizarla como ayuda, pero también despertó los demonios y traumas que la democracia occidental siempre ha tenido con los países orientales a los que no bajan de autoritarios y terroristas y con sus propias creencias de derechos y libertades individuales asentados desde el inicio de la modernidad. Por esa razón, la argumentación no respondió a un análisis integral del problema, como lo muestra el hecho que hayan utilizado de manera superficial el discurso de los críticos fundadores del Valle del Silicio, quienes defienden los objetivos iniciales de la digitalización como un servicio para mejorar el bienestar social y al internet como un espacio de libertad, pero también afirman que a lo que estamos llegando es a un capitalismo de vigilancia, como una nueva forma de totalitarismo. Es claro que son dos cosas diferentes. Maurizio Lazzarato habla de una servidumbre maquínica donde la tecnología se ha convertido en un nuevo instrumento de dominación, que es muy diferente cuando se defiende la privacidad y los derechos humanos.

El virus mostró la insolvencia del neoliberalismo para resolver los problemas que él mismo había causado y ahora, para usar una expresión de Evgeny Morozov quieren utilizar el solucionismo tecnológico para mantenerse sin que cambien las cosas, ampliar el nuevo poder que trae la acumulación de datos que la gente voluntariamente les dio y ocultar los verdaderos objetivos de las grandes plataformas de la economía digital. Atacar por el lado de la privacidad significa perder la perspectiva sobre el verdadero fin de la economía digital. Pero Morozov va más allá y afirma que esta estrategia de solucionismo tecnológico es una manera de evitar la política. Afirma que la con la Inteligencia Artificial y el Big Data se pretende hacer más fácil el mundo post-neoliberal, pues desactiva y descarta soluciones políticas y hacer que la gente expuesta a datos mediante aplicaciones, pueda actuar por el bien público.

Naomi Klein, la prestigiada economista canadiense, asegura que el rastreo de datos, el comercio sin efectivo, la telesalud, la escuela virtual, el teletrabajo y hasta los gimnasios y las cárceles, parte de una propuesta altamente rentable y sin contacto humano. Ahora, nos dice, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia. Y agrega algo fundamental y poco tratado, como es que es un futuro que afirma estar basado en la inteligencia artificial, en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, esto es, la hiperexplotación.  Dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose, esos son lostrabajadores del clic.

En realidad, pues la tecnología no es ni buena ni mala; empero, pasan por alto otros elementos secundarios importantes que debemos analizar.  Todos los analistas coinciden en lo dicho por Robert Solow, premio novel de economía 1987, en que en la cuarta revolución industrial se veían las computadoras por todos lados menos en las estadísticas de productividad. A eso que se le llamó la paradoja de la productividad, para la que se buscaron diferentes estrategias de cómo enfrentarla. Los más optimistas aseguran que sólo hay que darles tiempo a las nuevas tecnologías para que cuajen en el mercado y puedan desarrollar todo su potencial en la economía y que, además, se estaba midiendo mal aspectos de esta tecnología que no están visibles. Hasta la fecha no se ha podido resolver esa paradoja y los empresarios prefieren mejor hacer recompras de acciones o de bonos gubernamentales, esto es mantenerse en la especulación, que invertir en las nuevas tecnologías.

Aun así, todo indica que vamos a vivir cambios profundos. Nos espera un futuro dominado por el mundo de las nuevas tecnologías. Pero antes tenemos que ver lo que hace más de cincuenta años se dijo y que ahora podemos aplicar a la inteligencia artificial. La gestión de la crisis sanitaria ha revelado las fuerzas y flaquezas de la IA. Esta no puede prever lo que no se ha producido y, por lo tanto, no hay datos con los que se pueda alimentar. Por más volumen de información que puedan procesar, ante un hecho emergente como el SARS-Covid2 nada puede hacer. Ya lo decía muy bien Gilbert Simondon en “El modo de existencia de los objetos Técnicos” lo que reside en las máquinas es la realidad humana, es una extensión del humano, por lo que no pueden funcionar sin su participación. La IA esta llena de fallos los que deben ser constantemente arreglados mediante el uso intensivo del trabajo humano, quien es el que les suministra datos fiables y utilizables. Ahora, con los datos derivados de los diferentes análisis que se han realizado en el mundo sobre la pandemia y con apoyo de experiencias anteriores es que la AI será de utilidad indispensable.

Como se puede observar, pues, a los miedos, los traumas y los demonios que ha despertado el uso de las tecnologías en épocas de Covid-19, se agrega el que el uso que se le dio se pueda quedar permanentemente en nuestras vidas. Es claro el tema sobre la relación de los humanos y la tecnología no se solucionará con más democracia o apelando a la responsabilidad de usuarios de redes y de internet, como lo pregona grupos de defensa que hablan de la necesidad de luchar contra el mundo virtual y, en ese sentido, se preguntan hasta dónde estaremos dispuestos a ceder nuestro derechos y libertades. Es terrorífico, nos dicen, pensar la gente se acostumbre al actual estado de cosas. La realidad es que el actual estado de cosas es que vivimos demasiado rápido, demasiado acelerados; todo va tan rápido que perdemos, el contacto con la vida, lo que genera un vacío, una frustración, un deseo del objeto, que es llenado por el consumismo, que es una de las esencias del capitalismo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vinculación ni más cercanía, por ello, tenemos que inventar nuevas formas de acción.

Eduardo Torres Arroyo

CEN STRM