Deben gobiernos recuperar su papel en el desarrollo y no dejarlo al mercado: expertos

Al participar en un foro sobre los cambios normativos que deben seguir tras la pandemia, académicos e investigadores indicaron que el modelo económico debe cambiar a fin de que el Estado fomente el desarrollo de infraestructura, como el sector salud, cuyas carencias, afirmaron, contribuyen a la crisis económica.

En el foro A 12 meses de la pandemia, ¿cómo construimos una nueva normalidad justa y equitativa?, convocado por el Observatorio Académico de Sociedad, Medio Ambiente e Instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, el doctor en economía Arturo Huerta explicó que la emergencia sanitaria ha mostrado que en los años recientes las políticas en el mundo han privilegiado el sistema financiero y se relegó el sistema de salud.

Por ello debe reformarse el sistema económico para que los Estados recuperen su participación en el desarrollo en lugar de dejarlo al mercado. Subrayó que en México se ha emprendido una política de austeridad fiscal para frenar el gasto a fin de que no aumente la deuda. No obstante, consideró que esta acción tiene efecto contraproducente, ya que detiene el crecimiento y, lejos de su objetivo, no detiene el incremento de la deuda pública.

Tras la emergencia sanitaria, agregó, habrá un crecimiento diferenciado entre quienes están retomando el control de su moneda para financiarse con ella y poder invertir y gastar, y aquellos países, como el nuestro y muchos países de Latinoamérica, que no tenemos control de la moneda, no nos podemos financiar con ello, y seguimos con políticas de austeridad fiscal.

Gustavo Gordillo, doctor en desarrollo económico y especialista en políticas sobre seguridad alimentaria, apuntó que modificar los programas gubernamentales para enfocarse en pequeños productores fue un acierto del gobierno federal, pero indicó que no se deben atender por separado la parte urbana y la rural.

CON INFORMACIÓN VÍA LA JORNADA

Covid-19 impulsa uso de laptops, smartphones recuperan crecimiento

La cantidad de dispositivos PC (portátiles y de escritorio), tabletas y teléfonos móviles en uso a nivel mundial sumará un total de 6.2 mil millones de unidades en 2021, tras un crecimiento de 2.3 por ciento respecto al año anterior, impulsado en parte por el crecimiento de tabletas y laptops, y la recuperación en el mercado de smartphones, según el más reciente informe de Gartner.

“Con el trabajo remoto convirtiéndose en trabajo híbrido, la educación en el hogar transformándose en educación digital y los juegos interactivos moviéndose a la nube, tanto los tipos como la cantidad de dispositivos que las personas necesitan, seguirán aumentando”, dijo Ranjit Atwal, director senior de investigación de Gartner. 

En 2022, la base global de dispositivos instalados está en camino de alcanzar los 6.4 mil millones de unidades, un 3.2 por ciento más que en 2021. Si bien el cambio al trabajo remoto exacerbó el declive de las computadoras de escritorio, por otro lado impulsó el uso de tabletas y computadoras portátiles.

En 2021, la cantidad de computadoras portátiles y tabletas en uso aumentará un 8.8 por ciento y un 11.7 por ciento, respectivamente, mientras que se espera que la cantidad de computadoras de escritorio en uso disminuya de 522 millones en 2020 a 470 millones en 2022.

Por su parte, Gartner considera que la confianza de los usuarios está regresando en el mercado de los smartphones que había reportado caídas en envíos y por número de  dispositivos instalados en años anteriores.

Aunque la cantidad de teléfonos inteligentes en uso disminuyó un 2.6 por ciento en 2020, la base instalada estos dispositivos está en camino de volver al crecimiento con un aumento del 1 por ciento en 2021.

“Con más variedad y opciones, y teléfonos inteligentes 5G de menor precio para elegir, los consumidores han comenzado a actualizar sus smartphones o feature phones”, dijo Atwal. Además de su papel en actividades económicas o educativas, estos dispositivos también han permitido a las personas comunicarse y compartir momentos de manera remota mientras se mantienen las medidas de distanciamiento social.

Al considerar los cambios en los patrones de uso y consumo de los dispositivos a partir de los efectos de la pandemia por Covid-19, Gartner espera que los trabajadores utilicen cada vez más una combinación de dispositivos propiedad de la empresa y de su propiedad que se ejecutan en Chrome, iOS y Android, lo que aumenta la complejidad del servicio y la asistencia de TI.

“La conectividad ya es un problema para muchos usuarios que trabajan de forma remota. Pero a medida que la movilidad regrese a la fuerza laboral, la necesidad de equipar a los empleados para que sean capaces de trabajar en cualquier lugar con las herramientas adecuadas será crucial. La demanda de computadoras portátiles conectadas 4G/5G y otros dispositivos aumentará a medida que aumente la justificación comercial”, dijo Atwal.

Con información vía DPL News

Deja “home office” cansancio y desesperación

El trabajo a distancia tomó por sorpresa a muchos mexicanos. Unos no se adaptaron, otros mejor renunciaron y algunos más están desesperados por la mayor carga de tareas y el estrés. Esas son las secuelas del home office tras un año de confinamiento por la pandemia del Covid-19.

El director general del Centro de Formación Integral y Perfeccionamiento Directivo (ICAMI), vinculado al IPADE, Alfonso Aguilera, dijo a EL UNIVERSAL que si bien hubo beneficios de laborar desde el hogar, también se generaron problemas.

De acuerdo con una encuesta entre directivos y mandos medios de empresas para medir los retos del teletrabajo durante la contingencia sanitaria, 5% de los empleados no se adaptaron a realizar actividades a distancia y 35% padecen desesperación.

Aguilera comentó que los empresarios se dieron cuenta que el teletrabajo llegó para quedarse y al menos 40% de los trabajadores ya no regresarán a oficinas, porque las mismas empresas dejaron de rentar los inmuebles.

Por ejemplo, “los primeros meses fueron interesantes, regresar a casa fue una dinámica bien aceptada por la gente”, al no haber horas de traslado tuvieron más tiempo y se la otorgaron al trabajo, a labores del hogar y al cuidado de los hijos”, detalló.

Sin embargo, poco a poco se registraron problemas de todo tipo, laborales, familiares y económicos, porque al ver que la pandemia duraría más, en algunas empresas se hicieron ajustes en sueldos; no se respetaron horarios laborales, por lo que hubo personas que comían frente a las computadoras; para otras el cuidado de los hijos se añadió a las tareas diarias, por lo que se les dificultó participar en juntas.

A nadie se le dio un curso de inducción sobre qué era el home office, así que en un principio algunos dijeron que padre voy a estar en mi casa, pero con el tiempo hay quienes ya ven efectos adversos y esto no nos gusta, indicó.

Además, hay trabajadores que laboran más, problemas familiares, divorcios y se redujo el tiempo de calidad para los hijos: “Hemos visto familias que ya tenían problemas y ahora se están disolviendo. Incluso, en las que no los tenían, surgieron conflictos en su forma de relacionarse porque no estaban acostumbradas a un alto tiempo de convivencia, y donde había problemas, con tanta demanda de tiempo y estrés se están fracturando”, expuso.

Difícil entorno

De 5% que no se adaptó hubo quienes no se conectaron en línea, no se reportaron a sus trabajos, se les dificultó cuidar a los hijos y laborar, tuvieron un enfermo en casa, no supieron manejar la tecnología, así que hubo dos soluciones, algunos renunciaron y a otros la empresa les cambió las labores que desarrollaban.

De la proporción de encuestados al borde de la desesperación por una excesiva carga de trabajo, una gran mayoría argumenta tener cansancio extremoangustia, problemas de sueño, lo que ya los llevó a tener conflictos familiares y en el trabajo.

El directivo dijo que este tipo de personas, sin una plática previa, son los que renuncian.

“Un 35% está al borde de la desesperación, el trabajador se pone a llorar porque lleva cansancio extremo, y no es que la empresa no atienda el problema, es que no lo está comunicando.

“De las renuncias que se dan, une 10% es gente que tiene otra propuesta y se va”, precisó.

Con información vía EL Universal

Pandemia empujó a 13 millones de personas de la clase media a la pobreza laboral

Las personas que mejor ganaban antes de la pandemia de Covid-19 se mantuvieron prácticamente en esa situación, igual que quienes tenían los ingresos laborales más bajos. Sin embargo, aquellas que con su trabajo lograban de vez en vez sacar la cabeza del agua se ha vuelto a hundir: las que pertenecían a las clases medias.

De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), más de 13 millones de personas con ingresos medios y altos cayeron al grupo de menores ingresos. Se trata de población que, en general, ganaba lo suficiente para vivir bien, sin apuros graves pero tampoco en la riqueza, y que ahora “pasó a la pobreza laboral”, indicó Rodolfo de la Torre, director especialista en desarrollo social con equidad de ese organismo.

La semana pasada el CEEY presentó el cuarto número de su boletín Movilidad Social en el Mercado de Trabajo. En conferencia de prensa en línea, De la Torre informó que, respecto al 2019, en el 2020 hubo más personas que descendieron de nivel socioeconómico y menos trabajadoras y trabajadores que lograron ascender. Es decir, más gente quedó atrapada en la pobreza laboral.

El año pasado, la movilidad considerada de “no pobre a pobre” bajaba de “no pobre a pobre” incrementó a 20 por ciento. En 2019 esa población representaba el 17% y en 2018 era el 18 por ciento. Al mismo tiempo, el que subió de pobre a no pobre fue menor; en 2020 fue de 16%, mientras en 2019 llegó a 19 por ciento.

Lo que esto nos muestra es “la poca estabilidad de los ingresos laborales” que tenían las personas en México y que se ahondó en 2020 por la covid-19, explicó Roberto Vélez Grajales, director ejecutivo del CEEY.

Mujeres, atrapadas

La suspensión de diferentes actividades económicas fueron la causa de un aumento de 4% en la pobreza laboral, explicó Rodolfo de la Torre. Casi el 24% de la población económicamente activa dejó de buscar trabajo, “y los aún empleados redujeron su ingreso”, indica el reporte.

Pero no sólo el cierre de muchas industrias influyó en la falta de ingresos laborales y en el aumento de la pobreza. No al menos para las mujeres. El incremento del trabajo del hogar y de cuidados agravó la situación de cientos de miles de ellas.

A inicios de 2020 había 5.5 millones de mujeres que, aunque necesitaban o deseaban trabajar, no podían buscar un empleo porque ya tenían un trabajo no remunerado en casa. Para finales del año esa población llegó a 5.8 millones. Pero “en el pico más alto” de la crisis, de julio a septiembre del año pasado, eran 6.4 millones de mujeres, informó Rocío Espinosa, analista del CEEY.

Previo a la covid-19, en total, había 7.2 millones de personas excluidas del mercado laboral por la inseguridad, la baja escolaridad, la falta de experiencia laboral, embarazo o el cuidado de otras personas. De ellas, 75% era mujer. Al cierre de 2020 esa población de hombres y mujeres subió a 7.8 millones, dijo la investigadora. El momento más difícil fue el tercer trimestre, cuando habían 8.6 millones en esa condición.

Recomendaciones de política

En esta cuarta entrega del boletín, las y los especialistas del CEEY se centraron en los efectos del coronavirus en el ámbito de la movilidad laboral. Para ello se basaron en los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

En el primer año de la pandemia, hubo una ligera baja en el grupo de personas en condición de “pobreza persistente”. La población que, al menos a lo largo de un año, no logra salir de la precariedad continuó a la baja por tercer año consecutivo: en 2018 era el 24%, para 2019 se redujo a 23% y en 2020 llegó a 22 por ciento.

Del otro lado de la pirámide, la población considerada como “no pobre persistente”, es decir, que se mantienen en una estabilidad económica debido a sus altos ingresos laborales creció a 43 por ciento. En 2019 representaba 42% y en 2018, 41 por ciento.

“La pandemia generó considerables desigualdades. Pero algunas personas lograron mejorar su actividad económica porque se dedican a la venta de alimentos o de productos no afectados por la pandemia”, explicó Rodolfo de la Torre.

Con información vía El Economista

La cifra de pobres en México aumentó 9 millones en dos años

En los dos años anteriores el número de personas en pobreza aumentó 9 millones y 6.5 millones se sumaron a quienes no pueden adquirir una canasta básica de alimentos con sus ingresos. El alza se dio sobre todo en los primeros meses de confinamiento por la pandemia, durante abril y mayo y, aunque a finales de 2020 se había revertido parcialmente esta tendencia, “la crisis no sólo aumentó la pobreza, sino que la profundizó”, documenta el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED).

En todo el país, tipo de localidad y actividad se registraron aumentos de pobreza. La crisis contiene acentos y matices, hubo una mayor pérdida de ingresos en los hogares con trabajadores dedicados al sector servicios, en los habitados por personas menores de 18 años y en aquellos ubicados en las ciudades. La realidad general es que “los pobres ahora son más pobres que en 2018”, expuso el grupo de académicos perteneciente a la UNAM.

Al menos una de cada cinco personas se encontraba en pobreza extrema y más de la mitad en pobreza general por ingresos al cierre del año pasado, muestra el estudio La pandemia y la pobreza en México en 2020, realizado por los investigadores Héctor Nájera y Curtis Huffman. Se tomaron como base las encuestas de ocupación y empleo y la más reciente de ingreso y gasto en los hogares, todas levantadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Para calcular estos incrementos en la vulnerabilidad por ingresos, los cuales cayeron hasta 9 por ciento con la crisis sanitaria, se usaron dos escenarios, uno con base en la inflación general y otro en la canasta de alimentos que registra el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social; esta última medición exhibe que antes de la pandemia ya se había dado un deterioro en los niveles de pobreza extrema, dada la velocidad a la que se ha encarecido la comida frente a otros bienes básicos.

En el escenario que considera la inflación general se observa que la pobreza extrema estaba en 16.8 por ciento en 2018 –y en el mismo nivel previo a los confinamientos en México–, llegó hasta 22.6 por ciento en mayo y luego descendió a 21.5 por ciento en el último trimestre de 2020.

La pobreza extrema implica que el ingreso es tan bajo que, aun si se dedicase por completo a la adquisición de alimentos, no es suficiente para garantizar la salud de las personas; eso destaca porque al tomar como base la canasta de alimentos de Coneval se observa que en esta circunstancia estaba 16.8 por ciento de población hace dos años, en febrero de 2020 ya había incrementado a 20 por ciento y al cierre del año pasado se ubicó en 27.2 por ciento, casi uno en tres habitantes en México.

A su vez la pobreza general –medido el ingreso con la inflación– pasó de 48.8 por ciento en que se encontraba hace más de dos años a 55.7 por ciento al cierre de 2020; pero al tomar como parámetro únicamente el encarecimiento de alimentos básicos, brincó de 48.8 por ciento a 64.7 por ciento, es decir que seis de cada 10 mexicanos (incluso un poco más) no pueden cubrir alguna de sus necesidades básicas, como salud, educación, alimento, vivienda.

Con la pandemia estos indicadores vieron un mayor incremento en los hogares que tienen población menor a 18 años y en los estados con más población o donde la actividad económica se basa en servicios; destacan Baja California, Ciudad de México, estado de México y Quintana Roo, con un alza de alrededor de 10 puntos porcentuales.

Con información vía La Jornada

Prevalece el abuso laboral en contra de empleados domésticos

El trabajo doméstico es una de las actividades de sobrexplotación laboral, señaló María de Jesús López Amador, académica de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lo anterior, declaró, debido a las largas y extenuantes jornadas de trabajo sin días de descanso, malos tratos y discriminación por parte de los empleadores, bajos salarios, falta de seguridad social. Incluso, añadió, en numerosos casos se desempeñan sin percibir sueldo; en todo caso, les ofrecen hospedaje y alimentos a cambio de su trabajo.

Pero no sólo eso, declaró que, a partir del confinamiento, empleadas y empleados están en riesgo económico y desprotegidos en general.

“Cuatro de cada 10 empleados domésticos ganan entre uno y dos salarios mínimos, y 5 por ciento gana más de tres; es decir, por día algunos reciben cerca de 150 pesos. Aunque se han hecho reformas a las leyes Federal del Trabajo y del Seguro Social se sigue dejando afuera la posibilidad de que se jubilen, de definir un salario al día por prestaciones adquiridas por los años trabajados, e incluso siguen sin saber cómo afiliarse a un sistema de seguridad social.”

Vacíos de política pública

Con motivo del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, la especialista consideró que falta normatividad para un salario mínimo justo y que puedan profesionalizarse porque realizan diversas rutinas, pero el pago es desproporcionado. “Hay quienes ven en este tema nuevas formas de esclavitud, porque son sobrexplotadas, obtienen poco pago y son víctimas de abusos”.

Para López Amador, los días internacionales permiten visibilizar algún fenómeno social. En el caso del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, invita a los países a mirar hacia el interior y detectar los vacíos de política pública para fortalecer lo necesario a fin impulsar los derechos de este sector laboral.

Con información vía La Jornada

Coronavirus: los 3 países de América Latina donde más cayó el empleo femenino (y qué están haciendo para recuperarlo)

Si hay algo que dejó en claro esta crisis es que las mujeres han perdido el empleo más rápido que los hombres y lo están recuperando a una velocidad mucho más lenta.

Y eso es solo considerando los empleos formales en una región donde más del 50% de las personas vive de trabajos informales que no aparecen en las estadísticas.

Con datos recolectados en 10 países de la región, “los más afectados con la caída del empleo femenino son Chile, Perú y Brasil“, le dice a BBC Mundo Marcelo Cabrol, gerente del Sector Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“La diferencia más grande en el empleo de hombres y mujeres está en Chile”.

En ese país mientras el empleo de los hombres retrocedió 9%, el de las mujeres bajó 15% entre febrero y diciembre de 2020.

Eso lo convierte en el país con la mayor diferencia de caída de empleo entre mujeres y hombres de la región.

La brecha salarial en Chile

Durante la pandemia la participación laboral bajó, eso quiere decir que muchas mujeres salieron del mercado y no están buscando trabajo.

Por esa razón no son desempleadas técnicamente, pues para entrar en la categoría de desempleado hay que estar buscando activamente trabajo.

Y esto no es igual en todos los países. Las mujeres uruguayas, por ejemplo, han salido a buscar trabajo cuando lo han perdido y por tanto engrosan las filas de cesantes.

En cambio, las chilenas han tenido que quedarse en casa o han preferido no seguir buscando trabajo.

“Creemos que se explica por la brecha salarial”, dice Cabrol, ya que si cierran las guarderías y además las mujeres ganan menos que los hombres, hay más probabilidades de que la mujer se quede en casa y no intente volver a entrar al mercado laboral.

Los trabajos vulnerables en Perú

En Perú (con datos de Lima Metropolitana) el empleo femenino bajó 15% y el masculino 11%.

En ese país el empleo de las mujeres se concentra mucho más en trabajos vulnerables, como los trabajos por cuenta propia, negocios familiares y otras actividades que no requieren una relación contractual.

Y además se concentra en industrias que han sido más golpeadas por la crisis en toda la región, como los servicios y el comercio.

En el caso de Perú, este fenómeno se da con más fuerza.

La maternidad en Brasil

En Brasil, la mayor economía de la región, la caída del empleo fue de 13% para las mujeres y 11% para los hombres.

Pero la situación fue diferente para las mujeres con o sin hijos.

Mientras las mujeres sin hijos estabilizaron su situación en el tercer trimestre, el empleo para las madres siguió cayendo.

A eso se suma una realidad que afecta a toda la región: las mujeres realizan el 80% del trabajo doméstico, de cuidado de niños, de adultos mayores y enfermos.

“La presencia de hijos te saca más rápido del mercado laboral y hace que te demores más en regresar”, explica Cabrol.

“Es como un efecto pegajoso”, ya que las mujeres pierden el trabajo y si las escuelas no abren, la situación se complica.

¿Qué se está haciendo para recuperar el empleo de las mujeres?

“Lo que hemos visto durante la pandemia es que solo el 22% de las medidas que han tomado los gobiernos tiene una perspectiva de género”, señala Cabrol.

El resto son planes para apoyar la recuperación del empleo tanto femenino como masculino.

Para disminuir la brecha de género en el mercado laboral, el especialista propone medidas como entregar incentivos financieros para que las empresas contraten más rápido a mujeres que a hombres.

“Incentivos que pueden darse a través de créditos blandos, que en algunos países han funcionado, aunque a pequeña escala”, precisa.

Otras alternativas son la entrega de bonos de género y acelerar la inclusión digital de las mujeres. En ese sentido, Cabrol plantea que es necesario reeducar a la fuerza laboral femenina para que aprenda las nuevas habilidades que va a requerir el mercado en el futuro.

Con información vía BBC Mundo

PERSPECTIVAS. Cómo la pandemia puede afectar la inteligencia social de los niños

¿Recuerdas la emoción y la anticipación de tu primer día en la escuela? Quizás anhelabas hacer nuevos amigos. O quizás eras tímido y te sentías ansioso.

Las investigaciones muestran que tal entusiasmo y estrés son las dos reacciones más comunes al comenzar la escuela. Y es muy revelador que gran parte de esta respuesta emocional sea social.

Los niños son aprendices sociales entusiastas y desarrollan habilidades como compartir, resolver conflictos y empatía a un ritmo rápido.

Actualmente muchos niños ya han asistido a grupos de padres y niños pequeños o a la guardería antes de comenzar la escuela.

Entonces, incluso si no tienen hermanos, su cognición emocional y social ya ha comenzado a desarrollarse.

Pero durante los confinamientos por covid-19 se han perdido muchas oportunidades de aprendizaje social.

¿Cómo afectará esto al desarrollo de los niños y qué podemos hacer al respecto?

Desarrollo social cognitivo

El desarrollo del cerebro comienza poco después de la concepción y continúa al menos hasta la edad adulta.

Está formado por una interacción compleja entre los genes y el medio ambiente.

En lo que respecta a la cognición social, existe evidencia de períodos críticos en el desarrollo del cerebro, como la adolescencia.

El desarrollo social cognitivo, sin embargo, se inicia en el primer año de vida, cuando los niños comienzan a desarrollar la “teoría de la mente”, es decir, comprender lo que piensan los demás, que continúa hasta los cinco años.

El juego es una parte importante de este proceso ya que implica mucho contacto físico y el desarrollo de amistades, lo que ayuda a los niños a afrontar las emociones y mantenerse mentalmente fuertes.

Los investigadores todavía no comprenden totalmente las formas en que los confinamientos afectarán a los niños debido a interacciones sociales reducidas o retrasadas.

Pero un estudio reciente proporciona evidencia de que la cognición social de algunos adultos se ha visto afectada por los confinamientos de covid-19.

El estudio mostró que las personas experimentaron una reducción en los sentimientos positivos, lo que los inclinó a pensar negativamente, lo cual se relacionó significativamente con su conexión social.

Los que estaban menos conectados socialmente se vieron más afectados.

Es probable que los niños sean aún más vulnerables en lo que se se trata de los efectos a largo plazo de un retraso o ausencia en la interacción entre pares.

Sabemos que el desarrollo del cerebro social es una calle de dos sentidos: el entorno, en este caso la interacción social entre compañeros, afecta al cerebro y el cerebro afecta a la respuesta emocional y conductual a los compañeros.

La cognición social no solo es necesaria para el éxito en los entornos escolares y laborales y las relaciones personales, sino también en la “cognición caliente” en general, que es esencialmente un razonamiento emocional tomado como un todo.

Y sabemos que dicha cognición es un componente básico de la “cognición fría”, que implica habilidades como la atención, la planificación y la resolución de problemas.

Por ejemplo, si los niños no pueden tener juegos creativos con otros niños, es probable que también se vean afectados el aprender a empatizar, comprometer y manejar sus emociones y el desarrollo del lenguaje y la comunicación social.

De hecho, se ha demostrado que los niños con mayor cognición social obtienen mejores resultados en la escuela secundaria.

Pasos a seguir

Para los niños pequeños confinados, los Zooms y las reuniones remotas simplemente no son suficientes.

Una madre, que tuvo que lidiar con confinamientos perpetuos, nos expuso el problema muy claramente.

“Mi hijo de seis años de repente se pone muy tímido cuando habla con sus compañeros de clase en Zoom”, dijo.

“Y los niños no solo se pierden de ver a sus compañeros, sino que los modelos a seguir adultos, como los abuelos y los maestros, también desaparecen de repente”, agregó.

“A la mayoría de los niños pequeños que conozco no les gustan las videollamadas, por lo que estas no sustituyen la interacción social como pueden hacerlo con los adultos”.

Algunos niños, incluidos aquellos que son tímidos o ansiosos y aquellos con trastornos del desarrollo neurológico como el trastorno del espectro autista (TEA), pueden verse especialmente afectados.

Respecto a este último grupo, es importante que los tratamientos psicológicos y farmacológicos se inicien a una edad temprana, lo que implica interacción social.

Un estudio reciente mostró que es posible mejorar los síntomas del TEA en niños pequeños de tres a seis años con TEA grave.

Por lo tanto, lo mejor que pueden hacer los padres en este momento es asegurarse de que sus hijos pequeños tengan oportunidades de jugar e interactuar socialmente con otros niños tan pronto como termine el confinamiento y sea seguro hacerlo.

Los gobiernos también deben desarrollar programas especiales para niños pequeños que les ayuden a recuperar el período crítico de desarrollo social del cerebro que han perdido.

Existe evidencia de que los niños pueden beneficiarse del entrenamiento cognitivo social, como leer y hablar sobre historias emocionales.

La soledad afecta a todas las edades y es perjudicial para la salud y el bienestar físico y mental.

Afortunadamente, ahora sabemos que nuestros cerebros todavía están en desarrollo hasta la edad adulta temprana y, por lo tanto, la posibilidad de volver a aprender las habilidades perdidas aún puede ser posible.

Con información vía BBC MUNDO

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.