Sindicalismo en México, una realidad sólo para 14% de las personas trabajadoras

El 86% de la población asalariada en México no está afiliada a un sindicato, según el Observatorio de Trabajo Digno (OTD). El resto, 14%, está en medio de una lucha para democratizar la organización sindical a la que pertenece, o para soltarse de ella y crear una nueva e independiente. También habrá una parte que simplemente esté ratificando su apoyo a la agrupación a la que está adherida.

La reforma laboral de 2019 estableció nuevas condiciones para los sindicatos, requisitos que podrían parecer ahora obvios, pero con los que no se contaba. Uno de ellos es la prohibición a las dirigencias de eternizarse en el poder. Pero también incorporó el impedimento expreso a la parte patronal de obstaculizar o coaccionar la vida sindical en sus centros laborales, lo cual quedó plasmado en el artículo 133 de la Ley Federal del Trabajo (LFT).

La expulsión de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) de la planta General Motors (GM) en Silao, Guanajuato, es quizá uno de los principales ejemplos del funcionamiento de las reglas actuales. Pero no es el único centro de trabajo que ha ido perdiendo, recientemente Panasonic rechazó su pertenencia a esta agrupación mediante el voto libre, directo y secreto, una medida nueva para el sindicalismo mexicano. A lo largo del país, otras organizaciones obreras enfrentan problemas para transitar a la democratización y los obstáculos no sólo vienen del charrismo obrero.

En la planta ZF Suspension Technology Guadalajara “la empresa intervino en las elecciones para renovar la dirigencia del sindicato independiente” y asumió funciones sindicales, dice Enrique Valdez Florez, quien contendió para la secretaría general en noviembre de 2021. Luego de ese proceso fue despedido.

“Nosotros somos el contraejemplo de lo que está pasando en otros centros, la CTM tiene sindicatos que están a la altura”, sostiene Alejandro Martínez Araiza, dirigente del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC). Esa organización, que agrupa a más de 25,000 trabajadoras y trabajadores de Grupo Bimbo, Ricolino, Barcel, El Globo, Hershey’s, o Comex, entre muchas otras empresas, legitimó su contrato colectivo de trabajo (CCT) en 2020 “sin ninguna contrariedad”, asegura.

Muchos líderes “se alejaron de las bases y de la razón de ser de los sindicatos. Están cosechando lo que sembraron”, apunta en entrevista.

Intervención en la vida sindical

El conflicto con el Sindicato Independiente de Trabajadores de ZF Suspension Technology Guadalajara  “empezó entre Recursos Humanos y el líder sindical, Erick Reyes”, cuenta Enrique Valdez. Es que antes, “el fundador del sindicato, Jorge Reyes, no quiso aplicar la reforma laboral y dejó a su hijo Erick, eso desató todo”.

ZF es una planta de amortiguadores que le provee insumos a GM, Honda, Nissan, Volkswagen, Audi y Toyota. “Después de que la empresa sacó a Erick Reyes, tomó las funciones sindicales y organizó nuevas elecciones para la dirigencia, a las que nos presentamos dos trabajadores afiliados y una candidata que renunció al sindicato hace varios años. A ella la puso Recursos Humanos”.

El día de las elecciones hubo enfrentamientos entre el personal y, al final, la compañía no ha reconocido a nadie como titular de la dirigencia, apunta. Erick Reyes sigue asumiéndose como secretario general, pero está fuera de la empresa.

“El local sindical está cerrado. Desde diciembre de 2021 nos siguen descontando las cuotas sindicales y una más por defunción, pero no las entregan al sindicato”. Cada mes se acumulan entre 45,000 y 50,000 pesos, dice.

Pronto, Valdez también fue cesado bajo el argumento de recorte de personal. “Pero eso no ha podido ser demostrado ante las autoridades conciliadoras porque la empresa y el puesto que ocupaba subsisten.”. De 40 capturistas, sólo él fue despedido.

Tal como sucedió en GM, éste también es un caso en el que se debe hacer el valer el Tratado entre México Estados Unidos y Canada (T-MEC), exige, pues ZF Suspension Technology Guadalajara “exporta a esos países”. Y subraya: “no queremos quitar al sindicato, queremos libertad sindical”.

“El contraejemplo”

Más de 29.5 millones de personas asalariadas no están integradas a un sindicato, lo que representa el 86% de este grupo de la población ocupada, según el Observatorio de Trabajo Digno (OTD). Eso significaría que sólo poco más 4 millones sí pertenecen a uno y contarían con un contrato colectivo de trabajo (CCT) con mayores beneficios. Pero la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) calcula que el 85% de esos CCT son de protección a las empresas.

El porcentaje de personas sin afiliación sindical se eleva en la población joven, renglón en el que llega al 93 porciento. “En México, la experiencia del sindicalismo ha sido muy negativa por organizaciones corruptas que no defienden a las y los trabajadores. La corrupción sindical y el bajo nivel de organización y afiliación explican en parte el deterioro del sistema laboral”, señala el OTD.

“La CTM es la central más histórica. No fue este movimiento el que alejó a los jóvenes del sindicalismo”, dice Alejandro Martínez, dirigente del SNAC. Hace unas semanas, “acudimos a una empresa de call center y de casi 2,000 trabajadores sólo 30 no se quisieron afiliar”, el 85% de ese personal es de la generación centennial, explica.

“Lo que vimos es que los jóvenes tienen hambre de justicia laboral. Esa generación regresará al sindicalismo, un movimiento que acogió grandes cambios en el mundo, como la Revolución Rusa, para bien o mal”, agrega.

La CTM “tiene los contratos más ricos del país, es la central que por décadas le ha dado estabilidad a los mexicanos. Pero como es muy grande, siempre habrá gente que no hace bien las cosas”. 

El también líder de la sección 11 de la CTM reconoce que los sindicatos tienen “una deuda histórica con los trabajadores”, por ello, “cerca del 98% está a la deriva de la voluntad de las empresas”.

Muchos empresarios “no han entendido que el viejo modelo se acabó. Lo disfrutaron y lo exprimieron, pero se acabó”. Si no quieren comprenderlo, “van a poner en riesgo la estabilidad de la compañía, como pasa en GM y en maquiladoras. Una cosa es cambiar de sindicato, pero cuando explotas una huelga, la empresa no llega a acuerdos y se cierran sucursales, perdemos todos. No se trata de hacer una guerra sindical”, sino de reconciliar y dialogar, opina.

Los procesos que mandata la reforma laboral “no han sido difíciles para el SNAC, nosotros acostumbramos a las empresas a la democracia sindical”. En agosto de 2020, con una participación del 93% del padrón, y con más del 90% de los votos a favor, legitimaron su CCT, afirma Alejandro Martínez.

Es necesario, dice, que los sindicatos “vuelvan a ser el actor relevante de las decisiones del país”. Y recuerda: fueron las organizaciones sindicales las que impulsaron el artículo 123 de la Constitución, dedicado a los derechos laborales, así como la LFT, el salario mínimo y la creación de organismos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

CON INFORMACIÓN VÍA EL ECONOMISTA