La trama del viejo y nuevo modelo mediático

En medio de una situación que ha venido a modificar la manera en que la sociedad solía sobrellevar su diario acontecer, la comunicación entre los seres humanos ha tomado un papel fundamental y trascendental en el desarrollo de las comunidades, ciudades y Estados. Lo que se ha replanteado en medio de la pandemia, ha sido la manera en que ejecutamos los procesos de comunicación, la falta de cercanía con los demás, la forma en la que interactuamos por medio de los medios electrónicos y digitales.

El nuevo coronavirus nos ha mostrado la fragilidad de las estructuras económicas, sociales, así como, la ineficiencia de los sistemas políticos y gubernamentales de distintos países para afrontar crisis no previstas, es decir, el sistema neoliberal tiene previstas crisis económicas, para lo cual organismos nacionales y mundiales están atentos para reaccionar dependiendo los intereses que estén involucrados y mantienen una visión metodológica para reactivar el sistema. En este caso, la ineficiencia del sistema ha sido claramente expuesta y los medios de comunicación han sido una herramienta para intentar ocultar dicha falta de respuesta.

El posicionamiento ideológico en los medios se ha mantenido gracias a que la defensa de los intereses económicos ha sido la prioridad para el capital y los mismos medios son parte de ese capitalismo neoliberal. Los medios tradicionales han sido el andamiaje por excelencia para impulsar sistemáticamente la aprobación de propuestas políticas y económicas muchas veces impopulares, al mismo tiempo que, explican los temas desde una perspectiva amañada y a favor de los dueños del capital.

Durante lo que va del brote pandémico de la Covid-19 en México, los medios se han comportado de manera errática, usando la cantidad de contagios y fallecimientos como un arma, que sistemáticamente van explotando para generar controversias donde no deben de existir estas. Los medios se han encargado de polarizar el panorama y el ambiente, con una clara intención y por supuesto, en defensa de intereses creados.

Por otro lado, el Gobierno de México también ha hecho uso de los medios tradicionales, ya sea por medio del Sistema Público de Radiodifusión (SPR) y sus canales de televisión y estaciones de radio, pero ha realizado un especial uso de las redes sociales. También ha generado contenidos para los medios privados, todo relacionado con el tema informativo y revelando datos de la corrupción con la que los gobiernos anteriores se habían despachado de forma desproporcionada y el caso “Lozoya” es la muestra de la efectividad del mensaje de denuncia.

La batalla mediática ha generado discordancia inmediata con la opinión pública, que se puede ver expuesta por parte de la sociedad en las redes sociales. Sin embargo, a pesar de estos ejercicios de exposición pública y de comunicación horizontal por medio de las redes sociales digitales, la imposición mediática tradicional sigue vigente, esto derivado del modelo que se diseño dentro de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTyR), ya que esta ley da preferencia a los medios radiodifundidos, tales como la televisión digital terrestre (TDT) y la radio, dejando de lado el desarrollo de las telecomunicaciones y con ello, dejaron de lado para la gran mayoría de la población, de su acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), puesto que con el argumento de un concepto neoliberal que es el de la competencia, se diseño una regulación (concepto neoliberal también) intrusiva y que da preferencia a operadores extranjeros que no invierten, pero usan la infraestructura de la industria nacional, sin invertir en el desarrollo nacional. Para ejemplo, tenemos lo que hizo AT&T en México: sus ganancias fueron totalmente invertidas en la compra de Time Warner en Estados Unidos, es decir, saco dinero de México para llevárselo a invertir en el vecino del norte.

Otro caso es la desregulación de los concesionarios de radiodifusión. Televisa, aún siendo el preponderante del sector, quedo fuera de toda regla asimétrica planteada en la regulación. En lugar de compartir infraestructura o de generar condiciones de competencia efectiva con la llegada de nuevas cadenas de televisión, su penetración creció, derivado del cambio de televisión analógica a la televisión digital, aspecto en el que tampoco se respetaron los tiempos de implementación para beneficio de la empresa que llevo a un “Telepresidente” al poder, de tal manera, que el gobierno de Peña Nieto regaló televisores a la población para que siguieran viendo la programación de esta empresa.

Los medios han tomado su papel de difusores, el problema real, ha radicado en los contenidos que se encargan de difundir y que muchas veces olvidan su papel de concesionarios del Estado.

Por otro lado, los medios nativos digitales se encuentran en condiciones totalmente distintas. Algunos medios digitales confían en el proyecto periodístico y otros, al igual que los medios tradicionales que también han migrado parte de su plataforma a la red, se mueven hacia donde el dinero y los intereses les llamen.

La falta de veracidad en los medios y redes sociales digitales, ha provocado que siga existiendo cierta credibilidad y soporte de auditorios dispuestos a continuar consumiendo contenidos de medios que en varias y distintas ocasiones han sido señalados por sus preferencias políticas y económicas, aspecto que las redes no esconden en su mayoría, sino que, el debate y la postura se radicaliza.

El comportamiento de los medios durante la pandemia ha sido timorato y se ha caído en conceptos “politiqueros”. La realidad es que muchos periodistas, conductores o intelectuales orgánicos han resguardado sus posturas por sobre todo concepto de información objetiva y veráz.

Nos encontramos ante una decadencia sistemática de los medios de comunicación, a pesar de depender más que nunca de sus servicios. La comunicación ha mantenido una evolución constante, derivado de la evolución tecnológica; sin embargo, la brecha de desigualdad digital ha provocado que el mantenimiento del viejo modelo permanezca y se niegue a cambiar, es como decía Gramsci: “lo nuevo no acaba de nacer, lo viejo no acaba de morir”.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

El progreso no sólo privilegio de pocos

Para la ONU el impacto del COVID-19 en la educación, la paz social, el desarrollo sustentable, la nutrición y la salud podría desperdiciar un gran potencial humano y revertir décadas de progreso. Advierte que las brechas socioeconómicas crecientes ponen en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Resulta interesante que en momentos de una pandemia que afecta a ricos y a pobres se hable de progreso cuando es la causa misma de la pandemia. Al mismmo tiempo nos permite hacer una reflexión sobre la idea de progreso fundamental en la modernidad occidental.

Quizás el tiempo sea cíclico, o tal vez se parezca al trazado de una flecha, con un principio y un fin, pero se ha dado en pensar en la historia como un camino hacia la mejora de las condiciones de vida. Se le llamó progreso a la confianza en la capacidad del hombre para satisfacer las necesidades, reducir el dolor y alcanzar la felicidad o, al menos, acercarse a ella. Sin embargo, el éxito que ha tenido el capitalismo en el logro de esos beneficios son la causa de la crisis ambiental que a su vez ha traido la pandemia de la Covid-19, de las anteriorres epidemisas y de las que vendrán sino cambiamos.

Ha habido una discusión en mundo a lo largo de la modernidad occidental, sobre si el progreso existe o no. Para unos el progreso es la historia de multiples innovaciones de la humanidad, lo que explica el enorme progreso de los últimos tres siglos. El pasado nos dicen son etapas de acumulación que nos permiten hoy continuar el desarrollo y la prosperidad. El periodista cintífico ingles, Matt Ridley concluye, que, gracias a la ilimitada capacidad de innovación del ser humano, el siglo XXI supondrá progresos desde el punto de vista material, pero también respecto de la biodiversidad. Da una respuesta universal y sorprendente a los agoreros: el progreso no solo es posible sino probable.

Para otros, el progreso es un mito cada vez más difícil de sostener dada la existencia de caos y barbarie y tratar de mantenerlo es una ficción. El progreso es producto sólo de la modernidad, pues los pueblos anteriores a esa época creían de que había una repetición sin cesar. El eterno retorno de Nietzsche y no la idea lineal del principio y del fin del cristianismo. Agregan que las fuerzas productivas que desencadena el capitalismo industrial y ahora digital son también fuerzas destructivas. Para estos, la temporalidad lineal y abstracta que acompaña al progreso occidental no existe.

Creo que la preocupación de la ONU al afirmar que el covid puede revertir décadas de progreso no alcanza a integrar esa dualidad de la idea de progreso y si sólo de que la dominación del mundo occidenteal se ha puesto en entredicho. Desde el sigo XIX existía la esperanza en algo o en alguien, en un centro alrededor del cual se reunen u ordenan los acontecimeintos. Esta idea de unidad y certidumbre, de vínculo, se desplomó con Nietzsche. A pesar de ello, tuvimos que esperar hasta el siglo XXI para que una pandemia de carácter global nos lo reafirmara, esto es, que no hay certidumbre, que hay un desencato con el crecimiento económico y social y que parece que la fe en el progreso se marchita aunque no desaparezca.

La humanidad, escribió Robert Nisbet, ha avanzado en el pasado, avanza actualmente y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro. Es una idea hegemónica en Occidente que ha prevalecido durante miles de años y que se asemeja en importancia a la libertad, la justicia, la igualdad, etc., Es una idea que fluye de modo lineal que consiste en avanzar, mejorar y perfeccionarse. Sin embargo, agrega Nisbert no hay una prueba empirica de la realidad del progreso y, a falta de ésta, sólo tenemos un dogma. A pesar de ello los mas grandes pensadores de la historia occidental son partidarios de este dogma del progreso.

Este dogma no tuvo siempre un efecto saludable para la humanidad. La historia del progreso es la historia de la barbarie, es la historia de los vencidos, afirma Walter Benjamin. El progreso en sus diferentes nombres: avance, desarrollo, innovación, evolución, primer mundo, civilización, guarda dentro de sí la otra cara: retroceso, subdesarrollo, involución, tercer mundo, pobreza. En nombre del progreso se justifica la barbarie, y es esa justificación la que necesita de la crítica. Un cuestionamiento básico a la tesis del progreso social viene dado desde la pregunta sobre quiénes son los que pueden acceder a tales beneficios y quiénes no.

Con este cuestionamieto que realizó Benjamin en el siglo pasado, se busca darle cuerpo a la otra cara del progreso que consiste en la inclusión de los excluidos y resaltar el hecho de que el progreso no sólo sea privilegio de unos pocos, condenando al anonimato y al silencio a los muchos. La idea de “progreso” nos dice Benjamin, ha servido y sirve como discurso ideológico que usualmente se usa para justificar y legitimar los destrozos que ocasiona. El progreso para las clases dirigentes es el resultado inevitable de unir libertad y ciencia, pero la fe en que la humanidad camina por una senda siempre ascendente, nos ha hecho esclavos de un fetiche. Antes de ser ninguna otra cosa, el progreso fue una doctrina ligada a la supremacía. Por ello, Marx en los Grundrisse, alertaba sobre la necesidad de no tomar el concepto de progreso en su forma habitual.

El entusiasmo progresista se ha mantenido por mucho teimpo. El marxismo concibió la historia como una líneas de avances, pero nos hemos encontrado a lo largo de esta última línea de historia, la de la revolución burguesa, muchas crisis, la del petrolóleo, la de la deuda, la bomba atómica, el fracaso del socialismo real, las dudas sobre si la naturaleza podía satisfacfacer la nesidades humanas, dudas sobre si la técnica es o no destructiva, si es o no la que nos ayudará a salvar el momento crítico de la covid-19. Sin embargo, los parámetros de acumulación y reproducción ampliada del capital, anuncia ya la emergencia de una crisis ecológica sin precedentes. En síntesis, estamos frente a una crisis civilizatoria que cuestiona totalmente la idea de progreso del mundo occidental producido por la modernidad.

Como vimos en un inicio, frente a esta visión pesimista, existen versiones optimistas. Matt Rydley, es uno de ellos, quien documenta con muchos datos empíricos el progreso y dice que nunca como ahora tantos han vivido en mejores condiciones materiales, vidas tan largas, y mayor número de posibilidades vitales; que la gran mayoría de los seres humanos come mejor a pesar de que sigue habiendo miles de millones de personas que diariamente se mueren de hambre; finalmente, argumenta que dentro de menos de 100 años viviremos en un mundo mejor. Como todos lo optimistas asegura con gobiernos eficaces y el desarrollo de la tecnología, la agricultura, la salud, el comercio, entre otros habrá progreso, dado que éste se basa innovar para aumentar la prosperidad. Empero, la pandemia está claramente negando ese optimismo. Aún así, se sigue pensado, siguiendo esta línea de ideas, que si queremos salir rápido de la pandemia tenemos que innovar en la libertad para disminuir el dogmatismo y evitar la planeación centralizada.

El punto mas débil de esta posición es la cuestión de la felicidad, las maneras de alcanzarla y su capacidad para liberarse de los conflictos sociales, políticos, económicos y ahora claramente de salud publica y de la naturaleza. Esto reafirma la idea de Benjamin de que el progreso es una doctrina ligada a la supremacía. Otra debilidad y quizas una de las premisas básicas de la idea del progreso, es que mantiene la fe en los adelantos tecnologicos, pero la aceptación del valor del crecimiento económico por la falta de impacto en la productividad del trabajo los pone en duda. No hay pues, siguiendo a Benjamin, un progreso automático, continuo, infinito, fundado en la acumulación cuantitativa, en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Rechazar el hecho de estar cegado por las falsas promesas del progreso no significa que toda esperanza esté perdida. Tenemos que buscar certezas. ¿qué nos pasaría si desapareciera esta idea de progreso? Que frente a las realidades que tenemos como la Civid-19 y la crisis ambiental que todavía es más crìtica, nos quitáramos ese dogma. Tendríamos que fomentar la creatividad en los más diversos campos; así como, alimentar la espernaza y la creatividad en la humanidad y en los individuos en la posibilidad de mejorar y cambiar el mundo para una vida más equitativa y universal. Esto lo tenemos que hacer de manera individual y colectiva sin la necesidad de un dogma.

Sabemos la importancia que tienen los dogmas en la vida personal de los individuos. Se puede decir incluso que es indispensable. El problema es que las premisas intelectuales en las que se basa este dogma del progreso están debilitándose y más aún con la reciente crisis de la Covid-19 y la crisis del medio ambiente, las le que han aportado más de un grano de arena. Ante ello, resulta crucial la voluntad de cambiar y mejorar. Sin ello, no hay remedio nos dice Nietzsche, pues seguir adelante sin cambiar y mejorar, estaremos bajando escalón por escalón hacia la decadencia.

Crisis del capital, del trabajo y el T-MEC

El capitalismo reacomoda sus piezas. Al T-MEC tenemos que verlo como parte de ese reacomodo. Esto obligó a reducir la explotación del trabajo, no a desaparecerla, pero si a vigilar que no exceda lo acordado y vuelva a desequilibrar el mercado; a regionalizar la expansión del capital y priorizar el consumo interno al establecer reglas comerciales que benefician al contenido regional y a darle al mundo del trabajo un juego diferente, mas benéfico, para la defensa de sus intereses. Independiente de todas las medidas para inhibir las malas prácticas laborales e impedir la expansión del capital sin tantas ventajas fiscales, legales y mano de obra barata, para el sindicalismo sería muy importante ver que esto sucede en medio de una crisis del capital y de que ésta abre espacios que no tenía con el neoliberalismo, lo cual debe aprovecharse para recuperar su posición de elemento de equilibrio social, político y económico y no sólo concentrarse en comprender al nuevo tratado.

La crisis del capital iniciada en los años setenta se buscó resolverla a la manera explicada por Rosa Luxemburgo, esto es, ocupando todos los espacios mundiales posibles y quitarle al capital todas las ataduras. La globalización, es pues, el capital sin ataduras, el capital funcionado estrictamente en función del capital. La desregulación de todos los sectores de la economía se produjo sin encontrar resistencias sindicales y públicas. El resultado fue el empobrecimiento del trabajo, la desigualdad acelerada, la concentración del ingreso en pocas manos, la hegemonía del capital financiero y la inestabilidad recurrente. Ante la ausencia de vigilancia y de control estricto por parte del Estado y los sindicatos, la propia competencia capitalista se convirtió en un factor destructivo y no, como se ha sostenido, en benéficos para la sociedad. Se dijo insistentemente, que la competencia convertiría la anarquía del mercado en un armonioso óptimo. Sucedió lo contrario.

La globalización erosionó los regímenes sociales que habían limitado más o menos eficazmente la mercantilización de trabajo. La “auto regulación de mercado” buscó la mercantilización total del trabajo. Pero sucede que la mercantilización sólo puede hacerse dentro de ciertos límites si se quiere que mantenga su valor de uso; por tanto, una mercantilización completa los destruiría obstaculizando más que facilitando la acumulación del capital. Así que, el capitalismo sólo puede sobrevivir mientras acepte voluntariamente o no una regulación social y pública que le impida someter a su lógica la plena mercantilización del trabajo.

Hay que agregar que la productividad del trabajo y la competencia entre capitales, elementos básicos para la recuperación de la tasa de ganancia, ya no están dando los resultados esperados por el capital, prácticamente todos los progresos de la civilización vienen determinados por el aumento de la productividad en el trabajo. El neoliberalismo nació acusando a la lucha sindical como la causa de esas bajas, por lo que atacó y dividió al sindicalismo. Después del 2008 el problema no ha desaparecido y, más aún, se ha incrementado, por lo que ya no era posible culpar nuevamente al sindicalismo de ello. Así que el mal no era ese, sino el propio capitalismo. El estancamiento económico crónico se debe a la caída de la plusvalía relativa en el sostenimiento o aumento de la explotación del trabajo y, por lo tanto, en la rentabilidad del capital.

Una pieza clave de la “globalización” acelerada en la década de los noventa fueron los tratados comercio y en nuestra región fue el TLCAN, que llevó al saqueo, la desarticulación y devastación de la economía mexicana. Privatizaciones de las riquezas públicas, desindustrialización, desnacionalización de la banca, extranjerización del petróleo y del sector energético vinieron de la mano del acuerdo. En los años de los tratados comerciales y el TLCAN, la pobreza creció y la desaceleración económica aumentó. Después de 2008 esta situación era insostenible para los trabajadores y para el capital, por lo que éstos últimos se vieron obligados a buscar ajustes y con ellos, la relación entre capital y trabajo cambió. Sin embargo, es claro que no hubo un consenso general de cómo hacer los ajustes.

Sin embargo, la expansión del capital en el mundo, la globalización pues, sucedió con una superexplotación de la mano de obra de los países poco desarrollados y una pérdida de empleos en los países desarrollados, por lo que con el trabajo en esas circunstancias no tiene posibilidades para aumentar la productividad. La flexibilidad total es incompatible con el desarrollo de capacidades para el trabajo productivo. Sectores de derecha e izquierda entendieron ese dilema primero que nadie. Así que, podrá decirse todo lo que se quiera, pero de ese desequilibrio que estamos narrado surge Trump y el Brexit y una serie de gobiernos desheredados del socialismo realmente existente y, por supuesto, AMLO. Una especie de nacionalismo contra globalización, dos visiones de mundo enfrentadas.

Esta crisis generó, pues, un conflicto inter e intracapitalista por las diferentes maneras en que se intenta recuperar los altos grados de utilidades, de productividad y competitividad alcanzados durante la época de oro posterior a la segunda gran guerra. La globalización propició el crecimiento de otros países y, por supuesto, el reacomodo de la economía mundial y una nueva competencia por el control de los mercados mundiales, esto es, una lucha por la hegemonía mundial. Con el crecimiento de China, el mundo dejó de ser unipolar y la globalización tomo caminos nuevos, donde lo primordial es fortalecer regiones, esto es las áreas de influencia más cercanas par poder competir frente a otros mercados como euroasiático y viceversa.

Lo novedoso en el 2020, es que en EUA esas dos visiones encontradas parecen inclinarse hacia el nacionalismo económico. Republicanos y demócratas se lo disputan. El America First trumpiano de primero, voltear la cara hacia adentro de su país para limitar la salida de capitales y propiciar el regreso de otros, para fortalecer su economía con la creación de empleos. Con motivo de las próximas elecciones presidenciales en EUA, hay una disputa entre demócratas y republicanos por el nacionalismo económico. Frente al America First aparece el Build Back Better que podríamos traducir como reconstruyámoslo mejor para lo que Joe Biden, virtual candidato demócrata para las elecciones de noviembre, planteó un plan económico destinado a impulsar la manufactura estadounidense mediante la idea de comprar americano.

Así pues, el fortalecer el mercado americano para promover la competitividad de toda la región de América del Norte, obliga a modificar las condiciones asimétricas laborales y económicas creadas en nuestro país por el TLCAN. Se tiene que cambiar las leyes para disminuir la desigualdad, empleos precarios y perdidas de los beneficios de la seguridad social, para reducir las tentaciones de las empresas de emigrar y aumentar la capacidad de compra de los trabajadores. En concreto, si se quiere competir con la región de Asia, con China a la cabeza, se tienen que disminuir las asimetrías existentes. Por ello, se modifico la ley y se aceptaron lo establecido por la OIT. A los empresarios mexicanos les costó trabajo entenderlo porque encareció la explotación y a los sindicatos no los dejó satisfechos.

El sindicalismo mexicano se encuentra frente a una realidad compleja por los retos que le presenta el nuevo tratado de libre comercio T-MEC, ya que obliga a una democratización plena, a clarificar sus contratos colectivos, aceptar la libre sindicalización y sobre todo aceptar que tanto EUA como Canadá puedan denunciar violaciones a estos acuerdos. Los que ya viven dentro de la democracia sindical, ven el fantasma del corporativismo a pesar de que, por ejemplo, los sindicatos democráticos como la UNT, hicieron un intenso trabajo para la aprobación de una ley y el reconocimiento por lo establecido por la OIT. Los que no tienen una vida democrática como la CTM se ampararon. Ha presentado hasta el momento 168 y ya les rechazaron otros 332 promovidos desde mediados del año pasado, por lo que gremios que promovieron dichos recursos no modificarán sus estatutos internos hasta que no haya un fallo final de la Corte.

La razón puede estar en que no están acostumbrados a una relación capital-trabajo como el que se acordó en las cúpulas de los tres países. Esto se debe a que prevalece la ideología de la revolución mexicana, ya que dentro de ella jugaron un papel importante, donde se les consideraba a cambio de aceptar un pacto social a cambio de una paz laboral que se transformó en corporativismo. Con el neoliberalismo éste se mantuvo y se acopló rápidamente a las nuevas reglas. Empero, con el cambio de gobierno y los ajustes del capital, se modificó la ley laboral para fortalecer al sindicalismo y que vuelva a ser factor de equilibrio con una vida interna democrática donde los trabajadores fueran los actores. Paralelamente, el gobierno permitió el surgimiento de otras centrales sindicales, lo cual fue interpretado, por un lado, como un nuevo corporativismo.

Para la OIT Las medidas propuestas en el T-MEC deben ser vistas como una oportunidad para mejorar las relaciones obrero patronales. Reconoció que la negociación del acuerdo ha sido compleja ante la asimetría entre México, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, confió en que la implementación no solo represente beneficios para el sector empresarial con oportunidades de negocio, sino que genere mejores condiciones de trabajo en los tres países.  Sorprende que haya en el sindicalismo quienes no entienden eso y quieran mantenerse en esquemas que ya no se acoplan con este cambio y no quieran utilizar la crisis del capital para impulsar un cambio

El problema más complejo es el cómo se busca asegurar que nuestro país cumpla los compromisos laborales acordados, incluso en algún momento fue motivo del estancamiento de las negociaciones. El T-MEC prevé un trato más duro para México en materia laboral; contra nuestro país se puede levantar un panel solo con un reclamo por una presunta violación legal; contra EU, el panel solo se activa si la autoridad local acreditó previamente que se incumplió la ley. Con los paneles laborales la negociación colectiva y la libertad sindical será un problema para los sindicatos. El mecanismo de respuesta rápida del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) aplicará un trato desigual para levantar casos de resolución de controversias.

Independiente de todas esas medidas para inhibir las malas prácticas laborales e impedir la expansión del capital en condiciones altamente beneficiosas para las empresas, el tema central para el sindicalismo debe ser la crisis del capital, que ante la crisis sistémica y del trabajo hay un reacomodo de las piezas y que esta crisis abre espacios para el trabajo. La OIT sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto del 2020 y los años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopte el sindicalismo hoy.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

El tele-neoliberalismo

La muerte no es democrática, advierte el filosofo norcoreano Byung-Chull Han, en una entrevista otorgada a la agencia EFE en mayo de 2020. La meta de la globalización es la de atraer una mayor cantidad de ganancias y en este contexto, el capital se convierte en el más peligroso enemigo del ser humano.

Derivado de la pandemia de la Covid-19, el mundo ha intensificado y recrudecido la desigualdad social. El incremento de la pobreza, la precarización laboral o, en definitiva, la escases de empleo que la crisis económica que acompaña a la pandemia ha dejado a su paso, son resultados que también han beneficiado a los grandes capitales, en especial a aquellas grandes corporaciones tecnológicas, que se muestran como la respuesta ineludible y única para enfrentar el fracaso del neoliberalismo ante la crisis sanitaria.

Indudablemente el desarrollo tecnológico puede convertirse en una respuesta para afrontar la crisis económica que la Covid-19 ha provocado; sin embargo, también ha generado que el desarrollo de las nuevas tecnologías apunte hacia una gran tentación que los gobiernos siempre han tenido y esto, es el control de las masas y que hoy se facilita a partir del confinamiento sanitario que en buena parte del mundo se ha dado.

La convulsión del sistema de salud y la falta de una vacuna contra el nuevo coronavirus, ha generado que la especulación económica arrase con la estabilidad de los mercados financieros, así como, el cambio radical que se ha venido dando en los procesos laborales de todos los que aún conservan su empleo. El establecimiento del trabajo a distancia, ha modificado las costumbres sociales y con ello, ha venido una transformación de la movilidad y un mayor tiempo del uso del internet, manteniendo en línea a los trabajadores y generando en diversos casos, mayor explotación laboral.

Es probable que en naciones más desarrolladas el fenómeno del trabajo a distancia pueda ser más adaptable, pero en países como el nuestro, ha falta de una reglamentación del mismo, las condiciones son totalmente adversas. El capital ha encontrado la forma más adecuada de control y explotación por medio del trabajo a distancia, ya que, mantiene una constante vigilancia sobre las actividades que desarrolla cada trabajador durante el tiempo empleado en su trabajo, así como, sobreexplotar al mismo por medio de la conectividad, pues mientras el trabajador se mantenga conectado estará siempre al alcance de su trabajo.

Es posible que el constante mantenimiento en línea de los individuos, colabore con un nuevo orden laboral y beneficie a la consolidación de un neoliberalismo digital que sepa adaptarse más allá del e-comerce y del intercambio financiero en la red. La prolongación de la jornada laboral en casa, también implica el abuso e intromisión a la intimidad personal de los trabajadores, ya que al desempeñar sus labores en casa y, por ejemplo, con el uso de las distintas aplicaciones para videoconferencias, por medio de la web cam con la que se ejecutan las reuniones de trabajo, en todo momento el trabajador se encontrará bajo una supervisión y vigilancia constante, así como, en la observación continua de su entorno más intimo.

Si bien es cierto que, la conectividad nos da la facilidad de mantener un circulo virtuoso de nuevos alcances como la educación a distancia, la telemedicina, la comunicación, la información, entre otros tantos beneficios, el trabajo a distancia se convierte en un arma de doble filo, esto derivado de la falta de una reglamentación que adecue a la nueva normalidad emanada de la Covid-19 y con ello, permita la pronta recuperación de la economía y nuevos empleos, la cuestión es que, quien más sacrificios va a tomar es el trabajador común, ya que el verdadero beneficio es para las grandes empresas que continúan produciendo y acumulando capital.

Es necesario que la edificación de una nueva normalidad postcovid-19 se construya a partir de generar reglamentaciones laborales claras en este sentido, que el beneficio de la digitalización sirva directamente a la sociedad y no solamente a los grandes capitales ya consolidados. El repunte del desempleo puede ser mitigado a partir de concentrar nuestros esfuerzos en una sociedad con mayor igualdad y la conectividad universal de los ciudadanos puede ser un gran inicio en pro de una utopía de bienestar digital.

La generación y establecimiento de políticas públicas digitales, debe mantener un enfoque social y de desarrollo sustentable, esto significa que no solo se luche por mantener a los mercados y a los grandes operadores transnacionales de telecomunicaciones o a las Big Tech, sino que, se pugne por generar mejores condiciones de igualdad por medio de la cobertura y conectividad, así como, la inserción e inclusión de toda la sociedad a la nueva economía digital y del conocimiento por medio de la educación, que a su vez se ve solucionada con la misma digitalización.

Se debe comenzar por regular de forma adecuada el trabajo a distancia, beneficiando a los trabajadores y dejar el modelo neoliberal de regular al mercado, que en este caso solo beneficia al capital, sin tomar en cuenta a la base social que de verdad necesita una reglamentación y una regulación laboral a su favor.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

Fibra óptica, el medio de transporte para el ecosistema digital

Partamos que las redes de cobre se diseñaron inicialmente para ofrecer el servicio de voz, la banda de frecuencia para ofrecer este servicio, con una calidad aceptable, está en el rango de 100 hz a 3.4 Khz, esta característica permite que la transmisión sea resistente a diferentes interferencias y/o distorsiones del medio, como son campos electromagnéticos o la degradación por condiciones climáticas, otorgando un amplio margen de estabilidad en la comunicación. Para llevar la voz al usuario final se desplegaron cables de cobre de diferentes capacidades, calibres y múltiples derivaciones tanto en zonas urbanas como en rurales, que cumplían con los parámetros eléctricos y mecánicos establecidos para este servicio.

Con el paso del tiempo, la evolución tecnológica impulsó la comercialización del servicio de internet, las tecnologías usadas para ello transitaron de usar frecuencias en el orden de los 3khz a las superiores a los 30 khz, el manejo de altas frecuencias hacen a las redes de cobre mas vulnerables a las interferencias electromagnéticas y distorsiones mecánicas y lo que era aceptable para la voz se convierte en un problema para la transmisión de datos, la propia evolución y las cuestiones económicas, obligaron a los operadores a desarrollar tecnologías y dispositivos que permitieran seguir explotando la red existente y que aprovecharan de manera selectiva las frecuencias no distorsionadas, deshabilitando las dañadas. Sin embargo, los cambios en el sector de las Telecomunicaciones siguen su curso de manera exponencial, desarrollando nuevos protocolos y estándares de comunicación alámbrica e inalámbrica, que contienen técnicas avanzadas de transmisión y recepción que permiten mejorar la velocidad de transferencia, el ancho de banda, la calidad de transmisión, la latencia y la capacidad de dispositivos conectados a la red; estos cambios vienen acompañados de un gran ecosistema digital que requerirá que el servicio de internet funcione de manera óptima, para lograrlo, las redes de cobre no son la opción, es imperante que este tipo de redes se sustituyan por un medio confiable, a prueba de interferencias electromagnéticas, robusto y seguro, características que sin duda están presentes en la fibra óptica; hasta las tecnologías inalámbricas como la 5G requieren de este medio para su funcionamiento.

Por todo lo anterior, consideramos que la inversión en redes de fibra óptica debe continuar y acelerar su ritmo, será la única forma de seguir vigentes en el nuevo ecosistema. Actualmente, Telmex cuenta con 3.4 millones de usuarios con FTTH contra 6.8 millones de clientes que continúan dentro de la red de cobre o mixta (TBA), a nivel mundial el promedio de las velocidades de conexiones fijas es de 73.50 Mbps y de acuerdo a especialistas incrementa un 35% cada año, si queremos retomar el liderato que teníamos como una de las mejores empresas de telecomunicaciones a nivel mundial deberemos, entre tantas acciones, seguir aumentando la red de fibra óptica con todo lo que esto conlleva.  

J Jesús García Arreguín @JGArreguin

Comisión Nacional de Calidad, Productividad y Competitividad

CEN – STRM

Acusar de control cuando se pierde

Debido a una propuesta en el Senado de la República de reducir a tres de los Órganos Constitucionales Autónomos en uno solo, se desató una serie de críticas a la propuesta y otras tantas en apoyo a la función de dichos órganos, principalmente del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Como parte de esa defensa, se dijo que éstos no tenían una matriz neoliberal y, por tanto, había que juzgarlos de otra manera. Cierto es que se formaron a principios del siglo pasado para proteger el interés público; en nuestro país tenemos organismos autónomos de esa época. Sin embargo, la discusión no podemos ubicarla en ese punto, pues, si bien el neoliberalismo utilizó esas figuras jurídicas con el mismo propósito, lo hizo en un contexto económico y político diferente. No es novedad decir que ha existido un conflicto entre el capitalismo y la democracia y que ese conflicto se acentuó con el neoliberalismo.

Esta diferencia la podemos apreciar mucho más cuando no centramos en los argumentos que defienden el carácter técnico altamente especializado de esos órganos. El sustento de esa idea en el neoliberalismo es que la gente no tiene capacidad para decidir cuestiones técnicas muy complejas y, por lo mismo, las decisiones y los funcionarios de estos órganos no deben de someterse al consenso popular, tal y como lo hacen los otros tres poderes del Estado. Si somos estrictos, en realidad, pues, la separación inicial entre lo técnico y lo político nunca existió. Siempre prevaleció el juicio político sobre lo técnico, con la ventaja de que no necesitaban decisiones democráticas. Esta situación se evita mencionar abiertamente por los centros de pensamiento, los integrantes de esos órganos y los opinadores pagados, pero no se necesita mucho análisis para ver que la justificación funcionaba, pero sin autonomía y que esa función subordinada era muy bien remunerada.

Desde el poder legislativo se está proponiendo una nueva ley que reduzca el costo de tres Órganos Constitucionales Autónomos. La nueva ley no les quita funciones, no les quita poder y seguirán haciendo lo mismo los tres sectores convergentes, con menos presupuesto y menos estructura burocrática e infraestructura que no compagina con una política austeridad. Para la oposición esa iniciativa busca controlarlos para ampliar el poder del Estado. Pues si, eso se busca, pero da ahí a pensar que al escoger a los comisionados políticamente los hace subordinados al ejecutivo y choca con el objetivo de que deberían estar altamente capacitados para el puesto, es otro asunto. Resulta sorprendente que los que tenían el control de esos órganos constitucionales, mismos que respondían a sus intereses, ahora saquen el dedo flamígero para acusar al gobierno de control. Una refutación de la propia afirmación, dijera Schopenhauer.

No entendemos porqué se pueda pensar que ese conocimiento los capacita para limitar el poder del mercado, cuando su formación es totalmente a favor de la libertad de mercado y sí contraria al interés publico. ¿Porqué, si respondes a los intereses del mercado, si puedes hablar de que son autónomos y si respondes a los intereses del estado social no? Nunca como ahora las cartas se abrieron y todos pudimos ver el engaño, a pesar de que por muchos años advertimos que ir a favor del interés publico no era cierto, porque no era este el objetivo del neoliberalismo y si, al contrario. Vemos ahora claramente que el conflicto político hace saltar las máscaras, que no se defiende a técnicos y organismos altamente calificados, sino el proyecto neoliberal. El conflicto político por el IFE desenmascaró las mentiras neoliberales

Las justificaciones continuaron cargadas de tinta y de tiempo al aire, muchas de ellas ciertas. El IFT, nos dicen, es un órgano fuerte y confiable, que ha dado más resultados económicos de los que se pretenden ahorrar y que costó mucho esfuerzo construirlo, lo cual puede ser cierto. Que se defendió el interés publico al propiciar que bajaran las tarifas de comunicación, igual pueden tener razón. El problema es que no se salen de los criterios que el mercado impone; por lo que, insistir en esos razonamientos evidencia un conflicto político con el nuevo gobierno que no quiere seguir por ese camino. Nos dicen que la reforma, impactaría en la inversión y en el bienestar de los mexicanos, que debilitaría la función de estos órganos como contrapeso al gobierno y que no reconocería la relevancia de la política de competencia. Se llegó al extremo de decir que crea terror centrar el poder en sólo organismo regulador, cuando en el mundo lo que ocurre es descentralizar. En un contexto de mercado, agregan, no habría manera de poner en cintura a Pemex y CFE. En conclusión, se generaría incertidumbre económica y política lo que afectaría el buen funcionamiento de los mercados. Más claro ni el agua.

Veamos ahora qué pasa en el mundo digital. Los defensores de modelo digital neoliberal nacional, aseguran la que la desaparición del IFT quebraría el esquema que éste tiene planteado para la transformación digital. Ya definido claramente el conflicto político, la cuestión es en qué modelo debemos orientamos para que avancemos hacia una economía digital. De principio, creo que no hay problema en que debemos seguir uno que beneficie fundamentalmente al país. Aunque, es claro ahora, que cualquier modificación hacia el fortalecimiento de la economía digital ya no será posible de seguir prevaleciendo sólo el modelo neoliberal. A pesar de lo grandes esfuerzos que están realizando para justificar su validez, es claro que no será posible. Tenemos que hablar de un nuevo modelo, sin olvidar que estamos en medio de un conflicto hegemónico si no, norteamenticano por el dominio tecnológico, una caída de las economías mundiales que se acentuó en 2008 y complicó aún más la Covid-19 y una amplia concentración del ingreso que limita el crecimiento del mercado.

El mundo ha estado acelerando su digitalización y después de la pandemia ésta será mayor. La rapidez del cambio del mundo digital incrementada por la Covid-19 y la post-Covid-19, obliga a tomar decisiones, pues se corre el riesgo de quedar atrapados en los conflictos mundiales por la hegemonía tecnológica y el poder de las grandes plataformas digitales que buscan expandir su modelo en todo el mundo. Además, con la pandemia global, vemos una mayor consolidación de sus actividades económicas apuntaladas en Internet y la banda ancha. Esta velocidad trae también cambios tecnológicos muy novedosos que se hacen obsoletos muy pronto. Antes se hablaba de diez años, hoy se dice que duran activos cinco años. Por tanto, es un tema muy dinámico y no se puede repetir el error de la Ley de telecomunicaciones que pronto se vio rebasada e incapacitada para regular lo nuevo.

Tal y como se observa con la confrontación política entre el mercado de telecomunicaciones y el gobierno, dar ese salto hacia una legislación actual y futurista es complicado y si se mantiene el conflicto será más difícil. Hay que acabar con el conflicto si se quiere realmente consolidar nuestra economía digital. Esto no se logrará acusando de incapaz al gobierno y de no tener una visión de futuro. Al contrario, limitará más la posibilidad de fortalecernos digitalmente. Lo esencial de toda discusión es considerar lo que realmente ocurre. Exagerarla o reducirla será una buena estratagema, pero de ninguna manera funciona en este momento. El presidente se ha cansad de insistir en hay un cambio. Así que, utilizar este período que nos abre le senado para caminar hacia un posible proyecto nacional digital, requiere de fortalecer primero el proyecto del gobierno. No se puede esperar para que este gobierno llegue a un desgaste tal que se le pueda hacer a un lado.

Desde el principio de todo esto, es decir, cuando los monopolios naturales tuvieron que evolucionar hacia una competencia de mercado, se dejó claro cada país debería desarrollar sus propios proyectos acorde a su realidad. Ahora esto se acentúa. Buscar un proyecto nacional, requiere ubicarse en el contexto de la globalización no solo nacional y apoyar al gobierno. Combatirlo porque no apoya un proyecto digital neoliberal en estos momentos en que los grandes ganadores de la pandemia han sido las plataformas digitales, no tiene sentido. La Internet, el celular, las aplicaciones y las redes sociales nos hicieron más fácil trabajar, platicar e informarnos desde casa. Lo cual tiene visos de quedarse. Empero, no podemos olvidar que el estar todos conectados, acelera las desigualdades, porque no todos lo pueden hacer. Ahora estas empresas de plataformas ven claramente su momento para convertir a nuestros hogares en espacios de múltiple uso.

Conviene levantar la nariz del plato y analizar los procesos por los cuales las plataformas buscan administrar a todos los sectores de la sociedad. Competir con ellos o sumárseles como lo hacen otros países, con un país dividido, no es la mejor opción. Lo que se está implementando es una visión de mundo ajeno a nuestro. Vivimos un momento crítico. Todo se ha venido juntando para preparar los escenarios de la economía digital y ha determinado sus formas de desarrollo. Nuevas tecnologías, nuevas formas de organización, nuevos modos de explotación, nuevos tipos de trabajo y nuevos mercados están emergiendo, para crear una nueva manera de acumular del capital. Los mexicanos tenemos la palabra, pero esta no puede estar supeditada aun ambiente donde la descalificación y no la construcción sea lo que predomine.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

Pase lo que pase el ganador será AMLO

El regreso a la nueva normalidad clarificó el conflicto político en nuestro país. La oposición con la pandemia se plantea continuar su estrategia debilitar al gobierno o crear la sensación de que así es, para recuperarlo a favor de sus intereses. El presidente le dio la bienvenida a esa posición, pero les dijo que se está por la transformación o en contra de la ella, no hay medias tintas y, agregó, que es bueno que abran sus posiciones y que expresen sus puntos de vista. Los comentaristas calificaron a esas declaraciones como un acto de polarización política del país, aunque eso haya sido más de su interés. El efecto del neoliberalismo en política fue el separar a las diferentes sociedades nacionales y evitó sistemáticamente la participación política de la gente; así que, no es de extrañarnos que en momentos donde se busca un cambio, se hable, por un lado, de que es momento de definiciones y, por el otro, de polarización. Todo ello con la novedad de que La Covid-19 nos anuncia un nuevo mundo.

Los que hablan de polarización olvidan que, ante el triunfo de la democracia en 2018, ellos son sus principales impulsores, pues tienen miedo de perder todas las ventajas que habían logrado en 40 años para lo que optaron por una política abiertamente en contra. Ahora en este año, distintos grupos de poder se aglutinaron alrededor del gobernador de Jalisco y varios gobernadores más para buscar, entre otras cosas, reventar el programa de la 4T y con ello convencer al electorado de votar por un legislativo que equilibre al ejecutivo o la revocación del mandato en 2022. Por otro lado, otros grupos promovieron movilizaciones de sus seguidores con consignas anti gobierno, con calificativos agresivos y con la promoción no explícita de un golpe de estado. Para ambos proyectos, los medios de información, prensa escrita, radio y TV y diferentes medios digitales, copados por los intelectuales orgánicos, académicos principalmente y escritores de todo tipo hicieron su trabajo para redondear el objetivo.

Estos grupos, a pesar de los diferentes métodos por recuperar el gobierno, se centran en el punto de que el actual nos va a llevar a una hecatombe económica y social y que el principal responsable es el presidente y en él descargan todas sus baterías. Empero, hay algo que debemos resaltar. Del análisis de sus propuestas y métodos se infiere que a pesar de que ya lleva este gobierno casi dos años, todavía muestran desconcierto, pues se nota que no se recuperan de la apabullante de su derrota. Perdieron el gobierno a pesar de haber usado todos los recursos posibles y probados durante muchos años, pero siguen sin considerar que el problema es más amplio y ahora atacan y personalizan con más adjetivos que con razón. Esta reducción al mínimo del problema les ha impedido aglutinarse en un proyecto común.

Este desconcierto no es privativo de México. Con la crisis del neoliberalismo iniciada en 2008, las poblaciones del mundo están poniendo a los diferentes gobiernos y partidos ante una disyuntiva, pues sus votos se están dirigiendo más hacia movimientos sociales y realizado grandes movilizaciones. Desde dentro del mismo sistema neoliberal han salido voces autorizadas para alertar de los límites del capitalismo neoliberal y de las negativas repercusiones sociales que ha tenido. En diferentes libros y ensayos se resaltó la concentración del ingreso en el 1% de la población mundial y la búsqueda de nuevos modelos para solucionar ese punto sin cambiar el modelo. No se ve todavía un modelo alternativo, y, por esa razón, en el intermedio nos encontramos con un conflicto intercapilasta e intracapitalista y aquí en México con una 4T anti-neoliberal. Gran problema para los neoliberales que deben de entender.

Pero veamos las cosas más de cerca. Todos estos grupos no han podido concretar un proyecto común, ni han logrado hilvanar una línea de continuidad, porque tienen diferentes motivaciones y sus métodos no han tenido buenos resultados. Algunos gobernadores, junto con comentaristas y escritores, habían logrado encontrar un líder; pero un acontecimiento desafortunado en Jalisco, pero, sobre todo, el cómo se buscó explicarlo, las justificaciones de algunos pensadores expresaron, el levantamiento de varios jóvenes en protesta y la posterior represión que fue negada en un principio, dejó ver un pobre manejo del gobernador de Jalisco. Todo esto puso en crisis dicho proyecto y abrió la lucha llenar el espacio por otros gobernadores y continuar con la estrategia de involucrar a la SCJN para que cuanto antes declare inconstitucionales las reforma emprendidas por el gobierno y regresar al anterior estado constitucional de reforma estructurales neoliberales

Otros piensan que la vía constitucional y electoral no es la mejor vía y están proponiendo ya con claridad un golpe de estado, para lo que empezaron con sacar a su gente a la calle montada en autos de lujo, lo que de ninguna manera fue un argumento a favor lo que querían mostrar. Planean más acciones similares, pero si vemos por dentro los grupos sociales que conforman estas protestas, además de ser la mayoría con un poder económico alto, debemos insistir, sus motivaciones son diferentes. Cierto como hemos venido diciendo, el punto de atracción es el presidente, pero lo que los incita a la protesta en su contra no es la misma de todos. Hubo quien gastó un poco de su tiempo, como Jorge Zepeda Patterson, para explicar lo que el llamó “un jardín en el que florecen toda suerte de especies y subespecies” y enumeró algo así como once diferentes motivaciones sociales para estar en contra de AMLO.

Estos grupos olvidan o no quieren entender que para que haya política verdadera, el marco donde suceden las cosas sea a la vez legible y compartido. Hasta ahora no encontramos eso en la oposición y si una atomización con diferentes proyectos emitidos sin consenso. Puede que sí entiendan esa situación en la que se encuentran, pero es muy probable que por sus diferencias les sea difícil alcanzar un proyecto unificador. No obstante, estos tropiezos están haciendo todo lo posible para que la economía se desbarranque por la Civid-19, lo cual es poco ético y están convocando a la sociedad a que con su voto “tome el lugar que le corresponde para construir un sólido desarrollo futuro”. Se nota nuevamente el engaño neoliberal.

No consideran que la gente ya votó por un cambio en 2018 y que sus motivaciones fueron muy diferentes, de hecho, contrarias a las que buscan como oposición. De manera superficial ven en este hecho como un accidente pues consideran a ese punto superable quitando al presidente. Mientras se mantengan así, se toparán con pared o tendrán ellos mismos que cambiar, lo cual será interesante, dado que el regreso hacia etapas anteriores o el recuperar sus posiciones de privilegio, no es un camino fácil más aún ante la crisis de neoliberalismo que se ha hecho compleja con la pandemia pues se anuncian cambios importantes. Y sí, aquí no hay mas que dos sopas o cambian o cambian.

Todos aquellos que quieren que AMLO se vaya y que esto suceda rápido o en los tiempos que marca la ley como máximo el año 2022, si lo logran, tendrán que, obligadamente, escuchar con mayor atención a la población y después del Civid-19 más. Aunque quieran y puedan el regreso a un capitalismo de mercado, no será igual pues el despertar de la gente es real. La lucha contra la desigualdad, esto es, una mejor distribución del ingreso; de otro sistema educativo, protección a los empleos, etcétera, tendrán que ser diferentes o aceptar los cambios ya realizados; aun así, quizás no puedan convencer a la gente que su proyecto es mejor. Es posible echar atrás el proyecto del gobierno, pero la democracia mexicana cambió de manera irreversible y el mundo lo está haciendo.

En el mundo, no sólo en nuestro país, ha reaparecido la sensación de que hay una crisis entre la democracia y el capitalismo neoliberal. Estos se han considerado adversarios por mucho tiempo. Cierto es que ha habido momentos históricos donde este conflicto se ha resuelto por medio de un pacto social, donde se nos convenció de que la libertad democrática dependía de la libertad de los mercados y de que la búsqueda del beneficio al final se distribuiría entre todos. Sin embargo, este acuerdo social no quitó a los capitalistas el miedo de que las mayorías democráticas no abolieran la propiedad privada y ese miedo los radicalizó a tal grado que las sociedades de diferentes países se dieron cuenta que ese pacto y la política y la economía que se derivaron de él ya no podía cambiar sus vidas. El resultado ha sido la baja recaudación de votos, la fragmentación de los partidos y de los grupos políticos y la generación de respuestas diferentes, como el trumpismo en EUA o el Bexit en gran Bretaña y, desde luego, el obradorismo en México.

A la hora de definir un proyecto unitario, si es que lo logran, la oposición al gobierno tendrá que considerar lo anterior y eso los pondrá ante una realidad diferente a la que había previo el 2018 y la Civid-19. Ahora es más grande el descontento con las políticas gubernamentales anteriores y más claro se tiene quienes son los causantes. Tendrán que reaprender lo que significan las necesidades sociales. Tendrán que, como lo están buscando en diferentes partes del mundo, buscar una mejor distribución del ingreso y mejores empleos sin dumping salarial y más protegidos. Las diferentes oposiciones siguen pensando en que la gente no ha aprendido y que los pueden manipular a su antojo con los órganos de difusión ideológica otras veces utilizados con éxito. Lo hicieron en el 2018 y no les resultó porque la gente es ahora un agente fundamental del cambio.

Tenemos pues, frente a nosotros, un escenario donde los causantes de que la gente votara por AMLO sin proponérselo, quieren decirle ahora que cometieron un error y que por ello ya no deben votar por él. Ahí se esconde el verdadero interés del capitalismo neoliberal de mercado y de sus voceros. Luchar contra la representación presidencial significa la desaparición o el empobrecimiento del Estado democrático. Eso es exactamente lo que buscan. Cuando el capitalismo funcionó administrado por el Estado la democracia era un factor en el progreso económico y social. Cuando la democracia dejó de ser funcional para el mercado creció y propició una gran concentración del ingreso en beneficio de pocos. Más claro no puede ser. Es cierto que la superestructura del poder que se anuncia como el círculo rojo podrá regresar al poder, no lo negamos, pero lo tendrá que hacer en otras condiciones. Si lo logran, para mantenerse en el gobierno, encontrarán que tendrán que retomar la línea que se está siguiendo ahora y en ese momento también habrá ganado AMLO.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La revolución digital en tiempos de covid

La revolución digital aceleró su debate con la pandemia. El proyecto libertario de la contracultura norteamericana asentada en california al amparo de la innovación de un grupo de visionarios, perdió su impulso frente a los grandes monopolios de la economía digital que se formaron. Muchos de sus fundadores ahora son sus críticos. El triunfo impresionante del Valle de Silicio poco a poco se fue transformado en un proyecto de tecnopoder que busca administrar todos los sectores de la sociedad, desarrollar una “industria de la vida” que se beneficie de los recursos públicos y el apoyo de políticos. Este proyecto esta brincando del oeste al este de EUA no de manera tersa, pues hay un choque de poderes y de visiones entre estas dos áreas. Este modelo del Valle del Silicio, lo que se ha llamado la siliconización, se está buscando desarrollarlo en del mundo. Todo ello, en medio de un conflicto entre China y EUA.

Los norteamericanos consideran que los chinos están compitiendo para convertirse en los principales innovadores del mundo y afirman que Estados Unidos no está jugando a ganar, por lo que quieren que el gobierno, no sólo la iniciativa privada como se piensa del lado oeste, debería comenzar por definir las prioridades nacionales respecto de las tecnologías emergentes. Parten de la idea de que la ventaja de Estados Unidos en la rama de la inteligencia artificial es precaria si se considera que ésta abrirá nuevas fronteras en todo. La UE, con Alemania y Francia a la cabeza, están impulsando proyectos propios, en tanto que no quieren seguir dependiendo de la infraestructura digital norteamericana y, por tanto, no seguir fortaleciendo su poder económico y digital. China sigue en su proyecto de convertirse en los principales innovadores del mundo y llegar a ser la más grande economía en 2030.

Con la pandemia de la Covid-19 y el uso intensivo de las nuevas tecnologías que se hizo para ayudar a enfrentarla mejor, este conflicto mundial regresó a las mesas de análisis de los pensadores mundiales. Sin embargo, lo hacen desde una visión superficial, pues la mayoría de los ensayos y trabajos periodísticos presentados en los diferentes medios mundiales se centraron en el punto de la privacidad de la información, de los derechos humanos y alertando sobre la transformación de los estados en tecno-totalitarios. Empero, sólo los menos se centraron el punto nodal: que los grandes beneficiados de la pandemia del Covid-19, son los monopolios digitales asentados en EUA y que hay una disputa interna en EUA y de este contra el mundo, por quien hegemonizará la economía digital los próximos años, ya que la digitalización de todo otorga a las empresas tecnológicas un inmenso poder social. La relación, durante años idílica, entre la red social y Trump parece haberse roto. El conflicto entre Trump y Twitter rebela una de las batallas de nuestro tiempo, que no es sólo la libertad de expresión o la desinformación.

Mientras se discutía sobre la Covid-19 en el mundo sobre las medidas de restricción social para evitar la rapidez de los contagios, su duración, el tiempo que permanencia la inmunidad y las posibles vacunas, en paralelo, en los países democráticos se debatía sobre la experiencia de los usos de la Inteligencia Artificial en los países asiáticos, sus repercusiones en la democracia occidental y la utilidad para ayudar en la solución. Recordemos que fueron los asiáticos los primeros en empezar con la pandemia y los que, entre otras cosas, utilizaron la inteligencia artificial como el reconocimiento facial y los teléfonos inteligentes para geolocalización y monitorear los movimientos de las personas que estuvieron en contacto con enfermos y alertar de zonas de contagio, entre otras varias ayudas tecnológicas.

La Civid-19 vino a darle un impulso muy importante al uso de la inteligencia artificial pues todos los países terminaron por utilizarla como ayuda, pero también despertó los demonios y traumas que la democracia occidental siempre ha tenido con los países orientales a los que no bajan de autoritarios y terroristas y con sus propias creencias de derechos y libertades individuales asentados desde el inicio de la modernidad. Por esa razón, la argumentación no respondió a un análisis integral del problema, como lo muestra el hecho que hayan utilizado de manera superficial el discurso de los críticos fundadores del Valle del Silicio, quienes defienden los objetivos iniciales de la digitalización como un servicio para mejorar el bienestar social y al internet como un espacio de libertad, pero también afirman que a lo que estamos llegando es a un capitalismo de vigilancia, como una nueva forma de totalitarismo. Es claro que son dos cosas diferentes. Maurizio Lazzarato habla de una servidumbre maquínica donde la tecnología se ha convertido en un nuevo instrumento de dominación, que es muy diferente cuando se defiende la privacidad y los derechos humanos.

El virus mostró la insolvencia del neoliberalismo para resolver los problemas que él mismo había causado y ahora, para usar una expresión de Evgeny Morozov quieren utilizar el solucionismo tecnológico para mantenerse sin que cambien las cosas, ampliar el nuevo poder que trae la acumulación de datos que la gente voluntariamente les dio y ocultar los verdaderos objetivos de las grandes plataformas de la economía digital. Atacar por el lado de la privacidad significa perder la perspectiva sobre el verdadero fin de la economía digital. Pero Morozov va más allá y afirma que esta estrategia de solucionismo tecnológico es una manera de evitar la política. Afirma que la con la Inteligencia Artificial y el Big Data se pretende hacer más fácil el mundo post-neoliberal, pues desactiva y descarta soluciones políticas y hacer que la gente expuesta a datos mediante aplicaciones, pueda actuar por el bien público.

Naomi Klein, la prestigiada economista canadiense, asegura que el rastreo de datos, el comercio sin efectivo, la telesalud, la escuela virtual, el teletrabajo y hasta los gimnasios y las cárceles, parte de una propuesta altamente rentable y sin contacto humano. Ahora, nos dice, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia. Y agrega algo fundamental y poco tratado, como es que es un futuro que afirma estar basado en la inteligencia artificial, en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, esto es, la hiperexplotación.  Dice el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose, esos son lostrabajadores del clic.

En realidad, pues la tecnología no es ni buena ni mala; empero, pasan por alto otros elementos secundarios importantes que debemos analizar.  Todos los analistas coinciden en lo dicho por Robert Solow, premio novel de economía 1987, en que en la cuarta revolución industrial se veían las computadoras por todos lados menos en las estadísticas de productividad. A eso que se le llamó la paradoja de la productividad, para la que se buscaron diferentes estrategias de cómo enfrentarla. Los más optimistas aseguran que sólo hay que darles tiempo a las nuevas tecnologías para que cuajen en el mercado y puedan desarrollar todo su potencial en la economía y que, además, se estaba midiendo mal aspectos de esta tecnología que no están visibles. Hasta la fecha no se ha podido resolver esa paradoja y los empresarios prefieren mejor hacer recompras de acciones o de bonos gubernamentales, esto es mantenerse en la especulación, que invertir en las nuevas tecnologías.

Aun así, todo indica que vamos a vivir cambios profundos. Nos espera un futuro dominado por el mundo de las nuevas tecnologías. Pero antes tenemos que ver lo que hace más de cincuenta años se dijo y que ahora podemos aplicar a la inteligencia artificial. La gestión de la crisis sanitaria ha revelado las fuerzas y flaquezas de la IA. Esta no puede prever lo que no se ha producido y, por lo tanto, no hay datos con los que se pueda alimentar. Por más volumen de información que puedan procesar, ante un hecho emergente como el SARS-Covid2 nada puede hacer. Ya lo decía muy bien Gilbert Simondon en “El modo de existencia de los objetos Técnicos” lo que reside en las máquinas es la realidad humana, es una extensión del humano, por lo que no pueden funcionar sin su participación. La IA esta llena de fallos los que deben ser constantemente arreglados mediante el uso intensivo del trabajo humano, quien es el que les suministra datos fiables y utilizables. Ahora, con los datos derivados de los diferentes análisis que se han realizado en el mundo sobre la pandemia y con apoyo de experiencias anteriores es que la AI será de utilidad indispensable.

Como se puede observar, pues, a los miedos, los traumas y los demonios que ha despertado el uso de las tecnologías en épocas de Covid-19, se agrega el que el uso que se le dio se pueda quedar permanentemente en nuestras vidas. Es claro el tema sobre la relación de los humanos y la tecnología no se solucionará con más democracia o apelando a la responsabilidad de usuarios de redes y de internet, como lo pregona grupos de defensa que hablan de la necesidad de luchar contra el mundo virtual y, en ese sentido, se preguntan hasta dónde estaremos dispuestos a ceder nuestro derechos y libertades. Es terrorífico, nos dicen, pensar la gente se acostumbre al actual estado de cosas. La realidad es que el actual estado de cosas es que vivimos demasiado rápido, demasiado acelerados; todo va tan rápido que perdemos, el contacto con la vida, lo que genera un vacío, una frustración, un deseo del objeto, que es llenado por el consumismo, que es una de las esencias del capitalismo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vinculación ni más cercanía, por ello, tenemos que inventar nuevas formas de acción.

Eduardo Torres Arroyo

CEN STRM

México ante la nueva normalidad

La nueva normalidad impulsada por el gobierno actual nos indica que se está en la estrategia de continuar en la post-pandemia el ciclo político, económico y social iniciado en 2019. Un cambio que se va a convertir en normal, es una expresión que tiene sentido político a pesar de que pueda tener un significado opuesto, un oxímoron pues, pero la nueva normalidad tiene una intención estratégica que nos anuncia hacia dónde vamos lo próximos años. Este nuevo ciclo ya se venía prefigurando desde la toma de posesión del actual presidente. No obstante, las fuerzas que salieron perdedoras del proceso electoral del 2018 habían podido retrasar esa promesa de campaña, pues a pesar del gran apoyo electoral popular, esas fuerzas antagónicas mantenían un gran poder y lograron que parte del discurso político del nuevo gobierno considerara no violentar sus intereses. Ese discurso político que el presidente asegura es su convicción, se mantiene bajo el esquema de que es un gobierno de todos los mexicanos.

La crisis de la Covid-19 y lo que se espera de la post-Covid-19, facilitaron que el país caminara más rápidamente hacia una reestructuración del orden económico, con lo que ahora se ha dado llamar nueva normalidad. Cayó pues como anillo al dedo. Sin embargo, la crisis pandémica ha tenido costos muy altos que han servido para mantener la confrontación política, basados en que la estrategia seguida para enfrentar la crisis de salud, debió haber sido diferente. Hay que decir que estas diferencias no son exclusivas de nuestro país. En todos lados las discrepancias en la modelación matemática y en el cómo atacar la pandemia desde el punto de vista de salud publica se utilizó políticamente. Una enfermedad emergente así lo condiciona. Simplemente para dar un ejemplo, Suecia dio muchas libertades para el confinamiento, pero terminó convirtiéndose el país —con diez millones de habitantes— con más muertes por habitante.

México un fue la excepción. Estas diferencias se utilizan como estrategia política de oposición conservadora y es difundida con amplitud en los diferentes medios de comunicación. Además, los grupos de poder económico y político siguiendo los mismos esquemas del capital depredador neoliberal de los países desarrollados, pidieron al gobierno mexicano más deuda e inyectar liquidez a las grandes empresas y a los bancos. Con la crisis pándemica los desarrollados realizaron inyecciones masivas de capital y bajaron las tasas de interés al cero, intentando estabilizar la situación de los mercados de valores para mitigar el déficit de liquidez, cuando no era un problema de liquidez. Más aún, los gobiernos compraron bonos del Estado y corporativos y otorgaron con dinero público crédito y préstamos garantizados para las empresas y trabajadores, etcétera.

Miméticamente, aquí se pidió que el gobierno contratara deuda y utilizara recursos públicos para financiar las consecuencias de la crisis de salud, como si fuera una crisis de liquidez, convertir después las deudas privadas en deudas publicas, que se pagaran salarios universales, etcétera. Encontraron apoyo el Banxico y en el BID, pero sin el aval del gobierno lo cual hacía inviables los préstamos. Finalmente, optaron por utilizar todos lo medios masivos de difusión nacionales y extranjeros para desprestigiar. En realidad, no tienen otra forma de ver el mundo, pero se toparon con pared, la respuesta incluyó el que si las empresas quebraban pues no se podía hacer algo para que el gobierno las rescatara.

Entonces cambió la estrategia, que tampoco es diferente a lo que sucedió en otros países pues obedece a el gran impacto derivado de una enfermedad emergente. Acusan que se ocultan las muertes por Covid-19 y que, por tanto, hay más decesos de los que se anuncian oficialmente y que la pandemia desbordó las expectativas del gobierno. Los columnistas, los economistas, los intelectuales orgánicos y los empresarios, desesperadamente por el número de calificativos que agregan, insisten en que se deben hacer muchas pruebas, para rastrear. Por ejemplo, Julio Frenk un respetado médico orgánico dice que es irresponsable y desastroso reabrir sin pruebas y que para que haya una nueva normalidad y evitar un rebote hacer es necesario multiplicar las pruebas. El sacrificio social, la pérdida de empleos y vidas se pudo haber evitado con pruebas oportunas. Pero cierra su comentario con la idea de que están apostando a la pérdida de mayoría en el próximo legislativo.

La oposición mexicana al modelo matemático seguido por el gobierno y a la falta de pruebas, olvidan o pretenden olvidar tapando ese olvido con una estrategia política, que los países desarrollados a pesar de las pruebas alcanzaron cifras altas de morbilidad y que en los países asiáticos, ciertamente se hicieron pruebas masivas, pero ellos ya tenían ese equipo fabricado en Asia, gracias a la expansión del capitalismo y a la búsqueda de salarios bajos y condiciones laborales laxas. Además, y estos es muy importante, no fueron sólo esas pruebas lo que les dieron éxito, sino por la combinación con la tecnología de vigilancia masiva, facilitada por sus creencias en Confucio. Contrariamente en occidente se habló profusamente de evitar el shock digital apoyando la defensa de la privacidad. Así que es poco útil la estrategia de los conservadores mexicano si realmente quieren minar el proyecto del gobierno actual y los denuncia débiles y desesperados, lo que es muy crítico.

Lo que realmente está en el fondo, es que la estrategia de clase política mexicana ganadora con el modelo neoliberal se puso en crisis en 2018 y la Covid-19 agudizó esa situación; ante ello, una parte de la clase política, una parte de los empresarios, los partidos políticos que quedaron en la oposición y los intelectuales orgánicos, se niegan a aceptar su crisis, buscan reivindicarse negando apoyo el nuevo modelo político impulsado por el actual gobierno. Por ello, Lorenzo Meyer habla claramente de una rebelión de las élites, a pesar que desde un principio se dejó claro que se respetarían derechos políticos y privados, pero que deberían entender que también se considerarían los rezagos sociales de manera importante y se pondría especial énfasis en reducir las desigualdades y sobre todo la corrupción como una de las causas de aquellas. Incluso desde la izquierda radical se acusó al gobierno de hablar de un golpe de estado como estrategia de fortalecimiento y la derecha si propuso abiertamente planear uno.

Esa resistencia abierta de los conservadores neoliberales agudizó su crisis ente la Covid-19, aceleró las contradicciones y clarificó las diferentes estrategias. Sí, ese término marxista que tanto molesta a los neoliberales y que repetidamente se burlan de él. Los más curioso es que piensan los opositores al gobierno que con la estrategia de enfrentar la pobreza, corrupción, desigualdad y la falta de crecimiento acelerado, lo que se busca es precipitar las contradicciones para concentrar el poder en todos los frentes, como si eso fuese suficiente para alcanzarlos. Cierto, una de las debilidades del progresismo ha sido eso, esto es, no tener el poder suficiente para hacer cambios progresistas, pero que no vengan a decir que ellos están ajenos a concentrar el poder porque el proyecto neoliberal ha sido eso efectivamente. Lo real es que no pueden resolver sus miedos a que el pueblo pueda decidir. No estaban preparados para ello. Lo absurdo del modelo neoliberal se vio sin máscaras.

Tenemos que recordar con el neoliberalismo el equilibrio del poder se desplazó hacia arriba y la confianza de los inversores era más importante que los votantes. En pocas palabras el poder económico se convirtió en poder político; para ello, se crearon nuevos órganos autónomos de gobierno, se modificó la constitución y las leyes para crear todo un entramado jurídico que estabilizara la nueva función del Estado. Ese esquema privatizador en extremo y el de mantener en el Estado un apoyo sin reservas a ese proyecto, cambió con el actual gobierno y se le regresó al Estado el poder de controlar al mercado. Ese es un giro muy importante que rompe varios años de neoliberalismo. No los desaparece porque cuarenta años de concentración de poder económico y político son difíciles de cambiar en un año. Eso es lo que no quieren aceptar los grupos de poder, no quieren entender que la democracia y el capital entraron en contradicción en 2018, dado que el pueblo se puso encima de los mercados con un voto masivo. Ese es el verdadero cambio y al que tanto teme el capital y el verdadero conflicto en el 2020 con la Covid-19 en medio.

Gestionar un nuevo capitalismo democrático es lo que está en la mesa y la pandemia inclinó aún más la balanza en favor del gobierno. Ojo, no estamos hablando de socialismo o de anticapitalismo. Alguna parte de la izquierda mexicana critica esta posición porque ellos quisieran a un gobierno más radical, pero a nadie se está engañando. El progresismo latinoamericano siempre estuvo bien claro sobre el momento y habló de que lo que se estaba impulsando era un capitalismo puro y duro. Con la entrada del nuevo gobierno el campo de batalla donde se dirimen las contradicciones del capitalismo democrático cambió. Los mercados dictaban lo que el Estado debería hacer o no por los ciudadanos y las calificadoras, los organismos internacionales y los nuevos órganos de gobierno, cuidan que eso se cumpliera. Corregir la influencia del mercado mediante la acción política colectiva en términos económicos, significa un conflicto distributivo que termina por ser más costoso para el capital, costos que no quieren asumir y lo vemos con claridad ante la crisis pandémica.

En el mundo capitalista desarrollado y dependiente en vías de desarrollo también se habla de recuperar la normalidad, pero lo hacen desde la perspectiva de priorizar los intereses del capital. Cierto es que no dejan de considerar la salud general de la población y de los trabajadores, porque los rebotes pandémicos pueden volver a mandarlos a resguardo, lo que significa nuevamente parar la economía. En nuestro país la estrategia es pasar a una nueva normalidad que va en el sentido contrario, esto es priorizar la salud y la recuperación económica están en el mismo nivel. En el momento post-Covid-19 en México se habla de una alternativa progresista donde la economía está al servicio de la sociedad y del bien común y con una activa actividad del Estado para garantizarlo.

Con la crisis Covid-19 los mejores momentos de la globalización quedaron en el pasado de manera definitiva. Esto es más serio que la crisis de salud. Gran parte de nuestra forma de vida anterior al virus ya es irrecuperable, nos dice John Gray en el periódico El País. Vienen momentos diferentes en todo el mundo, aunque las medidas de restricción se mantendrán, la incertidumbre permanecerá mientras no exista vacuna. Seguramente, afirma el catedrático ingles, se desarrollará una vacuna y tratamientos que reducirán la letalidad del virus. Pero lo más probable es que se tarden años, y, mientras tanto, nuestras vidas habrán cambiado hasta ser irreconocibles. Las actitudes de la gente, más que las medidas impuestas por los Gobiernos, impedirán que volvamos a las costumbres anteriores a la covid-19.

Finalmente, no podemos olvidar que esta crisis tiene raíces más profundas que las podemos situar en 2008 cuando se puso fin a la época dorada de las finanzas. Los beneficios de las empresas fueron escasos, el incremento de la productividad fue limitado a pesar de los grandes avances tecnológicos y por estas razones las inversiones no mostraron ningún dinamismo. Las finanzas se encontraron, a su vez, en serios problemas, mostrando una baja rentabilidad. Asi que, como atinadamente lo dice Atilio Boron, la posibilidad de una etapa post-capitalista no la podemos subestimar. La pandemia no fue quien originó la crisis, pues ésta venía gestándose desde antes. Lo que sí hizo fue correr, con mortífero impulso, el telón que ocultaba sus enormes contradicciones y debilidades, que ahora son percibidas por (casi) todos, aunque, todavía es pronto para saber el camino que va a seguir la recuperación económica.

Eduardo Torres Arroyo