PERSPECTIVAS_ No puede esperar la lucha contra la pobreza laboral y alimentaria

La pandemia ha puesto a la humanidad en medio de una de sus peores crisis contemporáneas, pues lo que comenzó como una cuestión de salud hoy en día ha cobrado un impacto importante en materia de economía, empleo y pobreza.

Desafortunadamente, además de las consecuencias en términos sanitarios y de pérdida de vidas humanas, los mercados emergentes y las economías en desarrollo se han vuelto más vulnerables a los efectos económicos que ha generado la pandemia.

Cabe recordar que, apenas transcurridos unos meses de la emergencia, el Banco Mundial refirió que ésta repercutiría en la oferta y en la demanda de productos básicos como resultado del estancamiento del crecimiento económico. La situación que se ha presentado en cada país ha dado fe de ello y, como era de esperarse, las naciones menos desarrolladas han sido las más golpeadas en ese sentido, pues los efectos se han dado en la medida en que cada país ha podido responder a la crisis.

El comercio minorista, el sector del esparcimiento, las actividades recreativas y los servicios de transporte han sido de los más afectados en México, debido a las medidas de confinamiento obligatorio y a las restricciones, pero la situación ha golpeado de manera generalizada a la mayoría de los sectores productivos y, en consecuencia, a la economía del país y de miles de familias.

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la pobreza laboral pasó de 35.6 a 39.4% entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021. Esto quiere decir que el porcentaje de personas que no pueden cubrir una canasta básica alimentaria con sus ingresos aumentó casi un cuatro por ciento. Entre las entidades más afectadas está la Ciudad de México, donde se registró la mayor pérdida de empleos entre marzo de 2020 y el mes de abril de este año.

En ese sentido, resulta fundamental el diseño y la puesta en marcha de medidas para garantizar un ingreso para los desempleados, a través de un seguro de desempleo o ingreso básico temporal, como ya lo han implementado otros países. Asimismo, resulta necesaria la formulación de un esquema para garantizar el acceso a una canasta básica alimentaria a las familias afectadas, a fin de evitar que el costo en términos económicos agudice el problema de nutrición y pobreza alimentaria en nuestro país.

Como siempre, los más pobres son los más vulnerables y, en ese sentido, es necesario respaldar a las familias de escasos recursos que han perdido su fuente de recursos y que necesitan contar con herramientas para solventar sus necesidades básicas de alimentación.

Debemos ser empáticos y emprender el apoyo en favor de quienes más lo necesitan, pues se trata de sacar adelante el país y ver más allá de la emergencia sanitaria. Es momento de analizar las oportunidades que en este contexto se presentan para mejorar los derechos sociales de la población, con atención primordial a las personas de bajos recursos y contribuir a que la economía se recupere de manera más rápida y sostenida.

CON NINFORMACIÓN VÍA EXCELSIOR