Tecnoestrés laboral y productividad, temas que deben atender las empresas

Esmeralda Díaz trabaja desde casa, casi desde el inicio de la pandemia, y lo que creyó sería una forma “más relajada de realizar sus labores” no fue así, ya que sus actividades con la empresa en la que fue contratada hace dos años han aumentado, y sus tiempos libres han disminuido y los ha tenido que repartir entre sus gustos y obligaciones personales.

Tras más de un año de trabajar en esta forma, asegura que ha comenzado a adaptarse, aunque esta “normalización” también le ha traído dificultades para dormir, se siente estresada y hasta ha pensado en renunciar por la cantidad de obligaciones que hoy tiene que cumplir.

“Al principio pensé que sería cómodo estar en casa y logré ser más productiva, acababa mis objetivos semanales pero, conforme avanzaban las semanas, mi jefe me solicitaba más y más trabajo, tanto que no lograba conciliar el sueño, despertaba cansada y el trabajo no disminuía.

“Le dije a mi jefe que había sobrecarga de trabajo, pero esto le molestó y como siempre su respuesta fue que había muchas personas sin trabajo, por lo que decidí continuar pero me siento realmente agotada y tengo menos tiempo personal para estar con mi familia y mis hijos, pero se necesita el trabajo, pero la carga sigue en aumento porque yo creo que piensan que uno no hace nada por estar en casa, situación contraria porque uno debe dividirse entre ser madre o padre, cumplir con el trabajo, los hijos y las actividades cotidianas como hacer limpieza, la comida, y descansar”, señala.

Cambios radicales

Esta situación se agudizó aún más debido a que el paso a la modalidad home office fue “un cambio abrupto” y las y los trabajadores “fueron obligados a modificar su forma de trabajar, fueron muchos cambios para un ser humano que no pueden procesar”, indicó Neja Brglez, directora de Plataformas Digitales de Join2Work.

“Lo que sucedió con la pandemia fue un cambio abrupto y fuimos obligados a cambiar nuestra forma de trabajar y muchas empresas impulsaron la digitalización y eso estuvo bien, pero lo que se les esta olvidando de lo que antes se tenía era este contacto en el que estábamos intercambiando situaciones personales, y eso no debería desaparecer.

“Por desgracia, algunas empresas están viendo la situación sólo del trabajo y están prefiriendo la productividad y se les olvida el ser humano que está usando la plataforma, es por eso que debemos impulsar la digitalización pero también se debería impulsar cursos de plataformas adecuadas, buscar centralizar las necesidades dentro de una sola plataforma y hacer planeación de cómo trabajar por objetivos, cómo impulsar la estrategia con colaboradores, comunicarnos, pero también tomarnos el tiempo para conversar con los compañeros de trabajo, porque necesitamos seguir conviviendo, pero también recordar que el cambio viene de uno mismo y de tener un líder preocupado por esta situación”, mencionó.

Y es que dijo, el líder debe ayudar a que sus colaboradores sigan creciendo a través del cuidado y la preocupación por su bienestar, así como de impulsar estas necesidades “y así hablaremos de posicionamiento y de crear grandes marcas en el mercado laboral, porque aumentará el entusiasmo y con ello la productividad”, expuso, no sin antes mencionar que el Banco Interamericano de Desarrollo señaló que, durante esta emergencia sanitaria la productividad ha aumentado 70 por ciento, aunque con ello también el tecnoestrés.

¿Qué es el tecnoestrés?

De acuerdo a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la falta de habilidades para manejar y trabajar con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), así como su uso excesivo, pueden llevar a las personas a sufrir de tecnoestrés, así lo refiere Juana Patlán, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM.

“Este trastorno se presenta en todas las personas que por su trabajo o actividades cotidianas están en contacto con el uso de las TIC, siendo la población joven la más afectada.

“Y si bien las TIC facilitan diversas actividades, también han provocado alteraciones tales como el tecnoestrés”, destaca Patlán.

El tecnoestrés se deriva de un desajuste entre las demandas laborales y los recursos personales. Su aparición depende de las habilidades de las personas que el manejo de las tecnologías, del contenido y los cambios en los puestos de trabajo, así como de las estrategias utilizadas por las empresas.

Al no contar con estas condiciones, se genera un desajuste que puede provocar ansiedad, cansancio, dolores de cabeza, fatiga mental y física, dolores musculares, temor, aburrimiento, entre otras conductas negativas.

Productividad se ha visto agravada

A raíz de esta pandemia la productividad y compromiso de las y los trabajadores se desplomó a cifras sin precedentes desde el segundo trimestre de 2020 derivado de los trastornos derivados de un mal descanso, padecimiento que tiene el 45 por ciento de la población.

Así lo indicó José Mársico, especialista en temas de bienestar corporativo, quien agregó que para México, “un factor importante para estos indicadores se atribuyen también a que la mitad de las muertes son derivadas de enfermedades provocadas a una mala alimentación como la diabetes, cáncer y otras deficiencias, una epidemia que se vivía desde antes del covid-19”, expuso.

Es por ello que considera que las empresas tienen la oportunidad de hacer cambios importantes en el equilibrio por la salud física y mental de sus trabajadores en esta situación híbrida laboral que se vive, “la oportunidad de hacer algo grandioso por nuestra gente y que se convierta en resultados de negocios en un futuro”, explicó.

Es así como Esmeralda sabe que debe “resistir” para poder tener trabajo y espera que exista un cambio en la empresa para la que presta sus servicios, “porque ahora con todo esto de la pandemia he reformulado mi deseo por estar bien y no morir de un infarto ante la carga de trabajo por obtener un sueldo que no le llega al valor que tiene mi propia salud”, concluyó.

CON INFORMACIÓN VÍA MILENIO

Crece productividad y costo de vida, pero baja carga salarial a empresas

El costo de la vida en México, medido a partir de la inflación, se encareció 78.4 por ciento en casi 14 años, mientras los gastos promedio que realizan las empresas en el pago de salarios y sueldos, prestaciones sociales, contribuciones a la seguridad social y liquidaciones a la fuerza de trabajo se redujeron 1.31 por ciento en el mismo periodo, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Banco de México, cuya serie de la masa salarial se registra a partir del primer trimestre de 2006.

No todos los rubros de consumo se han encarecido a la misma velocidad frente a un salario medio y costos laborales rebasados por la inflación. Las bebidas alcohólicas y el tabaco lo han hecho casi al doble que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), con un aumento de 130.4 por ciento a septiembre pasado, lo mismo los alimentos y bebidas no alcohólicas cuyo precio promedio ha crecido 122.8 por ciento en ese tiempo y el transporte que lo ha hecho 110.5 por ciento, de acuerdo con la información.

También por arriba de la inflación general, el costo de restaurantes y hoteles ha incrementado 104.3 por ciento, el de la educación 94.2 por ciento, la salud 87.4 por ciento y los muebles y artículos para el hogar son el rubro más cercano al del INPC con un incremento de 78.5 por ciento; eso, entre enero de 2006 y septiembre del año pasado, periodos para los que hay datos tanto en el Inegi como en el Banco de México.

El costo de la recreación y el acceso a la cultura ha tenido un aumento acumulado de 50.1 por ciento; el acceso a agua, vivienda, electricidad, gas y otros combustibles aumentó 46.4 por ciento y el de prendas de vestir y calzado 41.6 por ciento. Todos por debajo de la inflación general. Y el único rubro cuyo índice de precios ha bajado es el de las comunicaciones, un 41.7 por ciento acumulado en el periodo de referencia.

Las series realizadas por el Banco de México, con base en información de Inegi, muestran que del primer trimestre de 2006 al tercero de 2020 han aumentado los índices de productividad laboral, el del mismo producto interno bruto y el de horas trabajadas, sin que esto vaya a la par ni del costo unitario pagado a la fuerza de trabajo ni de las remuneraciones medias reales en el país.

De acuerdo con datos desestacionalizados, en ese tiempo el índice de productividad en México aumentó 3.9 por ciento y el de horas trabajadas lo hizo 12.4 por ciento. En medio de estos datos se cuentan dos crisis económicas; la de 2009, cuando ocurrió la burbuja de las hipotecas en Estados Unidos, y la más reciente de Covid-19. Sin embargo, el pago por cada trabajador se redujo 4 por ciento y en general el pago de la fuerza de trabajo lo hizo 1.3 por ciento.

Con información vía La Jornada

PERSPECTIVA. Home office: un cambio de paradigma

Para ciertas funciones, la posibilidad de trabajar a distancia sin duda se trata de una revolución generada a raíz de la pandemia y que dará lugar a una nueva cultura laboral. Siempre se creyó en el paradigma de que había que tener a los trabajadores en un mismo espacio físico, para facilitar su supervisión y control, pero lo que ha demostrado el home office en el tiempo en que el confinamiento lo hizo necesario, es que se trata de una visión más inteligente que permite reducir tiempos de traslado y los tiempos muertos que se dan en las oficinas, haciendo más eficiente el trabajo que se realiza desde casa, incrementando la productividad en algunos casos hasta un 22%.

Para muchos sectores laborales ha llegado el momento de dejar de tasar la productividad bajo el rasero de las horas invertidas, y ponderar en su lugar no el tiempo sino la calidad del trabajo realizado.

También es una realidad que al estar en casa, se hace igual de necesario atender las problemáticas de la vida hogareña y el cuidado de los hijos a la par de que se hace el trabajo de oficina, lo que invariablemente se convierte en una potencial fuente de estrés adicional que lleva a confrontaciones y situaciones de violencia.

Sin embargo, lo que han demostrado los cambios en los últimos meses es que el paradigma del uso de oficinas para el control físico del personal ha quedado exhibido en su ineficiencia y dispendio innecesario.

México es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) donde más horas se trabaja por año, de acuerdo con cada reporte anual del organismo. Aquí se laboran más de 43 horas a la semana, mientras que Alemania, en el otro extremo del espectro, ocupa un promedio de 26 horas la semana. Pese a ello, la productividad de ambos países es inversa. México se encuentra al fondo de la tabla. ¿Cómo es eso posible con tanto tiempo “laborado”?

La explicación es que horas oficina no se traducen, de manera proporcional, en productividad: allá entienden que 26 horas bien invertidas, con personal motivado y bien dirigido, concentrado, son mejores que 43 horas de tiempo exigido en la mera presencia física sobre un escritorio.

Como en otros momentos desafiantes de la humanidad, la pandemia no sólo ha traído infortunios, sino también avances en el conocimiento derivados de la necesidad de superar esos problemas. Ojalá México aprenda de esta lección y deje de equiparar horas-oficina con productividad, porque claramente no son lo mismo.

Con información via El Universal