Ven rezago en licitación de espectro para 5G en México y América Latina

La lenta coordinación entre autoridades y particulares, además de los efectos de la pandemia del covid-19, hacen que México y América Latina se encuentren rezagados en la entrega de recursos radioeléctricos de 4G y 5G, reveló un estudio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

El informe Análisis de las recomendaciones de espectro de la UIT en América Latina, elaborado por el organismo especializado en telecomunicaciones de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), evaluó el panorama de México y la región, en donde se comparó el espectro asignado y el recomendado para los años 2015 y 2020.

“Los atrasos en asignación de espectro radioeléctrico adicional para servicios móviles representan la permanencia de un gran obstáculo para el lanzamiento y buen funcionamiento de redes 5G. Estas redes requieren espectro en bandas bajas, medias y altas para su buen desempeño”, señaló José Otero, vicepresidente para América Latina y Caribe de 5G Américas.

De las 18 naciones consultadas a julio del 2021, el Índice 5G Américas de Espectro Radioeléctrico indica que la cifra de cumplimiento más alto para la sugerencia de 2015 (1.300 MHz) en la región representó apenas 51.5 por ciento de este parámetro y que el promedio regional alcanza sólo se ubicó en 34.2 por ciento.

En el ranking regional, México destacó gracias a la reforma constitucional de telecomunicaciones aplicada en la administración pasada, pues ésta generó la creación de una red de servicios móviles mayoristas. La cantidad de espectro atribuida difiere en los casos y oscila entre 30 y 130 MHz.

Sin embargo, se estima que en México están concesionados 488.7 MHz de espectro para servicios móviles que representan 37.6 por ciento de lo sugerido para 2015 y e24.9 por ciento para 2020, es decir, cifras a la baja en lo que va de la actual administración pública y lo sugerido por la UIT.

Las asignaciones de espectro para servicios móviles produjeron un promedio en América Latina de 406 MHz, un nivel que corresponde al 31.2% de la sugerencia de la UIT para 2015. De los 18 mercados que sigue el índice, ocho están sobre esa marca, incluido México.

Respecto a ello, el reporte sostiene que Argentina asignó un espectro cercano al 30.8 por ciento; Brasil 46.8 por ciento; Chile con 51.5 por ciento; Colombia 37.9 por ciento; Costa Rica en 39.2 por ciento; Nicaragua en 32.3 por ciento; Perú con 40.8 por ciento; y Uruguay 39.6 por ciento.

La falta de planeación de medio y largo plazo para la asignación de espectro suficiente limita el crecimiento de la industria de las telecomunicaciones y con ello se dinamitan los puentes hacia una sociedad digital, hacia el desarrollo de la economía y la transformación digital empresarial”, sostuvo el análisis.

El informe destacó que al cierre del 2020, la penetración de servicios móviles de México fue de 95.6 por ciento, producto de 120.5 millones de accesos móviles y una población de 126 millones de habitantes en un territorio de un millón 964 mil 375 kilómetros cuadrados.

CON INFORMACIÓN VÍA MILENIO

México avanzó 11 lugares en Índice Global de Ciberseguridad de la ITU, pero le falta estrategia y regulación

México subió 11 lugares en el Índice Global de Ciberseguridad de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Mientras que en 2018, el país ocupó el lugar 63 de 175 países de acuerdo con su nivel de preparación en ciberseguridad, en 2020, México alcanzó el lugar 52 de 194 naciones consideradas en el estudio, con una puntuación de 81.68. 

México dista mucho aún del lugar número 28 que ocupó en el Índice de Ciberseguridad Global que realizó la ITU en 2017, sobre todo porque el país aún falla en los indicadores que miden los avances legales y organizacionales de las instituciones mexicanas. El país con la mejor protección en materia de ciberseguridad, según la ITU, es Estados Unidos, con un puntaje de 100, el máximo posible.

Entre los países que ocupan las primeras posiciones en materia de ciberseguridad en el mundo, de acuerdo con el índice de la ITU, se encuentran Reino Unido, Arabia Saudita, Estonia, la República de Corea, Singapur, España y Rusia; mientras que países como Corea del Norte, Honduras y Afganistán ocupan las últimas posiciones del listado. 

En materia de ciberseguridad, las posiciones en el continente americano también han cambiado desde el último reporte presentado por la ITU. Aunque México conservó el lugar número cuatro entre los países americanos, después de Estados Unidos, Canadá y Brasil; Uruguay, que hace algunos años superó a México como la tercera nación americana con los mejores resultados en ciberseguridad, ahora se posiciona en el lugar número cinco.   

Los puntos débiles de México en materia de ciberseguridad se concentran en el indicador de avances legales, que mide las leyes y regulaciones sobre ciberdelito y ciberseguridad, y el indicador organizacional, que analiza las estrategias y organizaciones nacionales que implementan la ciberseguridad.

Alice Oliva, directora de Legal Tech en la firma de ciberseguridad Optimiti Network, cree que para salvar estas dificultades legales y de organización, México requiere abrir los ojos para voltear a ver al resto del mundo y darse cuenta de que existe un reglamento internacional, como es el Reglamento General de Protección de Datos Personales (GDPR), que fue desarrollado por la Unión Europea, el cual es eficiente, porque permite incluso competir a nivel internacional en materia de datos personales.     

“Las empresas van a poder crecer porque van a cumplir con una ley internacional. México debe entrar en esa competición de conformidad con leyes más internacionales”, dijo Oliva en entrevista.

Con respecto a la capacidad organizativa de las instituciones mexicanas en materia de protección de datos personales, Oliva cree que lo que hace falta es darle mayores atribuciones al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales.

CON INFORMACIÓN VÍA EL ECONOMISTA

TENDENCIAS_ ¿Qué tan caro es el Internet fijo en América Latina?

El precio de la banda ancha fija es caro en todos los países de América Latina y el Caribe, y en algunos casos es impagable para la población, si se toma en cuenta el costo de Internet en relación con el ingreso nacional bruto (INB) per cápita.

De acuerdo con el informe Tendencias de Precios de las TIC 2020 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), sólo en Bahamas, Trinidad y Tobago, Costa Rica y Uruguay el costo de la banda ancha fija equivale al 2 por ciento o menos del INB, pero con velocidades muy bajas.

Un servicio de este tipo tiene un buen nivel de asequibilidad si alcanza dicho parámetro de 2 puntos porcentuales, ya que es el objetivo que la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible se propuso alcanzar para 2025.

Pero la mayoría de las economías latinoamericanas no han logrado conseguir esa meta. México, Chile, Brasil, República Dominicana, Barbados, Perú, Colombia, Panamá, Ecuador y Paraguay están cerca de alcanzarlo. Sin embargo, otras naciones como Jamaica, Cuba, Argentina, Guatemala, Bolivia, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua y Haití tienen un largo camino por recorrer. 

Al interior de los países, también existe una brecha en el precio de Internet que impide a la población más pobre acceder al servicio. El estudio de la UIT señala que el 20 por ciento de las personas de menores ingresos no puede permitirse pagar la conexión de banda ancha fija en ningún país de las Américas.

Otro 40 por ciento de los ciudadanos más pobres se enfrentan a costos muy altos para sus bolsillos. En un caso extremo, en Honduras ni siquiera el 10 por ciento de la población con mayores recursos puede pagar la banda ancha fija; sólo es accesible para suscriptores comerciales.

En comparación, la banda ancha móvil es más barata en la región: ese es uno de los elementos que han influido en que su penetración sea más alta no sólo en América Latina sino en todo el mundo.

En Bahamas, Canadá, Costa Rica, Chile, Uruguay, Argentina, México, Brasil, Perú, Panamá y Barbados, el precio del servicio móvil de Internet es inferior o igual al 2 por ciento del INB per cápita. Y en la mayoría de los casos, los usuarios reciben entre 2 GB a 5 GB de datos.

Si bien existe un reto importante en la asequibilidad de Internet móvil en la región, la UIT destaca que es aún más preocupante la brecha en la banda ancha fija, pues los costos de esta última son menos asequibles y no han logrado disminuir tan rápidamente como la banda ancha móvil. Además, las redes fijas juegan un papel en el desarrollo digital, porque permiten habilitar conexiones de alta capacidad y cursan una mayor cantidad de tráfico de datos.

CON INFORMACIÓN VÍA DPL NEWS

Niños y jóvenes desconectados: dos de cada tres no tienen Internet en casa

Dos tercios de los niños y jóvenes de 25 años de edad o menos no cuentan con acceso a Internet en su hogar, es decir, 2 mil 200 millones en todo el mundo, así lo advierte un nuevo informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, en inglés) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

El estudio indica que mil 300 millones del total son niñas y niños entre los 3 y 17 años; en tanto, 768 millones son niños y jóvenes de 15 a 24 años. Todos ellos se encuentran en edad escolar y carecen de acceso al servicio incluso durante la pandemia de Covid-19, que ha obligado a cerrar escuelas en diversos países y a adoptar modelos de aprendizaje a distancia con apoyo de la tecnología.

Además, Unicef y UIT alertaron que el acceso a Internet se hace todavía más bajo al mirar la realidad de las regiones más pobres. Por ejemplo, en África occidental y central, únicamente 5 por ciento de los niños y jóvenes tiene una conexión en casa, en contraste con la media mundial (33%).

La brecha en conectividad también es más profunda según el nivel socioeconómico, la riqueza de las economías y en las zonas rurales. En las naciones de altos ingresos, el 87 por ciento de los niños y jóvenes tienen Internet en el hogar, mientras que sólo 6 por ciento cuenta con el servicio en los países de menores ingresos.

Según el análisis con base en el ámbito de residencia, tres cuartas partes de los niños y jóvenes de las zonas rurales, de 25 años o menos, no tienen Internet, y el 25 por ciento sí disfruta de una conexión. En tanto, en las ciudades 41 por ciento cuenta con el servicio y el resto no.

En América Latina y el Caribe, 73 puntos porcentuales de los niños y jóvenes que habitan en poblados rurales no disponen de acceso a Internet en casa. Por otro lado, el porcentaje de niños o jóvenes que sí tienen el servicio en las ciudades es del 62 por ciento.

Si bien se trata de una problemática que ha persistido por varios años, la falta de conectividad se ha enfatizado durante la propagación del nuevo coronavirus. A lo largo de este año de confinamiento, las tecnologías, incluida Internet, han servido para mantener las actividades educativas, productivas y sociales.

Pero sin acceso a una conexión los niños y jóvenes enfrentan una barrera para continuar su educación, señalan las organizaciones de Naciones Unidas. Al mismo tiempo, los sistemas educativos tienen otros retos que son anteriores a la pandemia, como que uno de cada cinco niños en edad escolar no asistía a una escuela, o que en las instituciones educativas realmente no estaban aprendiendo.

El informe de Unicef y la UIT hace un llamado a atender esas brechas en la educación y, a su vez, ampliar significativamente el acceso a Internet e impulsar el desarrollo de habilidades digitales que serán necesarias para un futuro sostenible.

Con información vía DPL News

UIT estima una inversión de US$ 428.000 millones para achicar la brecha digital antes de 2030

Entre los trabajos en materia de desarrollo social realizados a nivel global por organismos internacionales sobresalen los relacionados a reducir la brecha digital. En ese sentido, además de las diferentes autoridades a nivel global, la Unión Internación de Telecomunicaciones (UIT) trabaja para aumentar la cantidad de habitantes conectados en el globo.

De acuerdo con ese organismo internacional se necesitan alrededor de 428.000 millones de dólares hasta 2030 para conectar a más de 3.000 millones de personas que aún no tienen acceso. La estimación pertenece al estudio «Connecting Humanity – Assessing investment needs of connecting humanity to the Internet by 2030». El informe reconoce que en 2019 casi la mitad de la población adulta mundial no estaba conectada a Internet.

Del monto económico que se estima necesario para poder cerrar la brecha, la mayoría debe ser destinada a la infraestructura, incluyendo unos 104.000 millones de dólares para gastos de capital (Capex) en redes móviles, lo que supone 2,6 millones de radio bases nuevas, y 70.000 millones de dólares en red de transporte (backhaul y backbone de fibra óptica), en total unos 700.000 kilómetros. En tanto que los gastos operativos (Opex) estimados son de 140.000 millones de dólares.

Del total de estas inversiones estimadas por UIT, el 90% deberán ser destinadas directamente a la implantación y mantenimiento de redes. En tanto que el 40% de lo estipulado para el Capex deberá destinarse a redes de última milla para conectar al menos al 90% de la población.

El estudio explica que la región que demandará mayor inversión es Asia Meridional, con 135.000 millones de dólares. En segundo lugar estaría África Subsahariana con 97.000 millones de dólares, seguida por Asia-Pacífico con 83.000 millones, las Américas con 51.000 millones, Europa y Asia Central con 33.000 millones y el Norte de África y Oriente medio con 28.000 millones.

El estudio explica que para que esas inversiones se realicen es necesario que las administraciones de la región propiocien un ambiente regulatorio y de políticas públicas que permita previsibilidad y, como consecuencia, la atracción de inversiones a largo plazo para apoyar la economía digital, en particular en los países de baja renta. Así las cosas, el estudio Connecting Humanity pretende crear una hoja de ruta para que los responsables políticos tengan una guía sobre la cual brindar mejores condiciones para alcanzar servicios digitales más accesibles, asequibles, fiables y seguros.

El estudio también analiza los costos relacionados con infraestructura, marcos normativos y reglamentarios que son más aptos, los conocimientos básicos y la generación de contenido tanto a nivel local como regional. También aborda la forma en que se deben financiar las zonas que hasta el momento no son atendidas por este tipo de redes y servicios.

Otro punto que remarca el informe es la forma en que la pandemia del Covid-19 puso en evidencia las desigualdades que existen en el acceso a banda ancha tanto en la comparación entre países, como dentro de una región o en un mismo país. Fundamentalmente destacan aquellas en materia de la desigualdad de acceso, la asequibilidad y la utilización de Internet. Esta situación se agravó a partir de la gran cantidad de servicios que se llevaron adelante por medio de Internet de banda ancha, desde algunos esenciales como la educación, a otros muy importante para la economía como el comercio electrónico o el teletrabajo.

Por último, el estudio remarca dos brechas: una relacionadas con las personas que viven en lugares remotos y otra de género. En la primera se explica que al menos el 12 por ciento de la población mundial no conectada vive en zonas de difícil acceso, la mayoría de esas personas en África y Asia meridional. En tanto que la brecha de género muestra una marcada diferencia entre las mujeres con acceso (48%) en relación a los hombres (58%).

Con información vía Brecha Cero