México, mal ubicado en el Índice de Desarrollo de Banda Ancha

Con sólo 4.74 puntos en una escala de 8, México ocupa el lugar 45 en el Índice de Desarrollo de la Banda Ancha (IDBA), que analiza el avance de las políticas públicas, la regulación estratégica, infraestructuras y capacitación TIC en 65 países; con esta calificación, el país queda detrás de naciones latinoamericanas como Barbados, Chile, Costa Rica, y Bahamas.

De acuerdo con la edición más reciente del índice elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el primer país de América Latina y el Caribe (ALC) es Barbados, que ocupa el puesto 33, seguido de Chile, Brasil, Costa Rica y Bahamas, ubicados en los sitios 34, 37, 39 y 41, respectivamente.

“Al final de los 65 países, hay 10 que se sitúan por debajo de los 4 puntos y que pertenecen a la zona de ALC. En último lugar destaca Haití, que junto con Honduras y Suriname se encuentran por debajo de 3 puntos, concretamente con una calificación de 2.28, 2.90 y 2.95 puntos, respectivamente”.

Pilares que componen el IDBA
Gráfico: BID

En el pilar Políticas Públicas y Visión Estratégica, México ocupa el lugar 52 al registrar 4.29 puntos; en el eje correspondiente a Regulación Estratégica, es ubicado en el sitio 36 con 5.58 puntos; en cuanto a Infraestructuras obtiene un valor de 4.45 ocupando el lugar 47 y en Aplicaciones y Capacitación TIC, se encuentra en la casilla 46 con 4.68.

Al analizar únicamente a los países de América Latina, tanto en el índice general como en cada uno de los pilares que lo componen, México se coloca entre los primeros 10 sitios; en tanto que los países con los mejores datos son Barbados, Chile, Brasil y Costa Rica, mientras que los que registran los peores puntajes son Haití, Honduras, Suriname, Guatemala y El Salvador.

Calificación de IDBA por país
Gráfico: BID

En su análisis, el BID subraya la importancia de que un país posea un entorno regulatorio en materia de telecomunicaciones adecuado, a fin de crear un escenario favorable para el desarrollo de infraestructuras, y de promover también la inversión en nuevos servicios de banda ancha.

“De esta manera, se ofrecerá a los usuarios un acceso a contenidos que impulsará la adopción de las últimas tecnologías (reflejado en el pilar Aplicaciones y capacitación), junto con otro tipo de medidas (e-Gobierno)”.

A su vez, si se estimula la demanda adecuadamente y se incrementa el uso de las nuevas tecnologías y de la banda ancha en el país, se pueden generar ingresos adicionales así como nuevos recursos para que los operadores puedan realizar más inversiones y entrar en el círculo virtuoso del desarrollo de la banda ancha.

“El esfuerzo para contar con un sistema legislativo y regulatorio apropiado en este sector es clave para promover la competitividad e integrar a los ciudadanos, las empresas y las administraciones en el desarrollo de la banda ancha del país”.

A partir de cada subíndice y del propio IDBA, se puede medir y observar la evolución de los puntos clave de actuación, de forma tal que, llegado el caso, se puedan diagnosticar las posibles razones por las que el círculo virtuoso no funciona adecuadamente, y tomar medidas más específicas y fundamentadas.

CON INFORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

Empleos verdes, entre el cambio climático y la creciente brecha de género laboral

Para 2050, más del 80% de los nuevos empleos creados para descarbonizar el planeta se darán en sectores dominados por los hombres, “a menos que se aborden las desigualdades estructurales de género en la región”, advierte el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El cambio climático y las medidas para contenerlo sin una perspectiva de género destruirá nuestro hábitat y la economía, además aumentará el desempleo en general, pero con énfasis en las mujeres, apunta el organismo. En 28 años, los daños provocados por el calentamiento global ascenderán a 100,000 millones de dólares al año en América Latina y el Caribe, dice el BID.

Pero no hace falta esperar a 2050, “a menos que se tomen medidas drásticas e inmediatas”, esos daños económicos “pueden llegar a destruir hasta 2.5 millones de puestos laborales para 2030”, de acuerdo con Monserrat Bustelo, Karen Martinez, Agustina Suaya y Sofía González Prieto, economistas del BID y autoras del artículo Empleos verdes: Oportunidades para las mujeres en la región.

“Las mujeres ocupan solo uno de cada tres puestos de trabajo en el sector de las energías renovables a nivel global”. Previo a la pandemia de covid-19, había alrededor de 11.5 millones de puestos en esa área, y el 32% los desempeñaban mujeres, según el reporte Energías renovables y empleo: Balance anual 2020.

Asia concentraba el 63% de esas plazas a escala mundial, lo que le deja muy poco margen a América Latina y el Caribe. Aunque Brasil y Colombia tuvieron un crecimiento en los empleos en el sector de los biocombustibles.

Las mujeres, los pueblos indígenas, personas afrodescendientes y con discapacidad son las más afectadas “por las perturbaciones ambientales, económicas y sociales ocasionadas por el cambio climático”. Al mismo tiempo, estos grupos son quienes realizan más acciones en defensa del medio ambiente.

Podría haber más ganancias que pérdidas

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los empleos verdes son aquellos que “contribuyen a preservar y restaurar el medio ambiente, ya sea en los sectores tradicionales como la manufactura o la construcción o en nuevos sectores emergentes como las energías renovables y la eficiencia energética”.

Los compromisos que los países han asumido para descarbonizar el planeta nos conducen a una economía de cero emisiones netas, lo que pudiera parecer utópico. Pero en esa transición, para 2030, “se destruirán 7.5 millones de empleos en la electricidad a partir de combustibles fósiles, la extracción de combustibles fósiles y la producción de alimentos de origen animal”, prevé el BID en el reporte El empleo en un futuro de cero emisiones netas en América Latina y el Caribe.

Sin embargo, “nuevas oportunidades de empleo compensarán con creces dicha pérdida”, pues hay potencial de creación de 22.5 millones de puestos de trabajo en agricultura, producción de alimentos de origen vegetal, energías renovables, silvicultura, construcción y manufactura.

Pero “sin políticas para reubicar” a las trabajadoras y los trabajadores, fomentar el trabajo decente en las zonas rurales, para “ofrecer nuevos modelos empresariales” y apoyar personas desplazadas y a sus comunidades”, advierte el organismo, de poco servirá que ya no estemos contaminando.

Propuestas de acción

La transición hacia las cero emisiones netas es también “una oportunidad para crear empleos en la región. Si nos enfocamos en cerrar brechas de talento, además, podemos impulsar la inclusión laboral de mujeres”, proponen las economistas del BID.

Algunas de sus recomendaciones son la creación de empresas de mujeres basadas en recursos naturales, usando la tecnología para aumentar la producción agrícola, liderar la gestión del agua y la tierra, la producción de biocombustibles y la protección de los bosques.

“Las oportunidades también apuntan al sector de la construcción, la manufactura y la producción de energía renovable”, pues se proyecta que este último sector generará más de 100,000 empleos en los próximos años, pero es necesario desde ahora aumentar la representación de mujeres.

Para ello se requiere aumentar las competencias laborales necesarias para estos puestos técnicos, que siguen siendo masculinos y que por diversos motivos no les resulta un espacio seguro o atractivo a niñas y mujeres.

La mayor parte de las mujeres labora en el sector de servicios y “se están creando empleos en ecoturismo, movilidad eléctrica, transporte público y gestión de residuos”, así que sí podrían encontrar puestos de trabajo ahí, siempre y cuando cuenten con la capacitación adecuada.

También “se necesita avanzar en la recolección de datos representativos desagregados por género. Así podremos incrementar el entendimiento de cómo las políticas que promueven los empleos verdes afectan los mercados laborales de diferentes grupos de la población”.  

CON INFORMACIÓN VÍA EL ECONOMISTA

Emprender en el ámbito digital, camino cuesta arriba para las mujeres

En América Latina y el Caribe más de 72 por ciento de las personas entrevistadas para un reciente estudio del BID piensan que las mujeres emprendedoras tienen peor acceso a financiamiento porque el mundo de las finanzas está dominado por hombres y estos prefieren hacer negocios entre ellos; en tanto que para 56.3 por ciento existe la creencia de que los negocios propiedad de mujeres son por lo general menos rentables y tienen menor volumen de negocios.

“En un tercer escalón aparecen los siguientes argumentos: la consideración de que las mujeres tienen menor capacidad de negociación que los hombres (36.5 por ciento); que las mujeres tienen mayor aversión al riesgo (32.7 por ciento) y la idea de que la supervivencia de las empresas propiedad de mujeres es menor que las de los hombres”.

En el estudio “La dimensión de género en la transformación digital empresarial de América Latina y el Caribe”, el organismo internacional hace notar que cuatro de los cinco principales argumentos señalados en torno a las barreras que enfrentan las emprendedoras en el ámbito digital, tienen su base en estereotipos de género que ubican a la mujer por debajo del hombre en el plano de los negocios.

Para 73.6 por ciento las y los participantes de la encuesta regional realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el acceso a financiamiento es la principal barrera que enfrentan los emprendimientos liderados por mujeres.

A cierta distancia, se destacan otras tres dificultades: la falta de habilidades y competencias digitales (59.4 por ciento), la falta de conocimiento en gestión y creación de empresas (55.5 por ciento) y la falta de infraestructuras digitales en su país (45.2 por ciento); barreras que están directamente relacionadas con las brechas de capacitación y de acceso.

“Entre las causas que dificultan que las mujeres emprendan más en el ámbito digital destacan la elevada carga y las responsabilidades familiares que asumen las mujeres, los sesgos y estereotipos de género, la debilidad de las redes profesionales y de emprendimiento femeninas y la falta de vocación de las mujeres en disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés)”.

Gráfico: BID

El documento analiza también cómo el ámbito empresarial tecnológico y digital es un sector altamente masculinizado que responde claramente a la concepción social que existe de las ciencias como un ámbito exclusivo de los hombres.

“Debido a los sesgos mencionados, se presuponen habilidades inferiores en las mujeres que en los hombres en los ámbitos más técnicos. Esto obliga a las mujeres a tener que demostrar su valía más que los hombres, y el error se penaliza mucho más en su caso. La exigencia es mayor”.

Adicionalmente, se produce un fenómeno conocido con el nombre de sesgo de pensamiento grupal, un sesgo cognitivo en virtud del cual las personas favorecen a quienes integran su grupo por sobre quienes no pertenecen a él.

Este tipo de prejuicio inconsciente impide o dificulta el acceso de las mujeres a áreas muy masculinizadas como es el caso de muchas empresas dentro del sector digital. La fuerte masculinización implica, además, que algunas mujeres sienten que, para entrar y progresar en determinadas carreras digitales, tienen que masculinizar su aspecto y su comportamiento .

“Cuanto menos mujeres, menos acoso sufren y más probabilidades tienen de ser aceptadas. La consecuencia más grave de esta masculinización se visibiliza en la violencia contra la mujer y el acoso laboral”.

El BID señala que la región registra un mayor cierre de proyectos que afectan especialmente a las mujeres emprendedoras, pues ellas se enfrentan a una serie de barreras a la hora de establecer y mantener sus negocios, como los estereotipos de género, la falta de oportunidades, la poca capacitación (especialmente en el ámbito digital) y el acceso a financiamiento e inversiones.

Sin embargo, los estereotipos no solo afectan a la mujer a la hora de tomar decisiones respecto a su carrera profesional, sino que tienen un impacto muy importante en su decisión de emprender. “Dada la escasez de datos al respecto, la opinión de los y las agentes del ecosistema digital de América Latina y el Caribe resulta clave para entender cómo es el emprendimiento femenino en la región”.

“Una participación más intensa de la mujer en la transformación digital empresarial que está teniendo lugar en América Latina y el Caribe no es solo un objetivo de justicia social. También se trata de un elemento clave para mejorar la productividad y competitividad del conjunto del tejido productivo de la región”.

El aumento de la participación de la mujer como especialista digital es esencial para una transformación digital empresarial de éxito en la región. Una mayor presencia femenina en la cadena de valor empresarial repercute positivamente en los indicadores económicos.

Adicionalmente, una mayor diversidad de género en los estilos de liderazgo mejora la calidad de los procesos de toma de decisiones. El proceso de innovación, fundamental para impulsar el crecimiento de las compañías, también se ve positivamente influido por una mayor diversidad de género en el nivel de gestión.

CON IN FORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

Sin servidores públicos digitales no habrá e-gobierno

Poca planificación efectiva de la fuerza laboral, perfiles de puestos desactualizados, falta de flexibilidad en las modalidades de vinculación, sistemas de remuneraciones disociados de los del mercado laboral general, e insuficiente asignación presupuestaria para los sistemas de capacitación, son algunos de los desafíos que la gestión de capital humano presenta de cara a la necesaria transformación de los gobiernos.

En América Latina y el Caribe (ALC), señala el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la mayoría de los gobiernos no han abordado de manera profunda la relación entre la gestión del capital humano y la transformación digital.

“Si bien muchos gobiernos reconocen, en términos generales, que se necesita fortalecer las capacidades en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) entre los servidores públicos, no existe un diagnóstico detallado al respecto”, señala el estudio “La transformación digital y empleo público”.

Es así que la poca planificación efectiva de la fuerza laboral dificulta que los gobiernos puedan anticiparse a las necesidades de personal en ciertos perfiles, así como identificar aquellos puestos que están empezando a quedarse obsoletos.

La existencia de perfiles de puestos desactualizados significa que la descripción de las competencias y tareas requeridas están obsoletas y que, por lo tanto, las personas que ocupan esos puestos no cuentan necesariamente con las calificaciones, competencias y habilidades necesarias.

Sobre la falta de flexibilidad en las modalidades de vinculación, el BID sostiene que los sistemas de carrera profesional que existen en varios países sólo permiten la entrada por la parte más baja del escalafón y aspiran a una vinculación permanente del funcionario, lo que contrasta con el dinamismo del mercado laboral digital.

El organismo expone que la rigidez de los sistemas de remuneración pública hacen que frecuentemente, el Estado pierda competitividad a la hora de atraer talento digital. En ocasiones, fundaciones o instituciones públicas con mayor flexibilidad y agilidad de contratación de personal se encargan de prestar servicios relacionados con la agenda digital al gobierno.

Otra brecha que identifica el BID es el insuficiente volumen y asignación presupuestaria para los sistemas de capacitación. Como consecuencia, se está desaprovechando la oportunidad de usar los planes de capacitación como un pilar fundamental para actualizar las habilidades de los funcionarios a gran escala.

El escenario que se observa en América Latina y el Caribe contrasta con los enfoques adoptados por los líderes mundiales en gobierno digital. Por ejemplo, en las estrategias digitales de Canadá, España, Estonia, Israel, Reino Unido y Singapur, hay un planteamiento más complejo que abarca la necesidad no solo de fortalecer las capacidades TIC, sino también de potenciar el liderazgo digital, profundizar el conocimiento de vanguardia o promover nuevas formas de trabajar que apoyen la transformación digital.

Los gobiernos de la región tampoco han contemplado la transformación digital como un insumo clave en los ejercicios de planificación estratégica del personal público, lo cual difiere de lo que sucede en otros países como Reino Unido, donde gran parte de la visión estratégica del servicio civil está dirigida a adaptar el cuerpo de empleados públicos al nuevo contexto digital.

La conexión entre la agenda digital y la gestión del capital humano en el sector público es indiscutible e ineludible; sin embargo, la alineación de ambas no es automática y requiere nuevas políticas y procesos, empezando por la necesidad de incorporar a la personas en el centro del debate sobre la transformación digital del gobierno.

Ello hace necesario analizar tanto el impulso de la transformación digital (la creación e implementación de los nuevos sistemas tecnológicos) como la adaptación a ella (el uso de nuevas herramientas digitales y la correspondiente reorganización del trabajo)

“Las agendas de transformación digital y de gestión del talento humano en los gobiernos están estrechamente relacionadas. No hay transformación digital posible sin especialistas digitales para llevarla adelante y sin que todos los servidores públicos puedan implementar adecuadamente las nuevas tecnologías”.

La transformación digital del gobierno, que provee beneficios como servicios más rápidos y accesibles desde cualquier lugar y momento, es una condición que las personas construyen; sin embargo, atender las demandas del ciudadano del siglo XXI, aprovechando las herramientas del siglo XXI, sigue siendo un desafío en América Latina y el Caribe.

En una región caracterizada por baja productividad, desigualdad socioeconómica y baja confianza en los gobiernos, la transformación digital ofrece una oportunidad para avanzar hacia la solución de muchos de los retos.

Pero al mismo tiempo se observa una larga historia de retos diversos en la gestión del servicio civil como grandes nóminas, alta rotación de profesionales, influencia política en procesos de selección y limitados incentivos para el desarrollo de carrera, entre otros.

“¿Qué conecta esta nueva oportunidad con el viejo desafío? Es simple: los servidores públicos son, necesariamente, el corazón de la transformación digital del gobierno. Son quienes diseñan, implementan y aprovechan las nuevas herramientas”.

El BID indica que para impulsar la transformación digital, los gobiernos necesitan especialistas digitales, profesionales con habilidades en alta demanda en el mercado laboral.

Las instituciones y los servidores públicos también deben adaptarse a todo el cambio que la transformación digital conlleva, tales como nuevas herramientas, tareas, funciones y formas de trabajar.

CON INFORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

Necesita América Latina sistemas de salud digital inclusiva

Revertir fenómenos como la baja representatividad de las mujeres en el sector salud, su escasa participación en investigaciones, carreras STEM y posiciones de liderazgo en tecnología, son acciones necesarias para impulsar el desarrollo de América Latina y el Caribe como una región con sistemas de salud digital más inclusivos, una condición fundamental para enfrentar de mejor manera futuros escenarios de emergencia sanitaria.

“En promedio, las mujeres son diagnosticadas cuatro años más tarde que los hombres en cientos de enfermedades; tienen más probabilidad de morir de problemas comunes como ataques cardíacos; a veces reaccionan mal a medicamentos y ha sido documentado que los médicos pueden descartar el dolor y los síntomas de las mujeres más que el de los hombres”, destacó Jeniffer Nelson, especialista en salud digital de la división de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Es por ello que desde esta realidad, los retos van desde detectar una enfermedad, desarrollar tratamientos y soluciones adecuadas, ya que no se han priorizado los problemas reales que las mujeres tienen que resolver, dejando de crear valor real para este grupo de la población.

En el documento “La gran oportunidad de la Salud digital en América Latina y el Caribe”, el BID sostiene que la transformación digital del sector salud ya no es una opción sino una obligación. «La tendencia del gasto en salud en América Latina y el Caribe es creciente y, sin buenos sistemas de información, se darán ineficiencias cada vez más costosas… Al mismo tiempo, es imperativo resguardar que no traiga consigo incrementos en la gran desigualdad que caracteriza a la región”.

En este sentido, Jeniffer Nelson reconoció que hay un importante número de investigaciones e inversiones dedicadas a la inclusión en este campo, así como mujeres inspiradoras, reconocidas por el BID como “campeonas en salud digital”; sin embargo, cuando se analizan los datos, talleres técnicos y salas de juntas, se observa que las mujeres son superadas en número y a veces son invisibles.

Ante ello, el BID visibiliza a referentes femeninos en este sector y tiene entre los objetivos de la Visión 2025 aprovechar las tecnologías digitales para mejorar la salud de la población; la sostenibilidad financiera y fiscal del gasto en salud; y la calidad y productividad de los servicios sanitarios.

La pandemia de COVID-19 demostró que los países del mundo estaban muy poco preparados para un evento de tal magnitud; aún más en América Latina y el Caribe, que de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se ha traducido en la peor crisis económica, social y productiva que ha vivido la región en 120 años.

“Solo en 2020, la región registró el 28 por ciento de todas las muertes confirmadas por coronavirus y el 17 por ciento de los contágios acumulados, a pesar de solo conformar el 8.4 por ciento de la población mundial, indicando un bajo nivel de preparación de la región para un evento de este tipo”, indica el documento.

Incluso, algunos expertos consideran que estas cifras son subestimaciones derivadas de sistemas de salud desbordados y sin mecanismos para asentar esta realidad con precisión, es por ello que exhortan a empezar con una visión clara de a dónde se quiere llegar, centrada en la salud de las personas y no en la tecnología.

Aunque reconocen que ante la crisis económica, algunos países pudieran seguir con el enfoque tradicional, “las duras lecciones de COVID-19 apuntan con sentido de urgencia hacia un solo camino: el emprender transformaciones digitales para contar con sistemas sanitarios nacionales de calidad, eficientes y equitativos que promuevan el bienestar continuo de su población”.

Las «campeonas» Sonia Maribel Viana, Joseline Carias, Rosa González y Laura Anaya, reconocidas por su labor coincidieron en algunas de las barreras que han tenido al trabajar en labores de salud digital, como la carga de mayor responsabilidades en las tareas del hogar, cuidado de hijos y padres.

Asimismo, la exigencia del doble o triple esfuerzo en su desempeño profesional; la falta de oportunidades y mayor capacitación, así como los estereotipos de género que siguen creando barreras para las mujeres en toda la región.

No obstante, para atraer a más mujeres a la salud digital, las especialistas consideraron que se deben de garantizar más oportunidades de educación y mejorar la calidad de la misma; crear un entorno laboral y modelos a seguir, así como contar con una red de apoyo.

CON INFORMACIÓN VÍA CONSUMO TIC

TENDENCIAS_ Plataformas colaborativas: ¿cómo pueden ser una vía para la inclusión de mujeres en la economía?

La economía gig o colaborativa abre caminos para disminuir la exclusión económica de las mujeres, debido a que les permite tener flexibilidad y fuentes de ingresos para lograr su autonomía. Sin embargo, hace falta impulsar más su participación con medidas diferenciadas y afirmativas.

Con la llamada “economía colaborativa” ―el sistema en el cual se comparten e intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales―, se abren caminos para disminuir la exclusión de las mujeres de la economía, el cual ha sido un problema histórico que impide alcanzar la igualdad de género en el mundo.

Diversos organismos internacionales coinciden en que las plataformas digitales han aumentado las oportunidades económicas para las mujeres, incluidos la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), aunque también advierten retos.

Las plataformas que participan en la economía colaborativa ofrecen a las mujeres vías y ventajas para generar ingresos, especialmente en los países en desarrollo, debido a que les permiten tener mayor flexibilidad, les ayuda a conseguir independencia económica y a entrar a sectores típicamente dominados por los hombres.

En Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Guatemala y Paraguay las mujeres optan por encontrar ingresos flexibles dentro de la también conocida como “economía gig”, principalmente, porque pueden decidir dónde, cuándo y cómo trabajar, lo cual les facilita obtener una remuneración con actividades que se adaptan a otras responsabilidades, de acuerdo con el informe El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe, elaborado por el BID.

No es un secreto que el cuidado, la crianza y las labores del hogar recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres. Por eso, ellas valoran aún más la flexibilidad del trabajo mediante las plataformas digitales. En contraste, según datos recabados en el estudio, los hombres ponderan en primer lugar otros beneficios como obtener experiencia laboral, ingresos extras o incluso la diversión.

También las mujeres pueden enfrentar menos barreras de entrada en las plataformas colaborativas. Por ejemplo, en las aplicaciones de movilidad sólo se registran y cumplen con un proceso más sencillo totalmente en línea, mientras que para ser conductoras de un taxi deben conseguir permisos, cuotas y convivir en los sitios físicos de pasaje con, en su mayoría, hombres, lo cual puede ser intimidante.

En otros ámbitos, las plataformas tienen el potencial de ayudar a impulsar emprendimientos de mujeres o crear redes de contacto para los negocios; además de promover y mejorar la inclusión financiera, ya que suelen ofrecer una conexión directa con nuevos productos o instituciones financieras a través de acuerdos.

Además de estas ventajas, durante la crisis por la pandemia de Covid-19, las mujeres han recurrido a la economía colaborativa para conseguir fuentes de ingresos ante la pérdida de empleos o para tener ganancias adicionales, dado que varios sectores productivos se vieron afectados. 

La emergencia sanitaria provocó una disminución de 10.2 por ciento en la tasa de ocupación laboral entre las mujeres de América Latina y el Caribe en 2020, mientras que la contracción en el caso de los hombres fue de 7.2 puntos, de acuerdo con la OIT. Es decir, la pandemia trajo consigo un retroceso de una década en los niveles de ocupación femenina.

Previo a esta situación excepcional, la participación de las mujeres en el mercado laboral ya era inferior respecto a la de los hombres. La pandemia agravó ese problema, pues más de la mitad de las mujeres en la región se desempeñan en los sectores que han sido más afectados por la recesión económica (por ejemplo, el hotelero y el servicio doméstico) y debido a que muchas se encuentran en el empleo informal, duramente golpeado por el coronavirus.

En ese contexto, algunas plataformas de movilidad registraron un incremento en el número de mujeres que se unieron como conductoras. Por ejemplo, DiDi observó un aumento de 28 por ciento en el ingreso de colaboradoras en México, y dos quintas partes de ellas subieron la cantidad de horas de trabajo diarias en 2020, según el Informe de diversidad de género 2021 de DiDi Global. En Brasil, se sumaron 150 mil mujeres y en China continental otras 265 mil el año pasado.

Una encuesta de DiDi entre sus colaboradoras señala que 64 por ciento considera que ser parte de la plataforma de movilidad le ha permitido conquistar mayor independencia económica, y 83 por ciento lo ve como una fuente de ingresos para sostener a sus familias.

Las empresas de Internet tienen políticas de no divulgación de datos sobre sus colaboradores, por cuestiones de competencia en el mercado. Pero brindan algunos que se complementan con estudios y encuestas de organizaciones. En mayo de 2021, Beat reportó que tenía 69 mil conductoras en su aplicación en América Latina.

En México, DiDi registró a finales de 2020 alrededor de 100 mil socios en su plataforma, de los cuales 4.3 por ciento eran mujeres; a nivel global, la empresa dijo que a finales de 2019 tenía más de 300 mil conductoras.

Brecha digital, la barrera

Si bien las plataformas colaborativas están abriendo posibilidades para la inclusión de las mujeres en la economía, todavía es mayor la presencia de los hombres en esta forma de empleo. El BID hizo un perfil de los conductores y las conductoras de las aplicaciones de movilidad en 2019, centrándose en los afiliados a Uber en Brasil, Chile, Colombia y México.

De acuerdo con los resultados del informe, los hombres representaban 95, 91, 94 y 94 por ciento del total de conductores en Brasil, Chile, Colombia y México, respectivamente. En general, las mujeres tenían una participación no mayor a 7 por ciento en los cuatro países y la usaban en promedio 14 horas a la semana.

A diferencia de los hombres, 90 por ciento de mujeres conductoras utilizaban Uber menos horas a la semana y en mayor medida durante el día (54 contra 47% de los hombres), lo cual se explica porque ellas suelen tener otras actividades que les demandan más tiempo (como el cuidado) y pueden sentirse inseguras en la noche.

Gracias a su flexibilidad, el modelo de las plataformas colaborativas posibilita generar ingresos de acuerdo con el tiempo que se dedique. En parte esto explica que los hombres conductores ganaban 6 por ciento más (0.64 dólares) en Uber hasta 2019 respecto a sus pares mujeres en promedio en los cuatro países. Cada uno tiene sus particularidades: por un lado, en Brasil la brecha a favor de los hombres es de 15 puntos porcentuales, mientras que en Chile es de 3 puntos.

Más allá de las aplicaciones digitales de movilidad, en la economía gig las mujeres representan 42 por ciento de las personas que trabajan a través de las plataformas, incluidas otras variantes como los servicios de entrega de comida a domicilio, de pequeños encargos, de alojamiento y varios más, según información del Banco Interamericano de Desarrollo. 

Si la economía colaborativa es una alternativa de ingresos y posibilita conseguir autonomía económica flexible para las mujeres, la gran pregunta es ¿por qué están subrepresentadas en este espacio, al igual que en otros de la economía tradicional?

La menor participación de ellas en este sector está relacionada con la brecha digital de género. Aunque la región ha avanzado en los niveles de conectividad, todavía existen brechas en cuanto al desarrollo de habilidades digitales y el acceso a las tecnologías. 

En los países de bajos y medianos ingresos de todo el mundo, las mujeres tienen 15 por ciento menos probabilidades de conectarse a la banda ancha móvil y 7 por ciento menos de ser dueñas de un teléfono celular, en comparación con los hombres, según el Informe sobre la brecha de género móvil 2021 de la GSMA.

América Latina ha logrado avanzar más para zanjar la brecha de género digital. El mismo estudio señala que las mujeres tienen 2 por ciento menos posibilidades de usar Internet móvil y un punto porcentual menos de contar con un dispositivo. Estos datos muestran un panorama más paritario en la región respecto al resto del globo.

Sin embargo, a nivel nacional se observan diferentes realidades y la brecha se acentúa en algunos países. En Uruguay, Paraguay, Jamaica, Cuba, Costa Rica y Colombia hay más mujeres que usan Internet; en tanto, en Perú, México, El Salvador, Chile, Bolivia y Argentina la proporción de hombres que son usuarios de Internet es mayor a la de mujeres, revela el reporte Tendencias Digitales en las Américas 2021 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Pero una vez que están conectadas, también existen limitantes que impiden a las mujeres insertarse en la economía digital. Entre ellas, el BID destaca la falta de conocimiento sobre cómo usar un teléfono inteligente y otros dispositivos tecnológicos para actividades que les brinden beneficios.

Los hombres de la región presentan un mayor uso de Internet para el trabajo, enviar correos electrónicos, realizar pagos, acceder a la banca electrónica, buscar información noticiosa y actividades de entretenimiento. En contraste, las mujeres tienen un aprovechamiento más limitado en todas las categorías antes mencionadas.

Medidas a favor de la inclusión

El mercado laboral tradicional está marcado por la división sexual del trabajo: hay sectores y actividades productivas con una predominante presencia femenina, como la educación, el comercio, la enfermería, los hoteles y otros servicios; mientras que hay una baja participación de ellas en otras relacionadas con las finanzas, ingenierías o en cargos de liderazgo en empresas.

La segregación de las mujeres que sucede en el ámbito tradicional de trabajo puede replicarse en la economía digital si no se actúa. Las plataformas de movilidad son más usadas por los hombres porque los roles y estereotipos de género han hecho de la conducción una actividad preponderantemente masculina. Por eso, las mujeres que se unen cada vez más a estas aplicaciones también están rompiendo barreras de género y prejuicios que permean en el imaginario social.

Pero las brechas no pueden ni deben ser zanjadas por las mujeres en solitario. Tanto gobiernos como empresas necesitan actuar para promover la inclusión de ellas en la economía digital y colaborativa en condiciones paritarias, seguras y justas.

Del lado de las compañías, se han implementado algunos proyectos para incentivar la participación de las mujeres y ofrecerles un ambiente adecuado para desarrollarse. En abril de 2922, DiDi creó una red (Red DiDi D&I) para fomentar la diversidad e inclusión en sus comunidades de colaboradores dentro de todos sus mercados.

Esta red se enlazará a DiDi Women’s Network, la organización de la firma china que busca impulsar a las mujeres en la industria tecnológica, patrocinando programas de tutoría profesionales, apoyo a la maternidad y paternidad y cursos de sensibilización.

Además, en noviembre de 2020 la firma china lanzó DiDi Mujer en México (iniciativa premiada como mejor práctica por la ONU), una función que posibilita que las conductoras sólo viajen con pasajeras mujeres, con el objetivo de que ambas se sientan más seguras. Las colaboradoras pueden activar o desactivar dicha función cuando ellas quieran. Con este programa, la empresa señaló que el número de conductoras en la plataforma aumentó 28 por ciento.

Casi al mismo tiempo, Uber comenzó a implementar un mecanismo similar llamado Ellas, en México, Chile y otros países. También posibilita que las conductoras lleven sólo a mujeres. Además, al igual que su competidor, Uber anunció que brindaría a sus colaboradoras beneficios como servicios de contabilidad y productos para ayudarlas a financiar la compra de vehículos.

Cabify, otra plataforma de movilidad, no se quedó atrás. La empresa desplegó su programa Mujeres al Volante para incentivar a las mujeres a unirse a su aplicación, ofreciéndoles ventajas como una comisión diferencial de 10 por ciento durante el primer trimestre (más la comisión general).

La seguridad también es una problemática a resolver en las plataformas. Si bien las colaboradoras suelen sentirse más seguras trabajando a través de ellas, tampoco están exentas de situaciones de violencia o acoso, tanto las conductoras como las usuarias. Las compañías han puesto en marcha algunas medidas al respecto.

Algunos de los mecanismos que han adoptado las empresas de movilidad colaborativa son la verificación rigurosa de la identidad de usuarios y conductores; el monitoreo de las rutas de viajes; seguimiento con GPS; canales de comunicación de emergencia; algoritmos automatizados para detectar viajes potencialmente inseguros, así como asistencia durante el viaje.

Por ejemplo, en México DiDi pactó alianzas con los centros de comando y control del Estado de México y Guadalajara, por lo que, en caso de una emergencia, se les notifica directamente para movilizar el apoyo de policías, personal médico o cualquier otro que se necesite.

La plataforma también está probando los sistemas de videovigilancia en Guadalajara. En otros países, como China, esta tecnología ha ayudado a las autoridades a evaluar situaciones de riesgo en tiempo real y prevenir incidentes. Se prevé que pronto esté disponible en México y otros países de manera más amplia.

Desde la perspectiva de las usuarias, también las plataformas colaborativas les han brindado opciones y beneficios. En cuanto al transporte, 79 por ciento de las mujeres en Argentina prefieren viajar de noche con servicios de aplicación como Uber, Cabify y DiDi, porque así se sienten más seguras que en el transporte público (si hay disponible) o en los taxis convencionales, de acuerdo con una encuesta de la plataforma Ualabee.

El escenario en Colombia es parecido. Un estudio de la Universidad de los Andes señala que en general los pasajeros prefieren utilizar las plataformas de movilidad en vez de los taxis, porque perciben mayor seguridad y calidad del servicio.

La Secretaría de Movilidad de Bogotá también reconoció que las aplicaciones de transporte ocupan un lugar importante en la movilidad en la ciudad porque, además de los beneficios ya comentados, las y los usuarios consideran que es positivo que al final del viaje puedan calificar el servicio, reciben pagos electrónicos o en efectivo y pueden verificar la tarifa antes de subirse.

Más allá de las grandes compañías como estas, también han surgido otros emprendimientos de mujeres en la economía gig. En Bolivia, nació el primer servicio de reparto a domicilio a cargo de mujeres, Pink Delivery. Las repartidoras recorren la ciudad en moto o bicicleta para realizar entregas. Entre ellas, hay muchas madres de familia, amas de casa y estudiantes que se sienten más seguras al colaborar únicamente con mujeres.

Aunque ya existen iniciativas y esfuerzos similares, aún persisten brechas pendientes para impulsar la inclusión de las mujeres en la economía colaborativa. Por un lado, las medidas y programas tienen que reforzarse para promover la participación, ya sea como conductoras, repartidoras o creadoras de servicios colaborativos.

Por otra parte, esto debe hacerse desde un enfoque diferenciado, tomando en cuenta que las mujeres, por su condición de género, están más expuestas a ciertos tipos de violencia como la sexual. También se tiene que analizar el diferente perfil de las mujeres al emplearse o ser parte de las plataformas de la economía gig, para desarrollar algoritmos más justos y equitativos que les permitan aprovecharlas en la misma medida que sus pares hombres.

Si una mujer usa menos horas una aplicación de movilidad o de entrega a domicilio para trabajar, probablemente tenga menos calificaciones que los hombres por el número de horas: eso podría influir en que obtenga más y mejores viajes o encargos, por ejemplo.

Dado que ellas valoran mucho más la flexibilidad de las plataformas colaborativas porque recaen en ellas las labores de cuidado o crianza (entre otros relacionados con los roles de género), las compañías deben hacer los ajustes necesarios para mantener ese beneficio e incentivarlas a crecer.

El BID y CAF destacan que, si las plataformas de la economía colaborativa logran promover una mayor presencia de las mujeres se avanzará en la igualdad de género, y se beneficiará el ecosistema de innovación y productividad en el mercado digital. De lo contrario, advierten que podría replicarse la segregación y las brechas de género que ya persisten en la economía y el mercado laboral tradicional.

CON INFORMACIÓN VÍA DPL NEWS