Los reguladores contra Google

Google se ha convertido en el villano favorito de los reguladores de competencia en el mundo. Es fácil iniciar una investigación contra el gigante global de Internet porque no hay usuario de la red que no haya utilizado alguno de sus servicios y aplicaciones digitales “gratuitos”. Sin embargo, lo que está detrás del éxito y crecimiento de esa empresa es la innovación.

La Comisión Europea ya le ha impuesto a Google tres sanciones en el mismo número de años que suman 8,250 millones de euros (mde). Primero fueron porque abusó de su dominio como motor de búsqueda al destacar y dar ventajas a Shooping, su servicio de comparación de precios, y degradar a los rivales en sus resultados de búsqueda.

Un año después (julio de 2018) impuso la más cuantiosa multa aplicada por la CE a una compañía por por utilizar Android para consolidar su dominio en las búsquedas en Internet ante el incremento del tráfico móvil. Google obligaba a los fabricantes de smartphones a preinstalar la app Google Search y el navegador Chrome como condición para conceder la licencia de su tienda de aplicaciones Play Store.

El tercer castigo ocurrió en mde por restringir artificialmente la posibilidad de que otras páginas web puedan desplegar publicidad de competidores de Google. Mediante la plataforma AdSense, proporciona anuncios de búsqueda a los propietarios de sitios web editores. Google es un intermediario o agente publicitario entre anunciantes y propietarios de portales que desean rentabilizar sus espacios.

La verdugo europea de Google, la comisionada Margrethe Vestager, ha reconocido que “Google ha creado muchos productos y servicios innovadores que han marcado una diferencia en nuestras vidas. Eso es algo bueno.” Pero la estrategia de Google lo ha hecho abusar de su dominio como motor de búsqueda. Esa conducta negó a otras empresas locales la oportunidad de competir por méritos propios e innovar, e impidió a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios.

Detrás de esas sanciones a Google se esconde el resentimiento europeo de no ser un líder de Internet. Spotify es el único campeón digital del viejo continente. Los competidores de Google en los mercados de comparación de precios son muy locales y sus contrincantes en sistemas operativos móviles, buscadores, navegadores y aplicaciones son otros gigantes tecnológicos de Estados Unidos como Apple.

Google hizo algo revolucionario que no había ocurrido ni hecho nadie a escala global. La empresa obtiene la mayoría de sus ganancias no de las grandes empresas anunciantes (como ocurre con la televisión comercial), sino de las pequeñas. Eliminó los costos de comprar y vender publicidad. Todos los negocios tienen la posibilidad de anunciarse en Internet, lo cual no ocurre con los medios tradicionales. Su modelo no se sustenta en anuncios sino en palabras clave. Google hizo rentable encontrar todo en Internet. Buscamos hasta con faltas de ortografía y lo encontramos.

El algoritmo y la Inteligencia Artificial de Google permiten explotar los conocimientos de los usuarios y consumidores y lo traduce en resultados de búsqueda y recomendaciones. La ventaja son las millones de personas que hacen búsquedas en Google y navegan por Internet en Chrome. Cada 60 segundos Google conduce 4.5 millones de búsquedas.

Si bien las sanciones contra Google son muy cuantiosas y sí han hecho mella en los también abultados ingresos de la compañía (162.8 mil mdd en 2019), en realidad no han afectado su dominio porque la economía del siglo XXI está apoyada sobre la base de datos de empresas como Google. Los terabytes de información sobre el comportamiento de billones de usuarios pasan por los servicios de las empresas de Internet y eso mueve la economía mundial.

El ADN de Google consiste en ordenar el caos de la web, predecir lo que va a ocurrir con la conducta de los usuarios y estar allí cuando eso ocurra. Las capacidades de establecer conexiones y medir el conocimiento colectivo no las puede frenar ninguna sanción de competencia económica.

En junio de 2019, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos inició una investigación bipartidista sobre el estado de la competencia en línea para examinar el dominio y las prácticas comerciales de Google, Amazon, Facebook y Apple y determinar cómo su poder afecta la economía y la democracia.

Durante la comparecencia en julio de 2020 ante el Subcomité de Derecho Antimonopolio, el CEO de Google, Sundar Pichai, se defendió diciendo que su compañía enfrenta competencia en la búsqueda de información en Internet y de publicidad digital.

Pichai aseguró que las inversiones de Google permitirán a Estados Unidos mantener su liderazgo global. “Estamos entre los mayores inversores mundiales en investigación y desarrollo. Hemos invertido más de 90 mil mdd en los últimos 5 años. Con estas inversiones estamos ayudando a EE. UU. a consolidar su posición como líder mundial en tecnologías como Inteligencia Artificial, automóviles autónomos y computación cuántica”.

La investigación del Comité Judicial incluye los mercados de búsquedas en línea, tiendas de aplicaciones y sistemas operativos móviles, publicidad digital, navegadores web, asistentes de voz, computación en la nube y mapas digitales que tocan directamente los negocios de Google. El Comité asegura que “Google es omnipresente en la economía digital y actúa como infraestructura para los productos y servicios principales en línea. Ha crecido y mantenido su dominio de los motores de búsqueda, de modo que ‘googlear’ es sinónimo de búsqueda en línea”.

El 20 de octubre, el Departamento de Justicia y 11 estados de la Unión Americana demandaron a Google por prácticas anticompetitivas y exclusión en los mercados de búsqueda y publicidad “en un caso monumental”.

Finalmente, la Autoridad Investigadora del Instituto Federal de Telecomunicaciones también inició de oficio (es importante recalcar) un procedimiento contra una empresa a la cual no menciona pero que tiene el perfil de Google. El regulador busca “determinar la posible existencia de barreras a la competencia y libre concurrencia o insumos esenciales que puedan generar efectos anticompetitivos en los mercados de servicios de búsqueda en línea, redes sociales, sistemas operativos móviles, servicios de cómputo en la nube y relacionados”.

El Subcomité en EU también realizó una revisión de las leyes antimonopolio, las políticas de competencia y los niveles de aplicación para evaluar si son adecuadas para abordar los mercados digitales. En México no está ocurriendo eso. Casos como Google tienen mucha notoriedad pública y enormes componentes políticos. Es evidente que el IFT quiere un caso digital grande y notorio, obsesionado como lo está por el tamaño de las empresas. También es evidente que la regulación de preponderancia está dejando de ser atractiva. Es muy tentador dejar a un lado al grandote de las telecomunicaciones para enfocarse en el gigante de Internet. Veremos si la regulación de competencia en México soporta un análisis de lo que más ha cambiado las reglas de todo: la Internet.

Opinión de Jorge Bravo vía El Economista

Más entretenimiento y más contenido para toda la familia

Como se ha venido anunciando desde meses atrás Disney+ llega a México. Con su lanzamiento oficial esperado el 17 de Noviembre, Disney+ promete ser la ventana más grande al mundo del entretenimiento y está dispuesto a llegar con todo a nuestro país, con producciones de sus propios estudios como Disney, Pixar, Marvel, Star Wars y National Geographic.

Si bien Disney + no es ni el único, ni el primero, su lanzamiento desde luego será disruptivo como lo fue en Estados Unidos y generará reacomodos en el mercado de las OTTs. Se espera que Disney + ofrezca un enorme abanico de opciones de contenido de su gran biblioteca, pero también se sabe que tienen puesta la mira en generar contenido original, nuevo y local de la manera que lo ha hecho el archirival Netflix.

De acuerdo a una nota publicada por Gonzalo Rojón de CIU, se espera que Disney+ entre al mercado de las OTTS con un precio de $139 pesos mensuales, colocándose al nivel del paquete básico ofrecido por Netflix, y por debajo del costo de plataformas como HBO Go, ambos competidores serán su competencia más fuerte.

Debajo de su precio quedarán Amazon Prime, Apple TV+ , blim y Claro Video, también es previsible que la nueva plataforma ofrezca un descuento adicional al contratar Disney+ por un año completo.

Si bien el precio parece suficientemente atractivo, será interesante observar cómo responde el mercado mexicano ante este nuevo competidor. Es probable que gran parte de los hogares quieran o pretendan obtener la suscripción para este servicio sin soltar Netflix o HBO Go. La gran pregunta es si realmente el mercado lo aguantara.  En México el 85% de los usuarios cuentan con una sola plataforma. Habrá que ver si esta tendencia persiste o se el mercado la desmiente.

De acuerdo con Rojón, “el efecto más evidente será un aumento en la rotación de usuarios entre plataformas, esto se verá reflejado en un aumento importante de la tasa de cancelación o abandono (CHURN en inglés) de estas compañías. Otro posible efecto será que aumenten aún más las comparticiones de cuentas entre usuarios, con el fin de contar con acceso a múltiples plataformas sin una suscripción propia, situación que sin duda afectaría los ingresos del mercado para estas plataformas.”

Hablando de plataformas OTT

En un webinar organizado por PRODU, Vanessa Rosas de Blim comentó sobre el impacto que estrategias creativas tienen para atraer segmentos específicos. Un ejemplo de éxito de esto fue Telecuantrix, un programa de educación para niños.

Con información vía El Economista

La reforma laboral más importante de los últimos 100 años

Opinión Por Alfredo Domínguez Marrufo

Para muchos, es claro que durante las últimas décadas México estableció una política laboral basada en mantener bajos salarios para hacer más competitiva la industria y atraer inversiones. Se ofreció, además, una “paz laboral” basada en el control sindical y prácticas de simulación en la contratación colectiva. Todo para insertarnos en el mercado mundial sin reparar en los costos internos, como fue la hoy evidente precarización del empleo.

Luego vino la reforma a la Ley Federal del Trabajo de 2012 que, lejos de beneficiar a los trabajadores, los perjudicó, toda vez que se legalizaron los esquemas de tercerización (outsourcing) que, al ser utilizados en forma abusiva y sin ningún control ni vigilancia gubernamental, afectaron aún más los salarios y también la seguridad social de los trabajadores, al ser una práctica común registrarlos en el IMSS con un salario mucho menor al que perciben.

Por otro lado, desde hace muchos años, un amplio sector de trabajadores ha venido pugnando por sindicatos realmente democráticos, por rescatar la negociación colectiva auténtica y la recuperación de los salarios. Estos esfuerzos cobraron impulso, debemos reconocerlo, con la exigencia de nuestros socios comerciales (Estados Unidos y Canadá) que ven los bajos salarios y el control de los sindicatos como dumping laboral.

La llegada de la Cuarta Transformación tenía que pasar forzosamente por transformar el mundo del trabajo; lo cual posibilitó la reforma laboral de mayo de 2019, que significó el viraje más importante en las relaciones obrero-patronales y la vida sindical en los últimos cien años.  

Este nuevo modelo laboral descansa en tres ejes: primero, justicia expedita e imparcial, con la eliminación de las Juntas de Conciliación y Arbitraje y la creación de los Tribunales Laborales adscritos al Poder Judicial. Segundo, la democracia sindical, con el voto personal, libre, directo y secreto de los trabajadores para elegir dirigentes sindicales y aprobar contratos colectivos. Tercero, la creación del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL), responsable del registro de sindicatos y depósitos de contratos colectivos de todo el país, así como de la conciliación a nivel federal a la que tendrán que acudir trabajadores y empleadores antes de ir a un Tribunal Laboral.

Este nuevo sistema apuesta por la conciliación como la vía por excelencia para la solución de conflictos laborales. Los convenios que se realicen tendrán el carácter de cosa juzgada, y deberán concluirse en 45 días como máximo, y sólo en caso de no conciliar, se podrá acudir ante un Tribunal, el cual, a su vez, deberá cumplir con los principios de inmediación, inmediatez y oralidad, en el que las partes deberán declarar y rendir sus pruebas frente al juez laboral, lo que reduce los tiempos y garantiza una mayor imparcialidad.

En lo que hace a las organizaciones sindicales, vamos por una democracia real porque se trata de regresar el poder de decisión a los trabajadores. Adiós a las elecciones a mano alzada, a las presiones indebidas de líderes ilegítimos o empleadores. No más contratos firmados a espaldas de los trabajadores. Además, se destierran los emplazamientos a huelga por seudosindicatos, que no son otra cosa que una vil extorsión a los empleadores, cuya práctica común es exigir la firma de un contrato colectivo, alegando falsamente que se cuenta con el respaldo de los trabajadores.

El gran reto es que todas y todos conozcan sus derechos y obligaciones y las nuevas reglas que implica este nuevo modelo de justicia laboral, que lo pongan en práctica; la ley y la Constitución son sólo los cimientos del gran edificio que tenemos que construir, y que no sólo nos toca hacer realidad a las autoridades, sino también a los trabajadores y empleadores.

Opinión vía Excélsior

TRANSVERSALIDAD Y ACONTECER DE LAS TELECOMUNICACIONES

las infraestructuras y las redes de telecomunicaciones se han convertido, como lo pronosticamos hace ya varios años, en eje transversal de las economías, son el motor de la transición hacia las economías digitales, ya que impulsan el crecimiento económico y el desarrollo social en el presente y lo harán sin duda hacia el futuro, lo anterior lo fundamento en el hecho de que el entorno de las telecomunicaciones se encuentra desde hace aproximadamente 20 años bajo un vertiginoso proceso de cambio continuo que es consecuencia de los adelantos tecnológicos, la desreglamentación, la desregulación, la privatización, los procesos de fusión y el aumento de la competencia en el ámbito mundial, sin dejar de lado que estos cambios han sido y serán tanto de carácter político como tecnológico.

En lo que a política corresponde, se ha transitado de un esquema basado fundamentalmente en monopolios controlados por los Estados a modelos prioritariamente privados y abiertos a la competencia, en el que los órganos reguladores nacionales se deben encargar de supervisar algunas de las actividades de las empresas, sin caer en la intromisión que sobre regula.

En cuanto a la tecnología, ésta ha evolucionado desde un medio en el que la mayor parte de los ingresos provenían de inversiones a largo plazo en servicios de voz, a otro en el que los ingresos se obtienen de los servicios y aplicaciones de telecomunicaciones que cambian rápidamente y que utilizan tecnologías  basadas en Protocolo de Internet (IP).

Dentro de las contribuciones del sector de las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´s), en el entorno actual, se encuentra el trabajo a distancia en sus modalidades de teletrabajo y Home Office, la educación a distancia, el comercio electrónico y la telemedicina; teniendo todas ellas como soporte fundamental las redes fijas y móviles.

En relación con la economía digital es importante considerar el surgimiento de nuevos canales de atención y comercialización, en su conjunto conocidos bajo el concepto de omnicanalidad, como lo son las búsquedas por bots, soluciones con capacidades de inteligencia artificial, entre otros, mismos que están cambiando en su totalidad el comercio, la atención a los clientes y en general las formas de trabajo de las empresas, siendo la nube la base de todo lo anterior.

Como parte del ecosistema digital, ligado a las redes de telecomunicaciones y las TIC´s. se encuentra en pleno auge el trabajo de plataformas y aplicaciones tecnológicas, mismo que permite que éstas se beneficien altamente de ello, pero representando grandes desventajas para los trabajadores, a quienes denominan socios o colaboradores, con menoscabo en sus derechos laborales, al no asumir las plataformas las responsabilidades patronales, como es la seguridad social,  presentándoles como beneficios la elección del tiempo y lugar de trabajo.

Hoy las empresas de telecomunicaciones (TELCOS) viven situaciones sumamente complejas al enfrentar desde hace ya varios años la disminución de márgenes de ganancias y de ingresos, propiciado por factores como: la gran competencia, la excesiva regulación o aplicación de regulación ex ante, el recambio tecnológico que amerita fuertes inversiones en nuevas tecnologías para poder ser competitivos, el alto costo del mantenimiento de su infraestructura ocasionado en parte por la volatilidad financiera y el aspecto cambiario, pero sobre todo, la aparición disruptiva de las empresas tecnológicas y plataformas digitales, tales como: Google, Amazon, Facebook, Netflix, por nombrar sólo algunas de ellas, mismas que sin invertir en infraestructura y mantenimiento son las que actualmente se llevan la mayor parte de las ganancias  de la provisión de los servicios y aplicaciones ya mencionados; no es casualidad que debido a ello, son éstas las que han alcanzado el mayor valor en el ámbito financiero y hoy se les conoce como “LAS EMPRESAS DEL BILLÓN DE DÓLARES.”

En medio de la adversidad ya descrita y como si no fuese suficiente, desde fines del año pasado como seres humanos enfrentamos uno de los peores episodios a través de la pandemia provocada por  COVID-19, que nos ha mantenido en confinamiento a la mayor parte de la población, con el objetivo de evitar la propagación de los contagios y fallecimientos, pero que como consecuencia de ello ha paralizado en muy buen porcentaje las economías de los países, provocando cierre de empresas y pérdida de empleos, entre otros impactos, es decir la crisis económica apenas comienza y se avizora llevará un tiempo considerable para volver a los niveles anteriores a la pandemia.

Es de apuntar que un aspecto que ha permitido palear la situación de forma correcta en muy buena medida es debido a que es la primera ocasión en que enfrentamos una situación de contingencia bajo un escenario de HIPERCONEXIÓN, es decir utilizando los avances tecnológicos para que de esta manera continuáramos con nuestras actividades a distancia, posibilitando desde la rápida difusión de la información, hasta la utilización e implementación de dispositivos para la detección y atención de la emergencia sanitaria,  de tal manera que las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información  y las Comunicaciones (TIC´s),  están siendo un factor decisivo en la atención de la pandemia, lo que debe llenar de satisfacción al sector pero además deberemos impulsar que todo desarrollo y avance tecnológico deberá estar enfocado en la utilidad para las personas.

Es en este escenario, en donde destaca de manera fundamental la existencia de las redes de telecomunicaciones fijas y móviles, sobre todo las primeras, que han demostrado su resiliencia y robustez para soportar el alto volumen de tráfico de miles de millones de usuarios en el mundo.

Si bien es cierto,  esto ha permitido que el sector de telecomunicaciones sea de los pocos que ha logrado mantener cifras de crecimiento en los productos brutos internos de los países, como ha sido característico de él, también lo es, que el sector deberá enfrentar el entorno postpandémico que seguramente se distinguirá por altos niveles de inflación, desempleo, aumento de desigualdad y pérdida de poder adquisitivo, entre otros.

Ante el panorama anteriormente expuesto, será necesario  deberá desplegar una estrategia basada en los siguientes ejes:

  • El impulso a la inversión en tecnologías de nueva generación, construcción y ampliación de redes densas, infraestructura de fibra óptica, lo que permitirá que éstas soporten el alto volumen de tráfico.
  • Plantear y posicionar al sector telecomunicaciones como punta de lanza para la recuperación económica de los países y la transición hacia las economías digitales.
  • Promover la investigación en ciencia y tecnología como uno de los medios principales para el bienestar económico, social y cultural de las naciones.
  • Fomentar la regulación de las empresas tecnológicas, con el objetivo de que la competencia sea equitativa y todos los involucrados asuman la responsabilidad en el aumento de la cobertura y la inclusión digital.
  • Creación de política pública y leyes que regulen el teletrabajo y Home Office, en la búsqueda del incremento de la productividad y competitividad y la mejora de las condiciones laborales y económicas.
  • Dialogar y acordar con las empresas la participación de los trabajadores en todos los procesos de trabajo derivados de los cambios tecnológicos, que impactan en la atención de los clientes.

En términos generales, es fundamental que se trabaje arduamente en el diseño de Planes Nacionales de Desarrollo, que esto se traduzca en política pública y legislaciones en la materia acordes, para que los Estados, en conjunto con las empresas de telecomunicaciones y TIC´s. posibiliten la continuidad de los planes para la ampliación de la cobertura, la conectividad y la inclusión universal de la población, se continúe el impulso a la implementación de los estándares de Quinta Generación (5G), que abonarán indudablemente al desarrollo de las economías y convertirlas en digitales.

@LUISESCOBARRAM6

lescobarramos67@gmail.com

Política pro homine

Durante los últimos 10 meses lo seres humanos hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que son producto de la pandemia ocasionada por el Covid-19, misma que ha venido a cambiar nuestra vida, acelerar procesos, visibilizar deficiencias y pensar en posibles cambios, entre otros.

En el ámbito económico se ha pretendido culpar a la pandemia de los decrecimientos del producto interno bruto de los países, cuando es muy claro que, siendo objetivos, en el mundo ya se hacía notar desde hace dos años que la economía mundial estaba pasando por un proceso, en principio de desaceleración y con el riesgo latente de caer en recesión, es decir signos inequívocos del agotamiento del modelo neoliberal y globalizador que ha provocado a través de su ola privatizadora: aumento de la desigualdad, pobreza, desempleo, mala distribución de la riqueza, sistemas de salud precarios, aumento de la brecha educativa y digital y la precariedad de las personas de la tercera edad, entre otras consecuencias.

Adicionalmente esto se ha agudizado con la caída de los precios del petróleo, el Brexit del Reino Unido y un tema central y fundamental que es, la disfrazada guerra arancelaria entre los Estados Unidos y China, cuyo verdadero fondo es la pugna entre estos países por el control y supremacía del estándar 5G, que significará para quien salga avante el control del mundo vía la tecnología.

Lo ya comentado hace evidente que en el ámbito económico ya transitábamos un largo camino recesivo y que el COVID 19 solamente ha venido a acelerar dichos procesos.

En cuanto al entorno político, pero sobre todo en lo que concierne a los gobernantes de los diferentes países y niveles de gobierno, estos serán uno de los damnificados del Covid-19 al verse, en la mayoría de los casos, evidenciada su incapacidad para hacer frente a este tipo de eventos mediante acciones coordinadas entre países, lo que permitiría, por supuesto, resultados relevantes para todos. De tal manera que estamos por vivir en el corto y mediano plazo procesos de cambio de gobernantes en los que seguramente los electores cobrarán la factura a quienes no están mostrando su capacidad. Es a todas luces claro que, en el contexto político se requieren profundos cambios, debido a que el asunto no es coyuntural y se hace necesaria una solución de carácter estructural en razón del entramado jurídico–político, estructuras de partido, participación ciudadana y responsabilidad de electores.

En lo relativo al aspecto social, la pandemia nos ha llevado de manera obligada a permanecer en el encierro, situación inusual para la mayoría de los humanos; con las implicaciones y afectaciones propias de la escasa convivencia familiar, las económicas para un gran porcentaje de la clase trabajadora que no cuenta con un empleo formal que le posibilite palear la situación y las de salud al mantenernos estáticos, lo que es fuente propicia de enfermedades; en términos generales la pandemia nos ha sacado de la cotidianidad en que vivíamos.

Culturalmente, cada país ha hecho valer sus identidades y arraigos para efecto de enfrentar y superar esta adversidad en las mejores condiciones, aunque vale la pena destacar que desde mi punto de vista el aspecto cultural aunado a una buena estrategia sanitaria está haciendo la diferencia entre los países en cuanto al número de contagios, recuperación e infortunadamente los fallecimientos.

Ante el panorama anteriormente expuesto y que muchos están llamando “La nueva normalidad” y a la que yo denomino “Realidad obligada”  espero que las sociedades trabajemos arduamente y en lo inmediato en los siguientes tareas:

  1. Es necesario el rediseño o construcción de un nuevo contrato social sobre la base de un modelo económico que fomente el desarrollo de los pueblos y una justa distribución de la riqueza.
  1. La humanidad deberá realizar una profunda reflexión sobre los acontecimientos que estamos viviendo para ubicar en su justa dimensión nuestras debilidades y fortalezas, para lo cual sugiero una retrospección que nos lleve a ubicar nuestra esencia, necesidades, alcances, pero sobre todo nos permita discernir cual es el rol que jugamos en este planeta, mismo que debe ser el de colaboración, construcción y preservación del mismo. Ello nos llevará en consecuencia a situar los aspectos humanos como los bienes más preciados del hombre y dentro de ello como pilar fundamental la salud, en lo individual y colectivo, visto esto como punto de partida para el desarrollo de los pueblos.
  2. Los organismos internacionales, gobiernos y sociedad deberemos trabajar arduamente invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo en la realización de un diagnóstico sobre el estatus que guardan los sistemas de salud, para en consecuente refundarlos bajo una óptica que es coincidente con lo mencionado recientemente por el presidente francés Emmanuel Macron, que dijo: “La salud es el bien fundamental y más preciado del ser humano y por lo tanto debemos reencauzar los sistemas de salud, poniendo en el centro al ser humano y no el negocio que han encontrado los privados en él”.
  1. Aunado a lo anterior, es de justa y vital importancia que los organismos sanitarios mundiales y continentales, en conjunto con los gobiernos lleven a cabo un minucioso proceso de revalorización de las profesiones ligadas a la salud, se contemple de manera seria la perspectiva humana de estos profesionales, pero también la mejora de sus condiciones económicas, sociales y laborales en beneficio de la sociedad en su conjunto.
  • La pandemia nos ha permitido a la sociedad darnos cuenta que muchos de los artículos y servicios que comúnmente adquiríamos no son en realidad necesarios, lo que provocará que muchas empresas se vean obligadas a reconfigurarse o cambiar de giro en la búsqueda de su subsistencia, lo que hará necesario un trabajo conjunto de gobiernos, iniciativa privada y organizaciones de trabajadores en la búsqueda de viabilidad no sólo de las empresas, sino de las economías mismas.
  • Como efecto tecnológico ya encaminado, y acelerado por la pandemia, seguramente se modificarán procesos de trabajo, con la posibilidad de desaparecer algunos puestos cuyas funciones ya no son primordiales, pero también se crearán nuevas actividades; ante lo cual las empresas y sindicatos deberán negociar y acordar la recualificación y desarrollo de nuevas habilidades en los trabajadores.
  • La contingencia sanitaria vino a mostrar a los trabajadores y a la sociedad en su conjunto la importancia de contar con empleos dignos, que, por supuesto brinden la seguridad social, aspecto que ha sido fundamental para los trabajadores y sus familias que gozan de ella, pero en contra parte ha dejado de manifiesto el grado de indefensión para quienes no cuentan con estos beneficios, lo que obliga a diseñar e implementar política pública al respecto.
  • Así mismo, es básico destacar que es la primera ocasión que la humanidad enfrenta una pandemia con grandes avances tecnológicos, lo que ha permitido desde la rápida difusión de la información, hasta la utilización e implementación de dispositivos para la detección y atención de la emergencia sanitaria; con base en lo anterior, todo desarrollo y avance tecnológico deberá estar ubicado en la utilidad para las personas y no las personas utilizadas por la tecnología.

Al tiempo………….

Luis Escobar Ramos

@LUISESCOBARRAM6

La trama del viejo y nuevo modelo mediático

En medio de una situación que ha venido a modificar la manera en que la sociedad solía sobrellevar su diario acontecer, la comunicación entre los seres humanos ha tomado un papel fundamental y trascendental en el desarrollo de las comunidades, ciudades y Estados. Lo que se ha replanteado en medio de la pandemia, ha sido la manera en que ejecutamos los procesos de comunicación, la falta de cercanía con los demás, la forma en la que interactuamos por medio de los medios electrónicos y digitales.

El nuevo coronavirus nos ha mostrado la fragilidad de las estructuras económicas, sociales, así como, la ineficiencia de los sistemas políticos y gubernamentales de distintos países para afrontar crisis no previstas, es decir, el sistema neoliberal tiene previstas crisis económicas, para lo cual organismos nacionales y mundiales están atentos para reaccionar dependiendo los intereses que estén involucrados y mantienen una visión metodológica para reactivar el sistema. En este caso, la ineficiencia del sistema ha sido claramente expuesta y los medios de comunicación han sido una herramienta para intentar ocultar dicha falta de respuesta.

El posicionamiento ideológico en los medios se ha mantenido gracias a que la defensa de los intereses económicos ha sido la prioridad para el capital y los mismos medios son parte de ese capitalismo neoliberal. Los medios tradicionales han sido el andamiaje por excelencia para impulsar sistemáticamente la aprobación de propuestas políticas y económicas muchas veces impopulares, al mismo tiempo que, explican los temas desde una perspectiva amañada y a favor de los dueños del capital.

Durante lo que va del brote pandémico de la Covid-19 en México, los medios se han comportado de manera errática, usando la cantidad de contagios y fallecimientos como un arma, que sistemáticamente van explotando para generar controversias donde no deben de existir estas. Los medios se han encargado de polarizar el panorama y el ambiente, con una clara intención y por supuesto, en defensa de intereses creados.

Por otro lado, el Gobierno de México también ha hecho uso de los medios tradicionales, ya sea por medio del Sistema Público de Radiodifusión (SPR) y sus canales de televisión y estaciones de radio, pero ha realizado un especial uso de las redes sociales. También ha generado contenidos para los medios privados, todo relacionado con el tema informativo y revelando datos de la corrupción con la que los gobiernos anteriores se habían despachado de forma desproporcionada y el caso “Lozoya” es la muestra de la efectividad del mensaje de denuncia.

La batalla mediática ha generado discordancia inmediata con la opinión pública, que se puede ver expuesta por parte de la sociedad en las redes sociales. Sin embargo, a pesar de estos ejercicios de exposición pública y de comunicación horizontal por medio de las redes sociales digitales, la imposición mediática tradicional sigue vigente, esto derivado del modelo que se diseño dentro de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTyR), ya que esta ley da preferencia a los medios radiodifundidos, tales como la televisión digital terrestre (TDT) y la radio, dejando de lado el desarrollo de las telecomunicaciones y con ello, dejaron de lado para la gran mayoría de la población, de su acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), puesto que con el argumento de un concepto neoliberal que es el de la competencia, se diseño una regulación (concepto neoliberal también) intrusiva y que da preferencia a operadores extranjeros que no invierten, pero usan la infraestructura de la industria nacional, sin invertir en el desarrollo nacional. Para ejemplo, tenemos lo que hizo AT&T en México: sus ganancias fueron totalmente invertidas en la compra de Time Warner en Estados Unidos, es decir, saco dinero de México para llevárselo a invertir en el vecino del norte.

Otro caso es la desregulación de los concesionarios de radiodifusión. Televisa, aún siendo el preponderante del sector, quedo fuera de toda regla asimétrica planteada en la regulación. En lugar de compartir infraestructura o de generar condiciones de competencia efectiva con la llegada de nuevas cadenas de televisión, su penetración creció, derivado del cambio de televisión analógica a la televisión digital, aspecto en el que tampoco se respetaron los tiempos de implementación para beneficio de la empresa que llevo a un “Telepresidente” al poder, de tal manera, que el gobierno de Peña Nieto regaló televisores a la población para que siguieran viendo la programación de esta empresa.

Los medios han tomado su papel de difusores, el problema real, ha radicado en los contenidos que se encargan de difundir y que muchas veces olvidan su papel de concesionarios del Estado.

Por otro lado, los medios nativos digitales se encuentran en condiciones totalmente distintas. Algunos medios digitales confían en el proyecto periodístico y otros, al igual que los medios tradicionales que también han migrado parte de su plataforma a la red, se mueven hacia donde el dinero y los intereses les llamen.

La falta de veracidad en los medios y redes sociales digitales, ha provocado que siga existiendo cierta credibilidad y soporte de auditorios dispuestos a continuar consumiendo contenidos de medios que en varias y distintas ocasiones han sido señalados por sus preferencias políticas y económicas, aspecto que las redes no esconden en su mayoría, sino que, el debate y la postura se radicaliza.

El comportamiento de los medios durante la pandemia ha sido timorato y se ha caído en conceptos “politiqueros”. La realidad es que muchos periodistas, conductores o intelectuales orgánicos han resguardado sus posturas por sobre todo concepto de información objetiva y veráz.

Nos encontramos ante una decadencia sistemática de los medios de comunicación, a pesar de depender más que nunca de sus servicios. La comunicación ha mantenido una evolución constante, derivado de la evolución tecnológica; sin embargo, la brecha de desigualdad digital ha provocado que el mantenimiento del viejo modelo permanezca y se niegue a cambiar, es como decía Gramsci: “lo nuevo no acaba de nacer, lo viejo no acaba de morir”.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

La corrupción era el sistema

Entre las muchas deficiencias del sistema político podemos encontrar la utilización de la corrupción como método de operación para hacer política y gobernar, sin embargo, en la actual nueva normalidad política que se esta viviendo en el país, puede entenderse que la corrupción era el sistema y no, que en el sistema se usaba la corrupción.

Las revelaciones hechas por Emilio Lozoya en sus declaraciones y señalamientos, que extrañamente fueron filtradas por medio de redes sociales, indican que la putrefacción del sistema político, burocrático y gubernamental era sumamente avanzada en todos los niveles, desde el presidente, hasta el funcionario más humilde insertado en el organigrama.

La pretensión más ambiciosa del gobierno encabezado por el Presidente López Obrador o dicho de otra forma, la bandera más emblemática de esta administración es la de erradicar la corrupción del sistema; sin embargo, no solo se trata de erradicar las practicas que corrompen a funcionarios y esquemas gubernamentales, sino que, se trata de erradicar y construir mecanismos que no permitan el retorno de prácticas sucias y que dañan al país.

Esta lucha por exhibir a los corruptos que involucrados en negocios sucios y sobornos emitidos en este caso por la constructora Odebrecht y confesados por Emilio Lozoya, han provocado una tormenta política entre los actores involucrados y con ello, los intentos de revertir esto en contra de López Obrador, por ejemplo, con la difusión de videos en los que se puede observar a su hermano, Pio López Obrador recibiendo “bolsas con dinero en efectivo” por parte de un personaje que hoy es funcionario público.

Lo anterior es clara muestra del incremento en el enfrentamiento entre las principales fuerzas políticas del país, con esto queda al descubierto la confrontación de proyectos políticos que pretenden instalarse para definir el camino que como Estado y nación debe de seguirse, en todos los frentes, es decir, no solo en la visión política, sino en lo económico y en el desarrollo.

En medio de la pandemia, la exposición de los actos y corruptelas de las administraciones federales anteriores, ha sido un referente para lograr comprender el camino que pretende seguir el actual gobierno, así como, la pretensión de reencarrilar y reconstruir el pacto social con actos judiciales para resarcir el daño hecho en contra de la sociedad, es decir, que el actual gobierno busca la recuperación de recursos robados por políticos involucrados en casos de corrupción en las pasadas administraciones.

El escandalo que se ha derivado de las revelaciones ofertadas por Lozoya, no es en sí lo ejecutado, sino que, prácticamente en todos los actos del gobierno de Peña y Calderón, en todos los niveles de gobierno había el involucramiento de corruptelas y negocios en paralelo a los proyectos productivos del Estado.

La clase política mexicana, ha demostrado ser parte de un proceso sistemático de decadencia, generando un desgaste social que ha afectado y empeñado el futuro del desarrollo nacional de una manera beligerante, aunado a que el sistema neoliberal solamente a dejado un rastro de rezago y pobreza, así como, la privatización y desmembramiento de las empresas productivas del estado, dejando en el desamparo a los trabajadores de distintos sectores como el energético, salud y educación.

La voracidad destructora de la clase política en nuestro país, es causa de la descomposición social que hoy se refleja en el crecimiento de los índices de violencia y criminalidad, ya que la impunidad con la que se maneja el sistema de justicia deja un mensaje claro: no hay castigo contundente a crímenes de alto impacto, además de que el tráfico de influencia que se maneja en la clase empresarial en complicidad con la política, permea en todos los ámbitos de la sociedad, dejando a su paso un sesgo de impotencia, es por lo anterior, que las acciones que actualmente esta emprendiendo el Presidente López Obrador en contra de los cuadros políticos involucrados en sobornos, desfalcos y corruptelas en general, es fundamental para replantear el camino del país en corto plazo.

La restitución del daño, aunado al restablecimiento del estado de derecho debe ser la meta que el actual gobierno debe trazarse para que los esfuerzos emprendidos tengan un resultado fructífero y que se refleje en la recomposición del entramado del tejido social. El paso a seguir después de restablecer un pacto social efectivo, es la erradicación del neoliberalismo, impulsando políticas públicas, sociales y económicas equitativas y eficientes, que realmente recuperen el carácter de cobertura universal, por ejemplo, en la conectividad y acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), donde se establezca que el mercado no es el único beneficiado, sino que, como derecho humano fundamental sea una meta el que todas y todos los mexicanos tengan acceso a las mismas.

El caso Lozoya no solamente es un asunto judicial, sino que, se ha transformado en un caso de justicia y resarcimiento del daño al pueblo.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

El progreso no sólo privilegio de pocos

Para la ONU el impacto del COVID-19 en la educación, la paz social, el desarrollo sustentable, la nutrición y la salud podría desperdiciar un gran potencial humano y revertir décadas de progreso. Advierte que las brechas socioeconómicas crecientes ponen en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Resulta interesante que en momentos de una pandemia que afecta a ricos y a pobres se hable de progreso cuando es la causa misma de la pandemia. Al mismmo tiempo nos permite hacer una reflexión sobre la idea de progreso fundamental en la modernidad occidental.

Quizás el tiempo sea cíclico, o tal vez se parezca al trazado de una flecha, con un principio y un fin, pero se ha dado en pensar en la historia como un camino hacia la mejora de las condiciones de vida. Se le llamó progreso a la confianza en la capacidad del hombre para satisfacer las necesidades, reducir el dolor y alcanzar la felicidad o, al menos, acercarse a ella. Sin embargo, el éxito que ha tenido el capitalismo en el logro de esos beneficios son la causa de la crisis ambiental que a su vez ha traido la pandemia de la Covid-19, de las anteriorres epidemisas y de las que vendrán sino cambiamos.

Ha habido una discusión en mundo a lo largo de la modernidad occidental, sobre si el progreso existe o no. Para unos el progreso es la historia de multiples innovaciones de la humanidad, lo que explica el enorme progreso de los últimos tres siglos. El pasado nos dicen son etapas de acumulación que nos permiten hoy continuar el desarrollo y la prosperidad. El periodista cintífico ingles, Matt Ridley concluye, que, gracias a la ilimitada capacidad de innovación del ser humano, el siglo XXI supondrá progresos desde el punto de vista material, pero también respecto de la biodiversidad. Da una respuesta universal y sorprendente a los agoreros: el progreso no solo es posible sino probable.

Para otros, el progreso es un mito cada vez más difícil de sostener dada la existencia de caos y barbarie y tratar de mantenerlo es una ficción. El progreso es producto sólo de la modernidad, pues los pueblos anteriores a esa época creían de que había una repetición sin cesar. El eterno retorno de Nietzsche y no la idea lineal del principio y del fin del cristianismo. Agregan que las fuerzas productivas que desencadena el capitalismo industrial y ahora digital son también fuerzas destructivas. Para estos, la temporalidad lineal y abstracta que acompaña al progreso occidental no existe.

Creo que la preocupación de la ONU al afirmar que el covid puede revertir décadas de progreso no alcanza a integrar esa dualidad de la idea de progreso y si sólo de que la dominación del mundo occidenteal se ha puesto en entredicho. Desde el sigo XIX existía la esperanza en algo o en alguien, en un centro alrededor del cual se reunen u ordenan los acontecimeintos. Esta idea de unidad y certidumbre, de vínculo, se desplomó con Nietzsche. A pesar de ello, tuvimos que esperar hasta el siglo XXI para que una pandemia de carácter global nos lo reafirmara, esto es, que no hay certidumbre, que hay un desencato con el crecimiento económico y social y que parece que la fe en el progreso se marchita aunque no desaparezca.

La humanidad, escribió Robert Nisbet, ha avanzado en el pasado, avanza actualmente y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro. Es una idea hegemónica en Occidente que ha prevalecido durante miles de años y que se asemeja en importancia a la libertad, la justicia, la igualdad, etc., Es una idea que fluye de modo lineal que consiste en avanzar, mejorar y perfeccionarse. Sin embargo, agrega Nisbert no hay una prueba empirica de la realidad del progreso y, a falta de ésta, sólo tenemos un dogma. A pesar de ello los mas grandes pensadores de la historia occidental son partidarios de este dogma del progreso.

Este dogma no tuvo siempre un efecto saludable para la humanidad. La historia del progreso es la historia de la barbarie, es la historia de los vencidos, afirma Walter Benjamin. El progreso en sus diferentes nombres: avance, desarrollo, innovación, evolución, primer mundo, civilización, guarda dentro de sí la otra cara: retroceso, subdesarrollo, involución, tercer mundo, pobreza. En nombre del progreso se justifica la barbarie, y es esa justificación la que necesita de la crítica. Un cuestionamiento básico a la tesis del progreso social viene dado desde la pregunta sobre quiénes son los que pueden acceder a tales beneficios y quiénes no.

Con este cuestionamieto que realizó Benjamin en el siglo pasado, se busca darle cuerpo a la otra cara del progreso que consiste en la inclusión de los excluidos y resaltar el hecho de que el progreso no sólo sea privilegio de unos pocos, condenando al anonimato y al silencio a los muchos. La idea de “progreso” nos dice Benjamin, ha servido y sirve como discurso ideológico que usualmente se usa para justificar y legitimar los destrozos que ocasiona. El progreso para las clases dirigentes es el resultado inevitable de unir libertad y ciencia, pero la fe en que la humanidad camina por una senda siempre ascendente, nos ha hecho esclavos de un fetiche. Antes de ser ninguna otra cosa, el progreso fue una doctrina ligada a la supremacía. Por ello, Marx en los Grundrisse, alertaba sobre la necesidad de no tomar el concepto de progreso en su forma habitual.

El entusiasmo progresista se ha mantenido por mucho teimpo. El marxismo concibió la historia como una líneas de avances, pero nos hemos encontrado a lo largo de esta última línea de historia, la de la revolución burguesa, muchas crisis, la del petrolóleo, la de la deuda, la bomba atómica, el fracaso del socialismo real, las dudas sobre si la naturaleza podía satisfacfacer la nesidades humanas, dudas sobre si la técnica es o no destructiva, si es o no la que nos ayudará a salvar el momento crítico de la covid-19. Sin embargo, los parámetros de acumulación y reproducción ampliada del capital, anuncia ya la emergencia de una crisis ecológica sin precedentes. En síntesis, estamos frente a una crisis civilizatoria que cuestiona totalmente la idea de progreso del mundo occidental producido por la modernidad.

Como vimos en un inicio, frente a esta visión pesimista, existen versiones optimistas. Matt Rydley, es uno de ellos, quien documenta con muchos datos empíricos el progreso y dice que nunca como ahora tantos han vivido en mejores condiciones materiales, vidas tan largas, y mayor número de posibilidades vitales; que la gran mayoría de los seres humanos come mejor a pesar de que sigue habiendo miles de millones de personas que diariamente se mueren de hambre; finalmente, argumenta que dentro de menos de 100 años viviremos en un mundo mejor. Como todos lo optimistas asegura con gobiernos eficaces y el desarrollo de la tecnología, la agricultura, la salud, el comercio, entre otros habrá progreso, dado que éste se basa innovar para aumentar la prosperidad. Empero, la pandemia está claramente negando ese optimismo. Aún así, se sigue pensado, siguiendo esta línea de ideas, que si queremos salir rápido de la pandemia tenemos que innovar en la libertad para disminuir el dogmatismo y evitar la planeación centralizada.

El punto mas débil de esta posición es la cuestión de la felicidad, las maneras de alcanzarla y su capacidad para liberarse de los conflictos sociales, políticos, económicos y ahora claramente de salud publica y de la naturaleza. Esto reafirma la idea de Benjamin de que el progreso es una doctrina ligada a la supremacía. Otra debilidad y quizas una de las premisas básicas de la idea del progreso, es que mantiene la fe en los adelantos tecnologicos, pero la aceptación del valor del crecimiento económico por la falta de impacto en la productividad del trabajo los pone en duda. No hay pues, siguiendo a Benjamin, un progreso automático, continuo, infinito, fundado en la acumulación cuantitativa, en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Rechazar el hecho de estar cegado por las falsas promesas del progreso no significa que toda esperanza esté perdida. Tenemos que buscar certezas. ¿qué nos pasaría si desapareciera esta idea de progreso? Que frente a las realidades que tenemos como la Civid-19 y la crisis ambiental que todavía es más crìtica, nos quitáramos ese dogma. Tendríamos que fomentar la creatividad en los más diversos campos; así como, alimentar la espernaza y la creatividad en la humanidad y en los individuos en la posibilidad de mejorar y cambiar el mundo para una vida más equitativa y universal. Esto lo tenemos que hacer de manera individual y colectiva sin la necesidad de un dogma.

Sabemos la importancia que tienen los dogmas en la vida personal de los individuos. Se puede decir incluso que es indispensable. El problema es que las premisas intelectuales en las que se basa este dogma del progreso están debilitándose y más aún con la reciente crisis de la Covid-19 y la crisis del medio ambiente, las le que han aportado más de un grano de arena. Ante ello, resulta crucial la voluntad de cambiar y mejorar. Sin ello, no hay remedio nos dice Nietzsche, pues seguir adelante sin cambiar y mejorar, estaremos bajando escalón por escalón hacia la decadencia.

El capital busca un mercado laboral menos inseguro

Poco a poco el capital ensaya su restructuración. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Ya veíamos ese ensayo en caso del T-MEC. Ahora lo vemos en las pensiones. Este ensayo se hace porque, como dice la OIT, la privatización de los sistemas de pensiones para el retiro ha dejado en América Latina y Europa resultados insatisfactorios, ya que no se cumplieron las metas de ofrecer una mayor cobertura. No solo se estancaron, sino que empeoraron. Para la OIT la tendencia mundial es revertir ese esquema que en México se ha considerado una bomba de tiempo.  

Para sobrevivir el neoliberalismo está reconociendo la necesidad de un mercado laboral menos inseguro, que la redistribución de la riqueza esté nuevamente en la agenda del país aumentando salarios, que políticas excéntricas como la renta básica universal o ingreso vital se incluyan en un nuevo contrato social. En síntesis, reconoce el bienestar de la mayoría. La causa de este cambio es que nadie quiere regresar al mundo pre-pandemia y repetir los errores que se cometieron después del 2008. Sin embargo, más que lo anterior, lo que nos interesa resaltar, es la cuestión de porqué el capital pone a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. La respuesta es muy sencilla, el crecimiento de la productividad del trabajo casi se ha paralizado y las tasas de beneficio están disminuyendo. Esa es la verdadera crisis por la que pasa el capital. El desarrollo capitalista se encuentra en un punto clave de inflexión.

Cuando iniciaron las reformas pensionarias de capitalización individual se le planteó al trabajador convertirse en capitalista. Ha habido otros intentos similares en el mundo como las propuestas de participación accionaria de los trabajadores. Sí existen casos de trabajadores que piensan como un capitalista, pero en el fondo es una aberración que afecta al propio capital. Ya hemos dicho que el capital sin el control laboral y social se desbocaría y, que, gracias a ello, terminará destruyéndose asimismo o auto devorándose. El capitalismo sólo puede sobrevivir mientras acepte voluntariamente o no, que la sociedad le impida ir demasiado lejos de sus límites y con ello socave sus cimientos. Así que, este planteamiento de convertir al trabajador en capitalista era falso hasta para el propio capital. Recuerdo que promocionó el cambio pensionario utilizando un ejemplo chileno donde un taxista jugaba a corredor de bolsa y que, por esa razón, permanentemente vigilaba los cambios en la bolsa para mover su capital pensionario para incrementarlo. Así el neoliberalismo logró convencernos de que era mejor, que ganaríamos más con el sistema de pensiones individualizada.

Muchos quisiéramos el final de la era neoliberal; empero, es el mismo neoliberalismo quien nos lo anuncia. Durante muchos años nos dijeron que no había dinero para asuntos sociales y de salud, para pensiones solidarias y para salarios dignos por ser demasiado caros y que era mejor que el mercado los controlara; pero de la noche a la mañana si hay dinero para mejorar salarios y pensiones. La causa es la propia crisis de neoliberalismo, ya que después de las últimas crisis, la de 2008 y la de la pandemia de 2019, ésta entro en una situación de irreversibilidad. Eso no significa que ya haya muerto, pero contrariamente a su ideología ha aceptado un papel más activo del Estado en la economía. La pandemia es una consecuencia de la crisis capitalista y al mismo tiempo el anuncio de un cambio de sociedad.

En razón de lo anterior, el viejo problema del sistema individualizado de pensiones por fin es tocado. Cierto, no como se quisiera, pero es un paso que es posible dada la crisis económica del país o, dicho de otra manera, lo que permite la correlación de fuerzas; pero, más que nada, abre la posibilidad real de establecer junto con el gobierno una estrategia u onda de cambio que nos permita continuar en ese camino de cambio. Las posibilidades futuras viables surgen de los estados de relaciones existentes entre los diversos momentos. Creo que el gobierno de AMLO ha entendido esta situación y ha contribuido mucho para ese cambio se percibiera. Particularmente para este caso, los especialistas critican el paso dado, porque, para ellos, no resuelve de fondo el problema pensionario y van en contra del espíritu antineoliberal de la 4T, empero no nos dicen que se avanza para hacer más justo el sistema de pensiones y controlar los excesos del capital, los cuales terminarían dañando más al trabajador jubilado sino se cambia.

Más de alguno ya sabíamos que, desde que se tomó la decisión de jubilar al sistema solidario e implementar un sistema individual, terminaría como lo vemos hoy, esto es, pagando una jubilación precaria y que las altas ganancias del sector financiero terminarían siendo mucho mayores de lo que entregarían al final de la vida laboral activa. El sistema estaba diseñado de esa manera, por lo cual no era posible esperar otro resultado. Los neoliberales sabían que el sistema sería rentable sí los trabajadores contribuían con ahorro extra para su jubilación, por eso centraron su publicidad en inculcar el espíritu del ahorro, pero no consideraron u ocultaron que alguien sujeto a un salario fijo y precario era poco posible que ahorrara; así que, tarde o temprano había que dar respuesta a esa ausencia de ahorro, aumentándolo a cargo de cualquiera de los tres aportantes y reducir las ganancias del sector financiero, ajustándolos a niveles internacionales para poder mantenerlos con ganancias y con capital para invertir, tal y como está sucediendo ahora.

Aparentemente esto significa cambiar para que todo siga igual, esto es, para que el neoliberalismo continúe reinando. Los empresarios mexicanos en acuerdo con el gobierno y un sector minoritario del sector obrero impulsaron una iniciativa de reforma al sistema de pensiones mexicano. Reforma que los patrones ya venían promoviendo desde antes de la pandemia. Buscan elevar los montos de las pensiones con un incremento de la proporción contributiva de los patrones para los salarios superiores a cuatro UMA´s y del gobierno para los salarios menores a cuatro UMA´s y disminuir los años de cotización y los costos de la gestión del sistema de pensiones. Nuevamente como en el caso del T-MEC es el capital quien acepta alternativas que le encarecen la explotación de los trabajadores.

La apuesta del gobierno y empresarios es probar con una reforma gradual que se encause en aproximadamente 10 años, un sistema de cuentas individuales que pueda pagar pensiones dignas sin comprometer al erario publico y darles a las empresas el tiempo que les permita recuperarse de la crisis pandémica y post-pandémica. Al mismo tiempo, se espera se acumule ahorro suficiente que permita un aumento en la inversión productiva que ayude a la alicaída economía mexicana. Se habla básicamente de inversión en infraestructura no en bonos gubernamentales. Los recursos pensionarios representan el 16 % del PIB, ahora representarán el 25%. Aunque en nuestro país todavía no llegamos a la situación de los países desarrollados donde hay más adultos mayores que jóvenes en edad laboral, la reforma se realiza pensando en ese cambio en la estructura poblacional del mundo.

Cierto es que se mantiene dentro de los esquemas del SAR y, por tanto, se conserva neoliberal. Por ello se dijo que no había en la propuesta de ley con un cambio estructural y que, por lo tanto, se creó una ilusión de una mayor pensión. Nuevamente estamos frente a lo deseable y lo posible, dicho por el presidente y los empresarios. Pero hay que entender que los propios patronos están preocupados por la continua destrucción del trabajo, cuestión que se ha aprovechado por el gobierno actual para ponerles barreras, encarecerles la explotación del trabajo y detener, por el momento, ese robo pensionario. Lo importante ahora es tomar urgentemente todas las medidas necesarias que nos impone la coyuntura con el objeto de evitar que los ricos sigan enriqueciéndose al grado que lo están haciendo ahora.

Con el nuevo gobierno hay una especie de despertar contra la pura y simple repetición de lo peor. Los dueños del capital sufren en secreto, refuerzan sus armamentos y aceptan encarecer la explotación. Resulta urgente reconstituir o inventar las nuestras. Para que este momento no se estanque en el oportunismo de las organizaciones representativas de los sindicatos y empresarios corporativos, es necesario consolidar el Estado social para poner fin a la terrible miseria de millones de personas y el surgir de una verdad política nueva donde la igualdad se deberá convertir en regla. Ya hemos dicho que la política actúa en colectividades existentes y por eso es mejor hablar de una lucha permanente contra esas representaciones que desaparecerlas, porque, además, empobrecería al Estado. Tenemos que apoyar para reconducir a la débil economía hacia un crecimiento fuerte y sostenible.

Faltan cosas que hacer ciertamente, no se puede resolver todo después de casi 40 años de dominio neoliberal y del cual estamos viendo su caída. El problema no es saber si el neoliberalismo está llegando a su fin, sino que no vemos en escena ningún aspirante a sucederle; hay una desintegración a la vista, pero no bajo el impacto de una oposición organizada y unida de los sindicatos que luchen por un orden social mejor. Antes que las estructuras sociales se hagan más inestables de lo que ya son, necesitamos improvisación, de lo contrario habrá una transición larga e indecisa. Una época de crisis como nueva normalidad.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

Big Tech y regulación necesaria

Durante muchos años los países invirtieron en la construcción de redes telefónicas, siendo uno de los distintivos de las empresas de este sector, el que fuesen propiedad de los estados; uno de los casos emblemáticos es British Telecom en el Reino Unido, sin pasar por alto, que algunos países, mediante procesos de fusión o nacionalización se hicieron de empresas de este ramo, llevando los servicios a sus habitantes.


Fue al inicio de la década de los ochentas del siglo pasado, bajo el impulso del neoliberalismo, que se desencadenó una oleada de privatizaciones de empresas telefónicas, esto, bajo el argumento de que los gobiernos no tendrían los recursos suficientes y necesarios para hacer frente a las fuertes inversiones que se requerirían para los procesos de modernización y digitalización de dichas empresas.


La infraestructura de telecomunicaciones es el principal activo para la provisión de los servicios, y por tanto lo que amerita la mayor inversión para mantener a una empresa en niveles competitivos y de satisfacción a sus clientes, sin embargo, el acelerado avance tecnológico con su principal disruptor que es el Internet ha traído consigo una diversidad de servicios, mismos que desde hace algunos años son montados y transitan por las
infraestructuras de telecomunicaciones (TELCOS) sin que las empresas que los proveen, conocidas con el acrónimo GAFA´s (Google, Amazon, Facebook, Apple) paguen centavo alguno, aumentando sus márgenes de ganancias y significando ello, un fuerte deterioro económico para las dueñas de la red.

Estos gigantes tecnológicos llamados BIG TECH, tienen presencia mundial y son actualmente las empresas con el mayor valor en el ámbito financiero, en buena medida derivado de que no pagan impuestos en la mayoría de los lugares en los que ofrecen sus servicios.


Algunos países pretenden establecerles una tasa impositiva que iguale condiciones entre las empresas originarias del ramo, que sí cumplen con sus obligaciones tributarias y las BIG TECH; así como captar recursos que podrían tener como destino la implementación de programas de impulso a la ciencia y tecnología, la innovación tecnológica y desarrollo de habilidades digitales de la Población, insumos éstos para la inserción en los trabajos del futuro.


En enero de 2019, durante los trabajos del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza (WEF), el tema central fue “Globalización 4.0: Delineando la arquitectura global de la Cuarta Revolución Industrial” y dentro de ello se debatió sobre las pretensiones de fijar un impuesto digital a las BIG TECH y se concluyó que es necesario, por lo que se debe trabajar en ello.


De igual forma, Chile evalúa que este sea por aproximadamente un 19% a los servicios digitales de empresas que operan fuera del país.


El gobierno francés ante la falta de un pacto global, ha emitido una normativa que prevé una tasa de 3% a los ingresos de servicios digitales para todas las tecnológicas que tengan un volumen de negocios de más de 750 millones de euros en todo el mundo y de 25 millones en Francia, lo que ha motivado la inconformidad del Presidente Trump, ya que no está de acuerdo en la tasación de estas empresas, en buena medida Norteméricanas.


Establecen que el impuesto es motivado por la trasnacionalización de la economía; de igual forma se comprometen a reembolsar a las empresas involucradas la diferencia entre su tasa y el nuevo esquema de tasación internacional que se gesta.


En esa tesitura, pero con aplicación en el ámbito internacional y obligada al igual que el WEF, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) por mandato del G7 trabaja en un esquema fiscal internacional y como resultado publicó en de octubre de 2019 un documento en el que propone introducir nuevas reglas para
gestionar el aspecto fiscal de las grandes multinacionales, que actualmente pagan impuestos sobre sus ganancias comerciales sólo si tienen presencia física en el territorio.


El trabajo plantea la construcción de un enfoque conjunto, que aborde los retos de la digitalización de la economía, buscando dar un giro a este modelo y propone que grandes empresas como Google o Apple paguen impuestos allí donde estén sus usuarios, sin considerar donde estén situados sus establecimientos.

La OCDE generó una hoja de ruta para este tema, considerando someter a consulta pública su propuesta en noviembre de 2019, para lograr un enfoque conjunto en enero pasado y una solución consensuada a finales de 2021, sin embargo estos tiempos no sean podido cumplir por diferentes circunstancias y actualmente la pandemia por COVID-19 ha venido a representar un obstáculo más.


Estos acontecimientos motivan dos preguntas: ¿sin la presión internacional ejercida sobre el tema, el G7, el WEF y la OCDE estarían trabajando en esta propuesta? ¿Las tecnológicas en contubernio con el G7 se están curando en salud para evitar tasas impositivas diferentes o más altas?


Luis Escobar Ramos
Twitter @luisesc67