La unidad sindical como palanca de conquistas laborales

Por Israel Quiñones

Casi llegamos al final de este 2022 y hemos tenido un año vertiginoso, donde los acontecimientos han tenido una importante trascendencia histórica. Por un lado, los temas nacionales se han acotado a una fuerte confrontación por la transición electoral del próximo 2024. Por otro lado, tenemos la lucha de los trabajadores, las conquistas se han dado con movilizaciones y un proceso de unidad, a pesar de los intereses que rodeaban varias de estas mejoras para las y los trabajadores.

La vida política nacional es un área que el presidente en cada mañanera ha querido popularizar, puesto que la apatía social hacia los trabajos políticos ha sido cooptada por los medios de comunicación masiva, esto derivado de querer desasociar la participación ciudadana en las decisiones cruciales para la vida pública y ciertamente el actual gobierno se ha empeñado en generar procesos que sean contrarios a los que mediáticamente la élite ha querido mantener solamente para ellos.

En este contexto, las organizaciones sindicales han tomado la palabra al ejecutivo federal y se ha producido un proceso de unidad sindical, lo que queda demostrado en las movilizaciones que se han dado tanto en la Cámara de Senadores, como en la de Diputados en defensa de la iniciativa de “Vacaciones Dignas” y que han dejado ver que los intereses de los trabajadores van más allá de los deseos o cabildeos de los empresarios en las cámaras legislativas.

Queda asentado que el sindicalismo es la opción más viable para que los trabajadores puedan defender y acrecentar sus derechos laborales. Por este motivo, las elites empresariales y económicas han tenido que entender que su dinero no alcanza para comprar conciencias y que la unidad del movimiento obrero es una realidad que se viene construyendo para beneficios de la clase trabajadora que ha tenido que enfrentar distintas disparidades, pero que al final queda el precedente de la capacidad con la que cuentan los trabajadores al momento de generar unidad en diversidad.

Este año la transformación digital ha sufrido una serie de conflictos de carácter económico y laboral, de tal manera que los trabajadores del sector han decidido su destino por medio de la organización. El caso de Twitter es una muestra clara de esto que estamos abordando, ya que las políticas laborales que ha planteado el magnate Elon Musk han llevado a los trabajadores de esta plataforma a unirse a sindicatos en los distintos países donde hay sedes de esta compañía. ¿Si los sindicatos son tan malos, por qué siguen siendo la mejor opción para trabajadores de distintos países y de un sector como lo es el tecnológico?

A pesar de la modernidad y el inclemente proceso económico neoliberal, los trabajadores deben mantener una postura firme que les permita defender sus derechos y libertades. La democracia y la organización son las principales herramientas que pueden ser usadas por la clase trabajadora para lograr posicionar sus intereses en un marco de confrontación entre las principales fuerzas políticas e ideológicas, con ello, el sindicalismo tiene la posibilidad de establecer un proceso de mejoramiento productivo, laboral y estructural en la transformación tecnológica, industrial y laboral.

Los Telefonistas somos un ejemplo para la lucha sindical en México. Este 2022, después de 37 años se estalló una huelga y según notas periodísticas como la del diario Reforma del 23 de julio de este año, hubo preocupación en el sector empresarial por la movilización y el posterior estallamiento a huelga de los telefonistas, pues se podrían dar una serie de movilizaciones de trabajadores a nivel nacional por la exigencia de mejores condiciones laborales y este motivo de preocupación se extiende cuando entidades como la Mesa de Diálogo Sindical, la cual es conformada por centrales y sindicatos de muy diversos orígenes se hacen presentes para luchar por iniciativas como las vacaciones dignas.

Se ve una luz al final del túnel e invariablemente este tramo será el más complicado de una lucha que los trabajadores Telefonistas tendrán que enfrentar. La ventaja es que, los tiempos que estamos viviendo, en medio de una transformación política y de lucha podemos comprender que la unidad será básica para concretar la defensa de un Contrato Colectivo de Trabajo que debe convertirse en un ejemplo para los trabajadores de este país y que la única forma de conseguirlo y mantenerlo es la organización y conformación de un sindicalismo democrático y real.

Las conquistas sindicales son de justicia social

Por Israel Quiñones

El pasado jueves 1 de diciembre, en el marco de la conferencia de prensa del presidente López Obrador, se dio a conocer que el aumento al salario mínimo sería del 20 por ciento. Acompañado por la titular de la Secretaria del Trabajo, representantes empresariales y del sector obrero, el presidente escucho a los voceros de ambos sectores y después agradeció, al mismo tiempo que reclamaba a los representantes del sector empresarial por no contar con su absoluto apoyo en esta materia de urgencia para el país.

De cierta forma el presidente tenía razón en realizar un reclamo al sector empresarial, pues todavía tenemos presente el argumento de que, si el salario mínimo aumentaba la inflación se dispararía y todos nos veríamos afectados, por ello, el sacrificio de los trabajadores que menos ganan tendría que ser asumido con gallardía, pues de esta manera los patrones seguirían ganando cantidades insultantes y la inflación se mantendría en un promedio aceptable para el Banco de México.

Es una realidad que el salario mínimo tiene ya un aumento del 90 por ciento a partir del 1 de enero, esto desde el 1 de enero de 2019, cuando se dio ese aumento pronunciado para procurar la recuperación del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Ciertamente el aumento al salario mínimo es un acto de justicia social y es cierto también que estos aumentos se han dado con la llegada de este gobierno; sin embargo, todavía tenemos un camino complejo por avanzar, ya que los salarios contractuales han quedado a merced de la capacidad de los sindicatos, esto no es malo, pero si el presidente advierte desde la máxima tribuna de Palacio Nacional que los aumentos no serán similares, pues ya hay un tope al aumento en una negociación salarial entre empresas y sindicatos.

La lucha de clases es un concepto vigente y queda demostrado cuando hablamos de conquistas sindicales. Ciertamente, las condiciones en que la clase trabajadora debe enfrentar esta lucha va más en medida de entender el entorno en que nos toca enfrentar al capital, es reeducarnos como trabajadores y sindicalistas, ya que el constante bombardeo de los medios de comunicación tradicionales sobre el desprestigio a los sindicatos ha sido eficiente, hasta el punto en que la afiliación sindical ha venido deteriorándose.

Una muestra de la vigencia de la lucha de clases en la actualidad puede observarse en la aprobación de la iniciativa de “vacaciones dignas”. La iniciativa para aumentar el número de días de vacaciones para los trabajadores se intentó congelar en el Senado de la República, pero en medio de una movilización de diversas organizaciones sindicales en unidad se resolvió aprobar la iniciativa, ahora está en la cámara de diputados y algo similar está ocurriendo, por lo que nuevamente distintos líderes sindicales acudirán este martes 6 de diciembre a la cámara para procurar su pronta aprobación y publicación.

Mientras más quieran desaparecer la lucha de clases de la geografía política, es que se encuentra más vigente. El sindicalismo es prueba irrefutable de esta condición de lucha en la que debemos ser claros y mantener una postura acorde a la defensa de nuestros derechos laborales y conquistas sindicales, para ello se necesita impulsar la unidad sindical y del movimiento obrero en su conjunto, de otra manera el sector empresarial continuará con una fuerte andanada contra las causas de los trabajadores y es que, estuvieron acostumbrados a tener ganancias a costa de “la sensibilidad de los trabajadores”, pues la precarización y la pobreza laboral fueron las armas que mejor supieron emplear en un claro contubernio con las autoridades de aquel momento histórico.

La fuerza de los trabajadores es contundente cuando la unidad es la prioridad de las organizaciones y a su vez, la clase trabajadora entiende su capacidad de organización y movilización como fuerza social. Ciertamente, la justicia social es la base de las causas más elementales del sindicalismo, los trabajadores debemos apoyar estas luchas que no solamente benefician a los sectores obreros organizados, sino a toda la base en su conjunto; es por ello por lo que, debemos impulsar una mayor sindicalización de forma democrática y con eso, encontrar conquistas para la clase trabajadora más contundentes y efectivas.

El neoliberalismo ha sido el mayor azote de las clases populares, no sólo en nuestro país, sino que en todas partes donde se ha implementado especialmente en Latinoamérica. Es indispensable que los trabajadores seamos congruentes en razón de buscar la unidad para lograr las metas que como organizaciones sociales nos hemos trazado, además de poder impulsar cambios de fondo que permanezcan y contribuyan a un verdadero proceso de igualdad social.

PERSPECTIVAS_ Vacaciones justas por la dignificación laboral

Tras una profunda discusión, el pasado 3 de noviembre aprobamos por unanimidad en el Senado de la República una reforma histórica que duplica las vacaciones pagadas en el primer año para las y los trabajadores, pasando de seis a 12 días. Sin duda, fue un momento clave que fortaleció el compromiso de la actual administración con la clase trabajadora. Desde la Comisión de Trabajo y Previsión Social, que me honro en presidir, dirigimos nuestro interés y trabajamos estratégicamente para dar respuesta a la deuda social que tenemos con quienes verdaderamente producen la riqueza de nuestro país.

Esta reforma fue esperada por las y los trabajadores durante décadas. En nuestro pasado, el tema del descanso y el esparcimiento tomó importancia con un triunfo en los albores de la Revolución Mexicana. En 1911, desde el Departamento del Trabajo, creado por iniciativa de Francisco I. Madero, se reconoció el derecho a cuatro días de vacaciones pagadas por año, con el fin de calmar la tensión entre el gobierno y una clase trabajadora cansada de la injusticia y la indiferencia, que encontró apoyo en grandes intelectuales mexicanos precursores de la Revolución, como los hermanos Flores Magón. Sin embargo, tuvieron que pasar 59 años (de 1911 a 1970) para que este periodo de descanso aumentara a seis días. Por si fuera poco, el tema fue postergado durante otras cinco décadas, pues después de 52 años (de 1970 a 2022) el artículo 76 de la Ley Federal del Trabajo seguía sin modificación alguna, por lo cual este esfuerzo que logramos es monumental. Aquí, además, hay una clara muestra de que la deuda histórica con la clase trabajadora es profunda y requiere de todos nuestros esfuerzos para comenzar a subsanarla; por eso, hace unos días dimos otro paso sobresaliente en esa dirección.

El artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que todas las personas tienen derecho al descanso, a disfrutar de tiempo libre, a una jornada laboral razonable y a vacaciones periódicas pagadas. La situación económica y social de México se ha modificado enormemente desde 1970, por lo que en nuestro contexto presente, sólo seis días de vacaciones al año eran insuficientes para garantizar el cabal cumplimiento de este derecho. En efecto, la productividad de nuestra nación ha aumentado constantemente durante las décadas recientes, pero el esfuerzo de la clase trabajadora no ha sido contemplado.

En esa línea, garantizar vacaciones dignas es un asunto de justicia social y esta reforma es trascendental en ese sentido: sus beneficios llegarán a lo largo y ancho del país, además de contribuir activamente en la transformación de nuestra cultura laboral, pues ayuda a abandonar la idea injusta y perjudicial de que las y los trabajadores son máquinas que pueden laborar sin descanso. Para modernizar el mundo del trabajo en México no basta con emplear nuevas tecnologías y estrategias, también es necesario humanizar el modo en que abordamos lo laboral: las y los trabajadores merecen un descanso adecuado, no sólo por su impecable labor y productividad, sino porque son seres humanos con necesidades que van más allá de lo profesional.

Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social, 75 por ciento de las y los mexicanos padecen fatiga por estrés laboral. Además, somos la nación latinoamericana con el menor número de vacaciones pagadas al año, por ejemplo, Brasil y Cuba tienen 30 días; Rusia, 28, y España, 22 días. La ausencia de reconocimiento a los trabajadores está afectando su salud todos los días y esta reforma tiene como una de sus finalidades mejorar su calidad de vida. Es relevante señalar que este fenómeno es más grave que un simple cansancio físico, cuya solución es una noche de sueño reparador. Por el contrario, lo que experimentan las y los trabajadores señala que su contexto laboral puede tener consecuencias irreversibles a escala sensorial, tales como alteraciones auditivas o visuales.

Asimismo, la salud mental se ve comprometida, pues el cansancio extremo puede producir una disminución en la memoria, la atención, el rendimiento intelectual, alteraciones en la percepción sensorial y la capacidad de reacción, así como incrementar la irritabilidad, agresividad y otras dificultades anímicas. Los síntomas y efectos de la fatiga impactan negativamenteel desempeño laboral y en la vida integral de las y los trabajadores: aumentar los días de vacaciones permite que las personas cumplan con otros objetivos vitales, como la recreación, compartir tiempo con sus familias y cultivar sus pasatiempos; para volver con mayor compromiso, energía y concentración a los espacios laborales.

No podemos permitir que esta práctica cultural virtuosa se preste a la explotación y el incumplimiento de los derechos laborales que permiten una vida digna. Garantizar un descanso adecuado es reivindicar un derecho humano que ha sido exigido por las y los trabajadores a lo largo de nuestra historia. En ese contexto, la reforma que se aprobó contempla no sólo incrementar a 12 días el periodo vacacional en el primer año, sino un aumento gradual de dos días por año hasta llegar a 32 días en total.

Desde el pleno del Senado mostramos, nuevamente, que alzar la voz en pro de la justicia y la dignidad es un acto revolucionario que rinde frutos positivos y sustanciales. Para profundizar la transformación que atraviesa el mundo del trabajo debemos apoyar activa y contundentemente la dignidad laboral, defendiendo la necesidad del tiempo de descanso y recreación para que las y los trabajadores desarrollen una vida personal y familiar, necesaria para la plenitud y la felicidad. Nuestra lucha continuará firme contra las lamentables condiciones en las que se encuentran millones de trabajadores, donde la explotación y la carencia de reconocimiento debilitan nuestro tejido social y producen daños graves a la salud de nuestro pueblo. Sumemos esfuerzos por la justicia, la prosperidad compartida y el bienestar para la clase trabajadora, sus familias y todos los mexicanos.

CON INFORMACIÓN VÍA LA JORNADA

Automatización, empleo y productividad

Por Eduardo Torres – @etarroyo

Se acerca la recesión global y posiblemente una depresión que la mantenga por un largo plazo, debido a una inflación permanente, a un conflicto energético-financiero que hace difícil la transición energética, a la guerra contra Rusia y China y la lucha de clases. Este escenario se plantea como una lucha por la hegemonía mundial de los Estados Unidos y aliados, para evitar el ascenso euroasiático a los que se acusa de la mala situación. Empero, la inflación impulsada por EE.UU. con las sanciones a esos países, seguida de austeridad-recesión tienen el objetivo de crear las condiciones para salir de la crisis del capitalismo. El verdadero problema que tienen frente a si las potencias económicas no es sólo enfrentar a Rusia y a China para ser los mandones del mundo, sino que tienen un bajo crecimiento económico acumulado de varias décadas, al igual sucede con la productividad; tienen, a la vez, una tasa de ganancia cada vez más baja y las nuevas tecnologías que se anuncian como las salvadoras automatizando lo más posible, no han resultado serlo hasta ahora y, más aún, presagian hundir más al capitalismo al crear menos empleos productores de valor. Así pues, una multicrisis en la que se juega hoy es el futuro del capitalismo, que éste sea hegemonizado por EE.UU. o no y aliados, es importante pero secundario. La razón es que el capitalismo occidental, si seguimos a Andrés Piqueras incumple con dos de las principales sustancias de su ser: la conversión de dinero en capital a lo que está obligado para vivir y la conversión de seres humanos en fuerza de trabajo asalariada, la mercancía que realiza el trabajo abstracto, lo que lo pone en un camino irreversible de decadencia.

Un tema relevante en este debate mundial es el tema del mercado de trabajo. La demanda de empleo está muy por encima de la oferta. Por consecuencia, los salarios, que nunca fueron causal de inflación, vuelven a ser llamados en este debate, al igual que las huelgas, las movilizaciones sociales y sobre todo los miedos del capital. Así pues, parte de la apuesta por la recesión de los países industrializados se dirige contra los trabajadores para volverlos a domesticar, lo que complicará la distribución de la riqueza, del ingreso y sobre todo a la lucha sindical. Como era de esperarse en esta crisis del capital los trabajadores, se encuentran en el centro y, para contrarrestar el impulso del capital, responden dentro de una lucha de clases. Los bancos centrales quieren moderación salarial y dejar que suba el desempleo. Quieren evitar una espiral de salarios-precios para preservar cierta flexibilidad en el mercado laboral y bajar la inflación sin desacelerar la economía y mantener el control económico. Los trabajadores buscan lo contrario.

Los dirigentes más conservadores del mundo occidental que están impulsando la recesión y la guerra quieren un nuevo siglo americano y no les importan las consecuencias, pues el capitalismo está sometido a una debilidad estructural a mediano y largo plazo con el desplazamiento tecnológico de mano de obra. El sociólogo norteamericano Randall Collins asegura que esto acabará con el capitalismo con o sin violencia revolucionaria. Se puede, nos dice, acelerar o controlar la crisis del mercado del trabajo, pero no se puede suspender o evitar y por consiguiente tendremos más desigualdades económicas y sociales. La mayoría de las economías avanzadas han experimentado una desaceleración de la productividad desde los años 70. Por ello, han bajado los salarios y modificado las condiciones de trabajo, obligando a los trabajadores a trabajar más para compensar la pérdida de ingresos y, paralelamente, han incorporado más tecnologías de la información, microelectrónica, robótica e inteligencia artificial bajo el supuesto de que junto con las medidas económicas implementadas, mejorarán los resultados económicos.

Sabemos que la misión histórica del modo de producción capitalista ha sido desarrollar las fuerzas productivas (tecnología y trabajo) para aumentar la producción de bienes y servicios y la manera de medir este desarrollo es por el nivel y el ritmo de cambio en la productividad del trabajo. Desde los años 70 el crecimiento de la productividad se ha desacelerado afectando la salud de la economía. Hay múltiples razones. Las más importantes giran en torno a la disminución de la inversión pues no se están obteniendo las ganancias esperadas y al giro capitalista hacia la especulación, el llamado capital ficticio que ofrece mejores beneficios que invertir en tecnología para fabricar bienes y servicios. La visión marxista tiene su propia interpretación donde aseguran que hay una caída tendencial de la rentabilidad del capital por lo que encuentran cada vez menos rentable invertir en nuevas tecnologías para reemplazar mano de obra.

El crecimiento de la productividad alcanzó su punto máximo en los 50 y retrocedió en las décadas siguientes hasta alcanzar los mínimos de ahora. El economista norteamericano Robert J. Gordon nos explica que esto se debió a que las innovaciones tecnológicas que contribuyeron al aumento de la productividad pertenecen al pasado y no al ahora. Dicho de otra amanera, el gran paradigma tecnológico que mejora la productividad, el que ha originado la revolución digital, ya rindió frutos y, por tanto, los robots, la microelectrónica, IA, etcétera no van a suponer nuevos cambios. Con estas tecnologías, contrariamente a promover y acelerar el crecimiento económico y la productividad, la economía mundial se desacelera. En términos marxistas podríamos decir que el capitalismo está exhibiendo señales de agotamiento como modo de producción. Según Gordon, las nuevas tocologías no están impactando en toda la población más de lo que ya hicieron la electricidad, los autos, los avances médicos, etcétera, así que no se puede esperar que el capitalismo digital aumente la productividad.

La automatización no es un fenómeno reciente. La sustitución de mano de obra humana por máquinas comenzó con la revolución industrial. Esta automatización consistió en máquinas controladas por el ser humano. La automatización que inició a finales del siglo pasado no sólo requiere menos mano obra, sino que pudieran reemplazarlo totalmente tal y como lo buscan los del WEF y las grandes empresas tecnológicas, las llamadas BigTech. Recientemente, personajes ligados al Foro Económico Mundial (WEF) como Yuval Noah Harari, junto con el planteamiento global del gran reinicio del capitalismo (Great Reset), plantean llegar al absurdo, esto es, piensan que se está avanzando en siglo XXI ante la certeza de con los avances tecnológicos cada vez se necesita menos población trabajadora, por lo que se debe avanzar en el desarrollo de nuevas tecnologías para que cualquier cosa útil que este realizando la población trabajadora se sustituido por tecnologías.  En estos se mantiene la idea capitalista de aumentar la rentabilidad sustituyendo mano de obra, lo que aumenta desigualdad salarial y social.

Ahora bien, hay posiciones dentro de los países de occidente que afirman que hasta ahora la evidencia no nos lleva a afirmar que la robótica y la IA crearán un futuro de completo desempleo, pero si tienen claro de que sí se genera un desequilibrio perjudicial socialmente no beneficioso. La automatización es un elemento importante para comprender la dinámica de la desigualdad. Para un grupo de académicos norteamericanos encabezados por Daren Acemoglu desde el MIT, que además son asesores de diferentes gobiernos, la tecnología moderna afecta los empleos de una manera particular. A algunos trabajadores los vuelve más productivos y a otros los reemplaza. Las tareas simples para un ser humano no lo son para la IA, por tanto, se requieren grandes cantidades de mano de obra para que la gente pueda interactuar en las redes. A ese trabajo podemos llamarlo fantasma porque no se ve. Empero, estas grandes cantidades de mano de obra no se pueden comparar con las contrataciones que hacían las empresas automotrices, por ejemplo.

Estos intelectuales del capitalismo ya se dieron cuenta de los efectos de las tecnologías actuales en la desigualdad y el desempleo tecnológico. Aseguran que buscar más beneficios con la automatización reduce el crecimiento de la productividad y exacerba la desigualdad, por lo que están buscando alternativas a esas consecuencias negativas. De entrada, este grupo de pensadores encabezados por Daren Acemoglu aseguran que estamos lejos de saber cómo la automatización afecta el funcionamiento de los mercados laborales. Dicen que esto no es inevitable, como así lo piensan los pensadores marxistas y los radicales conservadores junto con la BigTech y que, quizás, se puedan encontrar formas de producir tecnologías que mejoren el trabajo en lugar de innovaciones que lo reemplazan. Para ello, parten de diferenciar las tecnologías. Hay dice tecnologías facilitadoras y de reemplazo o sustitutivas. En el primer caso son las que aumentan las capacidades de algunos trabajadores y permiten realizar nuevas funciones con lo que se aumenta la productividad, esto es, tecnologías que ayudan a algunos trabajadores más que a otros. Para este académico este hecho genera desigualdad y la manera de contrarrestarlo es aumentar la oferta a trabajadores altamente calificados y a los que se encuentran en ocupaciones mal remuneradas.

Hay también, nos dice Acemoglu, hay tecnologías que reemplazan el trabajo en varias tareas robotizadas que antes realizaban trabajadores semicualificados y ocupaciones especializadas que se ejecutan con IA. Un punto importante, señala, es que estas tecnologías pueden reducir los salarios y causar desempleo tecnológico; sin embargo, los desempleados pueden encontrar ocupación en empleo de menor remuneración. Así pues, en cualquiera de ambas tecnologías, la facilitadora y la de reemplazo se termina, según Acemoglu, con alternativas que polarizan los salarios y empleo y, por tanto, causan desigualdad. Aun así, se pregunta, qué tan factible es automatizar los trabajos existentes al grado de polarizar al máximo empleos y salarios. La respuesta es que hay muchas tareas que no se pueden automatizar fácilmente y más si se ubican desde el punto de vista de la rentabilidad. Este punto es un factor muy importante que determina la valoración que se hace de costos beneficios a la hora de invertir.

A Acemoglu le preocupa que la automatización acelerada de las tecnologías digitales, la robótica y la IA penetre en la economía al grado que los trabajadores tengan cada vez más dificultades para competir con las máquinas y sus remuneraciones experimenten una disminución relativa o incluso absoluta. Por lo que insiste en buscar fuerzas compensatorias para lo que está en la búsqueda de comprender cómo y cuándo la automatización transformará el mercado laboral. La visión marxista no la consideran porque es pesimista, así que en esta búsqueda se apoya en el economista ruso Wassily Leontief para desarrollar su marco conceptual donde pone en duda que las nuevas tecnologías vayan a desaparecer empleos y piensa que al mismo tiempo que se automatiza hay que introducir tareas en las que el trabajo tenga ventajas competitivas y la mano de obra tenga mayor productividad.  Sabedor de que la tendencia comercial de la grandes tecnológicas que dominan el mundo es hacia más y más automatización y que el modelo BigTech no se basa en crear puestos de trabajo sino en automatizarlos, propone regular la tecnología para garantizar que los avances tecnológicos no afecten empleos. Si esto sucede, agrega, habrá un camino de crecimiento estable y equilibrado, con automatización y creación de nuevas tareas.

El capitalismo actual entre sus seguidores enfrenta a dos paradigmas contrapuestos, pero la realidad es que cuanto más se impone el paradigma de la automatización, los incentivos del mercado tienden a la favorecerlo dejando a un lado proyectos que se centren en crear nuevas tareas con una alta demanda de mano de obra. El mercado actual está dominado por las grandes empresas tecnológicas cuyo modelo de negocio está vinculado a la automatización. En estas empresas se concentra el grueso de la investigación en IA y han creado un modelo de negocio en el cual la eliminación de los seres humanos es un imperativo tecnológico y comercial. El Wall Street Journal publicó recientemente un artículo donde afirma que ante la escasez de trabajadores viene una oleada de robots. ¿escasez? Además, han logrado convencer a los gobiernos para que subsidien y exenten de impuestos a empresas para una automatización acelerada y el impulso a modelos similares al valle del silicón como un espíritu colonizador del mundo.  A pesar de hay opciones diferentes dentro del capitalismo hasta llegar a lo que algunos las han llamado la humanización del trabajo en la era digital, éste no ha sufrido ninguna ruptura. Se mueve en la misma dirección de siempre, pero ahora en base a máquinas de información en red impulsadas por la competencia. Así que, es importante regresar al enfoque marxista que pone atención a las transformaciones sociales de la modernidad capitalista en un escenario en el que los individuos se ven forzados al intercambio del producto de su trabajo bajo la forma de mercancía.

Tasa de ganancia mundial y trabajadores

Por: Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La tesis de que hasta ahora la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases respomde a una etapa inicial del capitalismo, cuando éste todavía no conquistaba a toda la sociedad. La lucha de clases que se desarrolló en base al trabajo no pagado y la expotación, pertenece a la teoría del marxismo obrero de cuando el capitalismo no estaba bien establecido. Esa etapa transformó a los trabajadores en sujetos dinerarios y jurídicos con pleno derecho, pero sin incorporar como parte de esa lucha a las categorías básicas de la modernización capitalista y no solamente una crítica a su distribución y aplicación. Para Marx la mercancía es la célula germinal de toda sociedad moderna y en base a ella cimenta la crítica a la sociedad capitalista. Dicha crítica fue descuidada por el marxismo obrero, lo que lo convirtió más que en los enterradores del capitalismo, en impulsores de su desarrollo, un marxismo sin revolución.

La lucha salarial por una justa distribución y mejores condiciones de trabajo, la lucha distributiva bajo forma monetaria, en realidad fue una lucha por integrarse plenamente  a la sociedad capitalista. La lucha de clases, podríamos decir la democracia en el capitalismo, ciertamente ayudó a controlarlo con un más equilibrado reparto de la riqueza, pero con el neoliberalismo, ésta alcanzó su límite histórico. La globalización es el capital sin ataduras, el régimen de capital en interés del capital. En base a ello, nos preguntábamos ¿si la lucha de clases ya no forma parte de las certezas obreras? ¿en base a qué podría terminar el capitalismo? ¿podemos reivindicar a Marx en la tercera década del siglo XXI?

Marx nos dejó consideraciones de una naturaleza diferente, como es la crítica a los fundamentos mismos de la modernidad capitalista. Así, llegó a la conclusión de que al ir sustituyendo trabajo humano como puro gasto de energía, lo que el llamó trabajo vivo o trabajo abstracto, por máquinas y tecnologías, trabajo muerto, la fuente de ganancia, el plusvalor, decae necesariamente. Por ello, podemos decir que el capitalismo posee una tendencia inherente a hacer innecesario y obsoleto el trabajo vivo, que es la sustancia fundamental para su existencia, por lo que tiende a destruírse así mismo. La escuela alemana del Grupo Krisis, sostiene que el capitalismo colapsará por su propia imposibilidad de seguir producuendo valor.

Marx como parte de la teoría del valor-trabajo, a esta autocontradicción le dio el carácter de ley y la llamó ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (LTDTG). Marx siempre consideró el modo de producción capitalista como un sistema mundial. A pesar de que todo análisis de medición debe basarse en las economías nacionales, es posible calcular la tasa de ganancia a través de los años y confirmar la ley. El modo de producción capitalista se ha extendido por la globalización lo que hace que el concepto a medir una tasa de ganancia mundial sea más realista. En base a varios análisis, es clara ahora una tendencia decreciente en la tasa mundial de ganancia. Durante el periodo neoliberal tuvo un aumento con la destrucción de los sindicatos, recortes del estado de bienestar y de los impuestos a las empresas, la caída de la URSS, la globalización y sobre todo la innovación en alta tecnología, pero se detuvo en los inicios del siglo XXI con una depresión que se conserva hasta la fecha alentada por la pandemia y la crisis del 2008.

La tasa de ganancia es el mejor indicador del estado de salud de la economía capitalista, incluso puede predecir con precisión y servir para los inversionistas a futuro ante la probabilidad de recesión o crisis. Según Marx la composición orgánica del capital —la relación entre el capital constante y el capital variable, la relación entre la masa de capital invertida en medios de producción y la invertida en fuerza de trabajo— es el factor determinante de la caída tendencial de la tasa de ganancia y la tasa de explotación es el factor principal que la contrarresta, dado que cuando hay más trabajadores explotados hay más ganancia. Algunos estudiosos de la economía dicen que esta ley está justificada empíricamente, pero, aún asi, se puede confirmar su validez; otros, afirman que se exagera su importancia para explicar la crisis del capitalismo, dado que hay muchas razones que lo pueden hacer; hay, dicen, muchas crisis que interactuan, por tanto, la caída de la tasa de ganancia puede ser sólo una de tantas.

Lo cierto es que para Marx los capitalistas compiten para aumentar las ganancias reduciendo los costos, particularmente los laborales, sustituyendo a cada vez más trabajadores. A través de la competencia, el capitalista se ve obligado a invertir para producir mercancías a un precio más bajo que sus rivales. Asi que, si se invierte más en maquinaria e infraestructura y menos en fuerza de trabjo, existe una tendencia a que la plusvalía o explotación del trabajo caiga y viceversa, esto es, cuando la composición orgánica del capital aumenta más que la tasa de explotación, la tasa de ganancia cae. Las materias primas y la energía consumida en la producción no crean valor, lo que hacen es transferir su valor a las mercancias. Las máquinas sólo aumentan la productividad del trabajo humano y permiten que la fuerza de trabajo se consuma con más intensidad, esto es, sin la fuerza de trabajo no se crea valor. Así pues, el sujeto moderno solo existe por y para la competencia capitalista.

Ahora bien, como Marx calificó la caída como una tendencia podemos entender esta es realtiva y, por tanto, hablar de que existe un límite absoluto al modo de producción capitalista no es tan definitivo.  Ante esa realidad, el capitalismo de manera ideológica busca no tener que admitirlo y también contarrestarla con diferentes mecanismos, que previó también Marx. Para compensar la reducción del valor de las mercancias tiene que expandirse rápidamente en todo el mundo, para vender más y más mercancias y condicionar a los humanos de acuerdo a ello. También es manejable siempre que la masa de ganancia esté aumentando, lo que requiere una mayor explotación o una disminución intencional de la cuota de ganancia. El capital realiza mayores inversiones con lo que la masa absoluta de beneficio aumenta o abarata el capital constante, lo que se logra con el aumento de la productividad en los medios de producción por encima de la productividad en su conjunto, es decir los bienes de capital físico se abaratan más de lo que se reduce la parte de la fuerza de trabajo. Si la tendencia es constantemente contrarestada, no significa que sea anulada.

Cuando el capitalismo entra en crisis, lo cual es muy recurrente, se detienen esos mecanismos compensatorios. En los Grundisse de Marx encontramos la consideración de que existe la posibilidad de que la compensación pudiera ya no ponerse en marcha nuevamente. En la teoría del valor-trabajo y como parte de ésta la LTDTG, existe la posibilidad de una caida total del beneficio y llegar a la absurda situación de que la sociedad entre en miseria. Situación que puede esquivar sólo con más que con más máquinas en lugar de más fuerza de trabajo. Los estudiosos modernos de Marx en el siglo XXI, particularmente los del Grupo Krisis, afirman que la revolución industrial de la microelectrónica nos está llevando a pasos agigantados a esa absurdidad, misma que se ha venido incubando desde mediados del siglo XX y que se ha expresado en desempleo masivo, bajos salarios, nula seguridad social, sobrepoblación o mucha demanda de trabajo, mayor deuda social y otras formas de miseria. Esto revela que la estrategia compensadora del capital está llegando a punto sin movimiento.

Ahora bien, hagamos una recapitulación. Como vemos durante largo tiempo la disminución del valor y por consecuencia de la plusvalia debido a menos aportación trabajo vivo, fue compensada y en algunos casos sobrecompensada por la expanción de la producción que llenó al mundo de mercancias y rebajó los salarios cuando se empezó a trasladar la producción a países de salarios bajos. Con el fin del fordismo se extinguió el modelo de acumulación basado en el trabajo vivo. Desde ese momento las tecnologías que no crean valor se han convertido en la escencia de la producción. Por consecuencia, como hemos venido afirmando, la cantidad absoluta de valor y por extención de pluvalía esta cayendo, lo que coloca en crisis a la sociedad basada en valor incluyendo a los trabajadores. Asi pues, ya no es la explotación el problema central al que hay que enfrentar, sino que el capitalismo está creando población superflua, no necesaria para la producción y, por ende, incapaces de consumir y, al mismo tiempo, personas, regiones y comunidades que tienen capacidad de consumir se están convirtiendo en islas en un mar de superfluos que ya no sirven para ser explotados.

El movimiento obrero en su lucha de clases obtuvo victorias importantes que lo llevaron a creer que el capitalismo podía ser domesticado. Las victorias seguiran sucediendo, más aún, cuando se ha generado una inflación que afecta el poder adquistivo del salario y que los paises quieren cargar el costo a los trabajadores. Los logros alcanzados con toda justicia por el movimiento obrero han mostrado que no van más allá de ser parte del capìtalismo contra el que luchan. Mientras planteamos estas ideas, el capital sigue obligándonos a permanecer en el conflicto salarial, de seguridad social y pensionario, para su beneficio ahora que está metido en un conflicto para mantener la hegemonía global de una manera unipolar.

La sociedad en la que domina la mercancia esta en plena decacencia, porque no tiene la posibilidad de distribuir la riqueza. Los progresos tecnológicos y en especial las aplicaciones de las microelectrónica y microinformática en la producción están reduccinedo de forma continua el trabajo vivo o abstracto. Por tanto, no es posible el retorno al pleno empleo, al keynesianismo y al estado de bienestar. No podrá haber nuevamente una prosperidad capitalista tal y como se anuncia en la cuarta revolución industrial, porque las tecnologías que reemplazan al trabajo vivo no pueden ser eliminadas de la producción capitalista. La tasa de ganancia cae en forma tendencial, o sea, no es permanente, pero al final se impone, a pesar de que despues del hundimiento de los socialismos de estado, el capitalismo le haya dado la vuelta a la sentancia marxista de los sepultureros y lo haya integrado en su repertorio.

La huelga que construyó puentes

Por Israel Quiñones

Está semana tuvo lugar un evento histórico en lo relacionado al mundo del trabajo y, por ende, al movimiento social de nuestro país. El estallamiento de la huelga en Telmex removió una serie de situaciones que abarcan desde la política, la economía y la percepción social de la lucha de clases; fue inevitable el ver al Sindicato de Telefonistas enfrentando al capital más poderoso de América Latina y a uno de los más grandes del continente. La clase trabajadora organizada demostró que la utilización de la herramienta de huelga sigue siendo efectiva y que el sindicalismo continúa siendo la manera más eficiente para defender los derechos laborales de las y los trabajadores.

Al estar siendo testigo y participe, no se puede evitar ese sentimiento extraño de las movilizaciones del pasado, hace 37 años que los telefonistas no hacían uso de esta herramienta de lucha y pareciera que los fantasmas de los antiguos huelguistas estuvieron presentes, atentos, alentando las arengas y sumándose al estallamiento de la huelga para la defensa de los derechos laborales plasmados en el Contrato Colectivo de Trabajo y, en cierto modo esta gran movilización de tamaño nacional abrió los ojos de los trabajadores oprimidos y presionados por la pandemia, por la inflación, por la guerra, por el neoliberalismo y el feudalismo digital.

Esta huelga duró 28 horas, mismas que los trabajadores afrontaron con gallardía, con valentía. Podrán existir criticas alrededor de las razones y el levantamiento de este estallamiento, que por algunos medios fue manejado como “paro” o, señalaban el que seguía habiendo servicio telefónico y de internet, sin embargo estos señalamientos fueron hechos desde la ignorancia de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión o simplemente fueron malas intenciones para tratar de desinformar en medio del movimiento, además de pasar por alto la decisión de los trabajadores sobre la defensa de sus derechos y la democracia que impera en las consultas realizadas por medio del voto personal, libre, directo y secreto emitido por la base, tanto para estallar la huelga, como para levantarla al alcanzar acuerdos a favor de los intereses de las y los telefonistas.

La mediación de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social fue efectiva para alcanzar un acuerdo para la instalación de una mesa técnica tripartita que como resultado tenga una solución definitiva para las partes, con la que se mantenga la viabilidad económica, operativa y financiera de la empresa con el respeto irrestricto al Contrato Colectivo de Trabajo que ostenta el Sindicato de Telefonistas, de modo que, las partes logren reconstruir una relación obrero patronal eficiente y respetuosa.

Además, salieron a la luz de manera contundente argumentos que el STRM ha venido planteando desde 2017 acerca de la regulación del sector de las telecomunicaciones. Los modos ineficientes en que el regulador mexicano ha impuesto medidas asimétricas en una afectación continúa a la inversión para el despliegue y crecimiento de nueva infraestructura, para cumplir con la conectividad universal, asimismo de la forma en que la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión ha quedado como letra muerta ante los retos que el mundo ha comenzado a enfrentar para llevar la digitalización y conectividad a sus habitantes, pero que en el país se ha quedado entrampado para solventar las ganancias de las empresas en las manchas urbanas, dejando en el olvido a más de 35 millones de ciudadanos que habitan zonas alejadas en el México profundo, dejando claro que el mercado no resuelve las demandas sociales básicas.

Por otro lado, pero en la misma lógica la huelga de los telefonistas ha abierto los ojos a millones de trabajadores. Sí el STRM ha podido enfrentar al gigante de las telecomunicaciones, ¿por qué los trabajadores del país no se organizan para enfrentar a sus patrones y tener mejores condiciones de trabajo? Esto deja al descubierto que, si un sindicato es democrático e independiente, puede afrontar lo que sea y a quien sea a favor de los derechos de la clase trabajadora, además de mostrar a los ojos de la opinión pública que la lucha de clases está vigente y debe enfrentarse y ganarse por el bien del país.

Si hay guerra los primeros afectados son los trabajadores, si hay crisis económica los primeros afectados son los trabajadores, si los empresarios fracasan en sus proyectos y son rescatados por los estados, los únicos afectados son los trabajadores; estamos en medio de un momento histórico, donde el mundo está tomando caminos extraños. El cambio climático hace estragos en los ciclos hídricos, la escasez de alimentos y productos básicos se hace realidad y la inflación muestra sus colmillos más filosos al poder adquisitivo de las clases populares. La organización es fundamental para enfrentar estas realidades provocadas por los grandes capitales y que quieren someter a la población por medio de los organismos e instituciones mundiales como el Foro de Davos o el Fondo Monetario Internacional con políticas económicas neoliberales y excluyentes.

La clase trabajadora progresista debe tomar decisiones importantes que trasciendan más allá de las fronteras de su vida interna. El Gobierno debe de atender y caminar a lado de la clase trabajadora y campesina, de modo que, las políticas laborales y económicas retomen ideas de colectividad. La influencia del empresariado debe de limitarse y abrirle más espacios a las clases populares, pues de esto es lo que la izquierda progresista se ha alimentado y crecido, la congruencia será fundamental en los próximos días.

El acuerdo que los telefonistas hicieron con la STPS como mediadora y con Telmex como contraparte, tiene una vigencia de 20 días hábiles para su resolución, hay que estar atentos e impulsar el escrutinio público en esta importante y trascendente negociación que, sin duda alguna, marcará a la 4T en su política laboral, sindical y patronal.

La huelga como herramienta para mantener la dignidad

Por Israel Quiñones

Las huelgas son una herramienta que usan los trabajadores como último recurso ante los abusos patronales. Las grandes movilizaciones de la segunda mitad del siglo pasado que dieron forma a un sindicalismo más fuerte y digno, están envueltas con un halo de misticismo, son adornadas con las anécdotas de camaradería, de solidaridad y también del señalamiento del esquirolaje.

El Sindicato de Telefonistas cuenta con un amplio anecdotario de huelgas. Hace poco más de 35 años que está organización no enfrenta una situación de características tales que le empujara a tomar la decisión de estallar una. El pasado 19 de junio, la Asamblea Nacional de Representantes tomó la decisión de retomar la vieja tradición de lucha por medio de este instrumento jurídico y político que representa un sacrificio, pero también es la mejor oportunidad de conquistar derechos laborales que, de otra forma los dueños del capital le niegan a la clase trabajadora.

Las condiciones de los nuevos procesos de trabajo en la actualidad, independientemente de la empresa o sector productivo o de servicios, depende en gran medida de la digitalización y de la evolución tecnológica, pero estos beneficios que la creatividad y la innovación ponen al servicio de la humanidad son tomados por el capital y lo usan para abaratar y precarizar al empleo.

El sindicalismo ha sido estigmatizado por los grandes consorcios de la comunicación, mismos que dependen de los grandes capitales para subsistir, por ello, todo lo que represente una amenaza para las estrategias económicas y de acumulación son crucificadas en los altares del capital neoliberal; sin embargo, el sindicalismo real y democrático continua siendo la herramienta más efectiva para que la clase trabajadora pueda defender, mantener y conquistar derechos laborales que beneficien el diario quehacer de las y los trabajadores, esto es una amenaza para el capital.

Paul Mason en su libro “Postcapitalismo” relata como un CEO de Samsung en el marco del Foro de Davos en el año 2015, señala enérgicamente que de seguir permitiendo que los trabajadores se organicen en sindicatos o, se continué con la seguridad social tal y como se mantiene, el capital no logrará crecer y desarrollarse como debe. Este pequeño atestiguamiento del pensamiento neoliberal nos deja claro que la estrategia del capital se basa en el sometimiento y explotación de la clase trabajadora, por ello, la automatización es una opción de desaparecer a los gremios y trabajadores.

Con los telefonistas algo similar ocurrió, pues, en síntesis, la empresa quiere desaparecer la jubilación del Contrato Colectivo que ostenta este Sindicato y a pesar de que Grupo CARSO se comprometió a respetar este Contrato Colectivo desde que adquirió Telmex, hoy dice que el costo de dicho Contrato afecta sus finanzas. Solamente que omite una realidad muy oscura y desvergonzada, ya que las decisiones tomadas por la administración de Telmex han ido por el camino del desmembramiento, puesto que antes de la separación funcional impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la tenedora de Telmex, el gran gigante de las telecomunicaciones América Móvil, emprendió una serie de escisiones que partieron a la empresa privatizada en 1990, esto con el único fin de quitar a los trabajadores acceso a utilidades, contrataciones por medio del Contrato Colectivo y por ende, precarizar el empleo por medio de la subcontratación de filiales pertenecientes a empresas terceras del mismo Grupo de interés económico o en su defecto, pertenecientes a amigos del dueño.

La decisión de estallar una huelga no es sencilla, es un estresante proceso de análisis y consensos que no tiene otro fin que el bien común de los trabajadores organizados, pero que, para mantener sus conquistas sindicales vigentes tienen que luchar y sacrificarse por medio de esta herramienta.

La retención de pagos, la falta de prestaciones, vacaciones, incapacidades y demás aspectos que vienen con el trabajo son truncados durante la huelga. Lo complicado de una huelga no es estallarla, es levantarla.

La conciencia de clase no se adquiere por generación espontánea y por ende, la decisión de prescindir de salario y prestaciones durante el movimiento de huelga no es cosa fácil, pero este dolor se aminora con la solidaridad y la unidad, por ello, el sindicalismo fortalece al trabajador y lo engrandece.

La mitología que envuelve a los liderazgos sindicales del siglo XX no se construyó de la nada, se produjo a partir de las huelgas, se difundió por el tesón y la resiliencia de los trabajadores, hoy los Telefonistas vuelven a tomar su destino en sus manos, deciden estallar una huelga para defender lo más básico de la dignidad humana, para crear un futuro para los que vienen, para defender una vejez digna de los que fueron y para defender la estabilidad y bienestar de sus familias.

¡Que Viva la huelga!

OPINIÓN_ La inseguridad y la falta de inversión como obstáculos para la conectividad

Por Israel Quiñones

La inseguridad en nuestro país se ha convertido en uno de los grandes males cotidianos. Los tres niveles de gobierno no han logrado garantizar la seguridad pública que la sociedad demanda y en cierto modo, esto es resultado de diversos motivos que van desde la corrupción en las fuerzas de seguridad pública, hasta el incremento de actividades delincuenciales derivado de la falta de oportunidades para una gran parte de la sociedad.

Es inevitable que estos efectos permeen a distintos sectores y, en definitiva, la seguridad se ha convertido en uno de los grandes pendientes del gobierno de la 4T. Sin embargo, el desarrollo nacional se ve truncado por la falta de atención al incremento de las actividades delictivas, tal es el caso en el sector de las telecomunicaciones, pues el aumento en el robo y vandalismo de la infraestructura provoca desconexiones frecuentes de los usuarios, además de que los trabajadores de las distintas compañías se ven afectados y en peligro para poder desempeñar sus labores.

En algunos estados del país, el trabajar en un corte de fibra óptica después de una hora en específico, significa arriesgar la propia seguridad, sin embargo, es imperativo restablecer los servicios y ese es solamente un ejemplo. En el caso de Telmex, según datos de la propia empresa, se han realizado 30,456 denuncias en los últimos dos años por vandalismo a las vías generales de comunicación y robo de cable y en este rubro, el cableado de cobre es lo más apetitoso para aquellos que realizan la sustracción de este material que se traduce en más de 5 millones de metros, lo que representa 2,481 toneladas de este preciado metal, mismo que es fundido en “chatarreras” para su venta en el mercado negro.

Si estos datos plasmados en el párrafo anterior son conocidos por las compañías y trabajadores, ¿por qué la autoridad no los conoce? Aunado a lo anterior, es necesario señalar que el sabotaje a la red realizado por trabajadores de la competencia se ha incrementado y camuflado con los actos de grupos delincuenciales, en este rubro el operador más afectado sigue siendo Telmex.

Según una nota del periódico El Financiero, representantes de operadores como Telmex, Megacable y AT&T han solicitado la intervención activa de las autoridades, pues comentan que el desarrollo y crecimiento de la infraestructura se ha visto afectado por el tema de la delincuencia, sobre todo por la falta de garantías para los trabajadores que realizan labores en las zonas alejadas de las manchas urbanas del país, al punto de verse amenazados por miembros de grupos del crimen organizado, ya que existen redes de telecomunicaciones paralelas propiedad de estas organizaciones delincuenciales, de manera que la interconexión con la red troncal de los grandes operadores se convierte en una prioridad para mantener sus redes.

Si bien es cierto que la inseguridad se ha convertido en un obstáculo para el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones, no podemos dejar de lado la falta de inversión y la falta de incentivos regulatorios, debido a que el uso de la red de Telmex como red troncal de los competidores, ha promovido que los operadores perezosos no continúen con el crecimiento de la red, al igual que Telmex ha reducido sus niveles de inversión por la misma regulación.

Aunado a lo anterior, el conflicto obrero patronal entre Telmex y el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, se ha convertido en un tema que afecta la calidad en el servicio, puesto que la falta de personal es causante de ineficiencia en la atención, ya que la empresa se ha recostado en una actitud de necedad y sin mostrar argumentos claros al no reconocer 1,942 vacantes ya negociadas con anterioridad, asunto que demuestra y subraya la política antisindical con la que se rige América Móvil en todo el continente.

Es una realidad que la inseguridad se ha convertido en un gran obstáculo para el desarrollo y despliegue de nueva infraestructura de telecomunicaciones, pero tampoco se trata de negar razones de fondo que han sido las mayores causales de la falta de conectividad, además de que los operadores perezosos no cuentan en sus concesiones ningún compromiso u obligación para generar mayor conectividad, tal y como sucede en el caso de Telmex en su concesión, además de que el Agente Económico Preponderante no cuenta con una concesión convergente que sea un incentivo para impulsar la inversión y pueda competir en igualdad de circunstancias, además de bajar los precios en el mercado de Televisión de paga.

Definitivamente el ramo de la seguridad pública es una exigencia social justa y necesaria, por lo que en el caso del sector de las telecomunicaciones es necesario, indudablemente, sobre todo para mantener la integridad personal de los trabajadores que realizan los trabajos necesarios para conectar al país, pero sin la inversión suficiente y con una regulación que trunca el desarrollo va a seguir siendo muy complicado.

Guerra fría y el futuro en disputa

Por Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La crisis de la hegemonía norteamericana en el mundo como parte de la crisis del capitalismo globalista manifestada por una policrisis climática ambiental, de salud pública, alimentaria, de gran desigualdad social y la caída de la productividad, nos llevó a una guerra por encargo e híbrida en Ucrania. Para recuperar esa hegemonía los norteamericanos han obligado a la Unión Europea y a varios países que se encuentran en su órbita como Canadá, Australia y Japón a no negociar con Rusia y China y, en contrapartida, ellos asumir el rol de proveedores de los energéticos, alimentos y fertilizantes que dejarán de comprar a Rusia y, claro está, suministrar seguridad ante la supuesta amenaza chino-rusa. Esa es la gran jugada imperial, donde Europa y el mundo son los grandes perdedores. La idea ha sido planeada con años de anticipación, pero no pudieron implementarla hasta que obligaron a Rusia a defender a las comunidades rusófonas de Ucrania acosadas durante más de ocho años.

Las consecuencias son que el mundo ha quedado nuevamente divido en dos grandes bloques. Una nueva guerra fría entre el occidente dominado por el sector financiero, que, para ello, previamente desindustrializó las economías y desplazó la industria manufacturera hacia el sur global y dos potencias nucleares China y Rusia con una economía mixta que buscan apoyarse en la producción industrial para la creación de riqueza y con fuertes inversiones gubernamentales en infraestructura. En pocas palabras, un capitalismo industrial que evoluciona hacia el socialismo. La guerra en Ucrania clarifica, pues, una crisis de la globalización, donde, por un lado, hay una expansión de la OTAN como brazo armado del capitalismo militar-financiero y, por otro lado, un cuestionamiento de la centralidad de occidente en el marco de una búsqueda de alternativas multipolares y multicéntricas.

No deja de sorprender que en pleno siglo XXI y en la era de la información Europa, cuna de la civilización moderna, haya aceptado acríticamente subordinarse a EUA y sumarse al discurso mediático de que Vladimir Putin es el malo de la película, responsable de la crisis energética y de alimentos y que China es una amenaza para su seguridad, a los cuales hay que detener. Los más críticos europeos, incluyendo parte de la izquierda, no pueden quitarse de la cabeza que el malo a destruir en esta historia se llama Vladimir Putin, por lo que impulsan y aprueban que debe ser castigado, aislándolo del mundo occidental, junto con los chinos. Los europeos no ven que hay otra cara de esta crisis, pues la exclusión de Rusia del mercado tiene la función de elevar mucho los precios de energéticos y alimentos beneficiando la balanza de pagos de EE.UU. y, al mismo tiempo, les da poder para volver a controlar un mercado que se les ha salido de las manos. Queda claro quién va ganar y quién va a perder. En este punto entra en juego Venezuela, habrá que ver qué es lo que sucede.

Por ello, alarma que países como Francia y Alemania con tantos recursos de intelectuales que tienen, hayan aceptado la versión de que Rusia se desgastaría gracias a las sanciones y, más aún, admitir quedar bajo el mando y dependencia norteamericana, como se vio en la visita del presidente Biden a Alemania y el cierre del gasoducto Nord Stream II. ¿será que aceptaron por mantener entre su población el estilo de vida occidental? Pero, entonces, nos preguntamos ¿cómo es posible mantener el nivel de vida frente a la desindustrialización? ¿dónde se generará la riqueza? Mientras tanto, el cambio climático puede esperar pues Alemania y otros países buscan utilizar el carbón norteamericano y polaco como salida para paliar su crisis energética como consecuencia de las sanciones al gas ruso. Todo está permitido y ¡oh! sorpresa, los combustibles del futuro inmediato son el petróleo y el carbón, no hay la llamada transición energética. Más aún, el costo de las sanciones europeas contra Rusia en beneficio de los proveedores norteamericanos, está afectando a la población mundial.

Quizás lo más contradictorio en esta crisis hegemónica y del capitalismo es la militarización que se acuerda que en el marco de la reunión de los países del G-7 y de la reunión de la OTAN en Madrid. En ambas reuniones se conviene una gran inversión militar en sus países y de paso, en un punto secundario, fortalecer a Ucrania con más armas de mayor alcance y apoyo económico. Lo amarran con deuda. Además, se acordó que los países deberían invertir como piso el 2% de sus respectivos PIB e incrementarlo según cada economía. Es la manera en la que piensan deben defenderse ante la amenaza de seguridad que les plantea el sur global encabezado por los países BRIC y mantener la expansión global hacia la explotación de los nuevos recursos naturales necesarios para las nuevas tecnologías. Principalmente les está interesando invertir en el Sahel, en la parte media de África que va de océano a océano, rica en estos materiales y, al mismo tiempo, crear vallas para detener las grandes migraciones a los países desarrollados.

Los norteamericanos han dicho que la otanización de Europa bien vale la pena porque con las ganancias de las ventas de los energéticos y alimentos pagarán los gastos realizados en Ucrania. Negocio rentista redondo que se enmarca perfectamente dentro del modus operandi de imperialismo. Los europeos en mayor cantidad, pero en general la población mundial, está subsidiando los gastos de defensa, la guerra pues, incluso los programas de gasto interno de los EE.UU. Quienes hemos vivido bajo el yugo militar y financiero de los norteamericanos, la estrategia de subdesarrollo, nos damos cuenta, entonces, que esta nueva guerra fría, este proyecto armamentista,  no se libra sólo contra Rusia y China, sino que puede ser contra cualquier país que se resista a la privatización y la financiarización bajo el patrocinio de Estados Unidos. Si no, recordemos qué pasó con el Movimiento de los Países No Alineados surgido en la epoca de los años sesenta.

El problema para EE.UU. es que el mundo está cambiando en el sentido de que ya varios países han entendido el juego y se están preparando para no depender y construir alternativas propias, unas con más éxito que otras. La ventaja que tienen es que la economía capitalista mundial ha perdido fuerza. Las tensiones en los mercados de energía y alimentos ya eran claras desde el 2021 por las restricciones de la pandemia que no termina, al igual que la inflación que se ha acelerado con las alzas de precios derivados de la guerra. Los norteamericanos dicen que todo esto se puede controlar sin sacrificar ganancias, aunque haya algunas cifras no respalden esa afirmación, pues según el Banco Mundial el precio de la guerra nos lleva a un riesgo de estanflación y a una fuerte desaceleración del crecimiento de los países desarrollados; además, de que la guerra significa es un desastre humanitario con la muerte de miles de personas y obliga a otros tantos a migrar. En ese sentido, el Banco mundial prevé que las economías avanzadas se desaceleren y que derivado de la pandemia y la guerra habrá crecimientos muy por debajo de las tendencias de los años anteriores. Para los exportadores de petróleo y alimentos el impacto será menor cosa que no sucederá con el resto del mundo que está pagando un alto costo.

Estados Unidos como todos los imperios dependen del tributo extranjero y del monopolio de la llamada diplomacia de dólar. Hoy Europa está pagando el déficit norteamericano, pero ya están saliendo voces o problemas alertando de que esa etapa de crecimiento constante y estable del que habla el gobierno norteamericano, depende de Europa. En ese sentido, el manifiesto en defensa de la humanidad acordado en junio de 2022 en la Asamblea Internacional No Más OTAN, reivindica lo que tanto teme occidente, esto es, que “hay esperanza y que esta florece con la emergencia de un mundo pluripolar y multicéntrico, y el creciente anhelo de construir alternativas antisistémicas para la humanidad.” Francia está punto de declararse economía de guerra, Alemania, por su parte, busca declararse en emergencia energética, Austria ordena cambiar de gas a petróleo donde se pueda y en España la alianza de la izquierda en el gobierno se tambalea por el presupuesto de guerra.

Los norteamericanos y aliados están pensando en alargar la guerra para provocar el mayor daño a Rusia, de tal manera que se vuelva totalmente subordinada de ellos y, al mismo tiempo, darse un espacio para recuperar la inversión lo antes posible. Empero, como se observa, Rusia no se ha desgastado pues conociendo al imperio se ha preparado bien y poseen en abundancia lo que otros países europeos no tienen. Más bien, vemos que los que se han desgastado son los países europeos que van a comprar más caros alimentos, energéticos y fertilizantes, deben destinar parte de su presupuesto para recuperar las armas y el dinero que enviaron a Ucrania y para el presupuesto destinado a los gastos de defensa, disminuyendo lo destinado a programas prioritarios, y han olvidado el tan anhelado programa de hacer una transición energética.

Nada fácil la tienen, pues mientras más se alargue el conflicto en Ucrania más se tiene que aumentar el apoyo bélico, económico y la gente se irá dando cuenta de los verdaderos intereses en juego generando un descontento. Por lo pronto, ante esas voces iniciales que ya se manifiestan en mundo, se ha incentivado la propaganda culpando a Rusia y a Vladimir Putin de la situación. El presidente Biden mismo ha dicho repetidamente la palabra rusia para indicar al culpable. Pero la propaganda y la guerra por encargo en Ucrania no puede mantenerse en el tiempo sin desgastarse. La guerra tiene su propia lógica y sus límites y cuando el negocio de la guerra ya no da ganancias y las pérdidas humanas y económicas son muchas, lleva a la retirada, que para muchos puede calificada como un fracaso. De Vietnam a Afganistán hay innumerables muestras de ello.

La guerra fría demuestra los temores que todo imperialismo tiene de perder su economía rentista global ante la aparición de otro sistema; no accidentalmente tiene regados por todo el mundo bases militares. A pesar de ello, la guerra en Ucrania nos muestra que estamos ante una inminente ruptura global. La guerra fría es una lucha por imponer el capitalismo financiero, donde los recursos naturales y humanos serán privatizados y concentrados en pocas manos, frente a un grupo de países que defienden un mundo multipolar y multicéntrico, encabezados por Rusia y China, basado en la autosuficiencia y una prosperidad interna generalizada. Básicamente podemos hablar de un conflicto entre el capitalismo financiero y un capitalismo que tiende hacia el socialismo como sistema económico. El futuro está en disputa, por lo que tenemos que avanzar en el sur global para el desarrollo responsable.

#HuelgaEnTelmex

Por Israel Quiñones – @IsraelQDigital

Las características del capital se basan en la acumulación de la utilidad, el neoliberalismo es una versión más salvaje de este, por ende, no solamente podemos hablar de utilidad, sino también debemos de contemplar los privilegios políticos, sociales y obviamente los económicos. Por ello, la lucha de clases sigue siendo un concepto vigente en la actualidad, a pesar de que la infocracia neoliberal trate de eliminar esta realidad.

El Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) ha emplazado a huelga a la empresa Telmex, filial del poderoso consorcio transnacional América Móvil, propiedad del magnate Carlos Slim. El pasado 3 de mayo en el marco de la revisión de contrato colectivo entre el STRM y Telmex, la asamblea nacional del Sindicato rechazó la última y definitiva propuesta de la empresa, esta contemplaba un aumento directo al salario de 4%, mientras que el sindicato solicitaba el 7.5%, además de que, la empresa proponía menor aumento para el personal sindicalizado jubilado, algo así como un 3.5%.

Adicional a lo antes mencionado, existen 2 emplazamientos más por parte del STRM contra Telmex. Uno por violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo y otro más por las vacantes pactadas con anterioridad no otorgadas de forma unilateral por parte de la empresa. En total, estamos hablando de tres emplazamientos por parte del Sindicato de Telefonistas contra Telmex, mismos que son resultado de un conflicto que se derivó de la regulación asimétrica impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones y el modo en que la empresa se aprovechó de dicha regulación para diezmar los derechos de los trabajadores sindicalizados, hasta el punto de solicitar la desaparición de la jubilación para los trabajadores de nuevo ingreso.

El rechazo de la asamblea hacia la última propuesta de la empresa sólo significa el estallamiento de la huelga, vale la pena señalar que desde 1985, el STRM no ha estallado una huelga y también es necesario señalar que los emplazamientos son interpuestos año con año, en los marcos de las revisiones de Contrato Colectivo y revisiones salariales.

La huelga no es un fin, se trata de una herramienta jurídico-política con la que cuentan los trabajadores para luchar -en el marco de la ley- por los derechos laborales de los trabajadores, de modo que, el fin es alcanzar el arreglo del conflicto ganando las propuestas contenidas en la negociación colectiva, por lo que el sindicalismo sigue siendo la única forma de defender los derechos de los trabajadores ante el capital, en este caso, un capital neoliberal con una visión feudal.

La complejidad que envuelve este conflicto entre Telefonistas y Teléfonos de México se retrata sobre todo en el sector en el que se desarrolla la labor de empresa y trabajadores ya que, al tratarse de telecomunicaciones, estas son un servicio público de interés general a pesar de que la empresa hoy en día sea concesión pública en manos de privados. Se trata de la primera huelga que enfrentaran dos leyes recientes: la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de 2013 y la Reforma en justicia laboral de 2019.

Este lunes 9 de mayo de 2022, el STRM, la STPS y Telmex, mantendrán una reunión para tratar de alcanzar un arreglo que evite la huelga. El pasado viernes 6 de mayo, la asamblea nacional acordó 3 puntos clave para lograr alcanzar un acuerdo satisfactorio para las partes: 1- Un aumento directo al salario de 7.5% y 4% en prestaciones, 2- que el aumento sea igual para activos y jubilados, 3- el cubrimiento inmediato de 1,940 vacantes ya negociadas en anteriores revisiones que la empresa le debe a los trabajadores.

Es importante mencionar que la empresa asegura que no cuenta con los ingresos necesarios para cumplir con sus compromisos, ya que asevera que el 70% de sus ingresos anuales se va en salarios de activos y jubilados; sin embargo, no especifica si se trata del personal sindicalizado y/o de confianza, además de que, América Móvil se ha dedicado a desmembrar a Telmex en sus servicios más rentables, tal y como con la creación de empresas como Triara, Aldeca, Red uno, etc. Empresas con las que saca recursos de un bolsillo para pasárselo a otro.

Además, la prensa informa que Telmex ha estado ganando licitaciones públicas como los servicios de Telecomunicaciones en el nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles o la conectividad pública en Puebla, es difícil creer que la empresa de la familia Slim no cuenta con recursos para cumplir sus compromisos.

El estallamiento a huelga está fijado para el próximo 11 de mayo, esto si es que no se encuentran soluciones o voluntad política por parte de la empresa en la reunión que se llevará a cabo en la STPS este lunes.