Tasa de ganancia mundial y trabajadores

Por: Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La tesis de que hasta ahora la historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases respomde a una etapa inicial del capitalismo, cuando éste todavía no conquistaba a toda la sociedad. La lucha de clases que se desarrolló en base al trabajo no pagado y la expotación, pertenece a la teoría del marxismo obrero de cuando el capitalismo no estaba bien establecido. Esa etapa transformó a los trabajadores en sujetos dinerarios y jurídicos con pleno derecho, pero sin incorporar como parte de esa lucha a las categorías básicas de la modernización capitalista y no solamente una crítica a su distribución y aplicación. Para Marx la mercancía es la célula germinal de toda sociedad moderna y en base a ella cimenta la crítica a la sociedad capitalista. Dicha crítica fue descuidada por el marxismo obrero, lo que lo convirtió más que en los enterradores del capitalismo, en impulsores de su desarrollo, un marxismo sin revolución.

La lucha salarial por una justa distribución y mejores condiciones de trabajo, la lucha distributiva bajo forma monetaria, en realidad fue una lucha por integrarse plenamente  a la sociedad capitalista. La lucha de clases, podríamos decir la democracia en el capitalismo, ciertamente ayudó a controlarlo con un más equilibrado reparto de la riqueza, pero con el neoliberalismo, ésta alcanzó su límite histórico. La globalización es el capital sin ataduras, el régimen de capital en interés del capital. En base a ello, nos preguntábamos ¿si la lucha de clases ya no forma parte de las certezas obreras? ¿en base a qué podría terminar el capitalismo? ¿podemos reivindicar a Marx en la tercera década del siglo XXI?

Marx nos dejó consideraciones de una naturaleza diferente, como es la crítica a los fundamentos mismos de la modernidad capitalista. Así, llegó a la conclusión de que al ir sustituyendo trabajo humano como puro gasto de energía, lo que el llamó trabajo vivo o trabajo abstracto, por máquinas y tecnologías, trabajo muerto, la fuente de ganancia, el plusvalor, decae necesariamente. Por ello, podemos decir que el capitalismo posee una tendencia inherente a hacer innecesario y obsoleto el trabajo vivo, que es la sustancia fundamental para su existencia, por lo que tiende a destruírse así mismo. La escuela alemana del Grupo Krisis, sostiene que el capitalismo colapsará por su propia imposibilidad de seguir producuendo valor.

Marx como parte de la teoría del valor-trabajo, a esta autocontradicción le dio el carácter de ley y la llamó ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (LTDTG). Marx siempre consideró el modo de producción capitalista como un sistema mundial. A pesar de que todo análisis de medición debe basarse en las economías nacionales, es posible calcular la tasa de ganancia a través de los años y confirmar la ley. El modo de producción capitalista se ha extendido por la globalización lo que hace que el concepto a medir una tasa de ganancia mundial sea más realista. En base a varios análisis, es clara ahora una tendencia decreciente en la tasa mundial de ganancia. Durante el periodo neoliberal tuvo un aumento con la destrucción de los sindicatos, recortes del estado de bienestar y de los impuestos a las empresas, la caída de la URSS, la globalización y sobre todo la innovación en alta tecnología, pero se detuvo en los inicios del siglo XXI con una depresión que se conserva hasta la fecha alentada por la pandemia y la crisis del 2008.

La tasa de ganancia es el mejor indicador del estado de salud de la economía capitalista, incluso puede predecir con precisión y servir para los inversionistas a futuro ante la probabilidad de recesión o crisis. Según Marx la composición orgánica del capital —la relación entre el capital constante y el capital variable, la relación entre la masa de capital invertida en medios de producción y la invertida en fuerza de trabajo— es el factor determinante de la caída tendencial de la tasa de ganancia y la tasa de explotación es el factor principal que la contrarresta, dado que cuando hay más trabajadores explotados hay más ganancia. Algunos estudiosos de la economía dicen que esta ley está justificada empíricamente, pero, aún asi, se puede confirmar su validez; otros, afirman que se exagera su importancia para explicar la crisis del capitalismo, dado que hay muchas razones que lo pueden hacer; hay, dicen, muchas crisis que interactuan, por tanto, la caída de la tasa de ganancia puede ser sólo una de tantas.

Lo cierto es que para Marx los capitalistas compiten para aumentar las ganancias reduciendo los costos, particularmente los laborales, sustituyendo a cada vez más trabajadores. A través de la competencia, el capitalista se ve obligado a invertir para producir mercancías a un precio más bajo que sus rivales. Asi que, si se invierte más en maquinaria e infraestructura y menos en fuerza de trabjo, existe una tendencia a que la plusvalía o explotación del trabajo caiga y viceversa, esto es, cuando la composición orgánica del capital aumenta más que la tasa de explotación, la tasa de ganancia cae. Las materias primas y la energía consumida en la producción no crean valor, lo que hacen es transferir su valor a las mercancias. Las máquinas sólo aumentan la productividad del trabajo humano y permiten que la fuerza de trabajo se consuma con más intensidad, esto es, sin la fuerza de trabajo no se crea valor. Así pues, el sujeto moderno solo existe por y para la competencia capitalista.

Ahora bien, como Marx calificó la caída como una tendencia podemos entender esta es realtiva y, por tanto, hablar de que existe un límite absoluto al modo de producción capitalista no es tan definitivo.  Ante esa realidad, el capitalismo de manera ideológica busca no tener que admitirlo y también contarrestarla con diferentes mecanismos, que previó también Marx. Para compensar la reducción del valor de las mercancias tiene que expandirse rápidamente en todo el mundo, para vender más y más mercancias y condicionar a los humanos de acuerdo a ello. También es manejable siempre que la masa de ganancia esté aumentando, lo que requiere una mayor explotación o una disminución intencional de la cuota de ganancia. El capital realiza mayores inversiones con lo que la masa absoluta de beneficio aumenta o abarata el capital constante, lo que se logra con el aumento de la productividad en los medios de producción por encima de la productividad en su conjunto, es decir los bienes de capital físico se abaratan más de lo que se reduce la parte de la fuerza de trabajo. Si la tendencia es constantemente contrarestada, no significa que sea anulada.

Cuando el capitalismo entra en crisis, lo cual es muy recurrente, se detienen esos mecanismos compensatorios. En los Grundisse de Marx encontramos la consideración de que existe la posibilidad de que la compensación pudiera ya no ponerse en marcha nuevamente. En la teoría del valor-trabajo y como parte de ésta la LTDTG, existe la posibilidad de una caida total del beneficio y llegar a la absurda situación de que la sociedad entre en miseria. Situación que puede esquivar sólo con más que con más máquinas en lugar de más fuerza de trabajo. Los estudiosos modernos de Marx en el siglo XXI, particularmente los del Grupo Krisis, afirman que la revolución industrial de la microelectrónica nos está llevando a pasos agigantados a esa absurdidad, misma que se ha venido incubando desde mediados del siglo XX y que se ha expresado en desempleo masivo, bajos salarios, nula seguridad social, sobrepoblación o mucha demanda de trabajo, mayor deuda social y otras formas de miseria. Esto revela que la estrategia compensadora del capital está llegando a punto sin movimiento.

Ahora bien, hagamos una recapitulación. Como vemos durante largo tiempo la disminución del valor y por consecuencia de la plusvalia debido a menos aportación trabajo vivo, fue compensada y en algunos casos sobrecompensada por la expanción de la producción que llenó al mundo de mercancias y rebajó los salarios cuando se empezó a trasladar la producción a países de salarios bajos. Con el fin del fordismo se extinguió el modelo de acumulación basado en el trabajo vivo. Desde ese momento las tecnologías que no crean valor se han convertido en la escencia de la producción. Por consecuencia, como hemos venido afirmando, la cantidad absoluta de valor y por extención de pluvalía esta cayendo, lo que coloca en crisis a la sociedad basada en valor incluyendo a los trabajadores. Asi pues, ya no es la explotación el problema central al que hay que enfrentar, sino que el capitalismo está creando población superflua, no necesaria para la producción y, por ende, incapaces de consumir y, al mismo tiempo, personas, regiones y comunidades que tienen capacidad de consumir se están convirtiendo en islas en un mar de superfluos que ya no sirven para ser explotados.

El movimiento obrero en su lucha de clases obtuvo victorias importantes que lo llevaron a creer que el capitalismo podía ser domesticado. Las victorias seguiran sucediendo, más aún, cuando se ha generado una inflación que afecta el poder adquistivo del salario y que los paises quieren cargar el costo a los trabajadores. Los logros alcanzados con toda justicia por el movimiento obrero han mostrado que no van más allá de ser parte del capìtalismo contra el que luchan. Mientras planteamos estas ideas, el capital sigue obligándonos a permanecer en el conflicto salarial, de seguridad social y pensionario, para su beneficio ahora que está metido en un conflicto para mantener la hegemonía global de una manera unipolar.

La sociedad en la que domina la mercancia esta en plena decacencia, porque no tiene la posibilidad de distribuir la riqueza. Los progresos tecnológicos y en especial las aplicaciones de las microelectrónica y microinformática en la producción están reduccinedo de forma continua el trabajo vivo o abstracto. Por tanto, no es posible el retorno al pleno empleo, al keynesianismo y al estado de bienestar. No podrá haber nuevamente una prosperidad capitalista tal y como se anuncia en la cuarta revolución industrial, porque las tecnologías que reemplazan al trabajo vivo no pueden ser eliminadas de la producción capitalista. La tasa de ganancia cae en forma tendencial, o sea, no es permanente, pero al final se impone, a pesar de que despues del hundimiento de los socialismos de estado, el capitalismo le haya dado la vuelta a la sentancia marxista de los sepultureros y lo haya integrado en su repertorio.

La huelga que construyó puentes

Por Israel Quiñones

Está semana tuvo lugar un evento histórico en lo relacionado al mundo del trabajo y, por ende, al movimiento social de nuestro país. El estallamiento de la huelga en Telmex removió una serie de situaciones que abarcan desde la política, la economía y la percepción social de la lucha de clases; fue inevitable el ver al Sindicato de Telefonistas enfrentando al capital más poderoso de América Latina y a uno de los más grandes del continente. La clase trabajadora organizada demostró que la utilización de la herramienta de huelga sigue siendo efectiva y que el sindicalismo continúa siendo la manera más eficiente para defender los derechos laborales de las y los trabajadores.

Al estar siendo testigo y participe, no se puede evitar ese sentimiento extraño de las movilizaciones del pasado, hace 37 años que los telefonistas no hacían uso de esta herramienta de lucha y pareciera que los fantasmas de los antiguos huelguistas estuvieron presentes, atentos, alentando las arengas y sumándose al estallamiento de la huelga para la defensa de los derechos laborales plasmados en el Contrato Colectivo de Trabajo y, en cierto modo esta gran movilización de tamaño nacional abrió los ojos de los trabajadores oprimidos y presionados por la pandemia, por la inflación, por la guerra, por el neoliberalismo y el feudalismo digital.

Esta huelga duró 28 horas, mismas que los trabajadores afrontaron con gallardía, con valentía. Podrán existir criticas alrededor de las razones y el levantamiento de este estallamiento, que por algunos medios fue manejado como “paro” o, señalaban el que seguía habiendo servicio telefónico y de internet, sin embargo estos señalamientos fueron hechos desde la ignorancia de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión o simplemente fueron malas intenciones para tratar de desinformar en medio del movimiento, además de pasar por alto la decisión de los trabajadores sobre la defensa de sus derechos y la democracia que impera en las consultas realizadas por medio del voto personal, libre, directo y secreto emitido por la base, tanto para estallar la huelga, como para levantarla al alcanzar acuerdos a favor de los intereses de las y los telefonistas.

La mediación de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social fue efectiva para alcanzar un acuerdo para la instalación de una mesa técnica tripartita que como resultado tenga una solución definitiva para las partes, con la que se mantenga la viabilidad económica, operativa y financiera de la empresa con el respeto irrestricto al Contrato Colectivo de Trabajo que ostenta el Sindicato de Telefonistas, de modo que, las partes logren reconstruir una relación obrero patronal eficiente y respetuosa.

Además, salieron a la luz de manera contundente argumentos que el STRM ha venido planteando desde 2017 acerca de la regulación del sector de las telecomunicaciones. Los modos ineficientes en que el regulador mexicano ha impuesto medidas asimétricas en una afectación continúa a la inversión para el despliegue y crecimiento de nueva infraestructura, para cumplir con la conectividad universal, asimismo de la forma en que la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión ha quedado como letra muerta ante los retos que el mundo ha comenzado a enfrentar para llevar la digitalización y conectividad a sus habitantes, pero que en el país se ha quedado entrampado para solventar las ganancias de las empresas en las manchas urbanas, dejando en el olvido a más de 35 millones de ciudadanos que habitan zonas alejadas en el México profundo, dejando claro que el mercado no resuelve las demandas sociales básicas.

Por otro lado, pero en la misma lógica la huelga de los telefonistas ha abierto los ojos a millones de trabajadores. Sí el STRM ha podido enfrentar al gigante de las telecomunicaciones, ¿por qué los trabajadores del país no se organizan para enfrentar a sus patrones y tener mejores condiciones de trabajo? Esto deja al descubierto que, si un sindicato es democrático e independiente, puede afrontar lo que sea y a quien sea a favor de los derechos de la clase trabajadora, además de mostrar a los ojos de la opinión pública que la lucha de clases está vigente y debe enfrentarse y ganarse por el bien del país.

Si hay guerra los primeros afectados son los trabajadores, si hay crisis económica los primeros afectados son los trabajadores, si los empresarios fracasan en sus proyectos y son rescatados por los estados, los únicos afectados son los trabajadores; estamos en medio de un momento histórico, donde el mundo está tomando caminos extraños. El cambio climático hace estragos en los ciclos hídricos, la escasez de alimentos y productos básicos se hace realidad y la inflación muestra sus colmillos más filosos al poder adquisitivo de las clases populares. La organización es fundamental para enfrentar estas realidades provocadas por los grandes capitales y que quieren someter a la población por medio de los organismos e instituciones mundiales como el Foro de Davos o el Fondo Monetario Internacional con políticas económicas neoliberales y excluyentes.

La clase trabajadora progresista debe tomar decisiones importantes que trasciendan más allá de las fronteras de su vida interna. El Gobierno debe de atender y caminar a lado de la clase trabajadora y campesina, de modo que, las políticas laborales y económicas retomen ideas de colectividad. La influencia del empresariado debe de limitarse y abrirle más espacios a las clases populares, pues de esto es lo que la izquierda progresista se ha alimentado y crecido, la congruencia será fundamental en los próximos días.

El acuerdo que los telefonistas hicieron con la STPS como mediadora y con Telmex como contraparte, tiene una vigencia de 20 días hábiles para su resolución, hay que estar atentos e impulsar el escrutinio público en esta importante y trascendente negociación que, sin duda alguna, marcará a la 4T en su política laboral, sindical y patronal.

La huelga como herramienta para mantener la dignidad

Por Israel Quiñones

Las huelgas son una herramienta que usan los trabajadores como último recurso ante los abusos patronales. Las grandes movilizaciones de la segunda mitad del siglo pasado que dieron forma a un sindicalismo más fuerte y digno, están envueltas con un halo de misticismo, son adornadas con las anécdotas de camaradería, de solidaridad y también del señalamiento del esquirolaje.

El Sindicato de Telefonistas cuenta con un amplio anecdotario de huelgas. Hace poco más de 35 años que está organización no enfrenta una situación de características tales que le empujara a tomar la decisión de estallar una. El pasado 19 de junio, la Asamblea Nacional de Representantes tomó la decisión de retomar la vieja tradición de lucha por medio de este instrumento jurídico y político que representa un sacrificio, pero también es la mejor oportunidad de conquistar derechos laborales que, de otra forma los dueños del capital le niegan a la clase trabajadora.

Las condiciones de los nuevos procesos de trabajo en la actualidad, independientemente de la empresa o sector productivo o de servicios, depende en gran medida de la digitalización y de la evolución tecnológica, pero estos beneficios que la creatividad y la innovación ponen al servicio de la humanidad son tomados por el capital y lo usan para abaratar y precarizar al empleo.

El sindicalismo ha sido estigmatizado por los grandes consorcios de la comunicación, mismos que dependen de los grandes capitales para subsistir, por ello, todo lo que represente una amenaza para las estrategias económicas y de acumulación son crucificadas en los altares del capital neoliberal; sin embargo, el sindicalismo real y democrático continua siendo la herramienta más efectiva para que la clase trabajadora pueda defender, mantener y conquistar derechos laborales que beneficien el diario quehacer de las y los trabajadores, esto es una amenaza para el capital.

Paul Mason en su libro “Postcapitalismo” relata como un CEO de Samsung en el marco del Foro de Davos en el año 2015, señala enérgicamente que de seguir permitiendo que los trabajadores se organicen en sindicatos o, se continué con la seguridad social tal y como se mantiene, el capital no logrará crecer y desarrollarse como debe. Este pequeño atestiguamiento del pensamiento neoliberal nos deja claro que la estrategia del capital se basa en el sometimiento y explotación de la clase trabajadora, por ello, la automatización es una opción de desaparecer a los gremios y trabajadores.

Con los telefonistas algo similar ocurrió, pues, en síntesis, la empresa quiere desaparecer la jubilación del Contrato Colectivo que ostenta este Sindicato y a pesar de que Grupo CARSO se comprometió a respetar este Contrato Colectivo desde que adquirió Telmex, hoy dice que el costo de dicho Contrato afecta sus finanzas. Solamente que omite una realidad muy oscura y desvergonzada, ya que las decisiones tomadas por la administración de Telmex han ido por el camino del desmembramiento, puesto que antes de la separación funcional impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la tenedora de Telmex, el gran gigante de las telecomunicaciones América Móvil, emprendió una serie de escisiones que partieron a la empresa privatizada en 1990, esto con el único fin de quitar a los trabajadores acceso a utilidades, contrataciones por medio del Contrato Colectivo y por ende, precarizar el empleo por medio de la subcontratación de filiales pertenecientes a empresas terceras del mismo Grupo de interés económico o en su defecto, pertenecientes a amigos del dueño.

La decisión de estallar una huelga no es sencilla, es un estresante proceso de análisis y consensos que no tiene otro fin que el bien común de los trabajadores organizados, pero que, para mantener sus conquistas sindicales vigentes tienen que luchar y sacrificarse por medio de esta herramienta.

La retención de pagos, la falta de prestaciones, vacaciones, incapacidades y demás aspectos que vienen con el trabajo son truncados durante la huelga. Lo complicado de una huelga no es estallarla, es levantarla.

La conciencia de clase no se adquiere por generación espontánea y por ende, la decisión de prescindir de salario y prestaciones durante el movimiento de huelga no es cosa fácil, pero este dolor se aminora con la solidaridad y la unidad, por ello, el sindicalismo fortalece al trabajador y lo engrandece.

La mitología que envuelve a los liderazgos sindicales del siglo XX no se construyó de la nada, se produjo a partir de las huelgas, se difundió por el tesón y la resiliencia de los trabajadores, hoy los Telefonistas vuelven a tomar su destino en sus manos, deciden estallar una huelga para defender lo más básico de la dignidad humana, para crear un futuro para los que vienen, para defender una vejez digna de los que fueron y para defender la estabilidad y bienestar de sus familias.

¡Que Viva la huelga!

OPINIÓN_ La inseguridad y la falta de inversión como obstáculos para la conectividad

Por Israel Quiñones

La inseguridad en nuestro país se ha convertido en uno de los grandes males cotidianos. Los tres niveles de gobierno no han logrado garantizar la seguridad pública que la sociedad demanda y en cierto modo, esto es resultado de diversos motivos que van desde la corrupción en las fuerzas de seguridad pública, hasta el incremento de actividades delincuenciales derivado de la falta de oportunidades para una gran parte de la sociedad.

Es inevitable que estos efectos permeen a distintos sectores y, en definitiva, la seguridad se ha convertido en uno de los grandes pendientes del gobierno de la 4T. Sin embargo, el desarrollo nacional se ve truncado por la falta de atención al incremento de las actividades delictivas, tal es el caso en el sector de las telecomunicaciones, pues el aumento en el robo y vandalismo de la infraestructura provoca desconexiones frecuentes de los usuarios, además de que los trabajadores de las distintas compañías se ven afectados y en peligro para poder desempeñar sus labores.

En algunos estados del país, el trabajar en un corte de fibra óptica después de una hora en específico, significa arriesgar la propia seguridad, sin embargo, es imperativo restablecer los servicios y ese es solamente un ejemplo. En el caso de Telmex, según datos de la propia empresa, se han realizado 30,456 denuncias en los últimos dos años por vandalismo a las vías generales de comunicación y robo de cable y en este rubro, el cableado de cobre es lo más apetitoso para aquellos que realizan la sustracción de este material que se traduce en más de 5 millones de metros, lo que representa 2,481 toneladas de este preciado metal, mismo que es fundido en “chatarreras” para su venta en el mercado negro.

Si estos datos plasmados en el párrafo anterior son conocidos por las compañías y trabajadores, ¿por qué la autoridad no los conoce? Aunado a lo anterior, es necesario señalar que el sabotaje a la red realizado por trabajadores de la competencia se ha incrementado y camuflado con los actos de grupos delincuenciales, en este rubro el operador más afectado sigue siendo Telmex.

Según una nota del periódico El Financiero, representantes de operadores como Telmex, Megacable y AT&T han solicitado la intervención activa de las autoridades, pues comentan que el desarrollo y crecimiento de la infraestructura se ha visto afectado por el tema de la delincuencia, sobre todo por la falta de garantías para los trabajadores que realizan labores en las zonas alejadas de las manchas urbanas del país, al punto de verse amenazados por miembros de grupos del crimen organizado, ya que existen redes de telecomunicaciones paralelas propiedad de estas organizaciones delincuenciales, de manera que la interconexión con la red troncal de los grandes operadores se convierte en una prioridad para mantener sus redes.

Si bien es cierto que la inseguridad se ha convertido en un obstáculo para el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones, no podemos dejar de lado la falta de inversión y la falta de incentivos regulatorios, debido a que el uso de la red de Telmex como red troncal de los competidores, ha promovido que los operadores perezosos no continúen con el crecimiento de la red, al igual que Telmex ha reducido sus niveles de inversión por la misma regulación.

Aunado a lo anterior, el conflicto obrero patronal entre Telmex y el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, se ha convertido en un tema que afecta la calidad en el servicio, puesto que la falta de personal es causante de ineficiencia en la atención, ya que la empresa se ha recostado en una actitud de necedad y sin mostrar argumentos claros al no reconocer 1,942 vacantes ya negociadas con anterioridad, asunto que demuestra y subraya la política antisindical con la que se rige América Móvil en todo el continente.

Es una realidad que la inseguridad se ha convertido en un gran obstáculo para el desarrollo y despliegue de nueva infraestructura de telecomunicaciones, pero tampoco se trata de negar razones de fondo que han sido las mayores causales de la falta de conectividad, además de que los operadores perezosos no cuentan en sus concesiones ningún compromiso u obligación para generar mayor conectividad, tal y como sucede en el caso de Telmex en su concesión, además de que el Agente Económico Preponderante no cuenta con una concesión convergente que sea un incentivo para impulsar la inversión y pueda competir en igualdad de circunstancias, además de bajar los precios en el mercado de Televisión de paga.

Definitivamente el ramo de la seguridad pública es una exigencia social justa y necesaria, por lo que en el caso del sector de las telecomunicaciones es necesario, indudablemente, sobre todo para mantener la integridad personal de los trabajadores que realizan los trabajos necesarios para conectar al país, pero sin la inversión suficiente y con una regulación que trunca el desarrollo va a seguir siendo muy complicado.

Guerra fría y el futuro en disputa

Por Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

La crisis de la hegemonía norteamericana en el mundo como parte de la crisis del capitalismo globalista manifestada por una policrisis climática ambiental, de salud pública, alimentaria, de gran desigualdad social y la caída de la productividad, nos llevó a una guerra por encargo e híbrida en Ucrania. Para recuperar esa hegemonía los norteamericanos han obligado a la Unión Europea y a varios países que se encuentran en su órbita como Canadá, Australia y Japón a no negociar con Rusia y China y, en contrapartida, ellos asumir el rol de proveedores de los energéticos, alimentos y fertilizantes que dejarán de comprar a Rusia y, claro está, suministrar seguridad ante la supuesta amenaza chino-rusa. Esa es la gran jugada imperial, donde Europa y el mundo son los grandes perdedores. La idea ha sido planeada con años de anticipación, pero no pudieron implementarla hasta que obligaron a Rusia a defender a las comunidades rusófonas de Ucrania acosadas durante más de ocho años.

Las consecuencias son que el mundo ha quedado nuevamente divido en dos grandes bloques. Una nueva guerra fría entre el occidente dominado por el sector financiero, que, para ello, previamente desindustrializó las economías y desplazó la industria manufacturera hacia el sur global y dos potencias nucleares China y Rusia con una economía mixta que buscan apoyarse en la producción industrial para la creación de riqueza y con fuertes inversiones gubernamentales en infraestructura. En pocas palabras, un capitalismo industrial que evoluciona hacia el socialismo. La guerra en Ucrania clarifica, pues, una crisis de la globalización, donde, por un lado, hay una expansión de la OTAN como brazo armado del capitalismo militar-financiero y, por otro lado, un cuestionamiento de la centralidad de occidente en el marco de una búsqueda de alternativas multipolares y multicéntricas.

No deja de sorprender que en pleno siglo XXI y en la era de la información Europa, cuna de la civilización moderna, haya aceptado acríticamente subordinarse a EUA y sumarse al discurso mediático de que Vladimir Putin es el malo de la película, responsable de la crisis energética y de alimentos y que China es una amenaza para su seguridad, a los cuales hay que detener. Los más críticos europeos, incluyendo parte de la izquierda, no pueden quitarse de la cabeza que el malo a destruir en esta historia se llama Vladimir Putin, por lo que impulsan y aprueban que debe ser castigado, aislándolo del mundo occidental, junto con los chinos. Los europeos no ven que hay otra cara de esta crisis, pues la exclusión de Rusia del mercado tiene la función de elevar mucho los precios de energéticos y alimentos beneficiando la balanza de pagos de EE.UU. y, al mismo tiempo, les da poder para volver a controlar un mercado que se les ha salido de las manos. Queda claro quién va ganar y quién va a perder. En este punto entra en juego Venezuela, habrá que ver qué es lo que sucede.

Por ello, alarma que países como Francia y Alemania con tantos recursos de intelectuales que tienen, hayan aceptado la versión de que Rusia se desgastaría gracias a las sanciones y, más aún, admitir quedar bajo el mando y dependencia norteamericana, como se vio en la visita del presidente Biden a Alemania y el cierre del gasoducto Nord Stream II. ¿será que aceptaron por mantener entre su población el estilo de vida occidental? Pero, entonces, nos preguntamos ¿cómo es posible mantener el nivel de vida frente a la desindustrialización? ¿dónde se generará la riqueza? Mientras tanto, el cambio climático puede esperar pues Alemania y otros países buscan utilizar el carbón norteamericano y polaco como salida para paliar su crisis energética como consecuencia de las sanciones al gas ruso. Todo está permitido y ¡oh! sorpresa, los combustibles del futuro inmediato son el petróleo y el carbón, no hay la llamada transición energética. Más aún, el costo de las sanciones europeas contra Rusia en beneficio de los proveedores norteamericanos, está afectando a la población mundial.

Quizás lo más contradictorio en esta crisis hegemónica y del capitalismo es la militarización que se acuerda que en el marco de la reunión de los países del G-7 y de la reunión de la OTAN en Madrid. En ambas reuniones se conviene una gran inversión militar en sus países y de paso, en un punto secundario, fortalecer a Ucrania con más armas de mayor alcance y apoyo económico. Lo amarran con deuda. Además, se acordó que los países deberían invertir como piso el 2% de sus respectivos PIB e incrementarlo según cada economía. Es la manera en la que piensan deben defenderse ante la amenaza de seguridad que les plantea el sur global encabezado por los países BRIC y mantener la expansión global hacia la explotación de los nuevos recursos naturales necesarios para las nuevas tecnologías. Principalmente les está interesando invertir en el Sahel, en la parte media de África que va de océano a océano, rica en estos materiales y, al mismo tiempo, crear vallas para detener las grandes migraciones a los países desarrollados.

Los norteamericanos han dicho que la otanización de Europa bien vale la pena porque con las ganancias de las ventas de los energéticos y alimentos pagarán los gastos realizados en Ucrania. Negocio rentista redondo que se enmarca perfectamente dentro del modus operandi de imperialismo. Los europeos en mayor cantidad, pero en general la población mundial, está subsidiando los gastos de defensa, la guerra pues, incluso los programas de gasto interno de los EE.UU. Quienes hemos vivido bajo el yugo militar y financiero de los norteamericanos, la estrategia de subdesarrollo, nos damos cuenta, entonces, que esta nueva guerra fría, este proyecto armamentista,  no se libra sólo contra Rusia y China, sino que puede ser contra cualquier país que se resista a la privatización y la financiarización bajo el patrocinio de Estados Unidos. Si no, recordemos qué pasó con el Movimiento de los Países No Alineados surgido en la epoca de los años sesenta.

El problema para EE.UU. es que el mundo está cambiando en el sentido de que ya varios países han entendido el juego y se están preparando para no depender y construir alternativas propias, unas con más éxito que otras. La ventaja que tienen es que la economía capitalista mundial ha perdido fuerza. Las tensiones en los mercados de energía y alimentos ya eran claras desde el 2021 por las restricciones de la pandemia que no termina, al igual que la inflación que se ha acelerado con las alzas de precios derivados de la guerra. Los norteamericanos dicen que todo esto se puede controlar sin sacrificar ganancias, aunque haya algunas cifras no respalden esa afirmación, pues según el Banco Mundial el precio de la guerra nos lleva a un riesgo de estanflación y a una fuerte desaceleración del crecimiento de los países desarrollados; además, de que la guerra significa es un desastre humanitario con la muerte de miles de personas y obliga a otros tantos a migrar. En ese sentido, el Banco mundial prevé que las economías avanzadas se desaceleren y que derivado de la pandemia y la guerra habrá crecimientos muy por debajo de las tendencias de los años anteriores. Para los exportadores de petróleo y alimentos el impacto será menor cosa que no sucederá con el resto del mundo que está pagando un alto costo.

Estados Unidos como todos los imperios dependen del tributo extranjero y del monopolio de la llamada diplomacia de dólar. Hoy Europa está pagando el déficit norteamericano, pero ya están saliendo voces o problemas alertando de que esa etapa de crecimiento constante y estable del que habla el gobierno norteamericano, depende de Europa. En ese sentido, el manifiesto en defensa de la humanidad acordado en junio de 2022 en la Asamblea Internacional No Más OTAN, reivindica lo que tanto teme occidente, esto es, que “hay esperanza y que esta florece con la emergencia de un mundo pluripolar y multicéntrico, y el creciente anhelo de construir alternativas antisistémicas para la humanidad.” Francia está punto de declararse economía de guerra, Alemania, por su parte, busca declararse en emergencia energética, Austria ordena cambiar de gas a petróleo donde se pueda y en España la alianza de la izquierda en el gobierno se tambalea por el presupuesto de guerra.

Los norteamericanos y aliados están pensando en alargar la guerra para provocar el mayor daño a Rusia, de tal manera que se vuelva totalmente subordinada de ellos y, al mismo tiempo, darse un espacio para recuperar la inversión lo antes posible. Empero, como se observa, Rusia no se ha desgastado pues conociendo al imperio se ha preparado bien y poseen en abundancia lo que otros países europeos no tienen. Más bien, vemos que los que se han desgastado son los países europeos que van a comprar más caros alimentos, energéticos y fertilizantes, deben destinar parte de su presupuesto para recuperar las armas y el dinero que enviaron a Ucrania y para el presupuesto destinado a los gastos de defensa, disminuyendo lo destinado a programas prioritarios, y han olvidado el tan anhelado programa de hacer una transición energética.

Nada fácil la tienen, pues mientras más se alargue el conflicto en Ucrania más se tiene que aumentar el apoyo bélico, económico y la gente se irá dando cuenta de los verdaderos intereses en juego generando un descontento. Por lo pronto, ante esas voces iniciales que ya se manifiestan en mundo, se ha incentivado la propaganda culpando a Rusia y a Vladimir Putin de la situación. El presidente Biden mismo ha dicho repetidamente la palabra rusia para indicar al culpable. Pero la propaganda y la guerra por encargo en Ucrania no puede mantenerse en el tiempo sin desgastarse. La guerra tiene su propia lógica y sus límites y cuando el negocio de la guerra ya no da ganancias y las pérdidas humanas y económicas son muchas, lleva a la retirada, que para muchos puede calificada como un fracaso. De Vietnam a Afganistán hay innumerables muestras de ello.

La guerra fría demuestra los temores que todo imperialismo tiene de perder su economía rentista global ante la aparición de otro sistema; no accidentalmente tiene regados por todo el mundo bases militares. A pesar de ello, la guerra en Ucrania nos muestra que estamos ante una inminente ruptura global. La guerra fría es una lucha por imponer el capitalismo financiero, donde los recursos naturales y humanos serán privatizados y concentrados en pocas manos, frente a un grupo de países que defienden un mundo multipolar y multicéntrico, encabezados por Rusia y China, basado en la autosuficiencia y una prosperidad interna generalizada. Básicamente podemos hablar de un conflicto entre el capitalismo financiero y un capitalismo que tiende hacia el socialismo como sistema económico. El futuro está en disputa, por lo que tenemos que avanzar en el sur global para el desarrollo responsable.

#HuelgaEnTelmex

Por Israel Quiñones – @IsraelQDigital

Las características del capital se basan en la acumulación de la utilidad, el neoliberalismo es una versión más salvaje de este, por ende, no solamente podemos hablar de utilidad, sino también debemos de contemplar los privilegios políticos, sociales y obviamente los económicos. Por ello, la lucha de clases sigue siendo un concepto vigente en la actualidad, a pesar de que la infocracia neoliberal trate de eliminar esta realidad.

El Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) ha emplazado a huelga a la empresa Telmex, filial del poderoso consorcio transnacional América Móvil, propiedad del magnate Carlos Slim. El pasado 3 de mayo en el marco de la revisión de contrato colectivo entre el STRM y Telmex, la asamblea nacional del Sindicato rechazó la última y definitiva propuesta de la empresa, esta contemplaba un aumento directo al salario de 4%, mientras que el sindicato solicitaba el 7.5%, además de que, la empresa proponía menor aumento para el personal sindicalizado jubilado, algo así como un 3.5%.

Adicional a lo antes mencionado, existen 2 emplazamientos más por parte del STRM contra Telmex. Uno por violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo y otro más por las vacantes pactadas con anterioridad no otorgadas de forma unilateral por parte de la empresa. En total, estamos hablando de tres emplazamientos por parte del Sindicato de Telefonistas contra Telmex, mismos que son resultado de un conflicto que se derivó de la regulación asimétrica impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones y el modo en que la empresa se aprovechó de dicha regulación para diezmar los derechos de los trabajadores sindicalizados, hasta el punto de solicitar la desaparición de la jubilación para los trabajadores de nuevo ingreso.

El rechazo de la asamblea hacia la última propuesta de la empresa sólo significa el estallamiento de la huelga, vale la pena señalar que desde 1985, el STRM no ha estallado una huelga y también es necesario señalar que los emplazamientos son interpuestos año con año, en los marcos de las revisiones de Contrato Colectivo y revisiones salariales.

La huelga no es un fin, se trata de una herramienta jurídico-política con la que cuentan los trabajadores para luchar -en el marco de la ley- por los derechos laborales de los trabajadores, de modo que, el fin es alcanzar el arreglo del conflicto ganando las propuestas contenidas en la negociación colectiva, por lo que el sindicalismo sigue siendo la única forma de defender los derechos de los trabajadores ante el capital, en este caso, un capital neoliberal con una visión feudal.

La complejidad que envuelve este conflicto entre Telefonistas y Teléfonos de México se retrata sobre todo en el sector en el que se desarrolla la labor de empresa y trabajadores ya que, al tratarse de telecomunicaciones, estas son un servicio público de interés general a pesar de que la empresa hoy en día sea concesión pública en manos de privados. Se trata de la primera huelga que enfrentaran dos leyes recientes: la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de 2013 y la Reforma en justicia laboral de 2019.

Este lunes 9 de mayo de 2022, el STRM, la STPS y Telmex, mantendrán una reunión para tratar de alcanzar un arreglo que evite la huelga. El pasado viernes 6 de mayo, la asamblea nacional acordó 3 puntos clave para lograr alcanzar un acuerdo satisfactorio para las partes: 1- Un aumento directo al salario de 7.5% y 4% en prestaciones, 2- que el aumento sea igual para activos y jubilados, 3- el cubrimiento inmediato de 1,940 vacantes ya negociadas en anteriores revisiones que la empresa le debe a los trabajadores.

Es importante mencionar que la empresa asegura que no cuenta con los ingresos necesarios para cumplir con sus compromisos, ya que asevera que el 70% de sus ingresos anuales se va en salarios de activos y jubilados; sin embargo, no especifica si se trata del personal sindicalizado y/o de confianza, además de que, América Móvil se ha dedicado a desmembrar a Telmex en sus servicios más rentables, tal y como con la creación de empresas como Triara, Aldeca, Red uno, etc. Empresas con las que saca recursos de un bolsillo para pasárselo a otro.

Además, la prensa informa que Telmex ha estado ganando licitaciones públicas como los servicios de Telecomunicaciones en el nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles o la conectividad pública en Puebla, es difícil creer que la empresa de la familia Slim no cuenta con recursos para cumplir sus compromisos.

El estallamiento a huelga está fijado para el próximo 11 de mayo, esto si es que no se encuentran soluciones o voluntad política por parte de la empresa en la reunión que se llevará a cabo en la STPS este lunes.

La Consulta de Revocación de Mandato y la democracia

Por Israel Quiñones-@IsraelQDigital

La democracia es ruidosa, a veces es escandalosa, sin embargo, se trata de una herramienta eficiente que trata de que el pueblo elija a sus gobernantes, decida de forma directa quienes son los que llevarán a cabo las tareas de legislar las leyes que regulan la convivencia social y también políticas públicas que puedan ser coadyuvantes del desarrollo económico y político de nuestro país, pero ¿qué ocurre cuando aquellos que fueron electos no cumplen con sus tareas y/o promesas?

La consulta de revocación de mandato es un ejercicio de democracia directa en el cual, la ciudadanía tiene la opción de decidir si el actual mandatario continua o no en el encargo que le fue conferido en julio de 2018. Ciertamente es complicado que el Presidente López Obrador se vea en la compleja situación de dejar el cargo; sin embargo, no es seguro que alcance el porcentaje necesario para que esta consulta sea vinculante, según lo marcado por la ley de participación ciudadana que el mismo ejecutivo impulsó a su llegada a Palacio Nacional.

No se trata realmente de ganar o perder, la consulta de revocación de mandato se está viendo envuelta por un contexto de confrontación de proyectos políticos. La oposición se ha visto reducida a falta de argumentos para competir en las urnas con la 4T, de hecho, su principal propuesta se basa en la idea de no participar en la consulta, hasta el punto en que el líder empresarial, Claudio X González ha publicado un video en el que comparte 10 razones para no votar en este ejercicio, de modo que, la idea que se plasma públicamente es la de no poder competir contra el proyecto y argumentación del Presidente López Obrador. Por otro lado, la maquinaria de la 4T se echó a andar con fuerza, quizá, no con toda su fuerza, pero lo que si es una realidad palpable es que el líder sobre el que descansa el futuro del proyecto morenista y la cuarta transformación es solamente uno.

El desgaste natural que se presenta en el tercer año de mandato de un jefe de estado mexicano ha sido benevolente con Andrés Manuel López Obrador. Ante el contexto político que actualmente envuelve el ambiente, el Presidente se ha mantenido en la postura de cumplir con lo prometido en campaña. El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se entrego en los tiempos pactados y dicha inauguración exacerbó los ánimos de los opositores, además, la tozudez con la que se ha plantado para llevar a cabo la consulta de revocación ha generado un fuerte enfrentamiento  con el Instituto Nacional Electoral, especialmente con el consejero presidente Lorenzo Córdoba y el consejero Ciro Murayama, el cual en una entrevista con el actor Víctor Trujillo envuelto en su personaje “Brozo”, se auto definió como un contrapeso, es decir, un consejero electoral que se supone es el arbitro imparcial en las contiendas electorales y el encargado de promover la participación en la consulta, se definió como una especie de opositor y llamó a no votar en una consulta que costará 1,600 millones de pesos.

Esta disputa que se ha dado entre el ejecutivo y el INE, ha resquebrajado la relación entre las instituciones, al punto en que, el arbitro electoral parece que solamente ejecuta las vedas electorales en contra del Presidente y su partido, ya que, cuando un opositor se refiere de forma despectiva al mismo López Obrador o a la consulta o se llama a suprimir el derecho a la participación en la Revocación de Mandato, el Instituto permanece inmóvil, sin embargo, es ágil y rápido para sancionar al Presidente, al punto en el que pareciera trata de censurar sus actividades, pues según el INE todo es propaganda del gobierno. A pesar de esto, el Instituto que preside Lorenzo Córdoba, sigue sin hacer una campaña para incentivar la participación de la ciudadanía en la consulta, aunque esto es la obligación constitucional del INE, en eso no respetan la ley que dicen hacer cumplir religiosamente.

Debemos recordar que, a finales del año anterior, el INE solicitaba en su presupuesto 3,800 millones de pesos adicionales para llevar a cabo la consulta y los procesos electorales locales que se realizarán durante este 2022, la respuesta del partido oficial y de su líder, el Presidente López Obrador, fue la de no conceder ese monto en recursos económicos y hasta solicito que los consejeros electorales se bajaran sus sueldos. Entre la repercusión económica a sus ingresos y el tener que ceder ante las demandas del ejecutivo federal, el INE prefirió recrudecer las diferencias con el abanderamiento de su autonomía, al tiempo de que envueltos en la ley, defenderían sus recursos económicos hasta el final.

Con todo, la consulta de Revocación de Mandato se llevará a cabo este domingo 10 de abril, no se trata de estar o no de acuerdo con el Presidente, se trata de llevar a cabo un ejercicio de democracia directa que logré un precedente legal y contundente, que provea a los ciudadanos de mayores derechos de participación, evaluación y democracia. El pueblo mexicano ya es mayor de edad, ya puede decidir sobre sus dirigentes y su permanencia en el poder, hasta se puede y se debería de tener acceso a la votación de ministros de la corte, consejeros electorales y comisionados de organismos como el IFT, la COFECE o la CRE, es decir, que podamos decidir de manera directa quienes ocuparán cargos de tal trascendencia.

Los derechos no son privilegios, son una responsabilidad y eso, derechos que debemos ejercer y usar como herramientas de transformación y democratización completa de vida pública de nuestro país.

Ucrania y el nuevo orden geopolítico multipolar

En toda guerra la primera víctima es la verdad. Es interesante como a partir de propaganda política se puede dividir al mundo entre “buenos y malos”. Bien dijo Mcluhan que el sucesor de la política era la propaganda. En esta antítesis se conjugan las relaciones entre las clases, donde los “buenos” pueden hacer con los “malos” lo que quieran y pueden hacer olvidar sus propias acciones. Los “buenos” EE.UU.-OTAN invaden Yugoslavia la bombardean con lo que se considera crímenes de guerra, la dividen en 7 países y permiten ahí una posterior guerra entre hermanos con armas que ellos mismos surtieron; después invaden Irán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Afganistán con el pretexto de democratizarlos y desarrollarlos y los abandonan cuando ya no les son útiles sin cumplir su promesa. No hablemos del criminal bloqueo económico a Cuba, Venezuela, Nicaragua. En una continuación de la “guerra fría” promueven que varios países europeos eslavos más Hungría y Rumanía pasen a la OTAN y la UE y finalmente en 2014 promueven un “golpe blando” en Ucrania para continuar la ampliación de la OTAN y cerrar el cerco de presión contra Rusia. Ahora inundan de armas a Ucrania, impulsan una política de opresión contra los separatistas con acciones de genocidio que se pudieron haber evitado con los acuerdos de Minsk y protestan cuando estas dos repúblicas deciden separarse.

En fin, pues, esos son los “buenos” que pueden bloquear el deporte ruso y pedirle a la Corte Internacional investigue la invasión de Rusia a Ucrania por crímenes de guerra. El mundo al revés. Gracias a la propaganda mediática masiva mundial, no dejan de autocalificarse como los “buenos”. Bush los llamó en un momento a varios países contrarios a EE.UU. como “eje del mal”. Sin embargo, cuando el “malo” decide no permitir más estar cercado, busca por la vía diplomática impedir el crecimiento de la OTAN cerca de sus fronteras alegando que defiende su seguridad, es ignorado y obligado a hacer la política por otras vías, esto es, la guerra. Rusia la había podido impedir con golpes certeros como recuperar Crimea antigua península rusa cedida a Ucrania por Nikita Kuschev y después aceptar la separación de dos repúblicas de Ucrania, pero los acosos se mantuvieron por el bloque hegemónico con el envío masivo de armas a los países vecinos de Rusia y a la misma ucraniana para armar a la población, con el asesoramiento de grupos nazistas y supremacistas blancos. Incluso están tratando de reclutar niños para defenderse. El negocio de la guerra pues.

Ante la actitud de defensa rusa la propaganda hegemónica no dejó de calificar como “los malos” a todos aquellos que defienden a Rusia. Incluso ahora están censurando a medios rusos y en tuiter a todos los que apoyan a Rusia. Los medios masivos se hicieron cargo no de informar sino de difundir propaganda de manera masiva por todo el mundo, sobre quien está del lado equivocado de la política y calificar al presidente Putin como un dictador igual a Hitler, inclusive han hecho héroe al ultraderechista presidente de Ucrania. Los pueblos del mundo responden al llamado propagandístico que hacen los medios y salen a las calles a protestar contra la guerra, cierto no con grandes manifestaciones, pero los medios se encargan de hacerlas grandes con imágenes, con las que demuestran al mundo la gran oposición a la guerra, el número de bajas humanas, la huida de los ciudadanos e imágenes con escenas dramáticas que al final resultaron falsas.

Claro que debemos oponernos a la guerra, pero no así y con esa desinformación que crea una supuesta legitimidad. Los grupos anarquistas que se llaman activistas antiautoritarios en el mundo que se dedican a informar sobre las movilizaciones sociales, presentan como legítimas las manifestaciones que gritan no a la guerra, pero niegan que los EE.UU. esté interviniendo y no consideran las razones rusas. Se preocupan por las graves consecuencias de la guerra en el sistema-mundo, pero no consideran que son las propias circunstancias del sistema-mundo las que impulsaron la guerra. Hay que resaltar que estos colectivos encontraron que, en estas manifestaciones, más allá de la negativa a la guerra, la gente busca paralelamente respuestas a múltiples intereses y necesidades, por lo que inducimos que no tienen una dirección política propia que los organice en base a una plataforma o proyecto político, por lo que podríamos decir que estas inquietudes responden más bien a desinformación, desorientación y, desde luego, a manipulación.

Las cosas y las acciones no son buenas y malas en si mismas, como diría Spinoza, sino que reciben una valoración relativa al creer que existe algo superior como lo podríamos encontrarlo en el modo de vida occidental. Para Nietzsche, las nociones de bueno y malo son diferentes entre pueblos y el tiempo y según provengan de los señores o de los esclavos. Para los señores, esto es EE.UU. y sus aliados, es bueno todo aquel que siga sus políticas y, no lo es, quien no las siga; por tanto, nos dice, hay aquí una valoración de poder donde se niega la acción que se hace en defensa, la de una natural reacción o de una iniciativa propia.

Más allá de los buenos y malos, la unilateralidad capitalista liderada por EE.UU. emergió con el “fin de la historia” de F. Fukuyama, con la caída de la URSS y el muro de Berlín, pero, por las propias necesidades del capitalismo, mutó a un conflicto por el poder hegemónico mundial, categoría construida por Gramsci para explicar cuando un pueblo es sometido por otro. Así pues, la guerra entre Rusia y Ucrania con el apoyo de EE.UU. y la OTAN obedece no a la maldad de un engendro de Hitler, sino que es una expresión del desorden mundial creado por la crisis capitalista generada por el agotamiento del ciclo sistémico de acumulación, la consecuente caída de la hegemonía unipolar norteamericana y la defensa que realiza ante el crecimiento de una opción multipolar. En ese sentido, podemos decir que la decisión de Putin implica un nuevo paso a la consolidación del nuevo orden geopolítico multipolar.

Lo cierto es que cada vez nos acercamos más a una situación de multipolaridad que el mismo capitalismo propició. La expansión del capitalismo para aumentar sus ganancias con salarios bajos, mano de obra barata, leyes laxas y materias primas en abundancia sin respetar la ecología, crearon las condiciones para el fortalecimiento de esos países y su articulación internacional. Cosa que no estaba escrito en el guion expansionista, así que, para controlarlo y contrarrestarlo, el capitalismo optó por utilizar diversas medidas como sanciones económicas, la imposición de medidas por el FMI y BM con empobrecimiento de la población, impulsar las llamadas revoluciones tipo la primavera árabe o de colores, además de guerras localizadas para desestabilizar países o regiones. China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, México, en fin, todo el llamado tercer mundo han sido amenazados de una manera delirante para que se mantengan subyugados. Pero, todo principio tiene un final.

Para tener una mayor comprensión del momento que vivimos, sería bueno revisar la posición de una parte de la izquierda mundial, es decir, aquella que no apoya a Putin. Aseveran que el equilibrio multipolar es una utopía y además una actitud reaccionaria. Defender el imperialismo subordinado no es realismo político. Dicen estar en contra de la invasión, pero no del lado de la OTAN. Su lucha, aseguran, debe estar en la defensa de un alto el fuego inmediato, parar la guerra con la salida de la OTAN de Europa y de Rusia de Ucrania. Toman esta posición porque consideran que la acción rusa en realidad es una disputa contra otra potencia imperialistas por el control de recursos, los mercados y el dominio de la zonas de influencia, una disputa interimperialista, además, muestra un abierto desprecio de Putin por la independencia ucraniana, ya que expresa una política civilizatoria reaccionaria. Si,  ciertamente, recapacitan sobre que Rusia tiene todo el derecho de defenderse y dejar claro que el despliege de misisles en Ucrania es inaceptable, pero no tiene derecho a invadir. Finalmente, aceptan el peligro para el mundo que significan los norteamericanos para la paz mundial, pero que haya otro imperio que quiera reducir ese peligro pues el verdadero enemigo es el capitalismo.

Se podrá decir lo que se quiera de Putin y Xi, pero han estabilizado a Rusia el país más grande de la tierra que aportó el mayor número de muertos en la segunda gran guerra y que salió perdiendo de la “guerra fría”, pero reconstruyó de nuevo las estructuras estatales e instituciones de la Federación Rusa y a China el país más poblado que ha sido invadido muchas veces a lo largo de su historia, incluyendo la guerra del opio y ahora es una economía tan fuerte como la norteamericana. Estos dos países y sus aliados, más el progresismo en América Latina están desestabilizando el hegemonismo unilateral, donde poco a poco EE.UU. va perdiendo su poder. Esto asusta a los gringos. Giovanni Arrighi ya había previsto una dinámica de caos sistémico en un interregno entre hegemones, porque el ciclo sistémico de acumulación, en este caso el norteamericano, tiene consecuencias decisivas para el comportamiento del sistema-mundo en su conjunto.

Una última cuestion. Para los norteamericanos era necesaria la guerra porque ahora pueden acusar con pruebas a Rusia de invasor y de romper los acuerdos internacionales. Con ello podían alinear nuevamente a Europa bajo sus dictados a aislarla de la relación China-Rusia, como de hecho está sucediendo y así fortalecerse para detener el avance del bloque euroasiático en la disputa por la hegemonía. Por ello, las sanciones que dicen aplicarán los países occidentales contra Rusia, serán muy limitadas, de hecho son más bien para el espectáculo y Biden al anuncirlas es más bien un actor que un político. Saben que si verdaderaemente aplican sanciones más duras, acelerarán el desorden mundial y terminarán afectando a las poblaciones europeas. Además, Rusia dice estar preparada para las sanciones y tiene el resplado la Organización de Cooperación de Shanghái, la Unión Económica Euroasiática, y las asociaciones estratégicas con China e Irán, lo que le ofrece una vía sólida de resistencia frente la ofensiva de «sanciones» punitivas. Un punto clave es la energía y particularmente el gas natural abundante en Rusia ya que es el energético fundamental para el abastecimiento y el proyecto verde europeo, pues éste les permitirá la transición energética para acabar con la era del carbono. Los norteamericanos quieren  ofrecerse como proveedores pero no son competitivos, por lo que aumentará sustancialmente los precios que pagará la población lo cual es poco conveniente.

La crisis de Ucrania la han construído los norteamericanos para detener el desarrollo de multipolarismo hacia Europa pues gracias al poder energético Ruso y a la Ruta de la seda  pueden ser atraídos. A persar de ello, China y Rusia han firmado varios acuerdos para la venta de gas y petróleo y en el marco de los juegos olímpicos de invierno el presidente Xi ha dicho que China y Rusia son un pilar fiable para defender la igualdad que requiere el auténtico multilateralismo. Sobre el sitema SWIFT hay una combinación de cuatro países, China, Rusia, Irán e India con los cuales podrán ir más allá de ese sistema bancario. Así pues, la batalla por el despliegue de multilateralismo esta en el escenario de este momento y los norteamericanos parecen estár perdiendo. Es el signo de la época. Estamos ante un nuevo capítulo de la era multipolar, que no parece estar a favor de los nortemericanos.

Por: Eduardo Torres – @etarroyo

OPINIÓN_ Los retos del sindicalismo y la conciencia de clase en la era digital

POR: CHRISTIAN ISRAEL QUIÑONES GONZÁLEZ

Las condiciones de lucha se han ido modificando conforme a la llegada de nuevas tecnologías que se van implementando en la cotidianidad. No son las mismas condiciones que imperaban en la década de los años setenta, que la realidad que actualmente se vive en todos los sectores productivos, por ello, es sumamente necesario contemplar un camino evolutivo de las acciones que el sindicalismo deba de adoptar ante las nuevas condiciones que se han estado implementando por parte del capital.

¿Cómo debemos afrontar procesos de negociación colectiva en la era digital? La automatización de procesos de trabajo, el internet de las cosas, la conectividad y otras tantas iniciativas tecnológicas que han sido incrustadas en las empresas, han generado que el trabajo evolucione en distintas características que cada día dependen más del conocimiento y capacidad de adaptación del trabajador, al mismo tiempo en que se necesita una mayor capacitación académica del mismo. Esto no necesariamente es un beneficio laboral que impulse el crecimiento personal del trabajador, pero si se convierte en un factor de aislamiento que atomiza a la clase trabajadora.

No es que estemos en contra de la preparación o en su defecto, de la acumulación de conocimiento, sino que se debe de impulsar una aportación que inspire la colectividad y no solamente beneficie la hiperindividualización de los trabajadores, ya que siguiendo la senda del individuo laboral, el capital se verá beneficiado ante la desfragmentación de la conciencia de clase, de manera que el control por parte del capitalista sobre el sujeto se convertirá en un proceso de sometimiento sistemático, convenciendo al trabajador de que él debe autoexplotarse, competir con él mismo y de esta forma, aumentar su productividad ante un modelo neoliberal que le ofrece una “libertad laboral y económica”; sin embargo, solamente lo somete a un modelo de explotación continuo y sin el resguardo laboral que la colectividad de una organización sindical le puede aportar a su realidad.

Lo anterior puede ser un complejo sistema de producción postfordista, la entrada a la modernidad, el acoplamiento con la era digital, sin embargo, es mucho más simple, pues visto desde otra perspectiva, la autoexplotación es el modelo más simple para convertir al trabajador en un objeto del modelo productivo actual, sin que se resista a entregarse y además, que no exija lo que realmente le corresponde, ya que pasamos de la “fast food” al “low cost”, este último, es la máxima aspiración del neoliberalismo salvaje que impera en el modelo económico y político empresarial actual.

Los métodos de control han evolucionado de distintas maneras con el pasar de los años, aunque siempre han pretendido lo mismo que hoy. El sometimiento, la precarización, los amaños ya sean leguleyos o apegados a derecho siempre han sido herramientas efectivas para el capital. El problema principal para la clase trabajadora radica en la desunión de esta y durante la primera parte del siglo XXI se ha venido intensificando. La metodología ha variado; sin embargo, la más efectiva ha sido la utilización de medios de comunicación, así como la promesa de incrustarse en una clase aspiracionista.

Es indudable que la lucha de clases mantiene una vigencia, pero los esfuerzos del capital por aminorar el impacto del conocimiento se han agazapado en eliminar conceptos filosóficos, económicos y políticos al sustituirlos por la técnica. No es que la técnica sea contradictoria al conocimiento o para la educación, más bien se trata de la utilización que se le da. El desprecio del capitalismo por las ciencias sociales, tales como la política, la filosofía o la economía se basa en despojar a la clase trabajadora del acceso a una conciencia política-sindical, de modo que, la capacidad de organización se vea sustituida por la meta de la eficiencia neoliberal, es decir que, el trabajador no aspire más allá de mantener su fuente de empleo, su productividad y técnica para la solución de las problemáticas que enfrenta el capitalista y no para satisfacer sus necesidades económicas, políticas o legales, de modo que el control de los procesos de trabajo quede de lado del capital y no exista intervención del trabajador para disminuir el sometimiento laboral de clase.

Ante estas condiciones, la clase trabajadora solamente cuenta con la organización sindical para poder defender sus derechos de manera efectiva. Lamentablemente, durante la pandemia se han dado procesos de aislamiento laboral, ya que las herramientas digitales han dado a los capitalistas métodos eficientes para que los trabajadores no logren organizarse adecuadamente y basados en el hiperindividualismo digital, el control de los procesos productivos y de trabajo quedan de lado patronal.

Es innegable que el acercamiento a la digitalización es necesario, ya que, al eliminar la brecha digital, se elimina la brecha de desigualdad, pero esto quedará simplemente en una utopía digital sino se implementan políticas públicas adecuadas a la realidad actual del país, además de que se requieren programas de alfabetización digital para el total de la población. Mientras tanto, el neoliberalismo continua avanzando y con ello ensancha la brecha de desigualdad, promoviendo procesos de programas educativos precarios e incompletos, creando ejércitos de desempleados proclives a aceptar cualquier tipo de trabajo en condiciones deficientes para la realización del mismo y esto ocurre, porque así esta planeado, por ello la responsabilidad social del modelo sindicalista se debe asumir desde la injerencia política y conceptual de un verdadero modelo de desarrollo y en el caso de los telefonistas, se be impulsar un nuevo modelo de política digital que corresponda a las demandas sociales actuales, tal y como lo es un verdadero cumplimiento a la conectividad universal, requerimiento infranqueable para que el país verdaderamente cuente con un modelo de inclusión digital económico, político, educativo y social.

Las condiciones que actualmente enfrentamos como Sindicato de Telefonistas, son el resultado de políticas neoliberales de exclusión, se han implementado leyes que apoyadas en la creación de un Órgano Constitucional Autónomo como es el Instituto Federal de Telecomunicaciones, se le dieron a los principales accionistas de América Móvil las excusas institucionales para desmantelar legalmente a Teléfonos de México y esto no significa que la empresa sea inviable, pero las condiciones de separación y desmembramiento económico pretenden cambiar el modelo laboral a modo de que los accionistas vean incrementadas sus ganancias y culpar a los trabajadores por una ineficiencia en el modelo de negocios, para luego, someter a los trabajadores de modo que su razón prevalezca sobre el Contrato Colectivo de Trabajo de los telefonistas, de modo que el IFT no queda más que un guiñapo institucional consentidor del modelo neoliberal empresarial.

La podredumbre del sistema ha pretendido descalificar a los trabajadores a modo de que, la empresa logre victimizarse ante las condiciones desiguales del mercado. La envoltura en la bandera de la competencia ha sido la causante de una regulación intrusiva, confiscatoria y con una dudosa justificación jurídica basada en la asimetría, de modo que el mercado debe encargarse de satisfacer las necesidades de los usuarios del sector de las telecomunicaciones; sin embargo es una tarea impúdica afirmar que el mercado puede satisfacer necesidades sociales, para ello, la implementación de políticas públicas que se adecuen a la realidad social serían la verdadera solución, además de adecuar una estrategia digital nacional con una regulación equitativa que fuerce a los operadores a cumplir con inversión y desarrollo, además de dar empleos de calidad en un sector de alto dinamismo económico y dejar atrás un modelo laboral precarizado con una actitud patronal abusiva.

La lucha por los derechos laborales y digitales tiene que ser una lucha irrenunciable. Es primordial que los trabajadores y la sociedad retomen banderas como la justicia social y con esto, implementar una lucha de clases en la era digital. Es posible detonar una concientización por medio del sindicalismo, pero se necesita una postura firme y convencida de que la manera más adecuada es la unidad y no dejarse vencer ante los ofrecimientos impúdicos del mercado efímero y descarnado. Por lo anterior, la tarea de los trabajadores vuelve a ser la misma que hace más de un siglo: Luchar por sus derechos y contagiar al pueblo de estas ganas de mejorar sin someterse al capital.

La ultra-derecha en México

El fantasma del fascismo recorre a México. La incapacidad de las élites mexicanas para enfrentar el proyecto del actual gobierno a favor de una justicia y economía social para disminuir las desigualdades en nuestro país, está llevando a unos a asumir posiciones fascistoides y a otros a caminar abiertamente en esa dirección. Recientemente el líder la oposición al gobierno, Claudio X González, elaboró un tuit en donde dice tomar nota de todos aquellos que, por acción u omisión, alentaron las acciones y hechos del actual gobierno y lastimaron a México y agrega que no se olvida a los que alentaron el autoritarismo populista. Sólo imaginemos cuando recuperen el gobierno lo que puede suceder. En el mismo sentido un sector del PAN, herederos del Yunque y de la guerra Cristera, establecieron alianzas con la española Vox descendiente del franquismo, quienes se auto postulan como contrarios al Foro de San Pablo, del comunismo y buscan no sólo alternativas electorales, sino generacionales. El ascenso de las derechas y ultraderechas que ganan espacios en Europa, los Estados Unidos, América Latina y México, es ya un rasgo distintivo del mundo actual.

Estos grupos supieron disfrazar su parte mas violenta, cambiando de imagen al abanderar la defensa de los sectores populares y de un ideal de nación, pero no pudieron hacer a un lado de su perfil autoritario al ver al otro como el causante de la crisis económica y social. Consideran al indígena, al inmigrante, al pobre como menores de edad y critican a los luchadores por la igualdad de género, a las feministas, a los pro aborto, a los matrimonios homosexuales y a la pluralidad sexual. Con la utilización intensiva de los medios tradicionales y electrónicos y de campañas publicitarias, han podido diluir su lenguaje, sin embargo, ante el empuje del proyecto de AMLO han tenido que plantearse la necesidad de quitarse las mascarillas y salir abiertamente sin ocultar sus posiciones autoritarias. Tradicionalmente, para el fascismo los enemigos identificados eran el comunismo y el movimiento obrero. Hoy, estos no han sido reemplazados, pero si complementados por la amenaza progresista morenista-populista encabezada por AMLO.

Ahora bien, Enzo Traverso uno de los principales historiadores del fenómeno se pregunta si tiene sentido hablar de fascismo en el siglo XXI. En uno de sus tantos libros “Las nuevas caras del fascismo” asegura que en realidad hay un post-fascismo, donde la derechas y ultraderechas tienden a desafiar a los poderes establecidos de una manera diferente al fascismo histórico, por tanto, este concepto resulta inapropiado para comprender la realidad actual. En el mundo entreguerras hubo un ascenso de las derechas que obedeció la ausencia de un orden internacional y a oleadas de crisis económicas que alimentó el racismo, la xenofobia y la demanda de poderes autoritarios. De igual manera, después del colapso del comunismo y de la adopción del neoliberalismo por los partidos y los sindicatos, los movimientos de derecha se convirtieron en una fuerza influyente. Hoy en día, se articulan con el fin de la guerra fría y del mundo unipolar y con la frustración individual o social. En pocas palabras, el post-fascismo es la articulación del fascismo histórico con la crisis de hegemonía del neoliberalismo.

Traverso piensa el post-fascismo desde la perspectiva europea que ve al trumpismo en EE.UU. o a gobiernos europeos donde la ultraderecha tomó el poder o como el caso de Bolsonaro en Brasil. En esa perspectiva, considera que una de las causas de su avance se debe al retiro de la izquierda que se inclinó hacia el neoliberalismo o por la ausencia de propuestas. Traverso coincide con varios analistas en el sentido de que los diferentes fenómenos mundiales tienen como tendencia general desafiar a los poderes neoliberales establecidos y, por tanto, a la globalización. Es claro que esta visión no alcanza para entender el caso mexicano, pues, aunque a algunos no les guste o no coincidan, la izquierda tomó el gobierno en México, por tanto, el objetivo de la derecha es sacarlo del poder, como fue el caso del empresario Gilberto Lozano de FRENA, la marcha del 5 de mayo de 2019 con las firmas de Fox y Calderón o la campaña de las elecciones del 2021. A esto en Argentina lo han llamado la “lógica destituyente” y en México la marcha del 2019 fue calificada como “la marcha de la destitución presidencial”.

Por ello, es conveniente buscar otra visión. Alain Badiou, el filósofo francés, se pregunta cómo es posible que sucedan este tipo de cosas en el mundo de hoy, a lo que responde con una frase lapidaria, por el ascenso y victoria del capitalismo global. Durante siglos la humanidad tuvo dos alternativas, uno, el camino del liberalismo con la propiedad privada como eje de la organización social y su consecuente desigualdad. Por otro lado, el camino del socialismo, del comunismo, con la finalidad de acabar con las desigualdades humanas. Después de los años 80 esta dualidad por la cual había que optar desapareció ante la posición política encabezada por los EE.UU. y Gran Bretaña de no considerar otra opción más que la del liberalismo, ahora llamado neoliberalismo. No hay alternativa nos dijo Margaret Thatcher y se impuso a la humanidad el que no hay otro camino para los seres humanos. Para Alain Badiou es una convicción primitiva el pensar que el capitalismo globalizado y sus desigualdades es el único camino para la humanidad. Además, el predominio del sector financiero en el neoliberalismo, está llevando a una pérdida progresiva de su control, lo que está originando un nuevo fascismo que llama democrático porque está dentro de la constitución democrática pero que no podemos dejar de llamarlo fascismo. Esto se debe, según Badiou, a cuatro puntos: la dominación estratégica y general del capitalismo globalizado, la descomposición de la oligarquía política clásica, la desorientación y frustración popular, y la falta de otro camino estratégico.

El presidente López Obrador en la búsqueda del otro camino, ha dedicado mucho tiempo para golpetear a la ultra derecha y sus expresiones partidistas y burguesas llamándolos conservadores, una expresión que considera más accesible para todos. Ha dedicado tiempo porque hay que tomarlos en cuenta, ya que no es sólo un movimiento nacional mexicano o está limitado a algunos países. El fenómeno actual solo se comprende porque es global. Bien podemos hablar de que hay una red global de ultraderechas todavía no  homogénea, pero que está bien armada con centros de pensamiento, financiamiento amplio, asociaciones, universidades, medios de comunicación, publicaciones y que comparten experiencias —en ese contexto habrá que entender la diatriba del presidente contra la UNAM, donde le censura su inclinación neoliberal.  Como se vio el partido Vox español y cuatro partidos de ultraderecha europea están adoctrinando mexicanos y junto con el Proyect Veritas de EE.UU. están interesados en consolidar su red internacional en México y América Latina. Además, el post-fascismo, con el apoyo de las embajadas de EE.UU. y la CIA, se está organizando en América Latina para impedir la consolidación de movimientos y gobiernos progresistas. Parece que son por la principal preocupación por ahora el proyecto del presidente López Obrador, la reelección del presidente Bolsonaro en Brasil y el apoyo al derechista José Antonio Kast en Chile.

La experiencia latinoamericana después de  la derrota del progresismo nos enseña que el post-fascismo extrae su vitalidad de la crisis económica, de la inseguridad que trajo la pandemia del Covid-19, del aumento de las desigualdades, del agotamiento de los partidos y sindicatos que ha propiciado el retiro de las urnas de gran parte de la sociedad. Por ello, vemos a los diferentes medios de comunicación mexicanos, prensa, radio, televisión y redes sociales que buscan incentivar esta desesperanza, alimentando el sueño con volver a la seguridad de un tiempo perdido que recuerdan mejor. Sin embargo, lejos de presentarse como revolucionarios lo hacen con mensajes conservadores y reaccionarios. Hay que reconocer que son eficaces en el uso de los medios y técnicas de comunicación. En ese sentido hay que recordar a Wilhelm Reich que aseguró que el fascismo es en realidad un movimiento de la clase media. Esta clase fue la que emergió en las votaciones de la CDMX gracias al buen uso de los medios para crear frustración, asustando con el fantasma del populismo y su mal gobierno.

Esta política de activar los sectores medios a su favor responde a la coyuntura actual del capital centralizado y globalizado, para desplazar a todos aquellos que bloquean su expansión. Walter Benjamin nos decía que si observamos la tradición de los oprimidos aprendemos que el estado de excepción en que nos mantiene el capital es la regla. Foucault nos habla del deseo de las masas, el cual el capital ha sabido movilizar y utilizar logrando que interioricemos el desear a quienes nos dominan y explotan. Pero llega un momento en que esto entra en crisis porque están empeñados en que sólo el pensamiento neoliberal es el bueno, en que la democracia real es la que ellos practican entre sus iguales y la del otro, la del desposeído, la de los desiguales no existe y cuando éstos alzan la voz, aunque sea ejerciendo el voto, no dudan en sacar su perfil autoritario en defensa de la clase dominante.

Ante la derrota del 2018 la derecha y la ultraderecha se han tenido que refugiar en las redes de la sociedad civil que crearon y fortalecieron durante varios años, estas son, las clases medias ilustradas, particularmente Asociaciones civiles, académicas y Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) de inclinación neoliberal, los Organismos Constitucionales Autónomos (OCA´s), —todos vinculados al poder político y económico— la politización de la justicia y claro está en sus medios de comunicación afines, que son muchos. Pero no se han quedado ahí, pues Vamos con México, han convertido al PRI, PRD y PAN en su brazo político, portavoces,   articuladores de la critica a López Obrador y defensores del neoliberalismo. Un caso relevante es que el IMCO se convirtió en la cabeza del periódico Reforma para usarlo como punto de ataque para la destitución presidencial. Es el único camino que les queda, que no es poco, para recuperar el gobierno y recobrar el poder que antes habían tenido hasta antes del 2018. 

Así pues, el post-fascismo democrático mexicano desprecia la diversidad, los derechos de las mayorías, la cultura popular y no tienen empatía con los débiles y deamparados. Tambien se alimentan de la frustación de las clases medias que caen en sus estándares de vida, pero más que nada busca sacar a un gobierno que va en sentido contario de sus intereses económiocos y políticos. Hoy la oposición a López Obrador es un fenómeno heterogéneo, sin embargo sería ingenuo pensar que no existe o que no está buscando organizarse para hacer una mayoría electoral para volver a ganar el gobierno del Estado, recobrar su dominio clasista e influir en el diseño de políticas públicas para la conservación de sus privilegios, la maximización de ganancias, la propagación de su ideología y mantenerse dentro de la estrategia del capitalismo globalizado como único camino sin importar las desigualdades.  

Salirse de la determinación global y de su dependencia no es fácil para un presidente que solo ganó el gobierno y no el poder, pero tenemos que  ponerle un alto a la globalización neoliberal porque está lejos de proporcionar la prosperidad prometida. La gobernanza global está en crisis porque la oligarquía política de hoy en el mundo occidental está perdiendo progresivamente el control de la maquinaria capitalista y no hay fuerzas potencialmente estabilizadoras. El capitalismo sin oponentes como lo ha logrado el neoliberalismo, se hecho más capitalista de lo que le conviene. Gestionar un capitalismo más liberal con el Estado a su servicio y sin cambiar las grandes desigualdades existentes como pretenden las derechas radicales en México, no es el camino que debemos seguir, pero debemos construir un camino estratégico que evite el fortalecimiento de la ultra-derecha.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo