OPINIÓN: Más dañino que el ‘outsourcing

La seguridad social en México es muy injusta. Resolver esas injusticias debe ser la principal agenda de López Obrador. Al momento, no lo es, ya sea por miedo, desconocimiento o por falta de capital político. Es momento de tomar el asunto laboral por los cuernos y transformarlo de raíz.

Eliminar el outsourcing como pretende López Obrador es un paso en la dirección correcta. Su existencia, se estima, afecta a 2.9 millones de trabajadores al año (STPS 2020).

Hay, sin embargo, un problema laboral aún más grave y que afecta a siete veces más trabajadores formales en México, es decir, afecta a la totalidad de los 20 millones de puestos laborales que existen (IMSS 2020). Este problema es la forma en la que funciona nuestra seguridad social.Learn more

La seguridad social en México es injusta por tres razones.

Primero, porque reduce los salarios. En papel, las cuotas patronales para la seguridad social son beneficios que se cobran a los patrones para dar al trabajador. En la realidad, existe evidencia de que los patrones bajan los salarios para pagar las cuotas (Levy et al. 2012). De hecho, la gran mayoría de las cuotas (el 67%, se estima) es indirectamente pagada por los empleados, porque se les ofrecen salarios más bajos (Levy 2019).

Es decir, el sistema de seguridad social pretende ser redistributivo, pero en realidad crea incentivos a los salarios bajos.

Segundo, la seguridad social tal cual existe en México es injusta porque crea mexicanos de primera y de segunda. Los servicios públicos en México se ofrecen como si fueran boletos de avión.

En primera clase se encuentran los trabajadores formales, los que cotizan en el IMSS, el ISSSTE o en algunas otras empresas del Estado (aplican también sus familias directas y algunos afiliados voluntarios). La primera clase es pequeña y casi nadie dura ahí mucho tiempo.

En segunda clase están los que logran ser atendidos por el Insabi. Digo “logran” porque las filas son largas y en ocasiones, aun si se es atendido, hay que pagar por material de curación e insumos médicos. No todos pueden pagar eso, aun si logran un asiento de segunda clase.

La seguridad social, entonces, se vuelve muy regresiva porque solo las personas que tienen la capacidad para trabajar (educación, productividad, tiempo) pueden acceder a la primera clase. Más aún, como dije en el primer punto, para hacerlo deben reducir en promedio en 65% su salario.

Tercero, la seguridad social como existe es injusta porque favorece a las empresas grandes a costa de las chicas. La empresa más grande y la más chica de México pagan exactamente el mismo impuesto corporativo (30%) y lo mismo por seguridad social.

Esto es un problema pues en México la desigualdad entre empresas es enorme. De hecho, 22 de cada 100 pesos de utilidad se concentran en tan solo el 0.1% de las empresas (SAT 2015).

Pagar el impuesto a la seguridad social, por tanto, es un inconveniente menor para los empresarios más ricos y un verdadero problema para el resto. Es por eso que el grueso de la evasión fiscal burda (no la elusión fiscal sofisticada, sino la evasión pura) sucede en empresas medianas y chicas, que tienen ingresos de menos de 8 millones al año. No sucede entre el 1% de las empresas más ricas, porque para ellas el impuesto hasta es poco.

Estas tres injusticias están detrás de muchos problemas de la economía mexicana pues hacen que los salarios sean bajos y los servicios de salud desiguales, y dejan demasiado cómodas a las empresas ultragrandes.

Es por ello que esta columna es un llamado a que López Obrador no solo elimine el outsourcing, sino a que elimine por completo la seguridad social como la conocemos. Las cuotas de seguridad social deben convertirse en impuestos progresivos a la riqueza y al ingreso. Con ello se debe financiar un único sistema de salud sin clases. Los impuestos los deben pagar los más, más ricos, y no el trabajador por medio de reducciones salariales, o el microempresario.

No habría un mayor éxito en materia laboral que refundar la seguridad social como un derecho, en vez de como un privilegio de un puñado de trabajadores.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

Opinión de Viridiana Ríos vía Expansión Política

OPINIÓN: Relaciones sin compromisos….la tendencia en las telecomunicaciones

Si hay algo que los seres humanos hemos aprendido a raíz del surgimiento de la era digital, es el valor que ponemos en la libertad. La libertad entendida como la posibilidad de viajar, conocer, explorar, probar, cambiar, decidir, cambiar de opinión, expresarnos, escoger y ultimadamente estar abiertos a nuevas posibilidades. Esta tendencia a no atar cabos, es en parte consecuencia de la enormidad de posibilidades que se nos abrieron para explorar con el advenimiento del Internet.

Paradójicamente, en el mundo de las telecomunicaciones, la misma regla aplica. Digo paradójicamente ya que hace algunos años, la norma al adquirir una suscripción a las compañías de cable, telefonía u otros servicios relacionados, era a través de contratos que obligaban a los usuarios a tiempos, tarifas y contrataciones poco atractivas.

Esta semana una nota de Gonzalo Rojón de CIU hablaba sobre la tendencia en el desbloqueo de teléfonos móviles y en la cual comenta que de acuerdo con la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, los usuarios tienen derecho a solicitar y obtener el desbloqueo del dispositivo móvil cuando concluya la vigencia del contrato, en el caso de dispositivos adquiridos a través de pagos diferidos en la modalidad pospago o al liquidar el costo del teléfono móvil en cualquier circunstancia. Según Rojón, la NOM-184 establece que los proveedores de servicios de telecomunicaciones, así como los proveedores de equipo terminal de telecomunicaciones deberán contar con un mecanismo que les permita proporcionar al consumidor la información requerida para realizar el desbloqueo de su equipo en un máximo de 24 horas.

Como vemos, a pesar de que se han logrado enormes avances en pro de la flexibilidad en este tema para los usuarios, la realidad es que desbloquear un teléfono móvil en México sigue siendo un trámite difícil.

Un dato interesante al respecto es que , en el Reino Unido, el OFCOM (organismo regulador de las telcos), anunció que, a partir de diciembre de 2021, no se podrán vender dispositivos bloqueados pues esto actúa como un desincentivo para cambiarse de operador. Uno de los argumentos más fuertes para que este decreto se aprobara fue el hecho que 35% de las personas que tenían la intención de cambiarse de proveedor de telefonía no lo hicieron, por el candado impuesto a través del bloqueo de celulares.

Una vez más, los acuerdos en estos temas entre autoridades y empresas es crucial para lograr un beneficio que sea justo tanto para usuarios como para proveedores de servicios.

Opinión de Antonio Ajá vía El Economista

Ante un mundo cambiante, ganó Biden, Trump también

Se acerca el final del muy largo y complejo proceso electoral norteamericano. Aunque algunos quisieran ya acabado y se adelantan a reconocer el triunfo del candidato Joe Biden, el perdedor sigue sin aceptar su derrota, lo que nos lleva a tener que esperar un tiempo que podría alcanzar el final de este año o principios del próximo. En esta espera resalta el hecho de un curioso consenso: un buen número de analistas han terminado por afirmar que se va Trump pero el trumpismo permanece. En realidad, en esto se resume el proceso electoral norteamericano 2020. Todos los esfuerzos mundiales para quitar a un personaje no sólo del panorama norteamericano, fracasaron, básicamente porque no se entendió qué fue lo que lo llevó a ese proyecto a la presidencia de EUA.

La era de Trump no ha terminado como muchos quisieran y se apresuran a festejar y esto es más cierto aún cuando se analiza que la estrategia que se utilizó para impedir la reelección, fue más que nada de desprestigio en base a adjetivos calificativos sin una propuesta contrastante real y el cómo piensan sobrellevar el post-trumpismo. La estrategia mediática mundial se centró difundir profusamente el resultado de las encuestas que nos decían que el apoyo popular a Joe Biden era mayoritario, por lo que se le daba un amplio margen de ganancia. Cosa que no sucedió, pues al final se encontraron una votación que hacía una diferencia mínima, pensaron que el fenómeno Trump era pasajero y, por tanto, fácilmente superado con mensajes mediáticos. Se equivocaron

La realidad es que nos encontramos con un nuevo sujeto político norteamericano al igual que como está apareciendo en varias partes del mundo —México sin ir más lejos— que es plural y termina dividido en dos bandos o más claramente definidos. Mafesolli ha insistido en afirmar que estamos frente a una organización de la sociedad en tribus. Lo que antes era marginal se ha vuelto central. Había un cuerpo social absolutamente homogéneo ‑—la República, única e indivisible—, hoy nos encontramos con una especie de fragmentación, con una constelación de grupos. Lo político está adquiriendo una nueva imagen y es necesario hallar otras formas de hacer política. Así que, aunque no lo reconozcan lo que diseñaron esta estrategia mediática anti-trump, fue ella misma la que contribuyó a la inesperada gran votación en contra e incluso se podría decir que la elección no debió haber sido tan cerrada si no es porque insistieron mucho en que el mal se llamaba Donald.

Ante esa victoria pírrica, el cambio anunciado y esperado se complica más aún si observamos cómo quieren atacar la Covid-19, que, por donde quera que se le vea, restringe la movilidad económica; ya no se trata sólo de tener menos muertes y hacer más pruebas, de usar mascarilla o no, o de crear un comité de científicos y darles a ellos la conducción del ataque a la enfermedad. Esa etapa ya está claramente superada, fue necesaria por ahí de marzo o abril de 2020, ahora estamos en el momento de la vacuna y de cómo solucionar una economía mundial en recesión que ya cumple varios años, que se aceleró con la Covid-19 y que exige respuestas y desafíos muy diferentes a los anteriores a 2015 cuando Trump tomó el poder, cuando, supuestamente, destruyó la economía americana como se cansaron de repetir. Podrán hablar ahora de una agenda verde, de impulsar energías alternativas, pero el problema básico es la economía en recesión que es anterior a la Covid-19 y a Trump.

Los mas serios analistas hablan de la propuesta de Biden es poco alentadora. Nos dicen que para la economía norteamericana será difícil una recuperación en V o incluso en de U y aseguran que sí hubiera una recuperación ésta sería de forma de raíz cuadrada. Pero lo más criticable es que la propuesta de Biden para una inversión pública, abarca un período diez años. En concreto, proponen concentrarse en infraestructura, incluyendo desde luego I+D, energía, educación, salud y seguridad social y utilizar un total de 6.8 billones de dólares. Esos mismos analistas, aseguran que cuando mucho esa cifra alcanzará el 50% de lo prometido y que la inversión del sector capitalista fundamental para cualquier economía, será menor a la necesaria, obligada porque la rentabilidad empresarial estadunidense, al igual que en todo el mundo capitalista, está en mínimos; alertan de que no debemos dejarnos engañar por las grandes cifras de ganancia que manejan las empresas tecnológicas y de la contratación de deuda tal como lo recomienda el FMI para apoyar la demanda.

Todo esto nos lleva al problema de fondo que muy pocos se han atrevido a tocar. La división social existente es una realidad mundial, no únicamente norteamericana. Las elecciones estadunidenses del 2020 confirmaron, más allá de la crisis electoral producto de su propio y anquilosado sistema, que la verdadera crisis de ese país y el resto del mundo es la crisis estructural del capital y la pérdida de la hegemonía mundial de ese país. Recordemos que, en el último informe de Obama sobre el estado de la nación, fue particularmente enfático en la necesidad de recuperar la hegemonía de ese país del norte de América. Claro está que cuando fue presidente para lograr ese objetivo utilizó la fuerza de las armas y del ejército. Biden afirma que, como país, se debe probar ante el mundo que estamos preparados para ser líderes mundiales nuevamente, a lo que agrega, que eso lo harán con el poder del ejemplo no con el ejemplo de nuestro poder. Buena retórica, pero como vicepresidente aceptó usar la fuerza antes que la razón y, por tanto, es de esperarse que se desarrolle una politica imperialista tradicional, como considerar a América Latina como su patio trasero.

El trumpismo republicano también partió del hacer a EUA grande otra vez, de recuperar la hegemonía perdida, pero desde una visión diferente. Lo que vio fue que el neoliberalismo globalizador estaba agudizando la disparidad social en su país y que había que voltear hacia en interior para recupera la hegemonía con una política proteccionista. El mercado abierto, la globalización, vistos desde esa estrategia, ofrecía más beneficios a las transnacionales norteamericanas que operan totalmente fuera de su país y menos a las industrias tradicionales dentro de su país, con la consecuente disminución de creación de empleos.

Para llegar al poder presidencial se apoyó en la realidad económica de las clases medias bajas abiertamente afectadas por la globalización, impulsó el regreso de inversiones, la creación de empleos internos para incentivar el consumo. Con esa realidad y una retórica sin máscaras, sin ocultamientos y, por tanto, muy de confrontación, se formó el trumpismo. El mundo “civilizado” se sintió ofendido por la crudeza de su discurso y lo criticó acremente. No es su forma de hacer política.

Lo que hay que entender es Trump lo hizo no porque fuera un gran hombre, un gran estadista o un ideólogo, sino porque es un capitalista que ve en riesgo sus inversiones dada la crisis del capital y la crisis norteamericana y como buen capitalista busca salidas.

Después de que los estudios de Piketty fueron publicados y entendidos, el mundo capitalista se movilizó buscando alternativas a la aguda concentración del ingreso. Desde luego que la crisis estructural del capital no fue lo más visible, pero sabemos que estuvo en el fondo del análisis. El Foro Económico Mundial dedicó bastante tiempo a discutir el qué hacer. Lo que evidenció esta discusión es había un conflicto intra e inter capitalista de cómo solucionarlo. El Trumpismo y el Brexit surgen en ese contexto. Podríamos sintetizarlo diciendo, proteccionismo frente a libre mercado, distribución del ingreso frente a una alta concentración del mismo en pocas manos. En ese punto apareció la Covid-19 que detuvo la economía mundial y agudizó la recesión económica y los grandes capitales mundiales financieros, tecnológicos y mediáticos se reagruparon para encausar con un político mediano el libre mercado y el liderazgo norteamericano.

Habrá que decir que las crisis periódicas del capitalismo aceleran los cambios en los procesos de acumulación y, al mismo tiempo, en la correlación de fuerzas políticas. Giovanni Arrighi, desde el siglo pasado había advertido que estaba sucediendo un desplazamiento del hegemón hacia Asia, algunos agregarían tiempo después que era más propio hablar de Eurasia. Arrighi analizó y concluyó que China pudo haber sido potencia mundial antes de Inglaterra lo fuera y que la historia, las condiciones mismas de China de un pueblo atrasado, tercermundista y muchas veces sojuzgado, le dan ahora condiciones diferentes para ser potencia mundial, con características diferentes a la de los imperios anteriores. Wolgang Streeck de la escuela de Frankfurt lo llamaría capitalismo no occidental.

El mundo se enfrenta pues a una modificación histórica de la correlación de fuerzas internacionales, que repercuten directamente sobre nuestro vecino del norte y que ponen a China y Rusia en el centro del escenario. El hegemón norteamericano emergió a principios del siglo XX, se consolidó después de la segunda gran guerra y llegó a su cúspide en la época de Clinton al quitar al capital financiero todas las barreras que se había autoimpuesto como imperio. Así se alcanza con toda amplitud lo que hoy conocemos como globalización y, sin quererlo, el paso a un mundo multipolar. Justo al término del gobierno de Clinton y del inicio del de Bush hijo, los análisis reportan el principio de la caída del poder hegemónico norteamericano. Justo en medio del 11 de septiembre de 2001y la caída de las torres gemelas, la National Security Strategy de 2002 y el Eje del Mal. Esta dura política neoconservadora afectó su esquema hegemónico pues incrementó los costos económicos, políticos y sociales. El punto de quiebre fue la crisis financiera de 2008 y 2009. El fin de la historia nunca fue, vivimos en un sistema en transición, que está lejos aún de constituir un tablero de juego claro y estable. Según la revista inglesa The Economist debemos despedirnos de la mayor era de la globalización y preocuparnos por lo que va a ocupar su lugar.

 El motor industrial, como lo previó Arrighi se desplazó de EUA a China. La industria norteamericana crece, pero no crea empleo, las grandes inversiones o una parte de ellas acontece fuera de ese país y las nuevas tecnologías desplazan mano de obra y crean grandes monopolios. Lo más crítico y que reiteradamente han negado, es que durante todo este proceso se está confirmando lo que Marx llamó la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que es en esencia misma la crisis del capital. Aún así, no podemos negar que todavía se mantiene la hegemonía norteamericana y sus aliados europeos. No ha muerto todavía, pero está en crisis. Controla el mundo con el aparato militar, financiero, tecnológico y mediático, pero cada día es más frágil y lo vimos en este noviembre de 2020 cuestionado por una gran parte de propia gente.

Así que las elecciones norteamericanas del 2020, más allá de si se reconoce el triunfo de uno de los candidatos como cortesía diplomática, más allá de que ante la división existente se exhorte a la población comportarse como un pueblo unido y aquí en nuestro país se critique a AMLO por promover la división, más allá de calificativos de fascismo por un lado o de socialismo por el otro lado, de que Trump sea calificado impredecible y Biden de un político tradicional y gris. Más allá de todo ello, las elecciones no enseñan más de los que los renombrados analistas y reconocidos mundialmente medios de comunicación nos dicen.

Biden parece estar obsesionado con la idea de regresar a EUA a la era antes de Trump, como si nada hubiera pasado. La clase política mexicana tradicional y su ejército de intelectuales orgánicos y periodistas pagados, pierden su tiempo al crear un conflicto con el candidato ganador y acusar a Trump de haber polarizado a los norteamericanos, cuando lo que él realmente hizo fue hacer visible es polarización. Así pues, el trumpismo no ha muerto porque el mundo está cambiando y los sorprendió porque no quieren entender o no estan capacitado para comprender ese cambio. Lo menos beneficiados de la globalización nos dicen que también existen y el próximo hegemón euroasiático está de plácemes. Nuestro país continúa en su proyecto para dolor de los conservadores neoliberales mexicanos.

Eduardo Torres Arroyo

Los reguladores contra Google

Google se ha convertido en el villano favorito de los reguladores de competencia en el mundo. Es fácil iniciar una investigación contra el gigante global de Internet porque no hay usuario de la red que no haya utilizado alguno de sus servicios y aplicaciones digitales “gratuitos”. Sin embargo, lo que está detrás del éxito y crecimiento de esa empresa es la innovación.

La Comisión Europea ya le ha impuesto a Google tres sanciones en el mismo número de años que suman 8,250 millones de euros (mde). Primero fueron porque abusó de su dominio como motor de búsqueda al destacar y dar ventajas a Shooping, su servicio de comparación de precios, y degradar a los rivales en sus resultados de búsqueda.

Un año después (julio de 2018) impuso la más cuantiosa multa aplicada por la CE a una compañía por por utilizar Android para consolidar su dominio en las búsquedas en Internet ante el incremento del tráfico móvil. Google obligaba a los fabricantes de smartphones a preinstalar la app Google Search y el navegador Chrome como condición para conceder la licencia de su tienda de aplicaciones Play Store.

El tercer castigo ocurrió en mde por restringir artificialmente la posibilidad de que otras páginas web puedan desplegar publicidad de competidores de Google. Mediante la plataforma AdSense, proporciona anuncios de búsqueda a los propietarios de sitios web editores. Google es un intermediario o agente publicitario entre anunciantes y propietarios de portales que desean rentabilizar sus espacios.

La verdugo europea de Google, la comisionada Margrethe Vestager, ha reconocido que “Google ha creado muchos productos y servicios innovadores que han marcado una diferencia en nuestras vidas. Eso es algo bueno.” Pero la estrategia de Google lo ha hecho abusar de su dominio como motor de búsqueda. Esa conducta negó a otras empresas locales la oportunidad de competir por méritos propios e innovar, e impidió a los consumidores europeos una verdadera elección de servicios.

Detrás de esas sanciones a Google se esconde el resentimiento europeo de no ser un líder de Internet. Spotify es el único campeón digital del viejo continente. Los competidores de Google en los mercados de comparación de precios son muy locales y sus contrincantes en sistemas operativos móviles, buscadores, navegadores y aplicaciones son otros gigantes tecnológicos de Estados Unidos como Apple.

Google hizo algo revolucionario que no había ocurrido ni hecho nadie a escala global. La empresa obtiene la mayoría de sus ganancias no de las grandes empresas anunciantes (como ocurre con la televisión comercial), sino de las pequeñas. Eliminó los costos de comprar y vender publicidad. Todos los negocios tienen la posibilidad de anunciarse en Internet, lo cual no ocurre con los medios tradicionales. Su modelo no se sustenta en anuncios sino en palabras clave. Google hizo rentable encontrar todo en Internet. Buscamos hasta con faltas de ortografía y lo encontramos.

El algoritmo y la Inteligencia Artificial de Google permiten explotar los conocimientos de los usuarios y consumidores y lo traduce en resultados de búsqueda y recomendaciones. La ventaja son las millones de personas que hacen búsquedas en Google y navegan por Internet en Chrome. Cada 60 segundos Google conduce 4.5 millones de búsquedas.

Si bien las sanciones contra Google son muy cuantiosas y sí han hecho mella en los también abultados ingresos de la compañía (162.8 mil mdd en 2019), en realidad no han afectado su dominio porque la economía del siglo XXI está apoyada sobre la base de datos de empresas como Google. Los terabytes de información sobre el comportamiento de billones de usuarios pasan por los servicios de las empresas de Internet y eso mueve la economía mundial.

El ADN de Google consiste en ordenar el caos de la web, predecir lo que va a ocurrir con la conducta de los usuarios y estar allí cuando eso ocurra. Las capacidades de establecer conexiones y medir el conocimiento colectivo no las puede frenar ninguna sanción de competencia económica.

En junio de 2019, el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos inició una investigación bipartidista sobre el estado de la competencia en línea para examinar el dominio y las prácticas comerciales de Google, Amazon, Facebook y Apple y determinar cómo su poder afecta la economía y la democracia.

Durante la comparecencia en julio de 2020 ante el Subcomité de Derecho Antimonopolio, el CEO de Google, Sundar Pichai, se defendió diciendo que su compañía enfrenta competencia en la búsqueda de información en Internet y de publicidad digital.

Pichai aseguró que las inversiones de Google permitirán a Estados Unidos mantener su liderazgo global. “Estamos entre los mayores inversores mundiales en investigación y desarrollo. Hemos invertido más de 90 mil mdd en los últimos 5 años. Con estas inversiones estamos ayudando a EE. UU. a consolidar su posición como líder mundial en tecnologías como Inteligencia Artificial, automóviles autónomos y computación cuántica”.

La investigación del Comité Judicial incluye los mercados de búsquedas en línea, tiendas de aplicaciones y sistemas operativos móviles, publicidad digital, navegadores web, asistentes de voz, computación en la nube y mapas digitales que tocan directamente los negocios de Google. El Comité asegura que “Google es omnipresente en la economía digital y actúa como infraestructura para los productos y servicios principales en línea. Ha crecido y mantenido su dominio de los motores de búsqueda, de modo que ‘googlear’ es sinónimo de búsqueda en línea”.

El 20 de octubre, el Departamento de Justicia y 11 estados de la Unión Americana demandaron a Google por prácticas anticompetitivas y exclusión en los mercados de búsqueda y publicidad “en un caso monumental”.

Finalmente, la Autoridad Investigadora del Instituto Federal de Telecomunicaciones también inició de oficio (es importante recalcar) un procedimiento contra una empresa a la cual no menciona pero que tiene el perfil de Google. El regulador busca “determinar la posible existencia de barreras a la competencia y libre concurrencia o insumos esenciales que puedan generar efectos anticompetitivos en los mercados de servicios de búsqueda en línea, redes sociales, sistemas operativos móviles, servicios de cómputo en la nube y relacionados”.

El Subcomité en EU también realizó una revisión de las leyes antimonopolio, las políticas de competencia y los niveles de aplicación para evaluar si son adecuadas para abordar los mercados digitales. En México no está ocurriendo eso. Casos como Google tienen mucha notoriedad pública y enormes componentes políticos. Es evidente que el IFT quiere un caso digital grande y notorio, obsesionado como lo está por el tamaño de las empresas. También es evidente que la regulación de preponderancia está dejando de ser atractiva. Es muy tentador dejar a un lado al grandote de las telecomunicaciones para enfocarse en el gigante de Internet. Veremos si la regulación de competencia en México soporta un análisis de lo que más ha cambiado las reglas de todo: la Internet.

Opinión de Jorge Bravo vía El Economista

Más entretenimiento y más contenido para toda la familia

Como se ha venido anunciando desde meses atrás Disney+ llega a México. Con su lanzamiento oficial esperado el 17 de Noviembre, Disney+ promete ser la ventana más grande al mundo del entretenimiento y está dispuesto a llegar con todo a nuestro país, con producciones de sus propios estudios como Disney, Pixar, Marvel, Star Wars y National Geographic.

Si bien Disney + no es ni el único, ni el primero, su lanzamiento desde luego será disruptivo como lo fue en Estados Unidos y generará reacomodos en el mercado de las OTTs. Se espera que Disney + ofrezca un enorme abanico de opciones de contenido de su gran biblioteca, pero también se sabe que tienen puesta la mira en generar contenido original, nuevo y local de la manera que lo ha hecho el archirival Netflix.

De acuerdo a una nota publicada por Gonzalo Rojón de CIU, se espera que Disney+ entre al mercado de las OTTS con un precio de $139 pesos mensuales, colocándose al nivel del paquete básico ofrecido por Netflix, y por debajo del costo de plataformas como HBO Go, ambos competidores serán su competencia más fuerte.

Debajo de su precio quedarán Amazon Prime, Apple TV+ , blim y Claro Video, también es previsible que la nueva plataforma ofrezca un descuento adicional al contratar Disney+ por un año completo.

Si bien el precio parece suficientemente atractivo, será interesante observar cómo responde el mercado mexicano ante este nuevo competidor. Es probable que gran parte de los hogares quieran o pretendan obtener la suscripción para este servicio sin soltar Netflix o HBO Go. La gran pregunta es si realmente el mercado lo aguantara.  En México el 85% de los usuarios cuentan con una sola plataforma. Habrá que ver si esta tendencia persiste o se el mercado la desmiente.

De acuerdo con Rojón, “el efecto más evidente será un aumento en la rotación de usuarios entre plataformas, esto se verá reflejado en un aumento importante de la tasa de cancelación o abandono (CHURN en inglés) de estas compañías. Otro posible efecto será que aumenten aún más las comparticiones de cuentas entre usuarios, con el fin de contar con acceso a múltiples plataformas sin una suscripción propia, situación que sin duda afectaría los ingresos del mercado para estas plataformas.”

Hablando de plataformas OTT

En un webinar organizado por PRODU, Vanessa Rosas de Blim comentó sobre el impacto que estrategias creativas tienen para atraer segmentos específicos. Un ejemplo de éxito de esto fue Telecuantrix, un programa de educación para niños.

Con información vía El Economista

La reforma laboral más importante de los últimos 100 años

Opinión Por Alfredo Domínguez Marrufo

Para muchos, es claro que durante las últimas décadas México estableció una política laboral basada en mantener bajos salarios para hacer más competitiva la industria y atraer inversiones. Se ofreció, además, una “paz laboral” basada en el control sindical y prácticas de simulación en la contratación colectiva. Todo para insertarnos en el mercado mundial sin reparar en los costos internos, como fue la hoy evidente precarización del empleo.

Luego vino la reforma a la Ley Federal del Trabajo de 2012 que, lejos de beneficiar a los trabajadores, los perjudicó, toda vez que se legalizaron los esquemas de tercerización (outsourcing) que, al ser utilizados en forma abusiva y sin ningún control ni vigilancia gubernamental, afectaron aún más los salarios y también la seguridad social de los trabajadores, al ser una práctica común registrarlos en el IMSS con un salario mucho menor al que perciben.

Por otro lado, desde hace muchos años, un amplio sector de trabajadores ha venido pugnando por sindicatos realmente democráticos, por rescatar la negociación colectiva auténtica y la recuperación de los salarios. Estos esfuerzos cobraron impulso, debemos reconocerlo, con la exigencia de nuestros socios comerciales (Estados Unidos y Canadá) que ven los bajos salarios y el control de los sindicatos como dumping laboral.

La llegada de la Cuarta Transformación tenía que pasar forzosamente por transformar el mundo del trabajo; lo cual posibilitó la reforma laboral de mayo de 2019, que significó el viraje más importante en las relaciones obrero-patronales y la vida sindical en los últimos cien años.  

Este nuevo modelo laboral descansa en tres ejes: primero, justicia expedita e imparcial, con la eliminación de las Juntas de Conciliación y Arbitraje y la creación de los Tribunales Laborales adscritos al Poder Judicial. Segundo, la democracia sindical, con el voto personal, libre, directo y secreto de los trabajadores para elegir dirigentes sindicales y aprobar contratos colectivos. Tercero, la creación del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL), responsable del registro de sindicatos y depósitos de contratos colectivos de todo el país, así como de la conciliación a nivel federal a la que tendrán que acudir trabajadores y empleadores antes de ir a un Tribunal Laboral.

Este nuevo sistema apuesta por la conciliación como la vía por excelencia para la solución de conflictos laborales. Los convenios que se realicen tendrán el carácter de cosa juzgada, y deberán concluirse en 45 días como máximo, y sólo en caso de no conciliar, se podrá acudir ante un Tribunal, el cual, a su vez, deberá cumplir con los principios de inmediación, inmediatez y oralidad, en el que las partes deberán declarar y rendir sus pruebas frente al juez laboral, lo que reduce los tiempos y garantiza una mayor imparcialidad.

En lo que hace a las organizaciones sindicales, vamos por una democracia real porque se trata de regresar el poder de decisión a los trabajadores. Adiós a las elecciones a mano alzada, a las presiones indebidas de líderes ilegítimos o empleadores. No más contratos firmados a espaldas de los trabajadores. Además, se destierran los emplazamientos a huelga por seudosindicatos, que no son otra cosa que una vil extorsión a los empleadores, cuya práctica común es exigir la firma de un contrato colectivo, alegando falsamente que se cuenta con el respaldo de los trabajadores.

El gran reto es que todas y todos conozcan sus derechos y obligaciones y las nuevas reglas que implica este nuevo modelo de justicia laboral, que lo pongan en práctica; la ley y la Constitución son sólo los cimientos del gran edificio que tenemos que construir, y que no sólo nos toca hacer realidad a las autoridades, sino también a los trabajadores y empleadores.

Opinión vía Excélsior

TRANSVERSALIDAD Y ACONTECER DE LAS TELECOMUNICACIONES

las infraestructuras y las redes de telecomunicaciones se han convertido, como lo pronosticamos hace ya varios años, en eje transversal de las economías, son el motor de la transición hacia las economías digitales, ya que impulsan el crecimiento económico y el desarrollo social en el presente y lo harán sin duda hacia el futuro, lo anterior lo fundamento en el hecho de que el entorno de las telecomunicaciones se encuentra desde hace aproximadamente 20 años bajo un vertiginoso proceso de cambio continuo que es consecuencia de los adelantos tecnológicos, la desreglamentación, la desregulación, la privatización, los procesos de fusión y el aumento de la competencia en el ámbito mundial, sin dejar de lado que estos cambios han sido y serán tanto de carácter político como tecnológico.

En lo que a política corresponde, se ha transitado de un esquema basado fundamentalmente en monopolios controlados por los Estados a modelos prioritariamente privados y abiertos a la competencia, en el que los órganos reguladores nacionales se deben encargar de supervisar algunas de las actividades de las empresas, sin caer en la intromisión que sobre regula.

En cuanto a la tecnología, ésta ha evolucionado desde un medio en el que la mayor parte de los ingresos provenían de inversiones a largo plazo en servicios de voz, a otro en el que los ingresos se obtienen de los servicios y aplicaciones de telecomunicaciones que cambian rápidamente y que utilizan tecnologías  basadas en Protocolo de Internet (IP).

Dentro de las contribuciones del sector de las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´s), en el entorno actual, se encuentra el trabajo a distancia en sus modalidades de teletrabajo y Home Office, la educación a distancia, el comercio electrónico y la telemedicina; teniendo todas ellas como soporte fundamental las redes fijas y móviles.

En relación con la economía digital es importante considerar el surgimiento de nuevos canales de atención y comercialización, en su conjunto conocidos bajo el concepto de omnicanalidad, como lo son las búsquedas por bots, soluciones con capacidades de inteligencia artificial, entre otros, mismos que están cambiando en su totalidad el comercio, la atención a los clientes y en general las formas de trabajo de las empresas, siendo la nube la base de todo lo anterior.

Como parte del ecosistema digital, ligado a las redes de telecomunicaciones y las TIC´s. se encuentra en pleno auge el trabajo de plataformas y aplicaciones tecnológicas, mismo que permite que éstas se beneficien altamente de ello, pero representando grandes desventajas para los trabajadores, a quienes denominan socios o colaboradores, con menoscabo en sus derechos laborales, al no asumir las plataformas las responsabilidades patronales, como es la seguridad social,  presentándoles como beneficios la elección del tiempo y lugar de trabajo.

Hoy las empresas de telecomunicaciones (TELCOS) viven situaciones sumamente complejas al enfrentar desde hace ya varios años la disminución de márgenes de ganancias y de ingresos, propiciado por factores como: la gran competencia, la excesiva regulación o aplicación de regulación ex ante, el recambio tecnológico que amerita fuertes inversiones en nuevas tecnologías para poder ser competitivos, el alto costo del mantenimiento de su infraestructura ocasionado en parte por la volatilidad financiera y el aspecto cambiario, pero sobre todo, la aparición disruptiva de las empresas tecnológicas y plataformas digitales, tales como: Google, Amazon, Facebook, Netflix, por nombrar sólo algunas de ellas, mismas que sin invertir en infraestructura y mantenimiento son las que actualmente se llevan la mayor parte de las ganancias  de la provisión de los servicios y aplicaciones ya mencionados; no es casualidad que debido a ello, son éstas las que han alcanzado el mayor valor en el ámbito financiero y hoy se les conoce como “LAS EMPRESAS DEL BILLÓN DE DÓLARES.”

En medio de la adversidad ya descrita y como si no fuese suficiente, desde fines del año pasado como seres humanos enfrentamos uno de los peores episodios a través de la pandemia provocada por  COVID-19, que nos ha mantenido en confinamiento a la mayor parte de la población, con el objetivo de evitar la propagación de los contagios y fallecimientos, pero que como consecuencia de ello ha paralizado en muy buen porcentaje las economías de los países, provocando cierre de empresas y pérdida de empleos, entre otros impactos, es decir la crisis económica apenas comienza y se avizora llevará un tiempo considerable para volver a los niveles anteriores a la pandemia.

Es de apuntar que un aspecto que ha permitido palear la situación de forma correcta en muy buena medida es debido a que es la primera ocasión en que enfrentamos una situación de contingencia bajo un escenario de HIPERCONEXIÓN, es decir utilizando los avances tecnológicos para que de esta manera continuáramos con nuestras actividades a distancia, posibilitando desde la rápida difusión de la información, hasta la utilización e implementación de dispositivos para la detección y atención de la emergencia sanitaria,  de tal manera que las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información  y las Comunicaciones (TIC´s),  están siendo un factor decisivo en la atención de la pandemia, lo que debe llenar de satisfacción al sector pero además deberemos impulsar que todo desarrollo y avance tecnológico deberá estar enfocado en la utilidad para las personas.

Es en este escenario, en donde destaca de manera fundamental la existencia de las redes de telecomunicaciones fijas y móviles, sobre todo las primeras, que han demostrado su resiliencia y robustez para soportar el alto volumen de tráfico de miles de millones de usuarios en el mundo.

Si bien es cierto,  esto ha permitido que el sector de telecomunicaciones sea de los pocos que ha logrado mantener cifras de crecimiento en los productos brutos internos de los países, como ha sido característico de él, también lo es, que el sector deberá enfrentar el entorno postpandémico que seguramente se distinguirá por altos niveles de inflación, desempleo, aumento de desigualdad y pérdida de poder adquisitivo, entre otros.

Ante el panorama anteriormente expuesto, será necesario  deberá desplegar una estrategia basada en los siguientes ejes:

  • El impulso a la inversión en tecnologías de nueva generación, construcción y ampliación de redes densas, infraestructura de fibra óptica, lo que permitirá que éstas soporten el alto volumen de tráfico.
  • Plantear y posicionar al sector telecomunicaciones como punta de lanza para la recuperación económica de los países y la transición hacia las economías digitales.
  • Promover la investigación en ciencia y tecnología como uno de los medios principales para el bienestar económico, social y cultural de las naciones.
  • Fomentar la regulación de las empresas tecnológicas, con el objetivo de que la competencia sea equitativa y todos los involucrados asuman la responsabilidad en el aumento de la cobertura y la inclusión digital.
  • Creación de política pública y leyes que regulen el teletrabajo y Home Office, en la búsqueda del incremento de la productividad y competitividad y la mejora de las condiciones laborales y económicas.
  • Dialogar y acordar con las empresas la participación de los trabajadores en todos los procesos de trabajo derivados de los cambios tecnológicos, que impactan en la atención de los clientes.

En términos generales, es fundamental que se trabaje arduamente en el diseño de Planes Nacionales de Desarrollo, que esto se traduzca en política pública y legislaciones en la materia acordes, para que los Estados, en conjunto con las empresas de telecomunicaciones y TIC´s. posibiliten la continuidad de los planes para la ampliación de la cobertura, la conectividad y la inclusión universal de la población, se continúe el impulso a la implementación de los estándares de Quinta Generación (5G), que abonarán indudablemente al desarrollo de las economías y convertirlas en digitales.

@LUISESCOBARRAM6

lescobarramos67@gmail.com

Política pro homine

Durante los últimos 10 meses lo seres humanos hemos sido testigos de una serie de acontecimientos que son producto de la pandemia ocasionada por el Covid-19, misma que ha venido a cambiar nuestra vida, acelerar procesos, visibilizar deficiencias y pensar en posibles cambios, entre otros.

En el ámbito económico se ha pretendido culpar a la pandemia de los decrecimientos del producto interno bruto de los países, cuando es muy claro que, siendo objetivos, en el mundo ya se hacía notar desde hace dos años que la economía mundial estaba pasando por un proceso, en principio de desaceleración y con el riesgo latente de caer en recesión, es decir signos inequívocos del agotamiento del modelo neoliberal y globalizador que ha provocado a través de su ola privatizadora: aumento de la desigualdad, pobreza, desempleo, mala distribución de la riqueza, sistemas de salud precarios, aumento de la brecha educativa y digital y la precariedad de las personas de la tercera edad, entre otras consecuencias.

Adicionalmente esto se ha agudizado con la caída de los precios del petróleo, el Brexit del Reino Unido y un tema central y fundamental que es, la disfrazada guerra arancelaria entre los Estados Unidos y China, cuyo verdadero fondo es la pugna entre estos países por el control y supremacía del estándar 5G, que significará para quien salga avante el control del mundo vía la tecnología.

Lo ya comentado hace evidente que en el ámbito económico ya transitábamos un largo camino recesivo y que el COVID 19 solamente ha venido a acelerar dichos procesos.

En cuanto al entorno político, pero sobre todo en lo que concierne a los gobernantes de los diferentes países y niveles de gobierno, estos serán uno de los damnificados del Covid-19 al verse, en la mayoría de los casos, evidenciada su incapacidad para hacer frente a este tipo de eventos mediante acciones coordinadas entre países, lo que permitiría, por supuesto, resultados relevantes para todos. De tal manera que estamos por vivir en el corto y mediano plazo procesos de cambio de gobernantes en los que seguramente los electores cobrarán la factura a quienes no están mostrando su capacidad. Es a todas luces claro que, en el contexto político se requieren profundos cambios, debido a que el asunto no es coyuntural y se hace necesaria una solución de carácter estructural en razón del entramado jurídico–político, estructuras de partido, participación ciudadana y responsabilidad de electores.

En lo relativo al aspecto social, la pandemia nos ha llevado de manera obligada a permanecer en el encierro, situación inusual para la mayoría de los humanos; con las implicaciones y afectaciones propias de la escasa convivencia familiar, las económicas para un gran porcentaje de la clase trabajadora que no cuenta con un empleo formal que le posibilite palear la situación y las de salud al mantenernos estáticos, lo que es fuente propicia de enfermedades; en términos generales la pandemia nos ha sacado de la cotidianidad en que vivíamos.

Culturalmente, cada país ha hecho valer sus identidades y arraigos para efecto de enfrentar y superar esta adversidad en las mejores condiciones, aunque vale la pena destacar que desde mi punto de vista el aspecto cultural aunado a una buena estrategia sanitaria está haciendo la diferencia entre los países en cuanto al número de contagios, recuperación e infortunadamente los fallecimientos.

Ante el panorama anteriormente expuesto y que muchos están llamando “La nueva normalidad” y a la que yo denomino “Realidad obligada”  espero que las sociedades trabajemos arduamente y en lo inmediato en los siguientes tareas:

  1. Es necesario el rediseño o construcción de un nuevo contrato social sobre la base de un modelo económico que fomente el desarrollo de los pueblos y una justa distribución de la riqueza.
  1. La humanidad deberá realizar una profunda reflexión sobre los acontecimientos que estamos viviendo para ubicar en su justa dimensión nuestras debilidades y fortalezas, para lo cual sugiero una retrospección que nos lleve a ubicar nuestra esencia, necesidades, alcances, pero sobre todo nos permita discernir cual es el rol que jugamos en este planeta, mismo que debe ser el de colaboración, construcción y preservación del mismo. Ello nos llevará en consecuencia a situar los aspectos humanos como los bienes más preciados del hombre y dentro de ello como pilar fundamental la salud, en lo individual y colectivo, visto esto como punto de partida para el desarrollo de los pueblos.
  2. Los organismos internacionales, gobiernos y sociedad deberemos trabajar arduamente invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo en la realización de un diagnóstico sobre el estatus que guardan los sistemas de salud, para en consecuente refundarlos bajo una óptica que es coincidente con lo mencionado recientemente por el presidente francés Emmanuel Macron, que dijo: “La salud es el bien fundamental y más preciado del ser humano y por lo tanto debemos reencauzar los sistemas de salud, poniendo en el centro al ser humano y no el negocio que han encontrado los privados en él”.
  1. Aunado a lo anterior, es de justa y vital importancia que los organismos sanitarios mundiales y continentales, en conjunto con los gobiernos lleven a cabo un minucioso proceso de revalorización de las profesiones ligadas a la salud, se contemple de manera seria la perspectiva humana de estos profesionales, pero también la mejora de sus condiciones económicas, sociales y laborales en beneficio de la sociedad en su conjunto.
  • La pandemia nos ha permitido a la sociedad darnos cuenta que muchos de los artículos y servicios que comúnmente adquiríamos no son en realidad necesarios, lo que provocará que muchas empresas se vean obligadas a reconfigurarse o cambiar de giro en la búsqueda de su subsistencia, lo que hará necesario un trabajo conjunto de gobiernos, iniciativa privada y organizaciones de trabajadores en la búsqueda de viabilidad no sólo de las empresas, sino de las economías mismas.
  • Como efecto tecnológico ya encaminado, y acelerado por la pandemia, seguramente se modificarán procesos de trabajo, con la posibilidad de desaparecer algunos puestos cuyas funciones ya no son primordiales, pero también se crearán nuevas actividades; ante lo cual las empresas y sindicatos deberán negociar y acordar la recualificación y desarrollo de nuevas habilidades en los trabajadores.
  • La contingencia sanitaria vino a mostrar a los trabajadores y a la sociedad en su conjunto la importancia de contar con empleos dignos, que, por supuesto brinden la seguridad social, aspecto que ha sido fundamental para los trabajadores y sus familias que gozan de ella, pero en contra parte ha dejado de manifiesto el grado de indefensión para quienes no cuentan con estos beneficios, lo que obliga a diseñar e implementar política pública al respecto.
  • Así mismo, es básico destacar que es la primera ocasión que la humanidad enfrenta una pandemia con grandes avances tecnológicos, lo que ha permitido desde la rápida difusión de la información, hasta la utilización e implementación de dispositivos para la detección y atención de la emergencia sanitaria; con base en lo anterior, todo desarrollo y avance tecnológico deberá estar ubicado en la utilidad para las personas y no las personas utilizadas por la tecnología.

Al tiempo………….

Luis Escobar Ramos

@LUISESCOBARRAM6

La trama del viejo y nuevo modelo mediático

En medio de una situación que ha venido a modificar la manera en que la sociedad solía sobrellevar su diario acontecer, la comunicación entre los seres humanos ha tomado un papel fundamental y trascendental en el desarrollo de las comunidades, ciudades y Estados. Lo que se ha replanteado en medio de la pandemia, ha sido la manera en que ejecutamos los procesos de comunicación, la falta de cercanía con los demás, la forma en la que interactuamos por medio de los medios electrónicos y digitales.

El nuevo coronavirus nos ha mostrado la fragilidad de las estructuras económicas, sociales, así como, la ineficiencia de los sistemas políticos y gubernamentales de distintos países para afrontar crisis no previstas, es decir, el sistema neoliberal tiene previstas crisis económicas, para lo cual organismos nacionales y mundiales están atentos para reaccionar dependiendo los intereses que estén involucrados y mantienen una visión metodológica para reactivar el sistema. En este caso, la ineficiencia del sistema ha sido claramente expuesta y los medios de comunicación han sido una herramienta para intentar ocultar dicha falta de respuesta.

El posicionamiento ideológico en los medios se ha mantenido gracias a que la defensa de los intereses económicos ha sido la prioridad para el capital y los mismos medios son parte de ese capitalismo neoliberal. Los medios tradicionales han sido el andamiaje por excelencia para impulsar sistemáticamente la aprobación de propuestas políticas y económicas muchas veces impopulares, al mismo tiempo que, explican los temas desde una perspectiva amañada y a favor de los dueños del capital.

Durante lo que va del brote pandémico de la Covid-19 en México, los medios se han comportado de manera errática, usando la cantidad de contagios y fallecimientos como un arma, que sistemáticamente van explotando para generar controversias donde no deben de existir estas. Los medios se han encargado de polarizar el panorama y el ambiente, con una clara intención y por supuesto, en defensa de intereses creados.

Por otro lado, el Gobierno de México también ha hecho uso de los medios tradicionales, ya sea por medio del Sistema Público de Radiodifusión (SPR) y sus canales de televisión y estaciones de radio, pero ha realizado un especial uso de las redes sociales. También ha generado contenidos para los medios privados, todo relacionado con el tema informativo y revelando datos de la corrupción con la que los gobiernos anteriores se habían despachado de forma desproporcionada y el caso “Lozoya” es la muestra de la efectividad del mensaje de denuncia.

La batalla mediática ha generado discordancia inmediata con la opinión pública, que se puede ver expuesta por parte de la sociedad en las redes sociales. Sin embargo, a pesar de estos ejercicios de exposición pública y de comunicación horizontal por medio de las redes sociales digitales, la imposición mediática tradicional sigue vigente, esto derivado del modelo que se diseño dentro de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTyR), ya que esta ley da preferencia a los medios radiodifundidos, tales como la televisión digital terrestre (TDT) y la radio, dejando de lado el desarrollo de las telecomunicaciones y con ello, dejaron de lado para la gran mayoría de la población, de su acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), puesto que con el argumento de un concepto neoliberal que es el de la competencia, se diseño una regulación (concepto neoliberal también) intrusiva y que da preferencia a operadores extranjeros que no invierten, pero usan la infraestructura de la industria nacional, sin invertir en el desarrollo nacional. Para ejemplo, tenemos lo que hizo AT&T en México: sus ganancias fueron totalmente invertidas en la compra de Time Warner en Estados Unidos, es decir, saco dinero de México para llevárselo a invertir en el vecino del norte.

Otro caso es la desregulación de los concesionarios de radiodifusión. Televisa, aún siendo el preponderante del sector, quedo fuera de toda regla asimétrica planteada en la regulación. En lugar de compartir infraestructura o de generar condiciones de competencia efectiva con la llegada de nuevas cadenas de televisión, su penetración creció, derivado del cambio de televisión analógica a la televisión digital, aspecto en el que tampoco se respetaron los tiempos de implementación para beneficio de la empresa que llevo a un “Telepresidente” al poder, de tal manera, que el gobierno de Peña Nieto regaló televisores a la población para que siguieran viendo la programación de esta empresa.

Los medios han tomado su papel de difusores, el problema real, ha radicado en los contenidos que se encargan de difundir y que muchas veces olvidan su papel de concesionarios del Estado.

Por otro lado, los medios nativos digitales se encuentran en condiciones totalmente distintas. Algunos medios digitales confían en el proyecto periodístico y otros, al igual que los medios tradicionales que también han migrado parte de su plataforma a la red, se mueven hacia donde el dinero y los intereses les llamen.

La falta de veracidad en los medios y redes sociales digitales, ha provocado que siga existiendo cierta credibilidad y soporte de auditorios dispuestos a continuar consumiendo contenidos de medios que en varias y distintas ocasiones han sido señalados por sus preferencias políticas y económicas, aspecto que las redes no esconden en su mayoría, sino que, el debate y la postura se radicaliza.

El comportamiento de los medios durante la pandemia ha sido timorato y se ha caído en conceptos “politiqueros”. La realidad es que muchos periodistas, conductores o intelectuales orgánicos han resguardado sus posturas por sobre todo concepto de información objetiva y veráz.

Nos encontramos ante una decadencia sistemática de los medios de comunicación, a pesar de depender más que nunca de sus servicios. La comunicación ha mantenido una evolución constante, derivado de la evolución tecnológica; sin embargo, la brecha de desigualdad digital ha provocado que el mantenimiento del viejo modelo permanezca y se niegue a cambiar, es como decía Gramsci: “lo nuevo no acaba de nacer, lo viejo no acaba de morir”.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital

La corrupción era el sistema

Entre las muchas deficiencias del sistema político podemos encontrar la utilización de la corrupción como método de operación para hacer política y gobernar, sin embargo, en la actual nueva normalidad política que se esta viviendo en el país, puede entenderse que la corrupción era el sistema y no, que en el sistema se usaba la corrupción.

Las revelaciones hechas por Emilio Lozoya en sus declaraciones y señalamientos, que extrañamente fueron filtradas por medio de redes sociales, indican que la putrefacción del sistema político, burocrático y gubernamental era sumamente avanzada en todos los niveles, desde el presidente, hasta el funcionario más humilde insertado en el organigrama.

La pretensión más ambiciosa del gobierno encabezado por el Presidente López Obrador o dicho de otra forma, la bandera más emblemática de esta administración es la de erradicar la corrupción del sistema; sin embargo, no solo se trata de erradicar las practicas que corrompen a funcionarios y esquemas gubernamentales, sino que, se trata de erradicar y construir mecanismos que no permitan el retorno de prácticas sucias y que dañan al país.

Esta lucha por exhibir a los corruptos que involucrados en negocios sucios y sobornos emitidos en este caso por la constructora Odebrecht y confesados por Emilio Lozoya, han provocado una tormenta política entre los actores involucrados y con ello, los intentos de revertir esto en contra de López Obrador, por ejemplo, con la difusión de videos en los que se puede observar a su hermano, Pio López Obrador recibiendo “bolsas con dinero en efectivo” por parte de un personaje que hoy es funcionario público.

Lo anterior es clara muestra del incremento en el enfrentamiento entre las principales fuerzas políticas del país, con esto queda al descubierto la confrontación de proyectos políticos que pretenden instalarse para definir el camino que como Estado y nación debe de seguirse, en todos los frentes, es decir, no solo en la visión política, sino en lo económico y en el desarrollo.

En medio de la pandemia, la exposición de los actos y corruptelas de las administraciones federales anteriores, ha sido un referente para lograr comprender el camino que pretende seguir el actual gobierno, así como, la pretensión de reencarrilar y reconstruir el pacto social con actos judiciales para resarcir el daño hecho en contra de la sociedad, es decir, que el actual gobierno busca la recuperación de recursos robados por políticos involucrados en casos de corrupción en las pasadas administraciones.

El escandalo que se ha derivado de las revelaciones ofertadas por Lozoya, no es en sí lo ejecutado, sino que, prácticamente en todos los actos del gobierno de Peña y Calderón, en todos los niveles de gobierno había el involucramiento de corruptelas y negocios en paralelo a los proyectos productivos del Estado.

La clase política mexicana, ha demostrado ser parte de un proceso sistemático de decadencia, generando un desgaste social que ha afectado y empeñado el futuro del desarrollo nacional de una manera beligerante, aunado a que el sistema neoliberal solamente a dejado un rastro de rezago y pobreza, así como, la privatización y desmembramiento de las empresas productivas del estado, dejando en el desamparo a los trabajadores de distintos sectores como el energético, salud y educación.

La voracidad destructora de la clase política en nuestro país, es causa de la descomposición social que hoy se refleja en el crecimiento de los índices de violencia y criminalidad, ya que la impunidad con la que se maneja el sistema de justicia deja un mensaje claro: no hay castigo contundente a crímenes de alto impacto, además de que el tráfico de influencia que se maneja en la clase empresarial en complicidad con la política, permea en todos los ámbitos de la sociedad, dejando a su paso un sesgo de impotencia, es por lo anterior, que las acciones que actualmente esta emprendiendo el Presidente López Obrador en contra de los cuadros políticos involucrados en sobornos, desfalcos y corruptelas en general, es fundamental para replantear el camino del país en corto plazo.

La restitución del daño, aunado al restablecimiento del estado de derecho debe ser la meta que el actual gobierno debe trazarse para que los esfuerzos emprendidos tengan un resultado fructífero y que se refleje en la recomposición del entramado del tejido social. El paso a seguir después de restablecer un pacto social efectivo, es la erradicación del neoliberalismo, impulsando políticas públicas, sociales y económicas equitativas y eficientes, que realmente recuperen el carácter de cobertura universal, por ejemplo, en la conectividad y acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), donde se establezca que el mercado no es el único beneficiado, sino que, como derecho humano fundamental sea una meta el que todas y todos los mexicanos tengan acceso a las mismas.

El caso Lozoya no solamente es un asunto judicial, sino que, se ha transformado en un caso de justicia y resarcimiento del daño al pueblo.

Israel Quiñones – @IsraelQDigital