OPINIÓN_ Los retos del sindicalismo y la conciencia de clase en la era digital

POR: CHRISTIAN ISRAEL QUIÑONES GONZÁLEZ

Las condiciones de lucha se han ido modificando conforme a la llegada de nuevas tecnologías que se van implementando en la cotidianidad. No son las mismas condiciones que imperaban en la década de los años setenta, que la realidad que actualmente se vive en todos los sectores productivos, por ello, es sumamente necesario contemplar un camino evolutivo de las acciones que el sindicalismo deba de adoptar ante las nuevas condiciones que se han estado implementando por parte del capital.

¿Cómo debemos afrontar procesos de negociación colectiva en la era digital? La automatización de procesos de trabajo, el internet de las cosas, la conectividad y otras tantas iniciativas tecnológicas que han sido incrustadas en las empresas, han generado que el trabajo evolucione en distintas características que cada día dependen más del conocimiento y capacidad de adaptación del trabajador, al mismo tiempo en que se necesita una mayor capacitación académica del mismo. Esto no necesariamente es un beneficio laboral que impulse el crecimiento personal del trabajador, pero si se convierte en un factor de aislamiento que atomiza a la clase trabajadora.

No es que estemos en contra de la preparación o en su defecto, de la acumulación de conocimiento, sino que se debe de impulsar una aportación que inspire la colectividad y no solamente beneficie la hiperindividualización de los trabajadores, ya que siguiendo la senda del individuo laboral, el capital se verá beneficiado ante la desfragmentación de la conciencia de clase, de manera que el control por parte del capitalista sobre el sujeto se convertirá en un proceso de sometimiento sistemático, convenciendo al trabajador de que él debe autoexplotarse, competir con él mismo y de esta forma, aumentar su productividad ante un modelo neoliberal que le ofrece una “libertad laboral y económica”; sin embargo, solamente lo somete a un modelo de explotación continuo y sin el resguardo laboral que la colectividad de una organización sindical le puede aportar a su realidad.

Lo anterior puede ser un complejo sistema de producción postfordista, la entrada a la modernidad, el acoplamiento con la era digital, sin embargo, es mucho más simple, pues visto desde otra perspectiva, la autoexplotación es el modelo más simple para convertir al trabajador en un objeto del modelo productivo actual, sin que se resista a entregarse y además, que no exija lo que realmente le corresponde, ya que pasamos de la “fast food” al “low cost”, este último, es la máxima aspiración del neoliberalismo salvaje que impera en el modelo económico y político empresarial actual.

Los métodos de control han evolucionado de distintas maneras con el pasar de los años, aunque siempre han pretendido lo mismo que hoy. El sometimiento, la precarización, los amaños ya sean leguleyos o apegados a derecho siempre han sido herramientas efectivas para el capital. El problema principal para la clase trabajadora radica en la desunión de esta y durante la primera parte del siglo XXI se ha venido intensificando. La metodología ha variado; sin embargo, la más efectiva ha sido la utilización de medios de comunicación, así como la promesa de incrustarse en una clase aspiracionista.

Es indudable que la lucha de clases mantiene una vigencia, pero los esfuerzos del capital por aminorar el impacto del conocimiento se han agazapado en eliminar conceptos filosóficos, económicos y políticos al sustituirlos por la técnica. No es que la técnica sea contradictoria al conocimiento o para la educación, más bien se trata de la utilización que se le da. El desprecio del capitalismo por las ciencias sociales, tales como la política, la filosofía o la economía se basa en despojar a la clase trabajadora del acceso a una conciencia política-sindical, de modo que, la capacidad de organización se vea sustituida por la meta de la eficiencia neoliberal, es decir que, el trabajador no aspire más allá de mantener su fuente de empleo, su productividad y técnica para la solución de las problemáticas que enfrenta el capitalista y no para satisfacer sus necesidades económicas, políticas o legales, de modo que el control de los procesos de trabajo quede de lado del capital y no exista intervención del trabajador para disminuir el sometimiento laboral de clase.

Ante estas condiciones, la clase trabajadora solamente cuenta con la organización sindical para poder defender sus derechos de manera efectiva. Lamentablemente, durante la pandemia se han dado procesos de aislamiento laboral, ya que las herramientas digitales han dado a los capitalistas métodos eficientes para que los trabajadores no logren organizarse adecuadamente y basados en el hiperindividualismo digital, el control de los procesos productivos y de trabajo quedan de lado patronal.

Es innegable que el acercamiento a la digitalización es necesario, ya que, al eliminar la brecha digital, se elimina la brecha de desigualdad, pero esto quedará simplemente en una utopía digital sino se implementan políticas públicas adecuadas a la realidad actual del país, además de que se requieren programas de alfabetización digital para el total de la población. Mientras tanto, el neoliberalismo continua avanzando y con ello ensancha la brecha de desigualdad, promoviendo procesos de programas educativos precarios e incompletos, creando ejércitos de desempleados proclives a aceptar cualquier tipo de trabajo en condiciones deficientes para la realización del mismo y esto ocurre, porque así esta planeado, por ello la responsabilidad social del modelo sindicalista se debe asumir desde la injerencia política y conceptual de un verdadero modelo de desarrollo y en el caso de los telefonistas, se be impulsar un nuevo modelo de política digital que corresponda a las demandas sociales actuales, tal y como lo es un verdadero cumplimiento a la conectividad universal, requerimiento infranqueable para que el país verdaderamente cuente con un modelo de inclusión digital económico, político, educativo y social.

Las condiciones que actualmente enfrentamos como Sindicato de Telefonistas, son el resultado de políticas neoliberales de exclusión, se han implementado leyes que apoyadas en la creación de un Órgano Constitucional Autónomo como es el Instituto Federal de Telecomunicaciones, se le dieron a los principales accionistas de América Móvil las excusas institucionales para desmantelar legalmente a Teléfonos de México y esto no significa que la empresa sea inviable, pero las condiciones de separación y desmembramiento económico pretenden cambiar el modelo laboral a modo de que los accionistas vean incrementadas sus ganancias y culpar a los trabajadores por una ineficiencia en el modelo de negocios, para luego, someter a los trabajadores de modo que su razón prevalezca sobre el Contrato Colectivo de Trabajo de los telefonistas, de modo que el IFT no queda más que un guiñapo institucional consentidor del modelo neoliberal empresarial.

La podredumbre del sistema ha pretendido descalificar a los trabajadores a modo de que, la empresa logre victimizarse ante las condiciones desiguales del mercado. La envoltura en la bandera de la competencia ha sido la causante de una regulación intrusiva, confiscatoria y con una dudosa justificación jurídica basada en la asimetría, de modo que el mercado debe encargarse de satisfacer las necesidades de los usuarios del sector de las telecomunicaciones; sin embargo es una tarea impúdica afirmar que el mercado puede satisfacer necesidades sociales, para ello, la implementación de políticas públicas que se adecuen a la realidad social serían la verdadera solución, además de adecuar una estrategia digital nacional con una regulación equitativa que fuerce a los operadores a cumplir con inversión y desarrollo, además de dar empleos de calidad en un sector de alto dinamismo económico y dejar atrás un modelo laboral precarizado con una actitud patronal abusiva.

La lucha por los derechos laborales y digitales tiene que ser una lucha irrenunciable. Es primordial que los trabajadores y la sociedad retomen banderas como la justicia social y con esto, implementar una lucha de clases en la era digital. Es posible detonar una concientización por medio del sindicalismo, pero se necesita una postura firme y convencida de que la manera más adecuada es la unidad y no dejarse vencer ante los ofrecimientos impúdicos del mercado efímero y descarnado. Por lo anterior, la tarea de los trabajadores vuelve a ser la misma que hace más de un siglo: Luchar por sus derechos y contagiar al pueblo de estas ganas de mejorar sin someterse al capital.

La ultra-derecha en México

El fantasma del fascismo recorre a México. La incapacidad de las élites mexicanas para enfrentar el proyecto del actual gobierno a favor de una justicia y economía social para disminuir las desigualdades en nuestro país, está llevando a unos a asumir posiciones fascistoides y a otros a caminar abiertamente en esa dirección. Recientemente el líder la oposición al gobierno, Claudio X González, elaboró un tuit en donde dice tomar nota de todos aquellos que, por acción u omisión, alentaron las acciones y hechos del actual gobierno y lastimaron a México y agrega que no se olvida a los que alentaron el autoritarismo populista. Sólo imaginemos cuando recuperen el gobierno lo que puede suceder. En el mismo sentido un sector del PAN, herederos del Yunque y de la guerra Cristera, establecieron alianzas con la española Vox descendiente del franquismo, quienes se auto postulan como contrarios al Foro de San Pablo, del comunismo y buscan no sólo alternativas electorales, sino generacionales. El ascenso de las derechas y ultraderechas que ganan espacios en Europa, los Estados Unidos, América Latina y México, es ya un rasgo distintivo del mundo actual.

Estos grupos supieron disfrazar su parte mas violenta, cambiando de imagen al abanderar la defensa de los sectores populares y de un ideal de nación, pero no pudieron hacer a un lado de su perfil autoritario al ver al otro como el causante de la crisis económica y social. Consideran al indígena, al inmigrante, al pobre como menores de edad y critican a los luchadores por la igualdad de género, a las feministas, a los pro aborto, a los matrimonios homosexuales y a la pluralidad sexual. Con la utilización intensiva de los medios tradicionales y electrónicos y de campañas publicitarias, han podido diluir su lenguaje, sin embargo, ante el empuje del proyecto de AMLO han tenido que plantearse la necesidad de quitarse las mascarillas y salir abiertamente sin ocultar sus posiciones autoritarias. Tradicionalmente, para el fascismo los enemigos identificados eran el comunismo y el movimiento obrero. Hoy, estos no han sido reemplazados, pero si complementados por la amenaza progresista morenista-populista encabezada por AMLO.

Ahora bien, Enzo Traverso uno de los principales historiadores del fenómeno se pregunta si tiene sentido hablar de fascismo en el siglo XXI. En uno de sus tantos libros “Las nuevas caras del fascismo” asegura que en realidad hay un post-fascismo, donde la derechas y ultraderechas tienden a desafiar a los poderes establecidos de una manera diferente al fascismo histórico, por tanto, este concepto resulta inapropiado para comprender la realidad actual. En el mundo entreguerras hubo un ascenso de las derechas que obedeció la ausencia de un orden internacional y a oleadas de crisis económicas que alimentó el racismo, la xenofobia y la demanda de poderes autoritarios. De igual manera, después del colapso del comunismo y de la adopción del neoliberalismo por los partidos y los sindicatos, los movimientos de derecha se convirtieron en una fuerza influyente. Hoy en día, se articulan con el fin de la guerra fría y del mundo unipolar y con la frustración individual o social. En pocas palabras, el post-fascismo es la articulación del fascismo histórico con la crisis de hegemonía del neoliberalismo.

Traverso piensa el post-fascismo desde la perspectiva europea que ve al trumpismo en EE.UU. o a gobiernos europeos donde la ultraderecha tomó el poder o como el caso de Bolsonaro en Brasil. En esa perspectiva, considera que una de las causas de su avance se debe al retiro de la izquierda que se inclinó hacia el neoliberalismo o por la ausencia de propuestas. Traverso coincide con varios analistas en el sentido de que los diferentes fenómenos mundiales tienen como tendencia general desafiar a los poderes neoliberales establecidos y, por tanto, a la globalización. Es claro que esta visión no alcanza para entender el caso mexicano, pues, aunque a algunos no les guste o no coincidan, la izquierda tomó el gobierno en México, por tanto, el objetivo de la derecha es sacarlo del poder, como fue el caso del empresario Gilberto Lozano de FRENA, la marcha del 5 de mayo de 2019 con las firmas de Fox y Calderón o la campaña de las elecciones del 2021. A esto en Argentina lo han llamado la “lógica destituyente” y en México la marcha del 2019 fue calificada como “la marcha de la destitución presidencial”.

Por ello, es conveniente buscar otra visión. Alain Badiou, el filósofo francés, se pregunta cómo es posible que sucedan este tipo de cosas en el mundo de hoy, a lo que responde con una frase lapidaria, por el ascenso y victoria del capitalismo global. Durante siglos la humanidad tuvo dos alternativas, uno, el camino del liberalismo con la propiedad privada como eje de la organización social y su consecuente desigualdad. Por otro lado, el camino del socialismo, del comunismo, con la finalidad de acabar con las desigualdades humanas. Después de los años 80 esta dualidad por la cual había que optar desapareció ante la posición política encabezada por los EE.UU. y Gran Bretaña de no considerar otra opción más que la del liberalismo, ahora llamado neoliberalismo. No hay alternativa nos dijo Margaret Thatcher y se impuso a la humanidad el que no hay otro camino para los seres humanos. Para Alain Badiou es una convicción primitiva el pensar que el capitalismo globalizado y sus desigualdades es el único camino para la humanidad. Además, el predominio del sector financiero en el neoliberalismo, está llevando a una pérdida progresiva de su control, lo que está originando un nuevo fascismo que llama democrático porque está dentro de la constitución democrática pero que no podemos dejar de llamarlo fascismo. Esto se debe, según Badiou, a cuatro puntos: la dominación estratégica y general del capitalismo globalizado, la descomposición de la oligarquía política clásica, la desorientación y frustración popular, y la falta de otro camino estratégico.

El presidente López Obrador en la búsqueda del otro camino, ha dedicado mucho tiempo para golpetear a la ultra derecha y sus expresiones partidistas y burguesas llamándolos conservadores, una expresión que considera más accesible para todos. Ha dedicado tiempo porque hay que tomarlos en cuenta, ya que no es sólo un movimiento nacional mexicano o está limitado a algunos países. El fenómeno actual solo se comprende porque es global. Bien podemos hablar de que hay una red global de ultraderechas todavía no  homogénea, pero que está bien armada con centros de pensamiento, financiamiento amplio, asociaciones, universidades, medios de comunicación, publicaciones y que comparten experiencias —en ese contexto habrá que entender la diatriba del presidente contra la UNAM, donde le censura su inclinación neoliberal.  Como se vio el partido Vox español y cuatro partidos de ultraderecha europea están adoctrinando mexicanos y junto con el Proyect Veritas de EE.UU. están interesados en consolidar su red internacional en México y América Latina. Además, el post-fascismo, con el apoyo de las embajadas de EE.UU. y la CIA, se está organizando en América Latina para impedir la consolidación de movimientos y gobiernos progresistas. Parece que son por la principal preocupación por ahora el proyecto del presidente López Obrador, la reelección del presidente Bolsonaro en Brasil y el apoyo al derechista José Antonio Kast en Chile.

La experiencia latinoamericana después de  la derrota del progresismo nos enseña que el post-fascismo extrae su vitalidad de la crisis económica, de la inseguridad que trajo la pandemia del Covid-19, del aumento de las desigualdades, del agotamiento de los partidos y sindicatos que ha propiciado el retiro de las urnas de gran parte de la sociedad. Por ello, vemos a los diferentes medios de comunicación mexicanos, prensa, radio, televisión y redes sociales que buscan incentivar esta desesperanza, alimentando el sueño con volver a la seguridad de un tiempo perdido que recuerdan mejor. Sin embargo, lejos de presentarse como revolucionarios lo hacen con mensajes conservadores y reaccionarios. Hay que reconocer que son eficaces en el uso de los medios y técnicas de comunicación. En ese sentido hay que recordar a Wilhelm Reich que aseguró que el fascismo es en realidad un movimiento de la clase media. Esta clase fue la que emergió en las votaciones de la CDMX gracias al buen uso de los medios para crear frustración, asustando con el fantasma del populismo y su mal gobierno.

Esta política de activar los sectores medios a su favor responde a la coyuntura actual del capital centralizado y globalizado, para desplazar a todos aquellos que bloquean su expansión. Walter Benjamin nos decía que si observamos la tradición de los oprimidos aprendemos que el estado de excepción en que nos mantiene el capital es la regla. Foucault nos habla del deseo de las masas, el cual el capital ha sabido movilizar y utilizar logrando que interioricemos el desear a quienes nos dominan y explotan. Pero llega un momento en que esto entra en crisis porque están empeñados en que sólo el pensamiento neoliberal es el bueno, en que la democracia real es la que ellos practican entre sus iguales y la del otro, la del desposeído, la de los desiguales no existe y cuando éstos alzan la voz, aunque sea ejerciendo el voto, no dudan en sacar su perfil autoritario en defensa de la clase dominante.

Ante la derrota del 2018 la derecha y la ultraderecha se han tenido que refugiar en las redes de la sociedad civil que crearon y fortalecieron durante varios años, estas son, las clases medias ilustradas, particularmente Asociaciones civiles, académicas y Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) de inclinación neoliberal, los Organismos Constitucionales Autónomos (OCA´s), —todos vinculados al poder político y económico— la politización de la justicia y claro está en sus medios de comunicación afines, que son muchos. Pero no se han quedado ahí, pues Vamos con México, han convertido al PRI, PRD y PAN en su brazo político, portavoces,   articuladores de la critica a López Obrador y defensores del neoliberalismo. Un caso relevante es que el IMCO se convirtió en la cabeza del periódico Reforma para usarlo como punto de ataque para la destitución presidencial. Es el único camino que les queda, que no es poco, para recuperar el gobierno y recobrar el poder que antes habían tenido hasta antes del 2018. 

Así pues, el post-fascismo democrático mexicano desprecia la diversidad, los derechos de las mayorías, la cultura popular y no tienen empatía con los débiles y deamparados. Tambien se alimentan de la frustación de las clases medias que caen en sus estándares de vida, pero más que nada busca sacar a un gobierno que va en sentido contario de sus intereses económiocos y políticos. Hoy la oposición a López Obrador es un fenómeno heterogéneo, sin embargo sería ingenuo pensar que no existe o que no está buscando organizarse para hacer una mayoría electoral para volver a ganar el gobierno del Estado, recobrar su dominio clasista e influir en el diseño de políticas públicas para la conservación de sus privilegios, la maximización de ganancias, la propagación de su ideología y mantenerse dentro de la estrategia del capitalismo globalizado como único camino sin importar las desigualdades.  

Salirse de la determinación global y de su dependencia no es fácil para un presidente que solo ganó el gobierno y no el poder, pero tenemos que  ponerle un alto a la globalización neoliberal porque está lejos de proporcionar la prosperidad prometida. La gobernanza global está en crisis porque la oligarquía política de hoy en el mundo occidental está perdiendo progresivamente el control de la maquinaria capitalista y no hay fuerzas potencialmente estabilizadoras. El capitalismo sin oponentes como lo ha logrado el neoliberalismo, se hecho más capitalista de lo que le conviene. Gestionar un capitalismo más liberal con el Estado a su servicio y sin cambiar las grandes desigualdades existentes como pretenden las derechas radicales en México, no es el camino que debemos seguir, pero debemos construir un camino estratégico que evite el fortalecimiento de la ultra-derecha.

Eduardo Torres Arroyo – @etarroyo

Y Mucha información, poca comprensión: un nuevo tipo de analfabetismo

Nicholas Carr, uno de los autores más críticos sobre el efecto de Internet en nuestra mente, plantea en una entrevista reciente en el diario español El País, que cuando nos conectamos “intercambiamos profundidad por amplitud, contemplación por estimulación”, creando desbalances y sesgos en la información que procesamos, con repercusiones individuales y colectivas importantes.

Las redes sociales responden a un diseño industrial de manejo de la información, que privilegia la cantidad y la velocidad de “transmisión” de esta, por sobre la calidad, diseño que se alinea a los principios de eficiencia del cerebro. No obstante, estas no son las condiciones que el cerebro requiere para procesar los fragmentos de información que recoge y convertirlos en conocimiento, estimulando un pensamiento profundo y crítico. La evidencia es abundante: la forma en que navegamos por las redes fomenta un pensamiento superficial, y no promueve el pensamiento conceptual. Paradójicamente, los medios digitales, fuentes vastas de información, no nos están ayudando a conocer más o mejor.

Recordemos que las redes sociales fueron creadas para conversaciones superficiales, sin embargo, hoy, por una mezcla de “pereza personal y manipulación empresarial”, se han convertido en el espacio para el debate público de todos los temas, sustanciales o banales. Políticos, agencias publicitarias (incluyendo las redes), y cualquier grupo interesado en promover su agenda particular, aprovechan este diseño para exaltar “la emoción sobre la razón y el pensamiento grupal por encima del crítico” (de nuevo Carr). Así, las redes actualmente son un fecundo (y barato) medio de propaganda y desinformación.

Las tecnologías no tienen vuelta atrás en la sociedad, y sin duda han demostrado su enorme potencial, pero es fundamental entender a qué nos enfrentamos, para orientar el uso adecuado de estas poderosas herramientas. La gente más joven es especialmente vulnerable pues aún no ha terminado de desarrollar su pensamiento crítico y las herramientas de la lógica para discernir. Incluso la población adulta debe ser guiada hacia un uso de las tecnologías que estimule la construcción de conocimiento y disminuya el riesgo de manipulación.

CON INFORMACIÓN{ON VÍA EL FINANCIERO EN COSTA RICA

ENTREVISTA_ Regular a las tecnológicas tiene el riesgo de dar al Estado un poder de vigilancia total. Entrevista con Shoshana Zuboff

La profesora Shoshana Zuboff se convirtió en una estrella mundial tras la publicación de su libro La era del capitalismo de la vigilancia, en el que documenta en un volumen de casi 1,000 páginas los procesos económicos, políticos y sociales que propiciaron un nuevo modelo del capitalismo especializado en la extracción de datos personales para su análisis, explotación y reventa como soluciones de predicción y manipulación del comportamiento humano. Suena increíble, pero es algo que puede constatarse cotidianamente con el uso de nuestros aparatos y sus aplicaciones de software conectadas a internet y en escándalos recientes como el de Cambridge Analytica, que moldeó las percepciones del electorado a favor de Donald Trump.

Para Shoshana Zuboff, egresada de Filosofía de la Universidad de Chicago y doctora en Psicología Social por la Universidad de Harvard, es indispensable regular a las compañías tecnológicas para entregar el poder a los ciudadanos y fortalecer el derecho a saber y a decidir qué se sabe de cada quien. Esta idea del derecho a saber y a decidir la información que se comparte de uno mismo es la base conceptual de la privacidad, completamente pulverizada por las tecnologías de vigilancia desarrolladas por las compañías tecnológicas y disfrazadas como servicios de nueva generación para la economía digital.

Zuboff es autora de In the Age of the Smart Machine (1988), Master Or Slave? The Fight for the Soul of Our Information Civilization (2017) y La era del capitalismo de la vigilancia, publicado originalmente en inglés en 2019 y en español en octubre de 2020 por la editorial Paidós. Esta es la transcripción de una extensa entrevista con Zuboff realizada vía telefónica a mediados de junio. 

—Usted coloca en un lado a las Big Tech y en otro lado a los sistemas democráticos y sus instituciones, como si se trataran de cosas separadas, ¿pero sí son cosas separadas?

—Lo que ha ocurrido con el capitalismo de la vigilancia es que comenzó como innovación y se aprovechó de una historia putativa en Estados Unidos donde hay una mínima regulación sobre las actividades de negocios. Nadie había entendido realmente que lo que estas compañías habían descubierto para salir de la crisis de la burbuja de las punto com es hacer lo que siempre ha hecho el capitalismo: encontrar cosas que estén fuera de las dinámicas del mercado y convertirlas en materias primas (commodities) que puedan ser comercializadas. Aquí lo que encontraron y mercantilizan es la experiencia humana, que siempre había sido considerada privada.

Las compañías de internet descubrieron que de una forma secreta podían acceder a la experiencia privada, convertirla en datos para después reclamar que ellos eran los dueños de esos datos y que podían utilizar su poder de cómputo para convertir esos datos en predicciones de comportamiento. En estas predicciones encontraron un gran mercado. Ese es su negocio. Lo que nadie entendía es la lógica económica que está haciendo al comportamiento humano más predecible. Si vendes predicciones quieres que esas predicciones sean buenas. Entre mejor sea la predicción mayor ingresos generará, entonces tienes que encontrar formas para utilizar los datos para moldear el comportamiento humano y hacerlo más predecible.

Es una lógica económica en todos los dominios: en el trabajo, en la sociedad, en tu auto, en tu hogar, en tu ciudad… estamos contigo cuando caminas por la calle, cuando estás en el café, cuando vas al doctor, estamos contigo en todos lados. Cuando tienes todo bajo esta lógica y cuando la materia prima para esa lógica económica está teniendo una experiencia humana, esos dos hechos producen operaciones económicas que socavan las libertades individuales, la autodeterminación, la agencia. Producen condiciones institucionalizadas que son fundamentalmente antidemocráticas, con grandes concentraciones de información y poder que definen a estas compañías y crean un nuevo eje de desigualdad social, definido en lo que sabes de mí y lo que puedes saber de mí. Y por esta razón se han convertido en adversarios entre esta lógica económica y la propia democracia.

—¿El capitalismo de la vigilancia es una consecuencia del neoliberalismo o es otra cosa?

—El neoliberalismo fue una condicionante que permitió que esta lógica económica emergiera y floreciera. A finales de los años noventa, la FTC (Federal Trade Commision, por su sigla en inglés) fue —y todavía lo es, desafortunadamente— la comisión que más se alineó con la responsabilidad sobre lo qué hacen las compañías de internet y ese es un problema, porque tener a la FTC supervisando esta área es como tener al Departamento de Agricultura supervisando a la acerera US Steel en el siglo XX. Necesitamos instituciones dirigidas para estas nuevas condiciones.

A finales de los años noventa la mayoría de los comisionados de la FTC ya entendían que las incipientes compañías de internet no iban a poder autorregularse cuando se tratara de la privacidad. Los comisionados ya entendían eso, porque la manera en que estas compañías comenzaron fue gracias al impulso de mecanismos como las cookies. Incluso en los noventa ya se hablaba de las cookies de rastreo, rastreo ocular, monitoreo, medición, la cuota de bolsillo y todos estos siniestros conceptos que surgieron del antagonismo de las grandes corporaciones de negocios, que se trasladaron simple y rápidamente hacia el ecosistema de las startups.

La FTC se dio cuenta de que a pesar de nuestro respeto por la autorregulación, en el caso de las tecnológicas no iba a funcionar y eso era evidente. En el 2000 y el 2001 se discutía una propuesta de ley para la FTC en el Capitolio, que se tornaba hacia el internet y las nuevas compañías tecnológicas. El primer tema a discusión era la privacidad, sobre si se necesitaba una ley o si se podía confiar en las compañías.

Todo eso cambió el 11 de septiembre del 2001, tras la tragedia de los ataques terroristas en la ciudad de Nueva York y otras partes de Estados Unidos. Los testigos en el Congreso dicen que en 24 horas toda la conversación cambió. Y ahí fue cuando la conversación giró de la idea de que “Internet es igual al debate sobre la privacidad” a “Internet es igual a la conciencia total de la información (total information awareness)”.

[Total Information Awareness fue el nombre de un programa de vigilancia predictiva iniciado en 2003 en Estados Unidos, sustentado en ciencias matemáticas y de computación, para combatir el terrorismo y prevenir conductas criminales].

De repente todo el mundo veía las nacientes capacidades de vigilancia de Google y de las otras compañías, y las cookies, los web bugs y el tracking eran los salvadores y parecía que serían los que nos protegerían de este vasto mundo de amenazas.

El neoliberalismo provocó un ambiente que asentó las condiciones económicas, sociales y legales para que el capitalismo de vigilancia pudiera gestarse y desarrollarse; la guerra contra el terrorismo cimentó estas condiciones y proporcionó un argumento urgente de por qué deberíamos de pintar una línea sobre estas compañías y protegerlas de la regulación.

En Estados Unidos, por mucho que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y otras agencias de inteligencia puedan vigilar a los ciudadanos, estas entidades públicas siguen operando bajo la ley y los lineamientos de la Constitución estadounidense. Hay cosas que no pueden hacer y que sólo las pueden hacer las tecnológicas. Entonces la idea fue crear una especie de simbiosis y de complementariedad donde le permites a las compañías desarrollar las capacidades de vigilancia, les permites que agreguen y analicen toda la data generada por humanos, y nosotros sabemos que cuando la necesitemos esa tecnología de vigilancia estará ahí para poder aprovecharla.

—Usted ha llamado a los legisladores de Estados Unidos a contener el poder de las Big Tech. ¿Qué debe incluir una eventual regulación? ¿Qué reformas son necesarias?

—Necesitamos leyes centradas en la extracción y en el derecho a saber que mi experiencia me pertenece, que ese es un nuevo derecho que yo denomino, derechos centrados en la ética. La nueva lucha en nuestras sociedades, a medida que nos movemos a una civilización de la información, comienza con esta lucha sobre el derecho a saber.

Previo al internet y el capitalismo de vigilancia, asumimos que los individuos teníamos el derecho a saber y yo decido qué clase de mi experiencia es compartida, con quién la comparto, con qué propósito y también qué es lo que queda en privado.

Necesitaremos leyes que ataquen todas estas piezas ilegítimas de extracción y lo importante es que una vez que tengamos eso ya no estaremos atrapados en un mundo donde toda la información pertenece a los capitalistas de la vigilancia.

La información no está siendo usada por la sociedad, no la estamos utilizando como individuos, no está siendo usada para mejorar nuestras ciudades en las formas en que las queremos, no está siendo utilizada para mejorar mi vida como quiero. La información está siendo utilizada para alcanzar los objetivos económicos de estas compañías. Esto es una locura. El capitalismo de la vigilancia posee toda la información, que se suponía que era toda la data que iba a democratizar el conocimiento y llevarnos a una era dorada en el siglo digital. Pero en lugar de lograr eso está haciendo lo contrario.

Así que ir tras la extracción es algo bueno, porque eso libera todo el panorama para todo tipo de innovaciones que producen información en una verdadera asociación con las personas para hacer mejor la vida de las personas. Como se suponía que era de lo que se trataba.

Tenemos una situación muy peligrosa donde algunos de los mercados más lucrativos en nuestras economías hoy en día son mercados que comercian con las predicciones de nuestros comportamientos. Tienes a Google, una compañía con un valor de capitalización de casi un trillón de dólares, y Facebook, moviéndose con mucha velocidad por detrás.

También a Microsoft, Amazon y hasta Apple. Una gran parte de los ingresos de Apple provienen de sus aplicaciones, su tienda de aplicaciones y otros servicios, muchos de los cuales son completamente dependientes y beneficiarios del capitalismo de la vigilancia porque casi todas las aplicaciones están diseñadas para que secretamente puedan recolectar la mayor cantidad de datos posible.

Sabemos que el mercado de características humanas produce consecuencias antidemocráticas, sabemos que la extracción al por mayor de data generada por humanos casi ha destruido completamente la privacidad. Para este punto la palabra privacidad, en el año 2021, ha perdido todo su significado y si somos realmente honestos ya hemos perdido esa batalla. Las tecnológicas pueden rastrear, descifrar e inferir todo de manera ilegítima. Así que en eso se debería enfocar la ley. 

—¿Qué reformas sugiere para los países con menor poder y menos capacidad estatal para controlar a las Big Tech, como México?

—Entendiendo el poder y el balance, cualquier país de forma individual puede imponer la ley sobre el poder que tienen estas compañías, que, aunque tienen un impacto global, son compañías estadounidenses. Veámoslo desde la escala geopolítica, todo lo que te he descrito no sólo es un fracaso de la democracia estadounidense o un fracaso de la ley mexicana, este es un fracaso de toda la democracia liberal en conjunto.

México enfrenta los mismos retos que he estado describiendo y hay que reconocer que México tendrá que desarrollar instituciones especializadas para el siglo digital. El reto será asegurar que esas nuevas leyes e instituciones se impulsen dentro del prospecto democrático del país, porque la reacción inmediata consiste en imponer un control sobre el sector tecnológico de forma que se le concede mucho poder al Estado.

El tema complicado aquí es que lo que no queremos es crear leyes que frenen y restrinjan a la sociedad de la vigilancia privada sólo para empoderar al Estado a que florezca como una sociedad de vigilancia pública.

No podemos darle al Estado el control sobre la información al igual que tampoco podemos cederle dicho control a las compañías de tecnologías de la información. Por eso es que me escuchas hablar sobre instituciones, no estoy hablando sobre la solución. El punto es que la solución no es quitarles el poder a las compañías para dárselo al Estado. La solución está en crear instituciones que operen bajo el margen de la ley, que promuevan los valores democráticos y que estas instituciones permanezcan sin importar al presidente en turno o las ideologías.

CON INFORMACIÓN VÍA EL ECONOMISTA

Los servicios de nube: la piedra angular para las empresas del futuro

Cuando hablamos de la tecnología que representan un parteaguas para los siguientes años, los servicios de nube no pueden faltar. Sin embargo, vale la pena definir a qué nos referimos cuando hablamos sobre la nube, específicamente la nube pública. En pocas palabras, la nube pública son todos los recursos virtuales y servicios informáticos que ofrecen proveedores externos a través de internet. Sí, esto significa que están disponibles para cualquiera que requiera utilizarlos o hasta comprarlos.
 
Entonces, cuando una organización decide migrar a la nube pública, significa trasladar todos los activos digitales, cargas de trabajo, datos y apps a un espacio en el que varias empresas comparten la infraestructura, la cual pertenece a un proveedor de servicio, el cual también la gestiona. Esto le permite al proveedor del servicio escalar recursos fácilmente para satisfacer la demanda y pagar por el uso, lo cual representa para las empresas la mejor oportunidad para maximizar el ahorro en los costos. Piénselo así, es permitir que sus servicios y procesos fluyan con las mejores soluciones y herramientas disponibles y sin recurrir a un gasto extra en almacenamiento.

 
¿Cuáles son algunas de las ventajas? Esta solución se implementa con gran rapidez, con una escalabilidad (su capacidad de adaptarse y crecer continuamente) casi ilimitada, implica una flexibilidad personalizable para cada empresa, un fácil acceso desde cualquier lugar con internet y reduce la latencia, es decir, el tiempo que tarda la transmisión de datos por la red. Implementada por el proveedor correcto, la nube pública no representa riesgo en temas de seguridad y los niveles de privacidad, transparencia y confianza puede ser incluso más alto que otras soluciones.
 

De acuerdo con la firma Gartner, se estima que este año la inversión mundial en la nube pública alcanzará los 332,000 millones de dólares este año, esto equivale a un crecimiento anual del 23 por ciento. Asimismo, la firma estima que para 2024, el gasto en nube representará más de 14 por ciento de todas las TI. Asimismo, de acuerdo con la práctica de Ingeniería en la Nube de Deloitte México, en 2020 se llevaron a cabo más del 50 por ciento del total de aplicaciones que migraron de centros de datos a la nube pública. La misma consultora prevé que los servicios de nube representarán más de 40 por ciento del presupuesto que destinen las empresas a las TIC.
 
En KIO Networks estamos convencidos de que el futuro está en la nube. Por eso ofrecemos servicios de consultoría especializados a empresas de todos los tamaños y sectores, desde la manufactura, automotriz y consumo, hasta las Fintech, para que además de tener una migración exitosa a la nube, se generen los escenarios de recuperación, almacenamiento distribuido y maneras más eficientes de operar. Esto con el objetivo de que más colaboradores se puedan dedicar a operar temas del negocio y generar mucho más valor.
 

Sabemos que otras empresas ya pueden apoyar en la migración de cargas de trabajo a la nube, sin embargo, en KIO proporcionamos un ambiente de conexiones directas a la nube, obteniendo los mejores beneficios en temas de latencia, eficiencia y rentabilidad.

 
La tendencia mundial es clara, tomemos la oportunidad que nos ofrece la nube para abrir nuevos caminos de crecimiento y eficiencia en las organizaciones y también de formar profesionales cada vez más especializados en tareas y retos en los que la mente humana es la única capaz de resolver.

CON INFORMACIÓN VÍA EL UNIVERSAL

PERSPECTIVAS_ Más empleos formales, menos ingreso reales

Mientras continúa la tendencia optimista en torno al crecimiento de la economía mexicana en 2021 luego de la caída profunda de 2020, en el mes de mayo se dieron dos datos que representan una metáfora de lo que pasa con el trabajo. Por un lado, en mayo se recuperaron 38 mil 961 empleos formales, lo que representa la cifra más importante para dicho mes en los últimos siete años, según los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En el mismo mes, se dio un retroceso real de 1.45 por ciento en el salario de los trabajadores, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En 2020 se perdieron -debido a la pandemia- cerca de 2 millones de empleos, entre formales e informales. Esto profundizó la crisis de un segmento de la población acostumbrado a vivir en las penurias desde la pobreza, la misma que alcanza a más de la mitad de la población mexicana, en distintos grados que van desde la carencia moderada hasta la imposibilidad de alimentarse mínimamente bien. Cuando se inicia la recuperación económica, que tiene como principal viento a favor el impulso de Estados Unidos y su creciente demanda de productos, los números grandes se muestran muy alentadores en cuanto a producción de riqueza pero no dan muchas certezas en cuanto a la distribución.

Si pensamos el empleo en el contexto del repunte, los datos de la recuperación de puestos de trabajo que se dan al mismo tiempo que el retroceso real del salario nos pintan un problema conocido: la generación de puestos en cantidad permite que muchas personas vuelvan al trabajo pero la falta de calidad de los empleos hace que los ingresos sean insuficientes para atender las necesidades de las personas. Y aunque se trata de números del mes de mayo que sólo representan a los indicadores de dicho mes, en un sentido más amplio parecen una pintura de un mercado laboral que crece en ocupaciones pero no mejora en la misma medida en cuanto a los salarios, el poder adquisitivo y la posibilidad real de que los trabajadores mejoren sus condiciones de vida a partir de lo que perciben.

Mientras que entre noviembre de 2018 y marzo de 2021 hubo una mejora continua del poder adquisitivo de los trabajadores -porque los salarios se incrementaron más que los precios-, durante la pandemia no sólo se perdieron e inactivaron millones de empleos, sino que la precariedad se profundizó, lo que significa que las ocupaciones se volvieron más inestables, más inciertas, con ingresos menos previsibles y todavía lejos de las prestaciones. Y como prueba de esta lucha entre mejorías y retrocesos en el empleo, ahí está la pobreza que alcanza a millones de trabajadores que por más que se esfuercen siguen viviendo con limitaciones.

El reto de fondo en el mercado de trabajo es mejorar la calidad del empleo a un punto tal que los ingresos de los trabajadores les permitan bienestar, seguridad y certeza. Y esto se notará cuando disminuyan la pobreza y la desigualdad. Y cuando el trabajo y los buenos salarios dejen de estar divorciados.

CON INFORMACIÓN VÍA MILENIO

PERSPECTIVA_ «Mactumactzá: el renacer del cerro de las once estrellas»

Cuatro veces las autoridades han cerrado la Escuela Normal Rural de Mactumactzá (en Chiapas) y cuatro veces ha renacido. Así sucedió en 1935, 1942, 1946 y 2003. La tenacidad y la lucha de sus alumnos y egresados, y de las comunidades de las que provienen, la hicieron retoñar.

Lo que hoy es Mactumactzá (el cerro de las once estrellas, en lengua zoque), comenzó a funcionar con el nombre de Escuela Normal Rural de Cerro Hueco, el 24 febrero de 1931, en un terreno donado por el gobierno de Raymundo E. Enríquez. Carente de infraestructura y mobiliario, con aulas de adobe y palma, se equipó con el trabajo voluntario de los estudiantes y las donaciones en especie de los campesinos. Funcionó hasta 1935.

En 1936, las autoridades la cerraron y, en su lugar, en la finca La Chacona, instalaron una Escuela Regional Campesina, que funcionó muy precariamente. No les duró mucho el gusto. En 1941, la SEP la transformó en Escuela Práctica de Agricultura. Sus alumnos emigraron a otras instituciones. Durante seis años impartió enseñanza técnica a los campesinos, quienes, al egresar, podían ejercer como maestros y titularse en otra normal.

Como a las autoridades les incomodaba profundamente el compromiso social de los alumnos, en 1945 se suprimió el primer año, con el argumento de que no había presupuesto. Un año más tarde, su suerte estaba echada. Los estudiantes fueron trasladados a otras instituciones. El gobierno anunció que, en su lugar, se instalaría un laboratorio de inseminación artificial para mejora del ganado. El edificio quedó abandonado.

Diez años más tarde, se impuso la imperiosa necesidad de formar maestros en una entidad que carecía de ellos, y la escuela renació como Escuela Normal Rural Mactumactzá (ENRM). En abril de 1956, abrió sus puertas como internado para hombres, con grandes limitaciones financieras y materiales.

En 1970, muchos egresados de la normal participaron activamente en las luchas campesinas e indígenas (y hasta en las obreras) que irrumpieron en Chiapas en esa década. Se convirtieron en intelectuales orgánicos del mundo rural. Su participación en tomas de tierras, organización de cooperativas de producción y consumo, protestas por servicios y para incrementar precios de garantía, fue fundamental. En 1979, los maestros del estado organizaron grandes paros para aumentar su salario y democratizar el SNTE. El equipo dirigente de ese movimiento se había formado políticamente en Mactumactzá, y en las Escuelas Técnicas Agropecuarias. En diciembre de ese año, fundaron, junto a las disidencias democráticas de todo el país, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Esa centralidad organizativa de los egresados de la normal en las luchas populares en Chiapas ha disminuido conforme las organizaciones campesinas e indígenas han forjado liderazgos no vinculados al magisterio. Sin embargo, sigue siendo relevante. En el comité ejecutivo de la sección 7, integrado por 155 maestros, 34 son egresados de ­Mactumactzá.

Un momento clave en la historia de la normal fue su confrontación con el gobierno de Pablo Salazar. Su administración recibió un préstamo del Banco Mundial por 40 millones de dólares. Entre las “sugerencias” que el organismo multilateral hizo estaba el cancelar las plazas automáticas a los egresados de la ENRM.

El conflicto se intensificó. Las autoridades reprimieron salvajemente a estudiantes y trabajadores y los encarcelaron. Pablo Salazar se propuso cerrar la escuela y crear en su lugar un instituto politécnico. “Sin esa normal, miles de campesinos ya no tendrán siquiera la aspiración de llegar a ser maestros profesionales”, le expresó a Blanche Pietrich, el dirigente de la sección 7, Fortino Vázquez (https://bit.ly/3fa2Q3f).

El desenlace representó un golpe muy duro para el normalismo. Se cerró el sistema de internado; más de la mitad de las 560 matrículas que tenían se redujeron. La persecución política en su contra fue inclemente.

Pese a ello, Mactumactzá sobrevivió y poco a poco comenzó a recuperarse del descalabro. La matrícula fue creciendo, se construyeron dormitorios y el equipamiento mejoró.

Sin embargo, el fantasma de su desaparición ronda la escuela. Durante la administración del morenista Rutilio Escandón se ha utilizado, una y otra vez, de manera bestial la fuerza pública contra los normalistas. La detención de casi 100 estudiantes, la mayoría muchachas, y la agresión sexual de la que fueron víctimas apenas la semana pasada muestra cuánto incomoda la normal al gobernador.

La magnitud de la represión contrasta con las demandas estudiantiles. Los jóvenes exigen que se haga pública la convocatoria para nuevos ingresos a la escuela y que el examen de admisión sea presencial y escrito en un cuadernillo. Las autoridades, en cambio, están empecinadas en que sea en línea.

La ENRM es una escuela de pobres para pobres. Obligar a presentar un examen de admisión en computadora a un hijo de campesinos que no ha tenido acceso a una y que en su comunidad no hay servicio de Internet significa dejarlo fuera de la escuela. Nunca podrá competir así por un lugar para estudiar, con quienes, por vivir en las ciudades o tener más recursos económicos, están familiarizados con el uso de medios digitales.

La sospecha de que el gobierno quiere clausurar la escuela o, al menos, modificar la composición social de sus estudiantes, tiene bases firmes. Pero quienes acarician la fantasía de golpear a Mactumactzá olvidan que, las cuatro veces que han querido cerrarla, el cerro de las once estrellas ha renacido. Ésta, no será la excepción. Los jóvenes sueñan con ser maestros de los pobres. No van a renunciar a ello. De paso, han advertido que serán la pesadilla de quienes quieran arrebatarles sus sueños.

CON INFORMACIÓN DE LA JORNADA

A falta de digitalización nos quedo la desigualdad_ Israel Quiñones

El sureste mexicano se ha distinguido siempre por ser el territorio olvidado del país. Generalmente el desarrollo tarda más en llegar a estas tierras con una mayoría de población indígena y de bajos recursos, por lo que la lógica del mercado no contempla su de inmediato su inserción al desarrollo tecnológico, económico y laboral, siempre son dejados hasta el final o simplemente, estos estados (Guerrero, Chiapas, Tabasco, Oaxaca) no son contemplados en los planes importantes en materia de infraestructura, empleo y mucho menos tecnológicos.

EL sábado 15 de mayo en el estado de Chiapas, un grupo de jóvenes estudiantes de la Normal Rural de Mactzumactzá, salieron a protestar tomando casetas de cobro en la carretera que conduce a la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez. La razón de esta movilización era que los estudiantes solicitaban la realización de exámenes de admisión a la normal de forma precencial, puesto que, las autoridades educativas estatales habían hecho la convocatoria vía digital; sin embargo, los estudiantes ya habían hecho del conocimiento de la autoridad que la vía digital era excluyente, pues la mayoría de los aspirantes a ingresar a esta normal rural no cuenta con conexión a internet, mucho menos con los dispositivos tecnológicos necesario para realizar dicho examen.

El resultado de estas protestas fue la detención arbitraria de 95 jóvenes, de los cuales, 74 eran mujeres, mismas que han realizado denuncias por abuso sexual y vejaciones propias de una fuerza policiaca autoritaria y sin la capacitación suficiente… Simplemente, este tema se convirtió en una violación flagrante a los derechos humanos de los muchachos que simplemente piden una educación digna y oportunidades para servir a la nación por medio de la enseñanza.

Los derechos fundamentales y humanos de los jóvenes no solamente se violaron con una represión policiaca excesiva, fueron violados desde antes con el hecho de no contar con un acceso a las tecnologías de la información y la comunicación tal y como lo marca el artículo sexto de nuestra carta magna, pero una regulación intrusiva, confiscatoria y en favor de las transnacionales y las televisoras ha provocado la desinversión en los lugares donde la digitalización y el acceso a una conectividad digna transformarían la realidad de millones de jóvenes mexicanos.

Con un entorno económico adverso y postcovid, la inversión en el sector de las telecomunicaciones sería un factor determinante, sobre todo en zonas geográficas como Chiapas, Guerrero y Oaxaca donde la conectividad es paupérrima y muy limitada a los pocos centros urbanos y turísticos de estos estados, dejando a la mayor parte de estos territorios desconectados del desarrollo digital y dejando a la población en una especie de impasse tecnológico, aumentando la brecha de desigualdad.

Si realmente la reforma en telecomunicaciones y radiodifusión del 2013 impulsada por el “Pacto por México” hubiera funcionado, los jóvenes chiapanecos no hubiesen tenido la necesidad de protestar por exámenes presenciales, no hubiese existido represión, no estaríamos en medio de este embrollo creado por darle la razón al mercado neoliberal y se estaría pensando o ejecutando una agenda digital con perspectiva social y de desarrollo sustentable de la digitalización nacional.

Con un mercado deprimido y una regulación que no contempla mayor alternativa que las perspectivas de los operadores, es imposible que se pueda contemplar una sociedad digital, mucho menos en la implementación de nuevas tecnologías como el 5G si ni siquiera tenemos conectadas poblaciones que necesitan de una transformación de fondo. El tema de la normal rural de Mactzumactzá, nos muestra la terrible realidad de la falta de cumplimiento de los derechos fundamentales consagrados en el artículo sexto constitucional y que, sin una política digital efectiva, no se puede contemplar una inclusión social a la era de la economía del conocimiento, mucho menos al bienestar digital que elimine la brecha de desigualdad y la precariedad educativa o laboral.

No podemos, ni debemos seguir el camino de una propuesta neoliberal de la digitalización. Mientras las grandes ciudades del país están hiperconectadas hasta por la “Red Compartida de Altán” que ahora se ha apropiado CFE Telecom e internet para todos, tenemos estados completos en un aislamiento digital, donde un servicio básico y de interés general como lo es el internet, es solamente para un grupo pequeño de ciudadanos privilegiados, mientras que donde se pudiese generar un cambio de fondo, tenemos una situación apremiante y delicada debido a que los operadores no ven negocio y no invierten y el Agente Económico Preponderante en Telecomunicaciones ve una mayor implementación de asimetría en el caso de entrar a esas comunidades que tanto necesitan el servicio de telecomunicaciones y la conectividad.

Si los derechos fundamentales de los mexicanos fueran respetados nos tendríamos que estar señalando la brecha digital que ensombrece a los estados más pobres del país, la digitalización sería en realidad un punto de apoyo para el desarrollo laboral en infraestructura, en educación, innovación, simplemente este asunto no hubiera ocurrido. Por ello, es necesario resaltar dos cosas fundamentales: los derechos humanos y la libertad de expresión no son negociables y dos, es necesario que se tomen cartas en el asunto para crear una agenda digital con prospectiva social ya, pues el tiempo es un lujo que a estas alturas ya no se tiene.

OPINIÓN_ Perdimos al IFT

Los organismos autónomos han sido blanco de constantes y serios ataques por parte del presidente López Obrador y muchos defendemos su existencia y prevalencia. El INAI, el INE, la Cofece han respondido a estos ataques con acciones concretas, comunicados y hasta tuits que destacan la importancia de su condición de autónomos, pero llama la atención la abulia del Instituto Federal de Telecomunicaciones. Preocupa su silencio y escandaliza aún más su complicidad con ciertas decisiones que atacan, no sólo su autonomía, sino sobre todo su razón de ser, su médula.PUBLICIDAD

En el caso del Padrón de Usuarios de Telefonía Móvil (Panaut), fue precisamente el comisionado Sóstenes Díaz del IFT quien, durante el foro que realizó la Cámara de Diputados (minutos 28 y 47) el 30 de noviembre pasado, sugirió que se incorporen los datos biométricos a este registro, ¿fue su idea? probablemente no y eso es aún más preocupante.

Pero una vez que la existencia del Panaut se concretó con su publicación en el Diario Oficial el 16 de abril, el IFT debió haber reaccionado firmemente en su contra, simplemente porque su creación contradice el mandato primordial que ordena la Constitución a este autónomo: garantizar el acceso a las tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha e internet. Y afirmo que lo contradice porque si usted no registra sus datos biométricos no tendrá acceso a servicios móviles, es más, será desconectado.

El Panaut no es un registro de telecomunicaciones sino de seguridad, así lo establece la propia norma que lo crea “su único fin es el de colaborar con las autoridades competentes en materia de seguridad y justicia”, ¿por qué entonces el instituto fue designado para operarlo? Con este mandato, el legislador ha puesto al IFT en un conflicto grave: ¿conectar o desconectar? Le ordena vía ley lo contrario a lo que le mandata la Constitución y que encarna su finalidad última. Es por ello que el instituto tiene la obligación de interponer una controversia constitucional para que sea la Suprema Corte la que desenmarañe esta contradicción, si no lo hace estaría renunciando a su designio primordial y habrá rendido la plaza.

La Cofece puso el ejemplo en junio del año pasado cuando interpuso una controversia contra la Política de confiabilidad, seguridad, continuidad y calidad en el Sistema Eléctrico Nacional porque consideró que “incide de manera grave y trascendente en su esfera de actuación al impedirle promover y proteger la competencia y libre concurrencia en el mercado eléctrico”, y la Corte le dio la razón resolviendo que “el Acuerdo impugnado obstaculiza el cumplimiento de las finalidades constitucionales que se encomendaron a la Cofece.

Pero no lo harán, quizás algo tuvo que ver la reunión que realizaron sus comisionados con el presidente López Obrador hace unos días. En todo caso, lo único que escuchamos del IFT a propósito del Panaut, es su preocupación presupuestal: ¿de dónde sacarán el dinero para operar este registro? Esa es su lucha y con ello han marcado distancia entre nosotros y ellos, entre la preocupación ciudadana y la concepción que tienen sus comisionados del organismo. Mientras usted y yo buscamos cómo evitar ser expuestos y desconectados, ellos buscan presupuesto para implementar la desconexión.

En la sobremesa

Michel Hernández Tafoya ha asumido la dirección general de Observatel. Estupendo y agudo abogado comprometido con los objetivos de la organización. Enhorabuena.

CON INFORMACIÓN VÍA DPL NEWS

OPINIÓN. La derecha norteamericana desenmascara su democracia

POR EDUARDO TORRES ARROLLO . MIEMBRO DEL STRM. JUBILADO DE LA ESPECIALIDAD CXTX.

Al grito de ¡la democracia está en peligro! los neoliberales globalistas que gobiernan ahora los EUA y sus aliados en todo el mundo, vieron con asombro lo que ellos mismos ayudaron a construir y que se manifestó el 6 de enero de 2021 frente al capitolio norteamericano. El país que más ha violado las democracias en el mundo se dice ofendido de que hubo un atentado contra ella. No nos debe sorprender que este asombro suceda, dado que esto es una constante en mundo occidental. Ocultan como países dominantes que son, que ellos son los verdaderos violadores de la democracia y que las víctimas son sus propios pueblos. Cuando este pueblo, movilizado o en las urnas, les recuerda que están en desacuerdo con esa realidad, los oligarcas entran en pánico, buscan un sinnúmero de explicaciones y al final se atrincheran, censuran y movilizan grandes ejércitos en su defensa, para al final volver a gritar la democracia ha ganado. Un espectáculo que sólo se ha visto en el sur global, ahora lo vemos en los países desarrollados.

Esta realidad la hemos venido viendo básicamente de noviembre de 2020 a enero de 2021 en la política norteamericana. Gracias a una votación que no esperaban y a una movilización de ultraderechistas en el congreso norteamericano, vimos cómo saltaron las máscaras; por tanto, no podemos quedarnos sólo en considerar que hubo hordas violentas asaltando el congreso manipuladas por Trump, porque hay una gran población norteamericana que está descontenta. Sería un error ver a los QAnonymous (QAnon) como lo únicos descontentos. Cierto, puede ser que sean conspiracionistas o que alimentan la infodemia, pero estamos hablando de un país polarizado donde más 70 millones de votos a favor de un presidente calificado como el engendro del mal. Estamos hablando de un país donde la mayoría no vota porque no cree en los políticos.

Esto se oculta o no se resalta en los grandes medios y se le da importancia sólo a aquello que puede presentarse como espectáculo político para banalizarlo, tal y como lo dijo alguna vez Guy Debord. Los medios juegan un papel importante en ello, escogieron con mucho detenimiento y cuidado imágenes de la toma del congreso para que todo quede en una representación, esto es, trabajaron para no relacionarnos con la realidad misma, sino hacerlo como representación de la misma. Gracias a ello, aparece mágicamente la gran democracia norteamericana y entonces es posible hablar para pedir la unidad y salvar el proyecto neoliberal globalizador, sin considerar las grandes desigualdades que se han acumulado producto del neoliberalismo y que son la causa del descontento.

La oligarquía norteamericana obligada por la estrategia político-mediática de Trump con las que pudo convencer a un número muy amplio de seguidores, no logró evitar que la llamada mejor y más antigua democracia del mundo nos enseñara su verdadero rostro. Equivocaron su análisis al considerar a Tump como el tumor de la democracia, cuando es síntoma de un problema sistémico. Esto ya se veía venir sobretodo después de la crisis de 2008 y el cómo la resolvieron. La globalización neoliberal generó una concentración del ingreso impresionante y, por consecuencia, pobreza, estancamiento económico, impago de las deudas, marginación, exclusión, desigualdad y rechazo de la gente a la política tradicional, por lo cual votaciones como las de noviembre del 2020 y manifestaciones como la del 6 de enero eran de esperarse.

Para los sacerdotes de la democracia sólo hay un culpable llamado Donald Trump, quien manipuló, según ellos, con la ayuda de las redes sociales, a una turba de supremacistas blancos. Teorizan, en ese sentido, de que la combinación de populismo, redes sociales y fake news provoca que el mundo se radicalice cada vez más y, en esa teorización, prefiguran lo que ellos llaman un movimiento fascista. La respuesta más inmediata fue buscar inhabilitar a Trump para el 2024 y cerrarle el acceso a las redes sociales como medida de control de daños y con la ayuda del gran aparato mediático mundial que controlan, emitieron una serie impresionante de adjetivos para calificar negativamente a ese mal que se atrevió, manipulado, entrar al capitolio y sentarse en los lugares sagrados de los sacerdotes de la democracia occidental.

Les asusta el fantasma del fascismo europeo —no el que impusieron en América Latina— y reaccionan sacando el dedo flamígero acusando a una derecha que se moviliza y vota por proyectos antiglobalizadores, porque ya no cree en los políticos, en los partidos, en los sindicatos, en suma, que ya no cree en la democracia y sus instituciones, porque se siente al margen, porque permitieron su exclusión y la pérdida de privilegios, los cuales fueron absorbidos por una minoría mundial, impulsada y sostenida por el imperialismo norteamericano. El 0.01% de la población mundial concentra una parte importante de la riqueza. En pocas palabras se movilizan los excluidos de la globalización, gente real de carne y hueso y eso les aterra.

El que ese grupo de perdedores con la globalización enojado con el sistema democrático haya votado por un proyecto antiglobalizador y una minoría haya tomado por asalto el congreso de EUA, alma democrática del capitalismo occidental, le permitió ver al mundo entero que el capitalismo neoliberal encabezado por EUA está en plena decadencia y, con ello, la hegemonía norteamericana que han ejercido a plenitud después de la segunda gran guerra. Las responsabilidades de Trump no se pueden ocultar, pero tampoco las de los demócratas, demás republicanos, de las grandes empresas globales dominadas por el sector financiero, los medios de comunicación tradicionales y digitales y las plataformas digitales quienes ahora se arrogan el derecho de decidir quién debe hablar y cómo y se asumen como el gran censor.

Los que piensan que la globalización es el único camino de desarrollo capitalista no acaban de entender que esta movilización de las derechas en el mundo responde a esa estrategia. La exclusión que denuncian y que fue puesta en la mesa por Trump, es el elemento que impulsa esa posición. Hay que tener claro que ésta se inicia con el neoliberalismo mismo. La exclusión no es exclusiva de estos grupos de ultraderecha, ya que también se manifiesta en grandes grupos poblacionales de EUA, incluso se habla de “supremacismo blanco multirracial”. Recordemos una máxima neoliberal dicha por Margaret Thatcher y respaldada por Friedrich August von Hayek: “la sociedad no existe, sólo existen hombres y mujeres individuales”. Bajo esas ideas se abandonó a la gente y se polarizó la sociedad durante décadas, por tanto, debemos hablar de polarización más que derechización.

El filósofo Michael J Sandel habla claramente de hay una rebelión contra las élites y que ésta es la que ha llevado a la democracia al borde del abismo. El modelo de globalización neoliberal, asegura, es el que alimenta el resentimiento contra las élites que está en la base del trumpismo y de otros fenómenos populistas recientes. Por tanto, lo que vemos es una respuesta política que ya había prefigurado Ernesto Laclau en La Razón Populista donde se afirma, desde una mirada latinoamericana, que mientras las democracias del mundo se hunden cada vez más en una crisis de representatividad, el populismo se fortifica. Sandel avanza un poco más y nos asegura que los fenómenos actuales se deben a no sólo a lacerantes desigualdades económicas, sino que también hay agravios morales y culturales que afectan la estima social de la gente.

Hay pues aquí, más allá de los adjetivos que se expresaron, una respuesta política a la exclusión, a la desigualdad y a la política que piensa que los ciudadanos comunes y corrientes no tienen la capacidad para gobernar pues se requiere tener competencia para ello. En ese sentido no se prestó atención a lo que sucedía, ni se atendió la frustración de la gente, cosa que si hizo Trump. Hay pues aquí una crisis de legitimidad de la clase política. La legitimidad de las instituciones y de los partidos está sumamente deteriorada por su propia mano. Si vemos la forma en que han reaccionado las estructuras de poder con Biden a la cabeza, nos muestra esa falta de atención en su decisión de no cambiar. Han optado por acrecentar las contradicciones y pugnas al interior de la clase dominante al juzgar nuevamente a Trump y difundir profusamente que ya sin él se está volviendo a la normalidad y que es cosa del pasado. El nuevo gobierno anuncia sólo entrega de dinero como ayuda social, pero no un cambio en las políticas publicas que corten las raíces que alimentan el trumpismo.

Esta crisis interna es una muestra de una crisis más profunda. Estados Unidos y el mundo están viendo que comienza la caída de su hegemonía. No es algo nuevo, pero ahora se ve con mucha mayor claridad que ya no es la locomotora mundial. El empobrecimiento de crecientes masas de norteamericanos o las grandes inmigraciones de mano de obra mexicana y latinoamericana no son la causa de esa crisis. Esta es producto de la globalización, del neoliberalismo y en última instancia de la crisis del capitalismo con de EUA a la cabeza. Así pues, no estamos hablando de sólo na crisis de la democracia como se ha querido hacer ver. Hay una pérdida de la iniciativa en el desarrollo técnico-científico, particularmente en las redes apoyadas en las plataformas digitales 5G.

Paradójicamente el ascenso de potencias competitivas como Rusia, China y otras economías medianas, son producto de la globalización, quienes aprovecharon la necesidad del capital de expandirse, —lo que después se llamó deslocalización por bajos costos salariales y de trabajo— para fortalecer proyectos propios de corte soberanista, nacionalista y progresista. Por tanto, se ha formado un nuevo mundo multipolar y policéntrico. Contradictoriamente, gracias a la libre competencia establecidas por la globalización neoliberal, llevó a los EUA a democratizar las ventajas tecnológicas y productivas a favor de sus contrincantes. En ese ejercicio dejó a China, por ejemplo, posiciones claves en la producción y el comercio. La globalización parió un mundo multipolar en donde habrá posiblemente varios centros hegemónicos que compitan entre si.

Lo que viene ahora es la desglobalización acelerada por la pandemia. El comercio, las inversiones mundiales y el estancamiento económico, rompieron las cadenas de valor, por lo que ahora se priorizan los mercados regionales. América del norte ya hizo el T-Mec y asia-oceanía la Asociación Económica Integral Regional (RECEP). Los EUA ya no podrán imponer su objetivo histórico de ser preponderantes mundialmente, ni contener a los nuevos Estados que surgieron de la globalización. Hay un conflicto interno que también surgió de ésta, que se lo impide. Cierto todavía EUA tiene fortalezas como las grandes empresas tecnológicas, pero en el modelo creado en el Valle del Silicón no está creando los empleos necesarios.

En ese contexto la derecha norteamericana y la ultraderecha están construyendo un proyecto político. Gracias a la polarización que generó la globalización que tenemos ahora a la derecha mundial movilizada. La pregunta más obligada es ¿y la izquierda mundial cuando? La imagen de Bernny Sanders en la toma de protesta del nuevo gobierno de EUA, parece decirnos, aquí estamos los olvidados, los que no coincidimos con la fiesta. Así que más allá de los pagos de asistencia para todos, la izquierda debe reconstruir los lasos sociales el sistema neoliberal destruyó.